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15 minutos de fama

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blogpocket
Andy Warhol dijo en una ocasión que “En el futuro, todos seremos mundialmente famosos durante 15 minutos“. Pues hoy me ha tocado a mí (no mundialmente pero casi :P ).

He llegado a casa de trabajar y me he encontrado con un par de emilios que me decían que había sido citada en Blogpocket. Al parecer han iniciado una nueva sección en la que presentarán semanalmente un blog y yo he sido la primera elegida (podríamos decir que he desvirgado la sección…).

Me ha hecho una ilusión tremenda (muchísimas gracias Antonio). Para que luego digan que los bloggers tenemos un ego enorme… el mío hoy no cogía por la puerta. De hecho, este post sólo es para contaros esto.

¡Papá, mamá, poned el vídeo que vuestra hija sale en Blogpocket!


¿Quién es más animal?

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Dos imágenes me han puesto hoy los pelos de punta mientras veía el telediario (la verdad es que no sé por qué lo sigo viendo).

Por un lado el vídeo de un cachorrito totalmente abrasado al que estaban intentando salvar mientras el animalito no hacía más que tiritar. Por otro, una noticia que ya tiene sus días en la que se ve a un “buen señor” machacando a su perro. Lo peor de todo es que los vecinos del maltratador le defienden a capa y espada.

Esto, por desgracia, no me resulta nada nuevo. Tanto mi padre como mi madre provienen de dos pueblos pequeñitos en los que he pasado buena parte de mis vacaciones infantiles. Cuando vives en un pueblo comienzas a habituarte al maltrato a los animales (algo duro pero es lo que sucede cuando es el pan de cada día).

Un ejemplo es el trato que se les da a los gatos. Como normalmente se les deja que campen a sus anchas, las gatas suelen pasarse más tiempo preñadas que en estado normal. Es por eso que he visto miles de veces como los gatitos recién nacidos eran aniquilados para no dar de comer a más bocas.

También es frecuente ver cómo mueren perros por envenenamiento. Si a algún vecino no le gusta que tengas un perro o te la tiene jurada, no tiene ningún problema en condimentar su comida para librarse de él.

Ya ni hablemos de los animales de tiro como podían ser los asnos, mulas y bueyes (que por suerte o desgracia han sido reemplazados por tractores). Esos sí que recibían palos de sus dueños si no realizaban la tarea.

A veces me cuestiono quién es más animal. Y esta viñeta de Jrmora que he visto en el blog Mitjalluna me ha venido que ni pintada.

jrmora

La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter; de tal manera que se puede afirmar, de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona. Arthur Schopenhauer


La letra, con sangre entra

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Cuantas veces habré escuchado esta frase u otras del estilo como “Quien bien te quiere, te hará llorar”.

Hay que ver cómo nos gusta el sufrimiento y cómo nos regodeamos en él. Nos encantan las historias truculentas, el morbo, que nos pongan zancadillas en el camino y quejarnos durante horas de esas zancadillas. Todos llevamos a un pequeño masoquista en nuestro interior (y luego algunos dejan que ese pequeño crezca sin control).

Y os preguntaréis a raíz de qué vienen estas reflexiones a mi mente. Pues todo gracias a este más que interesante artículo de Alex de la Iglesia en el que muestra lo siguiente:

  • Si un libro no es ininteligible, es que no es lo suficientemente bueno. Es decir, que si leemos unas cuantas líneas y parecen comprensibles, deberemos desecharlo como obra maestra. Muchos suelen pensar: “Joer, pues vaya caca, si hasta yo puedo comprender lo que me quiere transmitir el autor…”
  • Si una película no dura más de dos horas y media con una argumento más denso que la arcilla a punto de secar o por su defecto no es de origen iraní, no pasa de ser un mero entretenimiento. Esto hace que la comedia nunca pueda ser catalogada como obra maestra. “Si yo con la comedia me echo unas risas pero nada más… Que luego vuelvo a casa y no me hace pensar”. ¡Y para qué quieres luego pensar, si sabes de sobra que eso te sienta fatal!
  • Si algo no es caro no puede ser de gran calidad. “No, no. Yo eso no me lo compro que con lo barato que es no me fío ni un pelo. Mejor este otro que es tres veces más caro”

Y así discurre nuestra vida… de momento malo en momento malo. Porque eso es lo que verdaderamente nos sustenta. Si no, la vida no tendría gracia. Si todo fuese de color de rosa, lleno de alegrías y sin ningún pesar (y sin poder criticar al de al lado porque la vida le va mejor), menudo aburrimiento…

Supongo que eso es lo que hace que los culebrones sean lo que más se consume en este país (eso y el deporte, que dependiendo a qué equipo pertenezcas, también tienes una buena ración de angustia). Porque nos encantan las desgracias (a poder ser ajenas). Más datos de esto: el record de máxima audiencia en un país como Austria está en las declaraciones de Natasha Kampush tras ocho años y medio de cautiverio.

Sin más, me gustaría desearos que una feliz semana. Uy no!! Mejor que no!!

P.D. Gracias a Loretxoa por descubrirme esta perlita de artículo: “Apología de la comedia”.


Emotico-adicta

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emoticonos
Foto: Carlos el hormigo

El mayor problema que le he visto siempre a un blog es la impersonalidad que otorgan a veces las palabras. Con esto, me refiero a que no es lo mismo leer una frase que escucharla con su entonación. En muchas ocasiones me he enfrentado a multitud de malentendidos propiciados por la frialdad de las letras.

Por eso veréis que me encanta usar los emoticonos a diestro y siniestro. Me parece que le dan un toque de entonación sobre el papel (en este caso, sobre la pantalla). No es lo mismo decir: “Eres un vago” que “Eres un vago ;-) ”. Dependiendo de la persona que lo lea puede malinterpretar la primera acepción y dejarme un comentario mentando a la madre que me trajo a la vida. Sin embargo, la carita sonriente o guiñando un ojo le pone ese tono jocoso que utilizaríamos de forma oral.

Esto me ha convertido en una emotico-adicta y en muchas ocasiones se me olvida con quién los uso. Igual estoy mandando un mensaje de móvil y me sale de forma inconsciente poner esos guiños o la mítica XD (que supuestamente es una cara de alguien que se está tronchando de risa).

Mensaje: “Has visto el último capítulo de House XD” y poco después recibo una respuesta con el siguiente texto: “¿House XD? ¿Pero ya han estrenado una nueva temporada?” En fin ¬¬ …

Desde aquí quiero lanzar una petición para que se estandaricen los emoticonos y se conviertan en una asignatura obligatoria de la LOGSE (o lo que sea que enseñan ahora a los niños), que hagan campañas de concienciación por la tele al más puro estilo DGT y por supuesto que nos resten puntos del carnet si no conocemos alguno.

Para darle un poquito de historia a la cosa, os contaré que el invento del emoticono vino de la mano de Scott E. Fahlman, que un buen día, allá por septiembre de 1982 (cuando yo nací!! Otra señal más de la divinidad del invento!!) decidió incluir en uno de sus mails un clásico :-) (casi tan clásico como el hola mundo). Era una proposición de usar :-) para textos irónicos y :-( como marca de lo que no era broma. Aquí tenéis la historia.

Y para finalizar el post, os dedico un :D


La mala educación

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Plastidecor

Definitivamente me estoy volviendo malvada. Y os preguntaréis, ¿por qué dice eso? Pues leed la siguiente historia y juzgad vosotros mismos.

Venía hoy de trabajar en el tranvía. Como es normal en un lunes, el cansancio y el sueño me tenían ya con la reserva puesta y lo último que deseaba en ese momento era escuchar un ruido estridente. Pues para mi suerte, en el asiento de al lado estaba un niño pequeño con su padre. El niño no hacía más que gritar y moverse continuamente.

¿Y cuál creéis que fue la reacción del padre? ¿Llamarle la atención? ¿Darle un sopapo llegado un punto extremo? ¡Pues no! Se limitaba a mirarle como las vacas al tren y de vez en cuando le decía en un sosegado tono: “No grites tanto…”. Como podréis imaginar yo iba ya con los nervios crispados, a punto de explotar y cargarme al niño.

Pero mis plegarias fueron oídas (no sé si por Dios o por el conductor del tranvía) y éste frenó de golpe, lo que hizo que el niño, al estar levantado, se golpease contra el asiento de enfrente.

En otro momento me hubiese llevado un susto, sin embargo, una sensación de satisfacción recorrió todo mi cuerpo. El llanto del niño ya no me molestaba. Al contrario, me entraron unas ganas terribles de levantarme y gritarle: “jódete” mientras le hacía un corte de mangas.

Ahora es cuando podéis decirme si soy un poquito hija de pu** o por el contrario vosotros también estáis cansados de todos esos padres que pasan literalmente de sus hijos convirtiéndoles en pequeños monstruitos.

Todavía recuerdo mi infancia, cuando pensaba que mis padres eran muy severos conmigo. Sin embargo, gracias a eso, recibí una educación de la que estoy orgullosa. Porque ellos nunca pensaron que en el colegio se encargarían de educarme. Lo hicieron ellos personalmente.

Próximamente echaré el mal de ojo a aquellas personas que se plantan en medio de las escaleras mecánicas y no te dejan pasar cuando llevas prisa ;-)


El abandono de las ideas

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Llevo días en enclaustramiento blogosférico, o lo que es lo mismo, con tiempo de sobra para escribir pero sin una triste idea. Ahora empiezo a entender a los artistas (y con esto no me estoy poniendo a su nivel) cuando hablan de que la musa les ha abandonado.

Es una sensación rara: nada de cosquilleo en el estómago ni chorradas de esas. Simplemente la nada, el vacío.

¿Cuál será la causa de la escasez de ideas y palabras? Quizás el calor, quizás el verano, quizás el exceso de trabajo (sí, amigos, una sigue aquí trabajando hasta en Agosto).

Y con esta chorrada he escrito un post, a la espera de que tras romper este silencio, mi musa regrese (en este caso, puestos a pedir, prefiero un muso) y no se marche más.


Flor sin olor, le falta lo mejor

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sweat
Foto: Bichito

Sigo hoy con mis disertaciones sobre el transporte público. Y no es que no me guste. Al contrario, me parece estupendo su uso para evitar tantos malos humos en las ciudades. Pero ahora que llega el calor y con él los sudores, hay días en que el ambiente se vuelve insoportable.

Siempre te puedes encontrar todo tipo de aromas y normalmente la mezcla es explosiva. Lo peor de todo es que normalmente no somos conscientes del hedor que nosotros mismos desprendemos. Esto tiene una explicación científica: cuando descubrimos un olor es por la presencia de moléculas de una determinada sustancia que son captadas a través de los “sensores” de nuestros órganos olfativos. Estos son muy sensibles. Sin embargo, cuando el olor lo generamos nosotros mismos nuestros receptores se saturan, se acostumbran al olor y ya no lo sentimos. Lo mismo sucede, por ejemplo, en una casa. Cuando entras a la tuya no notas un olor especial pero cuando vas a la de otra persona, al entrar, notas una fragancia característica y rara.

Así que ya no vale la típica excusa de: “Si yo no huelo mal…” o “Esto son feromonas masculinas para atraer a las hembras” (puedo prometer que esto último lo he oído). Antes de salir de casa, preguntádselo a un ser querido (de esos con los que piensas que la confianza da asco). Será el mejor termómetro anti-olores.


Electro-dependientes

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bombilla
Foto: Hector Milla

Qué pequeños somos y qué grandes nos creemos.

Nuestra sociedad avanza a pasos agigantados y con ella la tecnología. Sin embargo, por mucho que corra, la Madre Naturaleza siempre nos pone en nuestro lugar.

Hoy he subido a un tren y me he quedado encerrada en él durante horas. Debido a una tormenta se ha cortado el suministro eléctrico cuando estábamos en medio de la nada y sin posibilidad de salir.

Cuánta dependencia tenemos de la energía. De hecho, sin ella no podría estar escribiendo esto ahora. ¿Os imagináis un día de vuestras vidas sin electricidad? Esta sería la crónica del mío:

Hoy de nuevo me he levantado tarde (el despertador hace días se quedó sin pilas). Busco el baño a tientas y con mucho cuidado (aún conservo el moratón del último golpe contra la mesilla). Tras la ducha fría diaria (sin calentador no queda otra…), me visto con mi arrugada ropa a la que hace tiempo no visita una plancha.

Tomo el desayuno con cierto recelo porque ya llevo un tiempo sin frigorífico y los alimentos comienzan a estropearse. Debo comprar velas pero el dinero empieza a escasear porque los bancos ya no abren y de los cajeros ni me acuerdo.

No puedo ir a trabajar porque la mayoría de empresas han cerrado. ¿Qué puedo hacer entonces para entretenerme? Ni ver una película, ni encender un ordenador, ni jugar con la consola,… Sólo me quedan los libros y los paseos.

Es un tema para reflexionar pero os lo dejo a vosotros porque después de mi obligado encierro y la mala sangre que se me ha puesto, no estoy para nada más.

Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad. Vladimir Nabokov


Simbología cambiante

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esvastica
En ocasiones, palabras, nombres o símbolos pueden perder todo su significado o verlo degradado al ser asumido como emblema de algo negativo. Además, no sé porqué extraña razón, siempre nos quedamos con lo malo de las cosas.

Un claro ejemplo de esto es la esvástica. En cuanto vemos este símbolo, inmediatamente nuestra cabeza lo asocia al fascismo y los nazis. Sin embargo, pocas personas saben que la esvástica, en su inicio, fue un símbolo positivo perteneciente a múltiples culturas: budista, hindú, griega, azteca,…

Pasando a temas más frívolos, nos encontramos con el problema de los nombres propios y las personas famosas. Tienes un hijo/a y pasas días, semanas e incluso meses seleccionando el nombre que más te gusta y que menos le hará sufrir en su infancia (¡qué crueles son los niños!). Tanta meditación tiene como fruto un nombre estupendo que de un día para otro deja de serlo gracias a ese personajillo que fue a Gran Hermano a dar la nota o a esa princesa que pasó de periodista a futura reina de España.

Es curioso cómo las palabras cambian con el paso del tiempo. Y es que nunca estaremos a salvo de la propia ferocidad de la raza humana.


Peinando canas

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canas

El tiempo no perdona a nada ni a nadie y mis primeras canas comienzan a aflorar. Así que últimamente me las encuentro despuntando hacia el cielo (porque las muy cabritas no te creas que son discretas y salen debajo del resto del pelo… les gusta el protagonismo y se erizan como las que más).

Menos mal que siempre tengo a mano unas pinzas para acabar con las más rebeldes. Pero cada vez que alguien me ve arrancándome una me grita como si fuese a cometer el mayor error de mi vida: “¡NO LO HAGAS!”. Y cuando mi corazón casi se me ha paralizado por ese aullido de terror, agrega: “Que si te arrancas una cana te salen siete más”. Y yo siempre pienso: “Pues entonces un calvo estaría deseando tener una cana…”

Cansada de escuchar esta máxima tan poco científica, me he decidido a indagar en profundidad el tema.

Lo primero de todo: el proceso de encanecimiento no es instantáneo (así que nos olvidamos también de esas hipótesis que pueblan las historias de terror en las que a alguien se le queda el pelo blanco de golpe por un susto).

En todo el cuerpo, una persona tiene, de promedio, unos cinco millones de pelos. Entre 100.000 y 150.000 se encuentran en el cuero cabelludo (excepto en casos muy particulares como puede ser la cabeza del señor Lobato). Cada cabello crece de 0,3 a 0,5 milímetros al día, lo que nos lleva a 1,3 kilómetros de pelo por mes, o 16 kilómetros por año.

Un pelo está constituido por dos partes: el tallo y la raíz (o folículo piloso), insertada profundamente en el cuero cabelludo (4 mm). En la raíz se encuentran dos tipos de células, los queratinocitos y los melanocitos. Estos últimos sintetizan el pigmento que da color al pelo, la melanina. Cuando la pérdida de melanocitos sobrepasa un cierto umbral, la fibra del cabello se vuelve blanca aunque siga habiendo melanocitos presentes. Como los folículos pilosos viven independientemente unos de otros, el encanecimiento de la cabellera se va dando por la suma de cabellos individuales que van quedando sin su color habitual. Por lo tanto, queda desmontada esa hipótesis tan descabellada (¡qué bien traído!). La próxima persona que me cuente la historia de las 7 canas recibirá esta charla científica como recompensa.

Porque ya lo dijo Woody Allen: “Las canas ya no se respetan. Se tiñen”

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