Pablo Garaizar (Txipi): “Hacker es un piropo que te tienen que regalar”

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Las personas que me conocen saben que tengo unas cuantas manías (en petit comité solemos incluso llamarlas taras): soy una talibana de la ortografía hasta extremos enfermizos, no sé nadar (y no tengo ganas de aprender) y cada vez que escucho la palabra hacker para referirse a algo negativo, me sale sarpullido.

Es por eso que, tras leer la enésima noticia con este término mal empleado, me he decidido a restituir su significado, obviamente dentro de mis posibilidades. Y una de esas posibilidades es mi sección semanal sobre internet y nuevas tecnologías en Radio Bilbao (Cadena SER), junto a Azul Tejerina.

Así que pensando en la mejor ayuda para esto, hoy me he traído al estudio a Pablo Garaizar, más conocido como Txipi por estos lares digitales.

Cuando se trata de buscar definiciones, lo primero que suelo hacer es tirar de la RAE. Error. El concepto está admitido desde 2014 pero su única acepción es “pirata informático”. Fin. Ya está. No os creáis que me he olvidado de algo… Dejando de lado la palabra pirata, que ya tendría un post para ella solita, no es de extrañar que en su día se echaran las manos a la cabeza personas como Richard Stallman (uno de los padres del software libre) o Chema Alonso (especialista en seguridad informática), que incluso llegó a lanzar una petición en Change.org que recopiló 5.335 firmas. Hasta hoy, que seguimos igual.

El IETF (Internet Engineering Task Force) tiene una definición breve, pero creo que bastante más certera: “Un hacker es una persona que se deleita por tener una comprensión profunda del funcionamiento interno de un sistema”. Si además tuviera que añadir otros conceptos de mi cosecha, serían pasión, curiosidad, espíritu juguetón, búsqueda de los límites a la tecnología (y otras cosas) con el fin de mejorarla o hacer un uso que no estaba previsto. Y fijaos que he puesto entre paréntesis lo de “y otras cosas” porque, a pesar de que la cultura hacker nació en el mundo tecnológico, se puede aplicar a muchos otros ámbitos de la vida. ¡Ojalá hubiera más hackers sociales!

hack MITBuscando los orígenes, la cultura hacker nació en torno a los años 60-70 y está ligada a los laboratorios y clubes del MIT. De hecho, una de las cosas que más me sorprendió el día que visité sus instalaciones es el orgullo con el que muestran sus hacks. Uno de los más curiosos surgió a raíz de la rigidez por parte de la policía interna del MIT con el uso de las bicicletas en el campus. Durante una temporada, si un estudiante dejaba una bicicleta mal aparcada, le era confiscada. Así que como respuesta a esto, un día, apareció un coche de la policía sobre el Great Dome (Gran Cúpula), el edificio más emblemático. Bueno, eso pensó en un inicio la policía, que no terminaba de explicarse cómo uno de sus vehículos había sido izado hasta allí. De hecho, al hacer inventario, no faltaba ninguno. Tras mirar la matrícula (que era el número Pi), descubrieron la broma: se trataba de una reproducción exacta que habían hecho los hackers, con todo lujo de detalles como, por ejemplo, un policía dentro, con sus respectivos donuts. Un acto reivindicativo que ha quedado para los anales de la Historia. Os recomiendo que echéis un ojo a los hacks de MIT en esta web.

Pero ojo, que esta cultura hacker tiene su propia ética. De hecho, os recomiendo la lectura de “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” [PDF], un libro escrito por Pekka Himanen, con prólogo de Linus Torvalds y epílogo de Manuel Castells. Según Himanen, un hacker no es un delincuente, vándalo o pirata informático con altos conocimientos técnicos (a los que prefiere llamar crackers), sino que hacker es toda aquella persona que trabaja con gran pasión y entusiasmo por lo que hace.

Por último, os dejo con el decálogo de la cultura hacker, que elaboró el equipo del Dev.F.:

  1. Dar antes que esperar recibir. Compartir es uno de los pilares.
  2. No pedir permiso. Aquí me traigo una frase de la mítica Grace Murray Hopper: “Prefiero pedir perdón que pedir permiso”.
  3. Más hacer y menos hablar.
  4. No existen excusas, o cómo responsabilizarnos de nuestras acciones, sin echar balones fuera.
  5. Resuelve problemas (y no crees nuevos).
  6. Sigue a tu curiosidad.
  7. Fracasar es crecer. Una auténtica apología del fallondizaje.
  8. Conoce tus herramientas y comunidades. No reinventes la rueda. O como diría Eric S. Raymond: “Ningún problema debería resolverse dos veces”.
  9. Siempre hay algo que aprender.
  10. Involúcrate.
  11. Diviértete en el proceso. Lo más importante no es la meta, sino el viaje para llegar a ella.
  12. Os dejo con la entrevista a Txipi, de la que si me tengo que quedar con una frase, es la que he usado como titular: “Hacker es un piropo que te tienen que regalar”. Pues yo te lo regalo, Txipi. Para mí, un auténtico hacker de los pies a la cabeza.



Verdaderas mentiras

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 129 (2016).

Buscando en internet una cita con la que arrancar este artículo, me he topado de bruces con la frase ideal por dos razones. La primera, porque me sirve muy bien para ilustrar lo que quiero contar: “Una mentira puede dar la vuelta al mundo antes de que la verdad tenga tiempo a ponerse las botas”. Y la segunda, porque cuando tenía la autoría de Terry Pratchett identificada, me he puesto a indagar más… y la cosa se ha complicado. En algunos sitios leo que es de Mark Twain, así que me siento incapaz de discernir quién la escribió realmente.

Si esto pasa buscando de manera concienzuda información, ¿qué sucederá con la que consumimos más a la ligera en la red? Rumores, bulos, fakes, hoax… la mentira se esconde detrás de múltiples nombres. E internet le ha conferido un nuevo apellido: viralidad. El alcance de una leyenda urbana antes era más o menos limitado. Sin embargo, a día de hoy, por mucho que hayamos escuchado siempre eso de que las mentiras tienen las patas muy cortas, en las redes sociales han encontrado la forma de correr a gran velocidad. Y es que el carácter de inmediatez que tienen estas plataformas ha generado una especie de ansiedad por querer ser los primeros en contar algo. Eso anula cualquier intento de que el espíritu crítico entre en escena y ponga en cuarentena lo que leemos.

Pero lo que aún es más curioso es que los bulos suelen ser más interesantes que sus respectivas rectificaciones. Una investigación de la Universidad de Columbia analizaba el nivel de interacción en rumores versus el nivel de interacción de las publicaciones que rectificaban esos rumores. Sorprendentemente (o quizás no tanto), los fakes obtenían mayor número de retuits, likes y comentarios. Uno de los que se analizó en ese estudio roza casi lo absurdo pues sostenía que la Tierra estaría seis días en completa oscuridad durante diciembre de 2014. Si bien muchos medios catalogados como fiables desmintieron la noticia, contando con una más de 135.000 interacciones sociales, los artículos con el fake lograron más de un millón.

¿Pero dónde empieza un engaño?

En ocasiones se trata de una “chiquillada” por parte de alguien que no es capaz de atisbar el impacto de sus palabras y acciones en digital. En otras, la maldad va con una intencionalidad clara. Incluso hay casos de publicaciones que parten como chistes pero terminan siendo tomadas en serio. Y no pueden faltar los experimentos. Ese fue el caso de Santiago Swallow. ¿Que quién era Santiago? Su página de Wikipedia le presentaba como un “orador motivacional, educador y autor dedicado a entender la cultura moderna en la era de redes sociales”. Su cuenta en Twitter tenía más de 90.000 seguidores. Pero todo era producto de un proyecto llevado a cabo por el tecnólogo Kevin Ashton, conocido en la actualidad por acuñar el concepto de “internet de las cosas”. Su intención con esta farsa era demostrar lo fácil y barato que puede ser crear un influencer en internet. Generó un nombre y unas fotos falsas, creó su cuenta de Twitter y su página en Wikipedia y compró por tan solo 50 dólares un gran número de seguidores. Para poner la guinda al pastel, desarrolló un algoritmo que generaba tuits automáticamente combinando frases de charlas TED. Resultado: un personaje ficticio convertido en gurú digital.

Pero este tipo de información campa a sus anchas por todas las redes sociales, no solo por Twitter. De hecho, en Facebook están muy preocupados por ello. Hace unos años publicaron un paper en el que se analizaba la reacción de los usuarios que publicaban noticias falsas, cuando uno de sus amigos así se lo indicaba con un comentario. Lo que descubrieron a través de esta investigación fue que las personas son más propensas a eliminar estas publicaciones después de haber recibido el comentario. Pero también que a los usuarios no nos gusta que nos digan que hemos caído en un engaño, así que esa notificación provocaba que bajara la interacción posterior en la plataforma. Cosa que, obviamente, no le interesa a Facebook. Es por esto que han decidido incorporar una nueva herramienta que permite a los usuarios marcar una publicación como “noticia falsa”, disminuyendo entonces las posibilidades de que aparezca en el timeline de sus contactos pero también evitando que el sujeto que ha compartido el rumor se dé cuenta.

Si bien hay muchas personas y organizaciones difundiendo informaciones no veraces, también hay otras trabajando por lo contrario. Ese es el caso de plataformas como emergent.info, hoaxes.org o snopes.com, que funcionan a modo de detectives del rumor. Hasta el mismísimo Tim Berners-Lee, padre de la web, creó en su día una fundación -la World Wide Web Foundation- para examinar, entre otras cosas, la fiabilidad de los contenidos.

Se dice y se repite que estamos en la época de la información. Pero en ocasiones me planteo si no será lo contrario porque nos cuesta más contrastarla que creérnosla. Me quedo con lo que nos dice Zygmunt Bauman en su libro Vida de Consumo: “Hay demasiada información dando vueltas. Es crucial la capacidad de cada persona de protegerse de ese 99.99% de datos que uno no desea. La frontera que separa los mensajes relevantes del ruido de fondo es absolutamente borrosa.”. En nuestras manos está dar con ese 0.01%.



III Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga, ya en marcha

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Premio Ada Byron

Ya lo dice la canción: “Es una lata el trabajar. Todos los días te tienes que levantar… 🎵“. Pero siempre hay proyectos y personas que te recuerdan que se pueden hacer cosas ilusionantes y disfrutar de esa lata de vez en cuando. Uno de esos proyectos es el Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga, que alcanza ya su tercera edición.

Parece que fue ayer cuando nos juntamos Cristina, Esti, María, Andoni y la que escribe para acabar con el cuento de “Érase una vez una mujer tecnóloga invisible”. Y parece que fue también ayer cuando nació nuestra musa. Nada más y nada menos que 200 años. Qué decir que no esté ya escrito de Ada Lovelace. Lo que aún no están escritas son las entradas en Wikipedia y otros muchos soportes sobre todas esas mujeres que están trabajando tanto y tan bien en tecnología. Si conoces a alguna, o eres tú la que estás ahora mismo leyendo esto, no lo dudes: preséntate/preséntala. Nuestras niñas necesitan espejos en los que poder mirarse.

Del 10 de diciembre al 2 de febrero buscamos a nuestra nueva Ada Byron. Que no pasen 200 años para volver a copar las portadas de los periódicos.



La mujer que trepó hasta el segundo piso

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Al fondo el Masherbrum. Mikel Alonso. KarakorumSiempre me han gustado las alturas. Desde bien pequeña, me encaramaba como una cabritilla a cualquier cosa que elevara mi vista y con la que pudiera disfrutar del viento en la cara. Supongo que la idea de subir a cimas me sugería superar retos, romper techos de cristal (aún sin saber todavía en qué consistirían esos techos) y no conformarme con la talla que me había tocado en suerte.

He crecido y me siguen encantando. De hecho, ahora más que nunca. Vivo en un séptimo piso desde el que no me canso de mirar al horizonte. Muchas veces lo hago pensando en mis problemas y descubriendo lo insignificantes que se ven desde arriba. Igual de insignificantes que cuando me imagino observando las montañas de Karakorum y a todas esas niñas que intentarán también trepar como cabritillas, pero sin el mismo éxito o como mínimo, sin las mismas facilidades que yo.

Y es que si lo piensas, la igualdad es un tema de altura. Escalar para ponerte al mismo nivel que el resto de personas que tienes a tu alrededor. Ni más arriba, ni más abajo. El nivel de la dignidad que te permite mirar por encima de muros, con el cielo despejado. En ocasiones, para superar esos muros necesitas la ayuda de un cajón, que dependiendo de tu altura y la base de la que partas, tendrá que ser más grande o más pequeño. Y el cajón que necesitan las niñas de Pakistán para elevar su vista, es muy grande. Estamos hablando de un país marcado por la herencia de un sistema de castas que aún persiste, aunque se esconda tras otros nombres. Una sociedad, por tanto, donde las marcas y etiquetas grupales son determinantes y se convierten en una jaula, muy pequeña y con apenas oxígeno si da la casualidad de que has nacido mujer. Las desventajas históricas y sociales que arrastran estas niñas, constriñen su mirada. Porque desde la política y la religión no tienen espacios para poder respirar, pero el elemento que más oxígeno les consume es la propia sociedad que las rodea y educa. Esa que dicta cómo tienen ser y desde dónde tienen que ser. Tanto es así, que su imaginación no es capaz de concebir otras realidades y llega un momento en el que ellas mismas ejercen de sus propias censoras.

Siguiendo con la conversación de alturas, me ha dado por recordar una historia que leí no hace mucho a la investigadora, experta en género, Dorothy Holland. Durante un proyecto que estaba llevando a cabo en Nepal, país no muy alejado de Pakistán, se encontraba en una zona rural haciendo entrevistas a personas de diferentes grupos sociales. En esa zona, las personas de castas bajas o fuera de casta no tenían permitido el acceso a las viviendas de las castas altas, ya que se consideraba que la comida podía ser contaminada con su solo contacto. Normalmente las cocinas se encontraban en el primer piso, así que el acceso al resto se hacía ya imposible. En una de las entrevistas, citaron a una mujer fuera de casta en el segundo piso de la casa en la que se encontraba Dorothy. Cuando bajó a saludar a la mujer, para acompañarla a cruzar la cocina, subir las escaleras y alcanzar ese segundo nivel, descubrió que no estaba. Gyanumaya (que así se llamaba nuestra protagonista) había tomado una ruta diferente: escalar por el exterior de la residencia y alcanzar así su meta. No se le había prohibido el acceso por el primero, pero aún así había buscado la manera de no cruzar la cocina. Es decir, ella misma se había impuesto la prohibición.

Lo que me lleva a reflexionar sobre dos conceptos que parecen iguales pero tienen un matiz importante: resignación versus aceptación. Cuando aceptamos una situación, asumimos la realidad que nos ha tocado en suerte, pero con la capacidad de tratar de hacer algo al respecto. La resignación, sin embargo, nos lleva a pensar que esa situación no se puede cambiar. Gyanumaya había aceptado su condición de doble discriminación: por ser fuera de casta y por ser mujer. Pero eso no le había mandado a su casa sin hacer la entrevista. No se resignó e ideó una manera creativa de llegar al segundo piso.

Por eso creo que la clave de transformar niñas resignadas en niñas que aceptan un futuro incierto pero modificable, es una única herramienta: la educación. Solo la educación les dará la capacidad de imaginar maneras creativas de escapar a su suerte. Solo la educación les permitirá pensar que otro mundo es posible. Solo la educación las hará poderosas. La educación es ese cajón que las eleva y les permite mirar por encima de los muros. Gracias a Baltistán Fundazioa por ayudar a tantas y tantas niñas a trepar hasta el segundo piso.

Este texto está dentro del periódico Karakorum que acompaña a la exposición de fotografías del artista Mikel Alonso. Un proyecto, o mejor dicho, un regalo, que nos propusieron a las Doce Miradas desde Baltistán Fundazioa. No dejes de pasarte por la exposición que estará en la Sala Rekalde (Alameda Rekalde 30, Bilbao) desde hoy, jueves 3 de diciembre, hasta el 10 de enero de 2016. Impresiona mucho (y te da un subidón de la pera) ver tu artículo en papel: IMG_20151203_154903



#Datactic3, voto consciente e informado el #20D

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#Datactic3 Bilbao
Este miércoles, 2 de diciembre, andaremos enredadas en la 3ª edición del Datactic: una jornada presencial de activismo on-line. #Datactic3 es la unión de activistas amantes de las redes sociales, los datos y la influencia digital, en el que todas las aproximaciones y opiniones son bienvenidas. Un encuentro sin logotipos.

El objetivo de esta edición es promover el voto informado en las elecciones generales del #20D. Darle importancia al hecho de acudir a las urnas y que la ciudadanía sepa qué partidos se acercan más a sus creencias, opiniones y motivaciones.

Es un evento gratuito que se llevará a cabo de manera presencial en tres ciudades: Barcelona, Bilbao y Madrid. En el caso de Bilbao la jornada será en Bilborock (Calle Muelle de la Merced, 1), de 09:30 a 15h.

¿Qué haremos?

Nos organizaremos en 4 ejes temáticos:

  • Agenda setting: cómo pasar de las redes sociales a los medios. Aquí estaré yo :-).
  • Participación: qué implica el voto y sus distintas dimensiones.
  • Voto consciente: información de las propuestas, discursos, programas de los partidos.
  • Interpelaciones: a quién dirigirnos en las redes, qué decir, cómo hacerlo.

No te conformes con sumarte a un TT y ven a construir uno a #DaTactic3. ¡Apúntate!



Diez años juntos

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Mi querido blog, ahora que nadie nos lee, quiero tirarte de las orejas. Hace unos días celebramos nuestro décimo aniversario. Si alguien me hubiera dicho cuando te inauguré con el primer post allá por 2005, que íbamos a durar tanto, no me lo hubiese creído. Primero, porque te abrí simplemente en modo experimentación. Y fíjate por donde, el experimento ha ido para largo. Lo segundo, porque soy una persona inconstante. En cuanto me aburro de algo, lo dejo. Pero parece ser que de ti no me he aburrido. Y eso que muchas redes sociales me han tirado los tejos. Pero sé que en ellas estoy de prestado y tú eres la casa a la que volver siempre.

Contigo he vivido alegrías. Por ejemplo, recibir el premio GetxoBlog UR Saria. Pero también tristezas y momentos duros, como el día en que una de las personas más importantes de mi vida me dejó. Tú has sido mi psicólogo y válvula de escape ante cabreos. Cómplice en momentos gamberros, como los que nos permitieron parir un nuevo concepto como la sinergia macramental. También has ejercido de “abuela”, siendo mi mejor escaparate en el plano profesional. Has sido testigo de cómo he ido evolucionando como persona en esta década y lo has registrado casi todo.

Aunque ha habido temporadas en las que te dejaba en silencio, siempre has sabido esperar paciente a que la inspiración volviera. Aquí he celebrado grandes fiestas con los amigos y amigas de mi barrio blogosférico.

Y aunque muchas personas dicen que los blogs ya no se llevan, yo sé que estos diez años son los primeros. GRACIAS por todo lo que me has aportado.



Mesa redonda virtual INTEF “Programación y género”

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INTEF
Me encanta la bio que tenemos en nuestra cuenta de Twitter sobre mujer + tecnología en la Universidad de Deusto: “Érase una vez una mujer tecnóloga invisible. ¿Te apetece acabar con este cuento?“. Somos muchas las personas que queremos reescribir esa historia, y aunque los datos que arroja el INE sobre el porcentaje de mujeres cursando carreras técnicas no anima (tan solo el 28,4%), creemos que hay maneras de hacerlo.

Es por ello que este jueves, 19 de noviembre, a las 21:00, tendremos una mesa redonda virtual de lujo para hablar sobre todos estos datos y mucho más: ¿Hay entre las niñas/chicas menos interés en este campo? ¿Por qué? ¿Dónde reside el problema (escuela, familia, sociedad)? ¿Cómo fomentar su interés? ¿Qué iniciativas existen en esa línea? ¿Tenemos las mujeres referentes en la historia de las TIC? Y si hay, ¿es necesario llevar estos referentes al aula?

Para dar respuesta a todo esto, contaremos con la participación de:

gloria Gloria Serrato Azat (@GISerratoAzat). Autora y coautora de publicaciones y audiovisuales dirigidos a la formación del profesorado y del alumnado en coeducación. Desde hace varios años Tutora en el curso Coeducación: dos sexos en un solo mundo, INTEF. En la actualidad, realizo obradoiros presenciales dirigidos a profesorado y alumnado, en Galicia.
nano David Martín Peral “Nano” (@crakernano): Fundador de la Codeteca y de Trastejant , mis pasiones son la tecnología y la enseñanza. Desde 2012, cuando lancé Trastejant, mi principal ocupación ha sido realizar conferencias, talleres y cursos sobre robótica y electrónica y domótica. Fundamentalmente aquella basada en licencias abiertas. Además de crear tutoriales, vídeos y guías para que más gente se anime a adentrarse en el apasionante mundo de la electrónica y la robótica.
henar copia Henar Muñoz Frutos es licenciada en Telecomunicaciones por la Universidad de Valladolid. Desde 2007 lleva trabajando en Telefónica Investigación y Desarrollo en la sede de Valladolid, como desarrolladora de lenguajes de programación como Python y Java. Actualmente es especialista tecnológica en el área de Cloud Computing y está colaborando en el proyecto de investigación europeo FIWARE. Recientemente se ha incorporado a la organización de Girls in Tech en España con el objetivo de impulsar la participación de las mujeres en la tecnología.
andoni Andoni Eguíluz Morán es licenciado en Informática por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Deusto, donde es profesor desde 1991 en Ingeniería Informática e Industrial. Investigador en tecnología de accesibilidad, gamificación y juegos serios, tecnología en educación, pensamiento computacional en niños y niñas, y sesgo de género en informática y otras ingenierías. Forma parte del equipo promotor del Premio Ada Byron a la Mujer Tecnóloga.

¿Quieres participar tú también? Pues el jueves 19 de noviembre, a las 21:00, puedes conectarte aquí, o bien participar vía Twitter usando el hashtag #GirlSTEM_INTEF. Y por supuesto, si tienes preguntas o temas que quieres que se traten, deja un comentario en el blog. ¡Nos vemos el jueves!



Bajo el microscopio de Facebook

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Ratón

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 128 (otoño 2015).

Cuando escuchamos la ya manida frase que acompaña a las redes sociales de “Si el producto que recibes es gratis, igual el producto eres tú”, nos imaginamos cómo estarán mercadeando con nuestros datos. Pero lo que quizás no tengamos tan presente es que también somos ratoncitos de laboratorio que estamos siendo observados y estudiados. Tanto la propia plataforma como investigadores de diferentes universidades han encontrado en Facebook el caldo de cultivo ideal para analizar la nueva cultura digital en la que nos vemos envueltos y su conexión con el mundo analógico. Con este artículo quiero mostrar algunos de esos experimentos de los que se tienen conocimiento (imaginaos los que no se hacen públicos…).

Para entenderlos mejor, un concepto que tenemos que tener claro es que cuando entramos a la red social de Mark Zuckerberg, no vemos las últimas publicaciones de nuestros contactos y las páginas a las que les hemos dado “Me gusta”. Facebook tiene un algoritmo que nos muestra solo algunas actualizaciones y que cambia constantemente. Y por supuesto, ese algoritmo es como la fórmula de la Coca Cola: algo secreto que solo ellos conocen. Se supone que lo que hacen es mostrarnos con mayor frecuencia contenidos de cuentas con los que interactuamos de manera regular y que la plataforma estima que son más relevantes para nosotros. Recalco lo de “se supone”. Entenderéis al finalizar la lectura por qué.

El hecho de que nos oculte algunas cosas y nos muestre otras, hace que seamos cada vez más homofílicos. O eso muestra un estudio de los científicos sociales de Facebook publicado en la revista Science, donde se habla de una burbuja ideológica. El análisis de más de 10 millones de usuarios activos y su interacción con noticias políticas arroja que solo un 22% de personas progresistas ven contenidos conservadores y, a la inversa, un 33% de conservadores hacen lo correspondiente con noticias progresistas. Por supuesto, el estudio exime de culpas al algoritmo y enuncia que la responsabilidad está en los propios usuarios. Según ellos, si las personas no escogieran a sus amistades y fuera algo aleatorio, los porcentajes de contenido visto contrario a sus ideas ascendería hasta el 45% en el caso de los progresistas y el 40% en el de los conservadores. Tras leer el estudio, el primer sudor frío que recorrió mi espalda no estaba vinculado con esta burbuja ideológica, sino más bien con cómo podía Facebook saber la ideología política de 10,1 millones de usuarios. Sencillo: en el caso de este estudio, la muestra se compone de los que se han autodefinido ideológicamente motu proprio. Sin embargo, recientemente se ha publicado que usan otros artificios para sacar esa información. Por ejemplo, se rumorea que la campaña Celebrate pride que nos permitía poner nuestro avatar con la bandera arcoíris tras la legalización del matrimonio homosexual en Estados Unidos, realmente buscaba recopilar información privada sobre la inclinación política, sexual e ideológica de los usuarios.

Y es que acciones como esos cambios de avatar, dar “Me gusta” a publicaciones o páginas concretas, acceder a perfiles y fisgonear… son rastros que dejamos para Facebook y que pueden ser estudiados a posteriori. Ese fue el caso de un paper presentado por Lars Backstrom, investigador de la propia compañía y Jon Kleinberg, de la Universidad Cornell. A través de esta publicación detallan cómo, dependiendo del contenido, la frecuencia de la publicación de los usuarios y los contactos en común, una pareja puede terminar enamorándose. El que tengan muchos amigos en común, aparezcan en muchas imágenes juntos y comiencen a revisar mutuamente el perfil de la otra persona, son signos claros para el gigante de las redes sociales de que el amor surgirá entre ambos. Las rupturas también son objeto de estudio. Nos avisan de que algo marcha mal cuando ambas personas dejan de aparecer juntas en las fotografías y de comentar las actualizaciones del otro.

Pero no se han quedado como meros espectadores para analizar desde fuera lo que hacemos los usuarios dentro. Se han atrevido también a intervenir para determinar entonces nuestras reacciones. Hace unos meses desvelaron que en 2012 habían manipulado el manido algoritmo para observar si existe un contagio emocional entre las personas, usando una muestra de 700.000 usuarios. Para ello, se mostró a un grupo noticias positivas mientras que a otro se hacía lo contrario. Una de las conclusiones fue que los usuarios estudiados cambiaron su conducta: los que vieron más publicaciones negativas, usaron palabras más pesimistas al cabo de una semana y viceversa.

Lo mismo hicieron durante las elecciones legislativas de Estados Unidos en el 2000 y las europeas en el 2004. Incluyeron un botón “Voy a votar” facilitando a los usuarios mostrar esta acción a sus contactos. La intención de este señuelo era reducir el número de abstenciones. Y así sucedió según un estudio que publicaron posteriormente en la revista Nature: sus datos les permitían asegurar que el 0,4% de los votantes habían acudido al colegio electoral después de ver en Facebook ese botón.

¿No os sentís ahora como pequeños ratones de laboratorio? Big Brother is watching us.

Foto de Mycroyance (CC by-nc).



India BizIra. Al final, todo acabará bien y si no, es que no es el final

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IndiaSi el arranque de la primera crónica de India BizIra era con un proverbio indio, este cierre va también con una frase ajena, recogida del mundo cinematográfico, que tantos buenos momentos nos ha dado por las noches jugando a las películas. En el vuelo de ida, el azar me llevó a ver “El exótico Hotel Marigold“, ambientada precisamente en India. La frase que llamó mi atención en ese momento fue “Al final, todo acabará bien y si no acaba bien, es que aún no es el final”. Y efectivamente, hemos aterrizado en Bilbao (aunque me temo que a mi cabeza le costará aún más aterrizar), pero eso no quiere decir que sea un final, ni mucho menos. India BizIra ha encendido algo que difícilmente podremos ya apagar.

Es difícil explicar con palabras lo vivido. De hecho, me enfrento a esta pantalla y no paro de escribir y borrar porque no doy con la tecla que cuente el cóctel de sentimientos que revuelven ahora mi cabeza y mi estómago. Nos hemos traído de vuelta muchas cosas en la maleta. Cosas aún que no somos capaces de entender de esa cultura y una sensación compartida de que no hemos visto más que la punta del iceberg que es India. Pero también nos hemos traído muchos aprendizajes, amplias sonrisas y cariño, ejemplos vitales con prioridades muy distintas a las nuestras, un nuevo concepto de la palabra acogida y, sobre todo, de la palabra generosidad. Porque si algo ha caracterizado esta experiencia es precisamente eso: la generosidad de las personas que aquí nos han recibido con los brazos abiertos. Esas niñas y niños que, sin darnos cuenta, nos han robado un pedacito de corazón.

IndiaAhora nos enfrentamos a la vuelta con mucho respeto y con la impresión de que serán necesarios muchos días para procesar este regalo, para poder desenvolverlo como se merece y transmitirlo a otras personas, sin caer en las anécdotas fáciles y en la superficialidad. Lo único que tenemos claro en este caos de sentimientos es uno: el agradecimiento. Y la lista es interminable: a la gente de ALBOAN que ha preparado con tanto mimo esta experiencia y a nosotros para afrontarla, a todas las personas que nos han acogido en Gujerat como si fuésemos una más de la familia, a todas las niñas y niños que nos han regalado toneladas de cariño a cambio de abrazos, a este grupo de viaje de diez personas que apenas nos conocíamos al inicio y que ahora se nos hace cuesta arriba separarnos, a mi pareja de aventuras con la que me he sentido como Zipi y Zape y con la que he compartido tanto y tan bueno, y por supuesto, no me podía olvidar de la persona que ha tenido que aguantarnos todos estos días, con nuestros momentos buenos y con nuestros momentos menos buenos, y que aún así ha conseguido sacar lo mejor de nosotros.

Y paro aquí, porque se me empañan los ojos por enésima vez, y a una tía dura como yo, no le puede pasar. Reitero lo dicho al principio, aunque suene manido: es difícil expresar con palabras lo vivido, y más cuando está sin procesar. Aún a riesgo de ponerme pastelona, lo dejo por escrito, para que pasado un tiempo prudencial, repase esto con una sonrisa bobalicona en la cara. GRACIAS, INDIA BIZIRA.



India BizIra. Ha llegado el monzón

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11809911_1483463821967620_1734478779_nIndia no deja de asombrarnos. De hecho, eso nos ha pasado con el monzón, que nos ha sorprendido en medio del Norte de Gujerat, con sus lluvias torrenciales. Pero sobre todo, nos ha llamado la atención cómo es percibida aquí la lluvia. El agua es alegría. Es signo de buena suerte y de cosechas. Y es que en India hay tres estaciones: invierno, verano y monzón. Cada una dura cuatro meses. De junio a septiembre es la época de lluvias, que propicia que se enfríe un poco el ambiente, así que de octubre a enero tienen su particular invierno. Y tras él, el verano, con temperaturas en ocasiones de más de 40 grados. Esto también determina las vacaciones en los colegios, que dependiendo de la región de India (este país es como un continente), pueden llegar en abril o mayo. Ahora, en pleno agosto, están en clase.

Tras nuestro paso por Ahmedabad, para conocer proyectos sociales y hacer una primera toma de contacto con la zona, nos hemos dividido por parejas para asentarnos durante tres semanas en un colegio. Mi compañera y yo teníamos como destino Radhanpur, pero tras tres días de lluvia ininterrumpida, sin luz y con el colegio e internado inundados, hemos tenido que ir moviéndonos a otros lugares. Eso nos ha brindado la oportunidad de conocer diferentes colegios (y realidades), como el de Deesa o Mandali, en el que ahora estamos. En seguida se nota si el colegio está enfocado a las clases más pobres y con menos oportunidades, como los dalits y adivasis. Pero lo que es una constante en todos ellos es el recibimiento que te hacen: todos los estudiantes esperándote, un programa cultural con bailes o representaciones de la zona, y luego un collar de flores o la famosa tika en la frente. Pero la cosa no se queda en el recibimiento oficial. El oficioso es aún mejor. Niños y niñas te miran en un primer momento con timidez, pero pronto sucumben a su curiosidad y terminan rodeándote, dándote la mano y repitiendo sin parar, como loritos, “Good morning, teachers”. La suerte de alojarte junto al colegio es que además te da la oportunidad de conocer el boarding (internado) desde dentro, y en nuestro caso, a las niñas que viven aquí. Son como una gran familia, dado que las suyas apenas las pueden visitar los fines de semana, y en ocasiones, si viven en alguna aldea alejada, cada más tiempo. Están llenas de alegría, pero también hemos percibido que aquí la infancia dura muy poco. Su día a día es increíble: se levantan a las 6 de la mañana. Hacen las tareas de casa, estudian varias horas y desayunan, todo esto antes de ir al colegio. Luego, cogen sus mochilas, que en muchas ocasiones son más grandes que ellas. Por cierto, es curioso ver a Dora la Exploradora o Spiderman en ellas. A las 11:00 empieza el colegio (los pequeñitos de la guardería han entrado antes). Ese arranque también nos choca: se reúnen en el hall todos los estudiantes (mayoría de chicos, porque las niñas tienen menos posibilidades de acceder a la educación), donde cantan varias canciones y recitan cosas en gujerati o hindi. Parecen un ejercito, con sus uniformes. Es una de esas ocasiones en las que nos da la sensación de que son pequeñas marionetas, que tienen una gran disciplina (no hay más que ver cómo rompen luego filas para dirigirse a sus aulas, sin apenas hacer ruido), pero cuentan con pocos espacios para la creatividad y esa infancia que echamos en falta. Al mediodía tienen un corto parón para comer, y de nuevo a clase para terminar a las 17:00. Nosotras nos hemos integrado en las clases del L.R.C. (Language Resource Centre).

11374435_419233631609958_1292002164_nTras el colegio, vuelven a su respectivo boarding (aquí hay coeducación, pero su concepto de coeducación es que en clase están niñas y niños juntos, pero no revueltos). Toca lavarse los dientes, darse una ducha y lavar su ropa. El poco tiempo que les sobra, lo pueden emplear para jugar… pero apenas son unos minutos. De 18:30 a 19:30, de nuevo tienen estudio, haciendo los deberes de clase y tareas que nos piden a nosotras. Tras la cena, llega su auténtico tiempo de ocio. Tienen un rato para bailar, cantar y jugar juntas. Ese momento es el que más he disfrutado hasta ahora con ellas. Y puntuales, a las 21:00, aún tienen una hora más de estudio en silencio, antes de irse a la cama (no os imaginéis camas, ni siquiera colchones, porque duermen en el suelo). Se me encoje el corazón escribiendo esta rutina y pensando en mi sobrina de 3 añitos. Y aún más pensando que estos niños y niñas son las privilegiadas que pueden recibir educación.

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