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Facebook, el pegamento de la web 2.0

FacebookImagen modifica a partir de ésta de loungerie (cc by-nc-sa)

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 99 (verano 2008)

Hace unos años, cuando paseaba por las aulas informáticas de la Universidad y veía a alguien navegando por Facebook, sabía a ciencia cierta que se trataba de un alumno de intercambio. Sin embargo, en la actualidad las cosas han cambiado y esta plataforma social ha llegado a nuestro territorio para conquistarlo (con permiso de Tuenti).

Pero como no es del todo recomendable empezar una casa por el tejado, lo mejor será que primeramente expliquemos qué es Facebook. La wikipedia nos dice que se trata de un sitio web formado por muchas redes sociales o, dicho de otra manera, un pegamento donde los usuarios se crean perfiles en los que van agregando material de otros servicios (imágenes de flickr, vídeos de youtube y así hasta un largo etcétera) y que comparten con sus contactos. Desde Facebook se puede jugar, mostrar nuestras películas favoritas, descubrir nueva música, invitar a cervezas (eso sí, virtuales),... Todo ello gracias a que está abierto a desarrolladores, de manera que cualquiera puede hacer mini-aplicaciones que funcionen y se integren en la plataforma. Aquí tenemos la principal razón de su éxito y la que le da mayor valor puesto que ya cuenta con más de 20.000 programas de terceros.

Repasemos ahora un poco su historia y cómo se ha ido fraguando el proyecto. Allá por 2004, un estudiante de la Universidad de Harvard, Mark Zuckerberg, junto a dos amigos decidió empezar a construir una comunidad virtual. Originalmente esta red social fue creada exclusivamente para la comunicación entre estudiantes estadounidenses. De ahí proviene su nombre, ya que es el mismo que recibe el boletín que las universidades entregan a los alumnos que comienzan una nueva carrera para que se conozcan entre ellos (libro de caras). Es por esta razón que hasta 2006 no estaba permitido el registro ni la creación de cuentas a personas que no contasen con una dirección de correo electrónico de una universidad norteamericana.

Sin embargo, tras comprobar el éxito que estaba cosechando, se eliminó la restricción para poder ampliar horizontes publicitarios. Esta decisión levantó una cierta polémica entre los usuarios que ya estaban haciendo uso de la plataforma, dado que se perdía la esencia estudiantil. Pero como diría Quevedo: Poderoso caballero es don dinero.

En la actualidad ya cuenta con más de 60 millones de usuarios activos, cifra que va creciendo casi de forma exponencial. Y muchas son las novias que le pretenden. Entre ellas se encuentra Microsoft, que está deseoso de hacer una compra sonada en el mundo de la web 2.0 para poder plantar batalla a Google.

El área principal de trabajo en Facebook es nuestro perfil, desde el que podremos ir configurando y añadiendo toda la información. También seremos capaces de buscar y agregar amigos, así como de instalar aplicaciones. Esta instalación se hace en el propio portal (no se añade nada a nuestro ordenador). Mediante RSS se puede seguir la actividad de nuestros amigos e incluso cuenta con un chat propio. Por tanto, entretenimiento, comunicación e información se unen bajo un mismo paraguas. Además, si bien el proyecto arrancó inicialmente en el lenguaje de Shakespeare, ahora ya cuenta con versiones en francés, alemán y castellano, por lo que el idioma tampoco es una barrera.

Comunidades como Facebook son las que nos recuerdan que no hay que subestimar el poder de las redes sociales. Para ilustrar esto, pondré un ejemplo bastante llamativo del uso que se le puede dar como canal de difusión. En febrero de 2008, miles de colombianos se echaron a la calle en una movilización contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Ésta movilización se gestó en la plataforma.

Pero no todo son flores en el campo. También encontramos unos cuantos cardos. El primero reside en las condiciones de uso (esa letra pequeña que nadie lee cuando se registra en un nuevo servicio). Y es que cuenta con algunas cláusulas que le otorgan la propiedad sobre los contenidos que se crean en ella. Concretamente éste es el párrafo de la discordia:
Al publicar el Contenido de Usuario en cualquier parte del Sitio, otorgas automáticamente a la Compañía, y manifiestas y garantizas que tienes derecho a otorgar a la Compañía, una licencia irrevocable, perpetua, no exclusiva, transferible, plenamente desembolsada y mundial (con derecho de sublicencia) para usar, copiar, reproducir públicamente, mostrar públicamente, reformatear, traducir, obtener extractos (totales o parciales) y distribuir dicho Contenido de Usuario para cualquier fin, ya sea comercial, publicitario o de otro tipo, en relación con el Sitio o la promoción del mismo, para preparar trabajos derivados de dicho Contenido de Usuario o incorporarlo a otros trabajos, y para otorgar y autorizar sublicencias de lo anterior. Podrás retirar tu Contenido de Usuario del Sitio en cualquier momento.

Suponemos que un gigante de la Red no se va a interesar en reclamar estos derechos... pero quién sabe qué nos deparará el futuro.

Otra cuestión incongruente es que, si bien Facebook se surte de datos de otros servicios abiertos, ellos no ofrecen información de cara al exterior si no se está registrado. Es decir, si no tienes cuenta, no podrás ver el perfil de las personas. Una concepción un tanto desigual de lo que supone la web colaborativa.

Como conclusión, sólo me falta recalcar algo llamativo (al menos para mí). Nos encontramos en una sociedad en la que la intimidad pasa a ser un bien despreciado. Con el éxito de sitios web como Facebook demostramos nuestro placer por el exhibicionismo. Dejamos nuestros gustos, nuestras preferencias de consumo, nuestras fotos y muchos más datos al amparo de unos totales desconocidos. Si nos solicitasen esto mismo en un centro comercial, pondríamos el grito en el cielo. Sin embargo, lo hacemos voluntariamente en una plataforma de la que desconocemos sus intenciones y a la que le cedemos un perfil completo nuestro.

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Geolocalizando el Universo

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 98 (primavera 2008)

Muchas preguntas transcendentales nos asaltan a lo largo de nuestra vida: ¿Adónde vamos? ¿De dónde venimos? Quizás nunca seamos capaces de darles respuesta, pero lo que sí podemos saber con exactitud en la actualidad es en qué punto nos encontramos.

Y es que la irrupción del GPS (Global Positioning System) en nuestro día a día ha modificado también los hábitos en Internet. Numerosas han sido las herramientas que han nacido amparadas por las coordenadas de los satélites. La más conocida quizás sea Google Maps, que tanto con su programa para ordenador (Google Earth) como con su versión on-line, ha logrado que volemos de un continente a otro a golpe de ratón. Gracias a este servicio podremos buscar nuestro pueblo, ver edificios curiosos, trazar rutas, etc... Además de la visión satélite, nos permite callejear como lo hacíamos con las ya desfasadas páginas amarillas, usando la vista en forma de mapa. O si lo que preferimos es buscar como si de un atlas se tratase, disponemos de la vista terreno. Incluso podremos conocer la previsión meteorológica al detalle de un determinado lugar gracias al acuerdo llegado recientemente por Google Maps con The Weather Channel.

Muchas son las anécdotas y curiosidades que acompañan a esta aplicación: desde un error (o broma) que hacía que, para viajar de Bilbao a Nueva York, nos recomendase cruzar el Atlántico a nado, a las imágenes de una mujer desnuda tomando el sol en su azotea que fue inmortalizada por un satélite. Y es que no todas son ventajas. También se presentan importantes inconvenientes. El más acuciante es la privacidad (o más bien la falta de ella). Esto se ha puesto de manifiesto recientemente con la nueva opción de Street View, en la que se ofrece una nueva perspectiva similar a ir caminando físicamente por las calles. Para ello, varios coches de Google se pasean por diferentes ciudades tomando fotografías a través de un dispositivo insertado en el vehículo, que luego se colocan en el punto exacto del mapa en el que fueron tomadas. ¿Qué ocurre si apareces en esas imágenes sin tu consentimiento? También la seguridad preocupa ante tal nivel de detalle. De hecho, algunas áreas han sido oscurecidas por este motivo, como el Capitolio o la Casa Blanca de Estados Unidos.

A pesar de esto, el éxito del invento es incontestable y ha radicado en la preocupación por parte de Google en permitir que otras páginas web puedan hacer uso de sus mapas. De esta forma, podemos encontrar multitud de sitios que internamente funcionan con Google Maps, agregando una capa más de utilidad. Un ejemplo de estas webs son Tagzania, Nirudia, NireTV, la DGT, etc…

Desde Tagzania se nos incita a etiquetar el mundo. En este sitio web podremos añadir tags o etiquetas a localizaciones en el mapa. Se trata de una forma fácil y visual de documentar lugares y clasificarlos, surgiendo así territorios compartidos entre usuarios. Por ejemplo, podré crear un punto en Zaragoza y otro en Sevilla con el tag expo. De esta forma, si alguien busca las ciudades en las que se han celebrado exposiciones internacionales, encontrará un resultado de forma rápida gracias a la colaboración de todos los usuarios.

Nirudia y NireTV nos permiten posicionar fotografías y vídeos respectivamente. Así podremos ver imágenes de una ubicación en concreto o bien buscar vídeos que se hayan grabado en un determinado lugar.

Hasta las instituciones han caído rendidas ante las posibilidades que ofrece: la propia Dirección General de Tráfico nos informa de la meteorología e incidencias en carretera tirando de mapas. Otra aplicación curiosa que ha puesto a nuestra disposición la Diputación Foral de Gipuzkoa es B5M. En ella se trabaja con planos y ortofotos (fotografías aéreas) de toda la región. Una de las funcionalidades más interesante está en la fototeca, que nos brinda la posibilidad de consultar un histórico de fotografías capturadas desde 1954 para poder comprobar cómo ha ido evolucionando una determinada zona.

Al final, el mundo de los sistemas de navegación cuenta con un cuello de botella: pocos son los proveedores que nos ofrecen los datos actualizados de calles, carreteras, montes, ríos, etc... Tele Atlas, una empresa holandesa, es el generador principal. De su trabajo se surten aplicaciones como el conocido TomTom o el propio Google Maps. Por tanto, existe un control absoluto en una parte de la cadena. Para dejar de tener esta dependencia, hace unos años se creó OpenStreetMaps. Se trata de un proyecto colaborativo que persigue que sean los propios usuarios los que generen mapas libres. Sólo es necesario un dispositivo GPS, un pequeño programita para recoger los puntos y ganas de pasear. De esta forma, cualquiera puede mejorar los mapas de su ciudad, y poniéndolos en común, todos podremos hacer uso de ellos.

Como vemos, en este mundo de latitudes y longitudes, tres son los componentes que nos ayudan a situarnos: el hardware, el software y los datos. En la parte hardware podemos encontrar diferentes dispositivos: desde GPS a nuestros propios ordenadores. En la parte software se encuentran los programas que interpretan los datos y nos los muestran de una manera amigable (TomTom, Google Maps, etc...). Y por último, pero no por ello menos importante (al contrario), están los datos. Si todos generásemos los puntos de nuestra calle, tendríamos unos mapas más precisos y a disposición de cualquiera. Por tanto, para no estar en manos de una única empresa, geolocalicemos el mundo... y dentro de poco el Universo ;-)

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Marketing viral: Cuando Internet se vuelve contagioso

Marketing Viral

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 97 (invierno 2008)

Antes de comenzar con el texto, debo poner en antecedentes al lector: este artículo ha sido escrito bajo los efectos de diversos fármacos. Pero no penséis que ahora, para escribir, necesito de inspiraciones "externas" como el gran Edgar Allan Poe. La gripe ha sido la responsable de la ingesta masiva de medicamentos y de que la temática del artículo sea tan vírica. Y es que los virus, esos seres minúsculos e imperceptibles para nuestra vista, son poderosos por muchas razones:
  • Son indestructibles (pues como en aquel mítico anuncio de turrón, vuelven siempre y no exclusivamente por Navidad).
  • Se replican con gran facilidad, transmitiéndose de persona a persona.
  • Aunque sus víctimas les superen en tamaño, las dejan para el arrastre.
Y eso es lo que ha llevado a los hombres a copiar su conducta en el mundo de la publicidad. De ahí nace el protagonista de este relato: el marketing viral.

¿Y qué es el marketing viral?
Se trata de una palabra de nueva cuña, como casi todas las que pululan ahora mismo por la Red, que describe una manera de hacer publicidad aprovechando la masificación de las redes sociales en Internet. Algo así como el boca a boca tradicional pero con bits y bytes de por medio. Lo que caracteriza a esta forma de anunciarse es el poco dinero que se emplea a cambio de la gran repercusión que se obtiene.

Funciona al más puro estilo piramidal: yo lanzo el virus a N personas, que puede que se infecten y contagien a otras tantas. Esas personas siguen corriendo la voz, así hasta llegar a los medios tradicionales (televisión, radio, periódicos, etc.), momento en el que se considera un rotundo éxito, puesto que hemos incubado nuestro "virus/campaña" en la Red y ha germinado en otros medios en los que cuesta mucho dinero aparecer. Como vemos, se ahorra mucho en esfuerzo y coste porque, el que inyecta el virus, se limita a hacer ese trabajo. La difusión corre a cargo de la comunidad de usuarios.

Para aclarar aún más el concepto, pasemos a ver unos cuantos ejemplos que seguro conoceréis.

Amo a Laura
"Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio". Así era el estribillo de una de las canciones más atípicas y extravagantes que saltó a la fama durante el año 2006. Todo empezó con un vídeo en YouTube, bajo la falsa asociación Nuevo Renacer por una Juventud Sin Mácula y el falso grupo Happiness. El tema corrió como la pólvora, saltando de correo en correo, de blog en blog, etc. y pronto se hicieron eco hasta en los telediarios. La principal baza con la que jugó la agencia creadora fue la ambigüedad, puesto que, en un primer momento, nadie sabía que se trataba de una campaña publicitaria. Sin embargo, más tarde descubrimos que tras ese boom se encontraba la transgresora cadena de televisión MTV.

Abrazos gratis
Otra campaña mucho más tierna (y que demuestra que no siempre el fin del marketing viral es comercial) fue la que inició en Sidney Juan Mann (seudónimo cuya fonética es similar a One Man). Bajo el título de Free Hugs (Abrazos Gratis), se plantó en mitad de la calle, cartel en mano, ofreciéndose a repartir algo tan barato y reconfortante como un abrazo a un desconocido. De forma casi casual, alguien le grabó desarrollando tan peculiar actividad y, cómo no, lo subió a YouTube. Tras miles de descargas, esta semirevuelta de amor se exportó a muchos otros países, convirtiéndose en un movimiento global. Hasta en el mismísimo Bilbao he visto “abrazadores” en plena acción, aunque debo decir que los viandantes se mostraban un tanto reticentes a recibir estos regalos. Lo más curioso de todo ha sido el éxito obtenido en una sociedad en la que el contacto físico incomoda mucho y donde es tan importante el espacio vital de cada persona.

Todos con la Pantoja
Nunca una pulsera solidaria había dado tanto juego en los programas del corazón. En esta ocasión no se buscaba apoyar causas como el cáncer o la violencia de género, sino algo más bien frívolo: a la tonadillera Isabel Pantoja. Desde una simple página web, se ofrecía la posibilidad de conseguir una pulsera folclórica (de plástico rojo con lunares blancos) a todo aquel que dejase su dirección de correo electrónico. El revuelo que se montó fue digno del mejor papel cuché, pero pronto descubrimos que todo había sido un engaño y que tras este apoyo “desinteresado” se encontraban dos periodistas de la EITB: Alex Dolara e Ibón Múgica, trabajadores de la televisión pública vasca, que ganaron el concurso HazRuido3 con esta original campaña (concurso donde precisamente se premia a la mayor repercusión).

Sólo he puesto tres ejemplos, pero con la expansión de Internet, tendría para llenar unas cuantas revistas únicamente con las campañas más recientes.

Como vemos, el marketing viral puede ser utilizado para promocionar muchas cosas (no necesariamente con objetivos comerciales). Sin embargo, siempre me planteo la misma cuestión: ¿tras el estruendo inicial, realmente nos quedamos con la marca? Porque la principal meta que se persigue es aumentar el conocimiento del nombre propio de un determinado producto y en la mayoría de ocasiones, recordamos fragmentos aislados sin saber a quién o qué pertenecen.

Otro aspecto que no me convence de este modo de publicitar es que, a veces, se hace sin ninguna ética. Se juega con la impostura, el engaño, incluso con los sentimientos de las personas. Pero no debemos olvidar que somos los usuarios el medio de propagación. Si nosotros no picamos, las transmisión se frena en seco.

Con esto queda demostrado que la influencia de Internet cada día es mayor y junto a ella, crece su poder viral. Por eso, ante esta nueva forma de infección, sólo puedo hacer una recomendación: vacunaros lo antes posible.

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Internet Killed the Television Star

televisor

Disclaimer: aprovechando que ahora colaboro en la revista de Deusto, en la sección de Internet, voy a publicar también en este espacio mis artículos.

Para acompañar la lectura de este post, nada más apropiado que escuchar la conocida canción "Video Killed the Radio Star" del grupo The Buggles. En su letra se describe a una estrella de la radio que ve como sus días de gloria llegan a su fin debido a la expansión del vídeo. Y aunque data de 1981, aún se mantiene vigente pero con dos nuevos protagonistas: Internet y la Televisión.

¿Nos encontramos ante un nuevo cambio de costumbres en nuestro entretenimiento audiovisual? Para descubrirlo, analicemos un poco la Historia. Allá por los años cincuenta, la irrupción de un nuevo electrodoméstico revolucionó la sociedad: el televisor. En sus inicios sólo contaba con dos canales públicos. Más tarde, en 1990, comenzaron a emitir las primeras cadenas privadas (Antena 3, Canal + y Telecinco), lo que desató una lucha encarnizada por la audiencia, provocando a su vez que por el camino se olvidasen los contenidos. Tras esto, la Televisión Digital Terrestre o TDT (con el consabido apagón analógico previsto para 2010), amplió el abanico de canales y propuestas temáticas.

Y el futuro parece que ahora está en la televisión 2.0: una programación a la carta en la que los telespectadores deciden qué es lo que quieren ver, en qué momento y en qué lugar, de manera flexible, asíncrona y sin inoportunos anuncios. Además, estos telespectadores han pasado de ser meros consumidores a generadores de contenido, gracias al éxito de portales de vídeos como YouTube, que han posibilitado que cualquiera pueda grabar y compartir un vídeo de una forma sencilla y rápida.


¿Y qué opinan los medios tradicionales al respecto?
La relación entre la televisión e Internet ha sido, desde sus inicios, una mezcla de amor y odio a partes iguales.
Por un lado, desde la televisión siempre ha existido una cierta tendencia a presentar Internet como un nido de pornografía, piratería, ciberdelincuencia, etc.
Otro aspecto que mantiene la distancia entre nuestros protagonistas son los conflictos con la propiedad intelectual. Por ejemplo, YouTube tiene que hacer frente, casi de forma diaria, a un aluvión de denuncias por albergar vídeos protegidos por el copyright. También las gestoras de derechos audiovisuales para el deporte están descontentas puesto que, si antes vendían a precio de oro la final de un mundial a unas cadenas determinadas, sabiendo que les concedían la exclusividad de la retransmisión, ahora, con Internet, están perdiendo el control sobre dónde se ven esas retransmisiones.
Sin embargo, los responsables de las cadenas comienzan a darse cuenta del poder promocional de la Red, que permite aumentar las audiencias más allá de sus fronteras. Por esta razón, muchas se están lanzando a este medio. El caso más sonado fue el de la BBC que, allá por marzo de este año, llegó a un acuerdo para emitir sus contenidos en YouTube. En España Antena 3, Cuatro y la autonómica catalana TV3 3, cuentan también con su propio canal donde cuelgan pequeños cortes de programas, series y noticias. Hasta la Comisión Europea (CE) ofrece una cadena temática: EU Tube, desde donde informa a los ciudadanos de su actividad.
Pero no sólo de YouTube vive el hombre: algunas autonómicas ofrecen su programación en sus páginas web (TV3, Telemadrid, ETB, etc.), LaSexta cuenta con su espacio en Google Video y Antena 3 acaba de lanzar su plataforma teleporlared.com, donde ofrece la programación de Antena.Neox, Antena.Nova, Antena 3 Noticias 24 y Antena 3 Internacional.

Otros proyectos que pueden hacer de Internet la nueva televisión, son los siguientes:

Zattoo
La propuesta de Zattoo consiste en la sintonización de canales a través de Internet. Aplica el concepto P2P a la televisión para ver las cadenas tradicionales (Antena 3, Cuatro, Telecinco, La Primera, La 2, etc.) en tiempo real y de forma gratuita. Su funcionamiento es similar a programas como el eMule: cada usuario comparte pequeños "trozos" de la transmisión con el resto, lo que hace que funcione como cliente y servidor a la vez. Por tanto, cuantos más usuarios estén viendo un canal, mejor rendimiento se obtendrá.

Con una calidad más que razonable, que dependerá de nuestro ancho de banda, esta P2PTV ha desembarcado recientemente en España. Para poder disfrutar de ella, tenemos que registrarnos en su web, descargar un programa (disponible tanto para Windows, como GNU/Linux y Mac OS X) y conectarnos.

Joost
Joost es otra televisión P2P desarrollada por los creadores de KaZaA y Skype. A diferencia de Zattoo, los contenidos son bajo demanda (no nos tenemos que limitar a ver lo que echen en ese momento). Además presenta una mayor interactividad entre los usuarios ya que cuenta con chats mediante Jabber, IRC y otros plugins.
De momento, sigue en beta cerrada y sólo se puede acceder mediante invitación.

Joox
Joox es un servicio que también posibilita ver series, documentales, películas, etc, pero a diferencia de los anteriores, éste no es P2P. Por lo tanto, a más usuarios, peor será el funcionamiento. Todos los contenidos están en formato DivX, por lo que hay que instalar un plugin para el navegador, pero no requiere de ningún software adicional. Además, permite descargar sus contenidos.

La legalidad de esta plataforma aún está en suspense puesto que infringe las leyes de copyright.

MySpaceTV
Próximamente también seremos testigos del lanzamiento de MySpaceTV, la nueva web del magnate de las telecomunicaciones Rupert Murdoch (presidente y principal accionista de la compañía News Corporation que es dueña de cadenas de televisión como Sky y Fox). Este proyecto será el complemento perfecto para la red social MySpace, de gran éxito en Estados Unidos (quinto sitio más visitado de toda la red) y que acaba de aterrizar en España, donde aún no cuenta con una gran comunidad.

Como vemos, los servicios de vídeo aparecen a un ritmo vertiginoso. Esto es un claro indicador de que hay negocio. Y si hay negocio, hay futuro.

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