Archivo de abril, 2011

Buscando al sucesor de Spotify

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Como ya todo el mundo sabrá, Spotify ha decidido cortar el grifo de sus cuentas gratuitas. Una medida nada sorpresiva dado que, por cada reproducción que hacíamos de una canción, la plataforma tenía que pagar derechos de autor a las gestoras de esa melodía. Así que todas esas veces que nos hemos dejado el reproductor sonando sin que nuestras orejas estuvieran próximas, para Spotify suponía un grifo abierto sin que nadie bebiese de ese agua. Y los odiosos anuncios de Melendi y Cía no pagaban ni siquiera el coste tecnológico. Ahora toca replanteamiento de modelo de negocio (ya se oyen cantos de sirena con Google de por medio). Os recomiendo la opinión de Alejandro Suarez sobre lo ocurrido con Spotify.

Una noticia sonada dado que es una de esas aplicaciones que había calado rápidamente entre el público generalista. De hecho, muchos se preguntan: ¿y ahora qué?. No se considera volver al viejo planteamiento de descarga y almacenamiento de miles de canciones en nuestros dispositivos. La música en la nube está aquí para quedarse. Sin embargo, no debemos engañarnos: pocos son también los que se plantean pagar.

Así que, aprovechando estos días de vacaciones y que está ya próxima la fecha límite de reproducción ilimitada en Spotify (echaré de menos esos anuncios que te taladraban la cabeza ;-) ), os presento unas cuantas alternativas que he estado probando, sobre todo para migrar mi lista musical de Silencio.

Grooveshark

Es la plataforma más parecida a Spotify (para lo bueno y para lo malo): grandes colecciones de música en la nube que podremos escuchar desde la propia página web o con el cliente que nos ofrecen (que, por cierto, es multiplataforma -Adobe Air- así que se agradece que los usuarios de gnu/linux no tengamos que andar con wines mediante) peeeerrooooo… sólo se puede usar la aplicación de escritorio con las cuentas plus.

Podremos buscar a artistas, álbumes, canciones o escuchar una radio temática. También nos permite crear una playlist (aquí tenéis la de Silencio). Desde la web Groovylists podremos migrar las listas que teníamos ya creadas en Spotify, iTunes y Last.fm. Su catálogo musical parece incluso más rico que Spotify (he llegado a encontrar bandas como Arcade Fire) y es que permite a los propios usuarios subir sus trabajos para darse a conocer.

Además nos deja embeber nuestras listas o canciones sueltas creando un reproductor personalizado:


Igual que Spotify, tiene varias versiones premium por $ 9/mes o $ 6/mes que sirven para eliminar la publicidad (que aquí no se manifiesta en forma de interrupciones sino sólo como banners en la parte derecha de la web) y escuchar música en cualquier dispositivo. Aunque las discográficas siguen apretando las clavijas de toda aquella plataforma que le haga la más mínima sombra. De hecho, recientemente ha sido noticia la retirada de Grooveshark del Android Market (igual que sucediera con la AppStore el año pasado).

Permite también conectar nuestra cuenta de Last.fm para que sincronice y “trackee” en nuestra cuenta lo que escuchamos en Grooveshark peeeerrooooo… sólo está disponible para las cuentas plus.

Se agradece además que la interfaz esté en castellano, euskera, catalán, …

Yes.fm

A esta red social española, Spotify le adelantó por la derecha. Nació un poco antes y sin embargo, el pastel se lo llevó la anterior dando más barra libre (aunque ahora veremos cómo acaba…).

Tiene tres tipos de usuarios: basic (gratis), premium (4,99 €/mes) e iPremium (9,99 €/mes). Obviamente, la cuenta gratuita tiene limitación en determinadas canciones, tiempo de escucha, publicidad y no ofrece la versión móvil. Sin embargo, todas nos permiten crear listas de reproducción, compartir canciones con tus contactos, etc… Ofrecen un apartado de “Música Gratis” en el que, durante esa semana, podremos escuchar esas canciones con la cuenta básica.

Gatunes

Gatunes es otra red social española que ha visto la luz recientemente. Sus padres: el cofundador de Tuenti Kenneth Bentley y el programador informático Daniel Esteban Nombela. Y su pillería para librarse de las denuncias de las discográficas: ellos no almacenan ninguna canción. Simplemente se reproduce contenido que está en YouTube. Una pillería que ya puso en marcha en su día Blip.fm (aunque Blip.fm “bebe” de más fuentes que YouTube). Pero me temo que será su propia espada de Damocles, dado que no es capaz de reproducir los vídeos que hayan deshabilitado la inserción (práctica muy común en vídeos musicales y que se extenderá más cuando descubran este tipo de servicios). Por tanto, su éxito dependerá de que no tengan éxito (toda una paradoja ;-) ).

Completamente gratuita, sin versiones premium y sin publicidad, se diferencia de las anteriores en que no agrupa la música por artistas o álbumes. Simplemente es un lugar donde poder buscar las canciones que más nos gustan y añadirlas a playlists que compartir con nuestros contactos.

También aquí he hecho una prueba de playlist para Silencio (que además se puede embeber en cualquier espacio):

Como pega, comentar que no hay posibilidad de sincronizar las escuchas con el perfil de Last.fm.

Se me queda en el tintero probar a fondo Deezer, … pero las vacaciones dan para lo que dan ;-) . ¿Conocéis alguna otra alternativa? Yo por ahora, me quedaré con Grooveshark, aunque sin perder de vista al resto porque me temo que la pelea con las discográficas continúa. ¡Siguiente round!

Imagen de JD Hancock (CC by)


Anónimos

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 110 (primavera 2011)

Pudiera parecer una contradicción hablar hoy en día de los personajes anónimos en Internet. Más cuando la extimidad se ha hecho dueña y señora de la Red de Redes y de la sociedad en general. Una sociedad donde se nos empuja a ser triunfadores con nombre y apellidos. A quemar cuanto antes nuestros 15 minutos de fama. Hasta los movimientos que mejor debieran representar la descentralización de focos, tienen una cabeza visible, como es el caso de Julian Assange y WikiLeaks.

Sin embargo, existen personas que aún se mueven bajo el anonimato en Internet. Es el caso de un grupo de ciberactivistas que se ha hecho popular no sólo en la Red, sino fuera de ella: Anonymous. Bajo este nombre encontramos a miles de usuarios que, en ocasiones entran a formar parte de este movimiento y en otras no, para organizarse por una causa concreta. Tal y como los definió el periodista Chris Landers: “son como una bandada de aves que viajan en la misma dirección. En un momento dado, más aves podrían unirse, irse o cambiar completamente de rumbo”. Por tanto, una característica distintiva de este grupo es la coordinación puntual surgida a partir de la descentralización a lo largo y ancho del planeta. No tienen una sede central ni un organigrama. No tienen líderes ni responden a una ideología política. Simplemente se “reúnen” en foros, redes sociales, canales de IRC y demás rincones virtuales como 4Chan, Futaba Channel, Whyweprotest, … Allí deciden cuál será la próxima acción a desarrollar y los métodos seleccionados. Su ideario responde a dos grandes causas: acabar con la corrupción en los Gobiernos y/u otras estructuras de poder y la defensa incondicional de la libertad en Internet.

Aunque llevan mucho tiempo actuando, sus movimientos han logrado un considerable eco mediático a raíz del caso WikiLeaks y su “Operación Payback”, donde se auto-proclamaron vengadores de la plataforma y comenzaron notorios ataques de denegación de servicio a todas aquellas empresas que dieron la espalda a la organización, como fue el caso de Paypal, MasterCard, Amazon, … Pusieron a disposición de todo aquel que quisiera el software denominado LOIC (Low Orbit Ion Cannon), que permite ceder el control de los ordenadores al grupo, haciendo peticiones masivas a esas páginas de forma coordinada y logrando así mantenerlas sin servicio durante horas. Otros objetivos han sido las webs de las gestoras de derechos de autor como la SGAE, gobiernos totalitarios como el de Túnez, la Iglesia de la Cienciología, la ley Sinde, … Y no sólo tienen presencia en la Red. También actúan en movilizaciones a pie de calle, repartiendo folletos o haciendo pintadas.

Funcionan bajo el lema “El conocimiento es libre. Somos Anónimos. Somos Legión. No perdonamos. No olvidamos. ¡Esperadnos!” y con la ya archiconocida máscara del protagonista de la película “V de Vendetta” como símbolo. Es curioso como tras el estreno de esa cinta, muchos de los que festejaban el 5 de noviembre, día la pólvora, la muerte del traidor Guy Fawkes (personaje que inspira al protagonista), pasaron a celebrar tal día como el del asesinato de un héroe…

Esta misma disyuntiva se nos presenta con Anonymous: ¿hablamos de héroes o villanos? ¿inteligencia colectiva o borreguismo? ¿organización o (des)organización? Y es que aunque no haya líderes ni portavoces, siempre nos quedará la duda de quién planta la semilla inicial que termina en un consenso espontáneo (o no tanto…). Se habla del poder de la inteligencia colectiva, del grupo (aunque en este caso sea totalmente volátil), de que lo importante es lo que se dice y no tanto quién lo dice. Sin embargo, muchos usuarios pecan más de borreguismo que de otra cosa. Se suman a causas sin informarse de las mismas y a acciones delictivas, como son los ataques de denegación de servicio, prestando sus ordenadores para ello y sin que alguien les cuente que hacerlo desde su dirección IP es como dejarse olvidado del DNI en la escena del crimen. Por tanto, si van a ser anónimos (un derecho, que esperemos jamás se nos arrebate de Internet), háganlo con conocimiento de causa.

Anónimos
Más documentos de Lorena Fernández.

Imagen de Stian Eikeland (CC by-nc-sa)


¿Culo o codo? La transparencia descontextualizada

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Ser transparentes” es la nueva frase de moda de las organizaciones y las personas. Otra más en la lista que se ha pervertido y se ha hecho hueca. Ejemplos además como los de WikiLeaks llenan la boca de muchos/as. Sin embargo, cada día lo tengo más claro: tan importante es ser transparentes como contextualizar esa transparencia. Como decía en el título del post, yo te puedo estar enseñando parte de mi cuerpo, pero si no te muestro lo que rodea a esa parte, puedes pensar que es un codo o la parte en la que la espalda pierde su casto nombre.

¿De qué me vale conocer cifras puras sin saber otros detalles que dan sentido a esas cifras? ¿De qué me vale que no me mientas si no me dices toda la verdad? ¿De qué me vale leer cables diplomáticos si tras esos cables hay personas que han establecido relaciones con otras personas mediatizadas por los sentimientos primarios del ser humano?

Vale… Paremos un poco. Es importante conocer estos datos. Pero tengo la sensación de que en ocasiones esa transparencia está sobre-valorada y puede volverse hasta peligrosa. Peligrosa porque, al no venir acompañada del contexto, otros serán los que apliquen el suyo, lo “paqueticen” y nos lo vendan.

Así que, señores y señoras, no me vendan gato por liebre. O mejor dicho, culo por codo.

Imagen de Frederic della Faille (CC by-nc)

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