Seguimos a la caza del contenido en el mundo de los ebooks y Javier Celaya nos presenta una lista de 50 buscadores para llegar hasta ellos. Un complemento ideal al listado de webs donde encontrar libros digitales gratis.
¿Qué puede hacer Twitter por mi biblioteca? Excelente site en el que se describen posibles usos de este sistema de microblogging en las bibliotecas, además de contar con un directorio de personas de ese mundillo en Estados Unidos.
Cuando aún no han despegado del todo los e-readers, parece que ya tienen a sus killers resoplando en la nuca: los tablets. Y para variar… todos a la espera de los movimientos de Apple el 27 de enero. Parece ser que la tinta electrónica tiene una patente propiedad de una empresa taiwanesa que mantiene los precios por las nubes: el 66% del coste final se va por ahí .
A falta de más y más cacharrería (esto es peor que la guerra entre VHS y Beta), aparecen también soluciones de software. Ese es el caso de Blio eReader, una plataforma que funcionará en muchos dispositivos (e-readers, móviles, ordenadores, …) mostrando los e-books de una forma más atractiva (con imágenes a gran calidad, vídeos, …). Ha sido presentado en el CES (Consumers Electronics Show) y veremos la acogida que tiene… Qué incierto es todo
Artículo extendido del publicado en la Revista Deusto Nº 105 (invierno 2010)
El título de este artículo se inspira en el encabezado “Los libros no están muertos. Simplemente se están asomando a las pantallas“, que ocupó la portada de la popular revista estadounidense Newsweek en noviembre de 2007, en la que Jeff Bezos, el director ejecutivo de Amazon, anunció una revolución de la mano de los nuevos dispositivos que decía, inundarían el mercado. Dos años después, aún están intentando introducirse y no son muchos los contenidos disponibles en versión digital. Sin embargo, pasados cinco siglos desde la imprenta de Gutenberg, un nuevo soporte promete cambiar la forma en que leemos.
En el mundo editorial más de uno se repite aquello de que “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Y es que las nuevas tecnologías, y en especial Internet, están modificando los modelos de negocio de muchas industrias: la del cine, la música, … y pronto harán lo mismo con la del libro. A pesar de la innegable erótica del papel, los nuevos dispositivos de lectura, también conocidos como e-readers, se están haciendo un hueco en el día a día del lector. Con su tecnología de tinta digital que no emite luz y que, por tanto, no cansa la vista, poco a poco vamos descubriendo a más personas que han sustituido su soporte tradicional por el electrónico en transportes públicos (segundo lugar donde más se practica la lectura después de nuestros hogares).
En el año 2000, Stephen King decidió usar Internet como medio de distribución exclusivo de su novela “Riding the bullet“, llegando a más de 400.000 lectores. Tras esta iniciativa pionera introdujo una nueva modalidad de distribución en la Red con la publicación por capítulos de otra novela, “The plant” y la venta de cada uno de ellos por un dolar. En el 2002 las editoriales Random House y HarperCollins comenzaron a vender versiones electrónicas de sus títulos en Internet. En España, a la primera obra interactiva, “El misterio del Goya robado” de Jordi Sierra i Fabra, le han seguido otras como Pateando paraísos de Fernando Arrabal o la cuarta entrega de “El Capitán Alatriste” de Arturo Pérez Reverte.. Proyectos aún embrionarios y en fase de consolidación que van abriendo el camino al más que incipiente cambio.
Todo un mar de interrogantes aún inunda a las dos piezas pivotantes de esta nueva lectura digital: los contenidos (e-books) y los aparatos (e-readers). Muchos son los dispositivos que ocupan ya los escaparates comerciales, aunque sea a un precio prohibitivo que oscila entre los 250 y los 400 euros: Papyre, Kindle, Nook, Sony Reader, … Y mientras se libra una lucha encarnizada por convertirse en el mecanismo de lectura de referencia, en el otro extremo (el de los contenidos), aún queda mucho por decidir, como por ejemplo el estándar de intercambio de e-books. Ante el conocido PDF de Adobe, Amazon apuesta por su formato propietario y cerrado que sólo funciona en el dispositivo Kindle: azw. Google, entre otros, intenta conquistar una nueva industria como es la literaria con el estándar abierto ePub, creado por el International Digital Publishing Forum, que se podrá leer en cualquier dispositivo. Sony juega a dos bandas: por un lado trabaja con su formato Sony Broadband eBooks (BBeB | .LRF), pero también es compatible con ePub.
Pero, una vez hecho el desembolso correspondiente al e-reader, ¿dónde podemos encontrar los e-books para alimentarlo? Al más que célebre y comercial portal Amazon.com, se van sumando otras opciones como:
BookServer
Internet Archive es una organización sin ánimo de lucro que busca preservar la historia de la Web mediante un repositorio universal de información y recursos multimedia. Con más de un petabyte (un millón de gigabytes) de contenidos, Archive.org recoge desde los históricos de muchas de las páginas web, donde podemos ver cómo han ido evolucionando a lo largo del tiempo, hasta imágenes y películas con licencias libres.
Ahora arrancan un ambicioso proyecto dedicado a los libros digitales: BookServer es un sistema abierto de búsqueda, compra o préstamo de libros. Algo así como un catálogo universal y abierto que permitirá a autores y editores controlar las ventas de forma directa y a los usuarios finales, buscarlos de una forma sencilla. Será un mero intermediario, enviando tras la búsqueda al sitio de la editorial o autor. Cualquiera podrá publicar aquí sus obras y hacerlas así accesibles en la búsqueda. El sistema está montado sobre una arquitectura libre y sólo permitirá formatos de libros abiertos que se puedan leer tanto en ordenadores como smartphones, consolas, o cualquier modelo de e-reader.
Google Editions
El gigante de Internet no se conforma con su proyecto de repositorio de libros Google Books, con el que recibió un cachete en Estados Unidos hace tres años tras una denuncia por parte de la Sociedad de Autores, Authors Guild, la Association of American Publishers, y varios escritores y editores, que presentaron una demanda conjunta por la digitalización de fondos de bibliotecas con derechos de explotación. A día de hoy ya ha resuelto el desencuentro, llegando a un acuerdo y preparando el camino para su nuevo proyecto: Google Editions. Para mediados de 2010 prepara el lanzamiento de su propia tienda de libros, en clara competencia con Amazon, con más de 500.000 títulos disponibles. Más que un vendedor, será un digitalizador e intermediario en las ventas (serán las editoriales las que pongan sus libros en la plataforma y las que fijen sus precios), ofertando asimismo su propio medio de pago (Google Checkout). Las ventajas frente al portal Amazon son que sus contenidos serán independientes de un aparato específico (los libros comprados en Amazon sólo se pueden leer en un Kindle o en un iPhone), accesibles con cualquier navegador web y con posibilidad de ser leídos sin conexión a la Red una vez que han sido descargados.
Para concluir, sólo resta aclarar que la irrupción del mundo digital en los libros únicamente supone un cambio de traje, pero el interior continúa siendo el mismo. Si comprendemos esto, nos daremos cuenta que tanto el papel como los e-books no tienen por qué ser elementos excluyentes, sino que podrán coexistir felizmente durante largo tiempo. Y mientras se libran muchas batallas en el mundo literario, los lectores sufriremos la esquizofrenia de tantos modelos de dispositivos, formatos, DRMs, y contenidos por leer.
Enciendan sus focos y cámaras. Hay un desastre que cubrir y no hay tiempo que perder. Hoy toca Haití. Mañana será otro lugar. Y sus habitantes volverán a la rutina en la que llevaban ya mucho tiempo sumidos: la rutina de la pobreza, el hambre, la falta de recursos, …
Y mientras tanto, nosotros de espectadores de lujo, con el espíritu ya anestesiado ante todo tipo de sucesos. Yo la primera, que no he sido consciente de la magnitud del suceso y de la situación anterior hasta que no me he apartado de los medios y he escuchado la narración en primera persona de gente que ha colaborado con ese país. Gente que tiene una historia con nombres y apellidos.
Eso es lo que sucedió el lunes cuando en la Universidad escuchamos el testimonio emocionado de Karmele Villarroel y Pablo Encinas, colaboradores de la ONG Lanbí, que trabajaba en Haití mucho antes del terrible suceso, porque este terremoto sólo ha destapado la punta de un iceberg. Y ya no sólo son las desgracias ocurridas estos días, sino ver cómo el trabajo de años anteriores, cuando poner en marcha un colegio en Arregy había sido todo un logro, cayó por tierra en tan sólo unos segundos y junto a él la mayoría de los niños que lo llenaban.
Las réplicas aún se suceden. Puerto Príncipe, que es lo que vemos desde nuestros televisores, es la ciudad a donde están llegando las ayudas. Otros lugares como Jacmel y el propio Arregy siguen incomunicados. Y por si esto fuera poco, en un gesto de solidaridad, en la República Dominicana han cerrado la frontera a cal y canto .
Así que toca ponerse la pilas. Recaudar dinero, pero no sólo para ayudar ahora sino para ayudar en el futuro. Porque las cámaras se irán de allí en unas semanas, nosotros seguiremos con nuestro día a día olvidando de nuevo dónde está Haití en el mapa y sin embargo, sus habitantes seguirán ahí, con lo justo para subsistir. Desde la Universidad vamos a lanzar una serie de iniciativas para concienciar, sensibilizar y recaudar. Estamos haciendo una tormenta de ideas aquí y toda sugerencia será más que bienvenida.
Por cierto, me parece de auténtica vergüenza que algunos no se quiten los colmillos ni ante las catástrofes: algunos bancos cobran comisiones en los donativos
Ando embarcada en varios proyectos sustentados por el gestor de contenidos WordPress y uno de los requisitos imprescindibles es la navegación multi-idioma. Así que dejaré por aquí mi experiencia, por si a alguien le sirve de ayuda o puede ser enriquecida por otras personas (y a ver si así podemos devolver algo de todo lo que nos ofrece este tipo de paquetes de software libre).
Lo primero de todo, necesitamos un plugin que consiga gestionar correctamente ese sistema multi-idioma. Para ello, y tras probar unos cuantos, el vencedor ha sido xlanguage. Las características que le hacen caballo ganador:
Se encarga de la administración de tantos idiomas como queramos manejar. Esa gestión afecta a los contenidos del blog (tanto posts como páginas estáticas), a las categorías, etiquetas, feeds, theme, etc, …
En el theme sólo será necesario contar con una carpeta donde almacenar los ficheros de idioma: un .mo con el nombre del idioma. Si tenemos plugins que generan contenidos, también podremos traducirlos y dejar aquí sus .mo.
Una funcionalidad muy interesante es que gestiona el cambio de idioma mediante cookies, así que si cambiamos el lenguaje que arranca por defecto, en próximas navegaciones recordará nuestra preferencia. También detecta el idioma del navegador, para mostrarnos directamente esa opción.
Por cada idioma genera una url diferente, lo que hace que los buscadores indexen los contenidos en todos los idiomas. Esa fue una de las razones por las que me decanté por xlanguage y no por qtranslate, que usa la misma dirección para todas las traducciones.
¿Y cómo conseguimos traducir nuestro theme y nuestros plugins? Sencillo: todas las llamadas php que muestren cadenas de texto, tendrán que ir con la función _e() o bien con la función __() (la diferencia entre ambas es que _e hace un echo de la cadena. Es decir, echo __(“Hola mundo”); es lo mismo que _e(“Hola Mundo”); ). De esta manera, con las herramientas que nos ofrece WordPress para la localización e internalización, podremos generar un .pot del theme donde introducir las traducciones pertinentes para luego generar el .mo que entenderá nuestro xlanguage.
.pot: este fichero se genera de manera automática y recoge todas las cadenas de texto que aparecen en nuestro site. Por cada una de ellas, aparece justo debajo el espacio donde se debe dejar su traducción. Este es un ejemplo donde aparece primero el lugar en el que está dentro del código, la cadena en sí y el espacio donde se dejará la traducción correspondiente:
.mo: fichero binario que entienden las máquinas generado a partir del .po.
Expliquemos el proceso paso por paso.
Instalamos xlanguage y configuramos todos los idiomas en los que queremos que funcione nuestro blog. Mi recomendación es que usemos el código ISO3166 para identificar a cada uno.
Tendremos que repasar todos nuestros plugins y el theme para identificar dónde se generan cadenas de texto y comprobar que se usa o la función _e() o __(). WordPress usa la librería de internacionalización (i18n) gettext. Si dentro de una cadena de texto aparece una variable, no podemos usar sin más _e(“Tenemos $num amigos”); pero sí printf(__(“Tenemos %d amigos.”), $num);
Después de marcar todas las cadenas a traducir, ahora toca generar el .pot con ellas. Para ello, nos bajamos el script add-textdomain.php de WordPress. Lo lanzamos de la siguiente manera:
php add-textdomain.php -i domain phpfile.php
El domain marca el ámbito de lo que traducimos. Podemos poner default, por ejemplo, para el theme y el nombre del plugin para cada uno de ellos. Luego generamos el .pot mediante makepot.php:
En el caso de un plugin ponemos wp-plugin en vez de wp-theme. Para usar todas estas herramientas tenemos que tener el paquete gettext en nuestro servidor.
Para optener el .mo (fichero binario que entienden las máquinas) del .po (fichero con texto que entendemos las personas), lanzamos el siguiente conjuro desde bash:
msgfmt fichero_idioma.pot -o fichero_idioma.mo
Ahora sólo falta que el theme sepa dónde encontrar esos ficheros .mo. Para ello usaremos el fichero de funciones de los themes de wordpress: functions.php. Allí agregaremos lo siguiente, teniendo en cuenta que hemos dejado los ficheros .mo en la carpeta languages y que el domain del theme es default:
function theme_init(){
load_theme_textdomain(‘default’, get_template_directory() . ‘/languages’);
}
Si además queremos traducir algún plugin:
function theme_init(){
load_theme_textdomain(‘default’, get_template_directory() . ‘/languages’);
//Aquí ponemos el plugin cuyo domain es plugin1:
load_theme_textdomain(‘plugin1′, get_template_directory() . ‘/languages/plugin1′);
}
Para introducir contenidos, en el título, las categorías y las etiquetas, se separa cada idioma con un carácter definido en la parte de administración de xlanguage. Por defecto se usa el carácter | (el pipe que está en la tecla del uno y la exclamación). Por ejemplo, publicaríamos “Etiketak|Etiquetas” para crear un contenido cuyo título en euskera sería Etiketak y Etiquetas en castellano (siempre se usa el orden de creación de los idiomas). En los contenidos, en el editor de WordPress tenemos unos botones para marcar el idioma de cada parte. Y si lo queremos manejar desde la parte html, sólo tendremos que marcarlo con la etiqueta <span lang=”idioma”></span> (una etiqueta estandarizada por el W3C)
Enlaces de interés:
Más información sobre internalización y localización en WordPress.
Inauguro nueva sección en este blog (esperemos que no muera como tantas otras) en la que iré recopilando anotaciones de interés relacionadas con el mundo del libro y las bibliotecas. La frecuencia de publicación será irregular: tan pronto como tenga cinco (para no pillarme los dedos…).
La idea no es original. Está basada en una de las secciones que más me gustan del blog de Josemaría, Un lugar en el mundo: 7 enlaces 7. Él ya lleva 40 posts… ya me gustaría a mí poder decir eso algún día . Pero como el camino se hace al postear, arranquemos con el primero:
Un poquito de humor con este Adictos a la lectura: José Mota nos muestra un mundo en el que los jóvenes se pasan del botellón al librellón. Entiendo que en este universo irreal, los bibliotecarios y libreros serían los camellos de la juventud .
En este wiki aparece una tabla comparativa con todos los e-readers disponibles en el mercado. En unos meses veremos muchas novedades.
Aprovechando que ya se han acabado las Navidades, esa época de buenos deseos obligados, voy a intentar perpetuar eso fuera de fechas (ya sabéis… rompiendo el sistema desde dentro ). Y de una forma muy sencilla: dándole difusión a la campaña de sensibilización contra el cáncer de mama.
Es curioso como aún sigue siendo una especie de tabú en nuestra sociedad hablar de este tipo de enfermedades. Me parece increíble que con lo duro que ya tiene que ser pasar por ese trago amargo, una tenga que guardarlo en la más absoluta intimidad. Así que toca ponernos todos y todas el pañuelo rosa, el lazo rosa o lo que nos dé la gana, para gritar a los cuatro vientos que es algo que se puede curar, que no es algo de lo que nos tengamos que avergonzar y sobre todo, que no están solas.
Que no nos quedemos con las buenas intenciones sólo en fechas señaladas.
Coincidiendo con el aniversario del nacimiento de uno de mis autores favoritos, J. R. R. Tolkien (3 de enero de 1892), hoy toca post del mundo del papel .
Como bien sabéis los que soléis alternar por esta taberna blogueril, llevo unos meses empapándome de todo lo que se mueve en torno a las bibliotecas. Una de las joyas de la corona suele ser su OPAC (catálogo de libros on-line). Así que para predicar con el ejemplo y aprovechando que estoy en plena mudanza, he estado buscando plataformas desde las que llevar mi propio catálogo casero. Y tras probar unas cuantas, dos han sido las que más me han llamado la atención: aNobii y LibraryThing.
aNobii
Podremos crear nuestra estantería de libros virtual en esta red social, buscando los ejemplares por título, autor o ISBN. Esta estantería se puede luego exportar a excel, csv o html. Por cada libro añadido, es posible indicar si está ya leído, si se está leyendo o incluso si se ha abandonado. Podremos puntuarlo, etiquetarlo, indicar si nos lo han regalado, prestado o si lo hemos cogido en una biblioteca. En este último caso tiene una cosa buenísima para las cabecitas locas como yo: puedes programar un recordatorio para devolverlo a tiempo y que no nos pongan una traba.
También se puede escribir una crítica sobre el mismo para compartir con el resto (incluso te permite indicar mediante una alerta que vamos a hacer un spoiler).
Otra funcionalidad interesante es la de hacer seguimiento de los libros que prestamos a los amigos (que todos sabemos que no siempre lo que se va, vuelve), mandando incluso de forma automática e-mails de recordatorio al gorrón/a en cuestión. Asimismo podremos tener nuestra lista de deseos, por si alguien anda falto de ideas para el cumpleaños.
Se integra a las mil maravillas con twitter o facebook, mandando notificaciones con los nuevos libros que incorporemos a nuestra estantería.
Para los amantes de los números, genera unas bonitas estadísticas de cuántos libros e incluso páginas nos comemos por año.
Y como buena red social, permite que tengamos amigos y vecinos con los que intercambiar ejemplares y comprobar nuestra afinidad lectora, así como crear grupos.
Si alguno se anima a crearse cuenta o ya tenía una antes, decir que éste es mi usuario.
LibraryThing
Es una plataforma más cercana al mundo de las bibliotecas pues permite consultar información avanzada como los registros MARC de los libros, el número Dewey y la clasificación LC (Library of Congress Clasification). Permite importar nuestros libros desde un fichero que contenga los ISBNs, la lista de deseos de Amazon, e incluso se puede hacer con una pistola de lectura de código de barras :-O. E igual que entra la información, también dejan que salga en ficheros csv.
Como en aNobii, se puede etiquetar, puntuar y comentar cada obra que ya se ha leído, se esté leyendo o se vaya a leer próximamente; agregar amigos, crear grupos y generar nuestra lista de deseos. Como parte curiosa, también nos muestra el listado de libros que prevee NO nos gustarán (para evitarnos malos tragos ).
Busca información de cada libro en Google Books, Amazon, Abebooks, Project Gutenberg y WorldCat. Ofrece mucha información de cada tomo, así como de los autores (incluso tiene un recordatorio diario de nacimientos y defunciones).
Y para apuntalar aún más este maremagnum de datos, cuenta con una sección denominada Zeitgeist que ofrece una “fotografía” de lo que más interesa a la comunidad lectora en cada momento (autores y libros más populares, etiquetas más usadas, obras más valoradas, etc…).
En ambas plataformas se pueden crear widgets para incluir en nuestros blogs pero además, en LibraryThing, contamos con una serie de APIs para “atacar” a la información.
Como conclusión decir que aNobii es más amigable para el usuario final. Sin embargo, a pesar de que la apariencia de LibraryThing es más espartana, es toda una mina de datos para los profesionales de la información.