Internet de las cosas

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 113 (invierno 2011)

A finales de los años 60 un hito cambió el devenir de nuestra historia tecnológica: cuatro ordenadores se pusieron en contacto a través de la primera red experimental denominada ARPANET. Mucho ha llovido desde entonces, y de esos cuatro ordenadores hemos pasado a millones, llegando incluso a que en 2008 ya hubiera más dispositivos conectados que personas en el planeta. Fijaos que en esta última frase he usado la palabra dispositivo en vez de ordenador, porque cada día es más frecuente que nos conectemos a Internet a través de otros medios como son los smartphones o las tabletas. Pero mucho ojo, porque el ecosistema de mecanismos con acceso a la Red cada vez es más amplio y con funciones de lo más variopintas, formando lo que se ha convenido en denominar el “Internet de las cosas” (Internet of Things, IoT): objetos cotidianos interconectados con una identidad digital propia.

Aunque pueda sonar en ocasiones a ciencia ficción o parezcan sacados de una película de Hollywood, tenemos ya entre nosotros proyectos que hacen que vivamos en ciudades “inteligentes” compuestas por edificios y elementos que se comunican con nosotros o entre ellos sin la intervención humana. Por ejemplo, la domótica ya lleva años evolucionando y nos ofrece electrodomésticos que somos capaces de controlar desde nuestros teléfonos móviles pudiendo, por ejemplo, activar nuestro horno con la receta preseleccionada o encender la luz de una habitación cuando aún estamos en el trabajo. También tenemos básculas que, cada vez que nos subimos, hacen un análisis corporal de nuestro peso o incluso nos permiten mandarlo a Twitter (aunque no todos querremos explotar esta última característica). Se habla de que en un futuro cercano, nuestros aparatos domésticos generarán más información y tráfico de red que sus propietarios de carne y hueso.

La ropa inteligente también se apropiará de nuestra vida, monitorizando, por ejemplo, nuestro corazón y mandando a Internet esos datos cuando la colguemos en su percha. La marca deportiva Nike ha lanzado recientemente unas zapatillas que hacen un seguimiento de los kilómetros recorridos con ellas, la velocidad alcanzada o las calorías quemadas. Tenemos también a nuestra disposición los relojes denominados smartwatch que se sincronizan con nuestros teléfonos móviles y con los que se pueden realizar y recibir llamadas gracias a su micrófono y altavoz integrado, o incluso actualizar nuestro estado en Facebook o Twitter.

La aplicación sanitaria del IoT es una de las que más está avanzando. Por ejemplo, en Estados Unidos, la empresa STAR Analytical Services está desarrollando un programa que analiza la tos de un paciente a través de su teléfono móvil y dándole un diagnóstico remoto tras cotejar su sonido con una base de datos de más de mil perfiles. Pero no queda ahí la cosa: tenemos cuellos de camisa que analizan químicamente el sudor, gafas que revisan nuestros ojos o peines que cuentan el número de cabellos para detectar precozmente la calvicie.

A pesar de que los mundos animal y vegetal pudieran parecer más alejados de la tecnología, nos encontramos con apuestas como la que hace la empresa holandesa Sparked, que diseña sensores aplicados a la ganadería. Estos dispositivos colocados en las orejas de las reses, leen sus constantes vitales y luego las remiten vía Wi-Fi a un ordenador, avisando al granjero cuando una vaca está enferma o embarazada. Pero si eso nos parece sorprendente, no podemos dejar de reseñar el kit que nos ofrece Botanicalls, una empresa norteamericana que se dedica a abrir cauces de comunicación entre plantas y humanos. Ese kit se compone de unos sensores que se implantan (y nunca mejor dicho) en la tierra y que lograrán que nuestras macetas nos pidan a gritos que las reguemos a través de Twitter.

Aunque muchos de los ejemplos que he puesto han sido desarrollados por firmas extranjeras, cerca también tenemos compañías pioneras en este ámbito. Es el caso de Symplio, una empresa de DeustoKabi que se dedica a diseñar productos y experiencias con el objetivo de fusionar el mundo físico e Internet.

Se estima que para 2020 habrá más de 50 billones de objetos conectados a Internet (un promedio de 6 dispositivos por cada habitante del planeta). Con sensores cada día más pequeños y versátiles, etiquetas de identificación por radiofrecuencia (RFID), códigos de respuesta rápida (QR) y elementos aún no inventados, haremos más inteligentes a nuestros objetos (de hecho, veremos el crecimiento progresivo de “cacharrería” a la que se le agregue la palabra smart delante de su nombre). Pero para que este sistema funcione, una cantidad ingente de información se volcará a la Red, con el consecuente riesgo de incurrir en un futuro distópico con controles Orwellianos. Y es que como dirá el dicho popular: “a más sensor, menor privacidad“. Además, si ahora nos encontramos inmersos en plena fase de infoxicación generada por nosotros mismos, cuando los objetos que nos rodean empiecen también a participar de la “fiesta del dato”, ese torrente se convertirá en una inundación.

Con esa idea de futuro de un mundo digital y analógico convergentes, una realidad se hace ya patente y nos persigue: la hiperconectividad.

Imagen de clevercupcakes (CC by)

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Cambio de aires

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Aviso a navegantes: este es uno de esos posts que giran en torno a la que escribe, así que todos aquellos que no estén interesados en mi ombligo, pueden parar aquí su lectura.

Qué curiosa es la raza humana. Año tras año, el 31 de diciembre nos ponemos a redactar listas de propósitos para cumplir al año siguiente: que si dejar de fumar, que si apuntarse al gimnasio (lo de ir ya es otro cantar…), que si ser más felices y menos gruñones, … Curioso que lo hagamos el 31, como si un hada con su varita mágica cambiara nuestras vidas de un día para otro (siento deciros que el 1 de enero lo único que es diferente es que la Tierra ha dado una vuelta más alrededor del sol y para algunos elegidos, que el dolor de cabeza que les acompaña es mayúsculo).

Yo soy un tanto escéptica con estas listas de papel mojado, pero se da la circunstancia que este año arranca para mí con cambios en el plano laboral. Abandono mi cargo como responsable tecnológica del CRAI tras más de dos años en ello (cómo pasa el tiempo…) para arrancar un nuevo camino que me apasiona. De mi paso por la biblioteca no tengo más que cosas positivas que decir. He aprendido y crecido tanto en el plano laboral como en el personal y he descubierto a unas instituciones y personas (bibliotecas y bibliotecarios) llenos de pasión y con un papel, en mi opinión, minusvalorado (y me temo que peor que se van a poner las cosas…). Como el gusanillo ya se ha instalado en mí, difícilmente podré desconectar de este mundo.

Pero como la cabra tira al monte, mi nuevo destino ahora es el de directora de identidad digital de la Universidad de Deusto. Esto significa trabajar en la presencia y comunicación tanto interna como externa en el plano tecnológico. Tocará hacer reflexión y estrategia de hacia dónde vamos y hacia dónde nos gustaría ir. Tejer redes en el plano analógico para llevarlas luego al digital y no caer en la comunicación bulímica.

La nueva orientación laboral también tendrá reflejo en este rincón, ya que tocará desahogarse por estos lares de las idas y venidas ;-) . Seguiré además compaginando todo esto como hasta ahora con la radio y el desarrollo del portal vasco de la cultura Kulturklik.

Como siempre que se produce un cambio, toca semanas de mariposas en el estómago. Eso sí, mariposas llenas de ilusión. Ahora toca trabajar duro para convertir en realidad lo que tenemos en la cabeza.

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La larga cola… del libro

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Aunque pudiera parecer que entre un escritor y sus lectores hay una línea directa, realmente existe una larga cadena de actores que intervienen desde que una palabra se escapa de la pluma del primero hasta que entra por el ojo de los segundos.

Hace unos años, en mi supina ignorancia, los libros brotaban en las librerías como las hojas de los árboles. No me había parado a pensar en el camino por el que pasaban hasta llegar ahí. Pero un buen día, alguien se molestó en contármelo con detenimiento en un bonito gráfico servilletero :-) . Así que aquí va el resumen para aquellos que, como yo, quieran saber qué hay al otro lado:

Autor/a

De su cabeza parte esta historia (a no ser que te llames Ana Rosa y tengas a un “negro literario” escribiendo en tu nombre). Se trata del padre o madre de la obra (hay incluso ejemplares con varios padres y madres ;-) ) y se encarga de lo más difícil: parir una historia. Pero me temo que pronto descubrirá, si no tiene ya reconocimiento en el mercado, que no era lo más doloroso del camino. Aquí aparecen las típicas imágenes que nos han grabado en la retina las películas americanas: bohemios escribiendo con chaqueta de lana en su casa de la montaña (por supuesto a mano o a máquina… de escribir). Tras este proceso romántico (que supongo que la realidad le restará bastante glamour) nace un manuscrito. Y con ese manuscrito, saltamos al siguiente actor en esta cadena.

Agente

Al igual que los actores y actrices, la mayoría de escritores necesitan que alguien haga de interlocutor entre ellos y las editoriales para que su libro se publique. También servirán como asesores para saber qué firman en cuanto a derechos de autor se refiere.

Editor/a

A través de un agente o del propio autor, al editor le llegan esos manuscritos que serán la génesis de un futuro libro. Éste evalúa las obras que recibe y decide si merecen o no publicarse, pudiendo incluso hacer correcciones sobre la forma y el fondo. De hecho, en este proceso, los libros se enriquecen a través de las figuras de ilustradores, traductores, correctores de ortografía, maquetadores, …

Los editores negocian los derechos de autor (que pueden ser adquiridos a nivel territorial, es decir, sólo para la publicación en un determinado país o para un idioma en concreto, un soporte en concreto, etc.).

Por otro lado, también fijan el precio de los libros (precio que dependerá del formato y material elegido: cartoné, libro de bolsillo, electrónico, ..) y dado que en España existe una Ley de precio fijo, éste será el mismo en todos los establecimientos donde se ponga a la venta. Como mucho, se le podrá aplicar un 5% de descuento (rebaja que aplican sistemáticamente las grandes superficies) o un 10% en ferias del libro (las bibliotecas pueden beneficiarse de hasta un 15%). Por cierto, entrando en el plano digital, ¿sabíais que los libros en formato papel soportan un 4% de IVA mientas que los ebooks un 18%?

La mayoría de editores españoles se agrupan bajo la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), una asociación que representa y defiende los intereses generales del sector editorial. La FGEE es la nueva responsable (desde 2011) de “vender” los ISBN de los libros. Fijaos que he puesto vender, porque hasta este año, era un servicio gratuito ofrecido por la agencia del ISBN (servicio público) que ahora se ha privatizado y que obliga, además, a adquirir packs de 10 (vayas a editar 10 libros o no). Recomiendo la lectura de este post de Álvaro Sobrino sobre el tema. Hasta 2009 era obligatorio que cada libro contara con su propio ISBN, pero ahora ya no. Por cierto, en diferentes formatos un mismo libro tiene diferentes ISBN. Es decir, el formato papel tendrá un ISBN diferente al electrónico. Pero ahí no queda la cosa, porque dentro del electrónico también tiene diferente ISBN el PDF que el ePub. No es de extrañar con esta sobreabundancia que, hace tres años, el ISBN pasara de tener 10 dígitos a 13.

La FGEE también es la responsable de proyectos como DILVE (gran base de datos con la información de los libros españoles en venta).

Distribuidor/a

Hasta la aparición de la impresión bajo demanda (es decir, un libro en papel no nace hasta que un lector no lo pide en su librería habitual o en Internet), se lanzaban tiradas de impresión (lo que se conoce luego como ediciones). Esas tiradas tienen que almacenarse en alguna parte. De eso se encargan los distribuidores y, por supuesto, de repartir luego esos ejemplares por las diferentes librerías. Además, hacen a menudo (sobre todo para las editoriales pequeñas) el papel de ‘agentes comerciales’ presentando las novedades a las librerías.

FANDE (Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones) es el órgano representativo del sector de la distribución de libros y publicaciones periódicas en España.

Librero/a

Y llegamos por fin a los espacios donde los libros se reúnen con sus lectores pidiendo desde las estanterías ser comprados para que los lectores los hagan suyos en sus casas ;-) .

CEGAL es la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros. Suyo es el portal todostuslibros.com, que ofrece información de más de un millón de libros y su disponibilidad en las librerías.

Presentados todos los actores, ¿cómo se reparten la tarta? Para que nos hagamos una idea, de lo que nos cuesta un libro a los lectores, el distribuidor se lleva un 10%-20% del precio; el librero, un 30%-40%; el editor un 35% (el 20% lo emplea en la producción del propio libro); y el autor, un 8-10% (porcentaje que es significativo sólo si el libro goza del apoyo del público). Como vemos, esta tarta no “engorda” a ninguno de los implicados.

¿Y cómo salir de este circuito con tantos pasos y tantas bocas que alimentar? Pues claramente tocará saltarse puestos e ir de oca a oca mediante la autopublicación u otras fórmulas (aunque movimientos como la privatización del ISBN no ayuden en absoluto). ¿Será el tsunami digital el que modifique estos estamentos hasta ahora estancos? Proyectos como Libranda han intentado perpetuar la cadena tradicional, pero han fracasado estrepitosamente. En el futuro, veremos como algunas figuras hibridan o incluso mutan.

Finalizaremos este post con un vídeo que nos muestra cómo se hacía un libro en 1947:

Millones de gracias al diseñador de esa servilleta que tuvo la paciencia suficiente para contarme todo y revisar esto ahora.

Imagen de texasgurl (CC by-nc)

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Comunicación bulímica: tragar y vomitar

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Viendo esta estupenda presentación de Pilar Gonzalo, me topo con el concepto “aprendizaje bulímico (tragar y vomitar)” y no sé si será deformación profesional o qué, pero lo primero que he visionado en mi cabeza ha sido la comunicación bulímica que últimamente me rodea. Esa comunicación en la que todos tragamos cantidades ingentes de información para vomitarla de inmediato, sin apenas masticarla. Pero además, no la vomitamos en un único espacio sino en todos los que podemos con esa idea preconcebida (y errónea) de que tenemos que llegar a todo el mundo (independientemente de que le interese nuestro mensaje o no), machacando como un martillo pilón y haciendo así que la información se multiplique de manera exponencial.

No es de extrañar, por tanto, las conclusiones que arrojan este estudio de IBM que asevera que el 90% de los datos del mundo se han creado en los últimos dos años.

Lo peor de esto es que todos ejercemos de pequeñas mangueras de comunicación, que salpicamos a los que tenemos en nuestro círculo más próximo. Yo acelero mis ritmos, consumo información de forma más apresurada y hago lecturas más verticales. Lo hago y, sin apenas reposar, vomito el contenido a los que tengo a mi alrededor (que parece que cada día son más, porque según este estudio de la Universidad de Milán, la teoría de los 6 grados ha bajado a 4.74 ;-) ), que a su vez, actúan de la misma manera. Un vórtice del que es difícil salir.

Quizás haya que ponerse a dieta de información, como nos recomendó ya hace tiempo Neus Arqués, seleccionando con especial cuidado a nuestros prescriptores y meditando muy mucho lo que compartimos (para convertirnos a su vez en prescriptores de interés).

Imagen de saturmix (CC by-nc-sa)

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Contenidos digitales y Propiedad Intelectual en la educación

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Abro este cajón de (de)sastre para guardar el material preparado y usado en unos cursos de formación al profesorado de la Universidad de Deusto. Se trata de una evolución de un post que ya publiqué en su día, condimentado con esta excelente “pimienta” de la Universidad de Granada.

El mundo digital ha irrumpido en nuestras aulas generando muchas dudas, incertidumbres y miedos. Pero en vez de pelear por proteger nuestros ficheros para que nadie los pueda copiar, imprimir o consumir, la Universidad tiene que trabajar para lo contrario: difundir el conocimiento. El poder de la remezcla es la base del ámbito educativo y de la investigación. Conocida es la cita de Isaac Newton “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes“, que en sí ya es un producto de la remezcla, pues deriva de la cita de Diego de Estella “unos pigmeos subidos a los hombros de unos gigantes verán más lejos que los gigantes mismos“, que a su vez lo hace de Robert Burton “un enano subido a los hombros de un gigante puede ver más lejos que el mismo gigante“.

Así que, en vez de empecinarnos en estudiar DRMs y demás zarandajas (lo prohibido genera aún más deseo ;-) ), lo mejor será conocer de primera mano en qué consiste eso de los “Derechos de autor” (eso sí, IANAL ;-) ).

 

Derechos de autor

Los derechos de autor son un conjunto de normas y principios que regulan los derechos morales y patrimoniales sobre las creaciones de esas personas. Tenemos aquí una primera división interesante:

  • Derechos morales (paternidad, integridad, divulgación, …): protegen la maternidad/paternidad de la obra. Estos derechos no se pueden ceder, vender o transferir, perpetuos en el caso de la legislación española e independientes de la licencia de la obra. Incluso siendo de dominio público, las derechos morales del autor deben ser reconocidos. En el caso de obras en las que participa más de un autor, se pueden distinguir dos categorías: obras en colaboración y obras colectivas. El primer caso es el resultado unitario de la colaboración de varios autores y los derechos corresponden a todos ellos. La obra colectiva, sin embargo, es aquella creada por la iniciativa y bajo la coordinación de una persona natural o jurídica que la edita y divulga bajo su nombre y está constituida por la reunión de aportaciones de diferentes autores cuya contribución personal se funde en una creación única y autónoma, siendo esa persona natural o jurídica la que tiene los derechos.
  • Derechos patrimoniales (reproducción, distribución, comunicación pública, transformación): aquí es donde vienen las trifulcas, dado que son todos aquellos que definen la explotación de la obra, las retribuciones por su uso, reproducción y difusión, etc… Estos sí se pueden ceder, vender o transferir. Y estos son los que se limitan o amplían con las diferentes licencias o contratos: copyright, copyleft, dominio público, creative commons, … En la legislación española actualmente tienen una duración de 70 años después del fallecimiento del autor (a excepción de las obras creadas por autores fallecidos antes del 7 diciembre de 1987, que tendrán una duración de 80 años), momento en el que la obra pasa al dominio público, pudiendo ser utilizada por cualquiera, de forma libre y gratuita. Para obras colectivas o de autores anónimos, los 70 años se cuentan desde la divulgación lícita de la obra. El cómputo de esos años empieza el 1 de enero del año siguiente al fallecimiento o divulgación.

Veamos más a fondo cada uno de estos contratos:

Diagrama de Txopi extraído de su presentación “Propiedad intelectual. Del software libre a los contenidos libres” – Dominio Público

 

  • Copyright: todos los derechos reservados. El término “copyright”, proviene del derecho anglosajón. En concreto, el Estatuto de la Reina Ana (1709, Inglaterra). En 1790, en los Estados Unidos se aprueba la primera ley sobre copyright que tenía una duración de 14 años tras la creación de la obra. Actualmente, como anteriormente hemos comentado, en España es de 70 años tras la muerte del autor (y en algunos casos puede llegar a ser incluso 80 años).
  • Dominio público: cuando los derechos patrimoniales han expirado o cuando se establece de forma directa, cualquiera podrá explotar esa obra (pero los derechos morales seguirán siendo del autor). Sin embargo, esta licencia permite que alguien tome la obra, la modifique y establezca una nueva licencia de copyright, por ejemplo. Hasta finales de los 80 todo lo que se generaba era de dominio público a no ser que se pusiera la gran ©. Sin embargo, en la actualidad, todo tiene copyright: los derechos de autor los tiene por ley todo creador desde el momento en el que aparece la obra, sin necesidad de hacer nada.
  • Copyleft: se eliminan las restricciones de distribución o modificación impuestas por el copyright, con la condición de que el trabajo derivado se mantenga con el mismo régimen de derechos de autor que el original.
  • Creative Commons: algunos derechos reservados. Especifica que se permiten ciertos usos de nuestras obras, bajo ciertas condiciones, que combinadas, forman las seis licencias existentes. Estas son las cuatro condiciones:
    • Reconocimiento (Attribution): En cualquier explotación de la obra autorizada por la licencia hará falta reconocer la autoría.
    • No Comercial (Non commercial): La explotación de la obra queda limitada a usos no comerciales.
    • Sin obras derivadas (No Derivate Works): La autorización para explotar la obra no incluye la transformación para crear una obra derivada.
    • Compartir Igual (Share alike): La explotación autorizada incluye la creación de obras derivadas siempre que mantengan la misma licencia al ser divulgadas.

    Y éstas son las seis licencias a escoger.

Creative Commons es una organización no gubernamental sin ánimo de lucro fundada por Lawrence Lessig, profesor de derecho en la Universidad de Stanford y especialista en ciberderecho.

En este gráfico se muestran a la perfección los grados de libertad que conceden cada una de las licencias anteriormente explicadas. Por un lado, tenemos los dos polos: copyright (todos los derechos reservados) y dominio público (cualquiera puede explotar esas obras) y luego están los estadios intermedios.

Diagrama de Txopi extraído de su presentación “Propiedad intelectual. Del software libre a los contenidos libres” – Dominio Público

 

¿Qué obras tienen derechos de autor?

Cualquier creación original artística, literaria o científica expresada por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro. Por otra parte, el título de una obra, cuando sea original, quedará protegido como parte de ella. Además de las obras originales en sentido estricto, las leyes de derecho de autor protegen las denominadas obras derivadas, es decir, aquéllas que son el resultado de la transformación de otras obras preexistentes y que exigen esfuerzo creador (por ejemplo, las traducciones y adaptaciones).

 

Excepciones y/o limitaciones de los derechos de autor

  • Copia privada. Artículo 31.2 de la LPI:
No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente y la copia obtenida no sea objeto de una utilización colectiva ni lucrativa [...]. Quedan excluidas de lo dispuesto en este apartado las bases de datos electrónicas y, en aplicación del artículo 99.a, los programas de ordenador“.
  • Derecho a cita: no es preciso ningún tipo de autorización por parte del titular de los derechos (siempre y cuando se haya divulgado la obra). Las citas deberán mencionar “la fuente y el nombre del autor si ese nombre figura en la fuente”. En Internet, un enlace a una página web es el equivalente digital de la citación analógica (con contadas excepciones como son algunos casos de framing, deep linking e inlining). Artículo 32 de la LPI:
Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada. Las recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revista de prensa tendrán la consideración de citas. No obstante, cuando se realicen recopilaciones de artículos periodísticos que consistan básicamente en su mera reproducción y dicha actividad se realice con fines comerciales, el autor que no se haya opuesto expresamente tendrá derecho a percibir una remuneración equitativa. En caso de oposición expresa del autor, dicha actividad no se entenderá amparada por este límite”.
  • Ilustración de la enseñanza. Artículo 32.2 de la LPI:
No necesitará autorización del autor el profesorado de la educación reglada para realizar actos de reproducción, distribución y comunicación pública de pequeños fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, excluidos los libros de texto y los manuales universitarios, cuando tales actos se hagan únicamente para la ilustración de sus actividades educativas en las aulas, en la medida justificada por la finalidad no comercial perseguida, siempre que se trate de obras ya divulgadas y, salvo en los casos en que resulte imposible, se incluyan el nombre del autor y la fuente. No se entenderán comprendidas en el párrafo anterior la reproducción, distribución y comunicación pública de compilaciones o agrupaciones de fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo“.
Es decir, podremos compartir estas obras en nuestras aulas, dentro de nuestra plataforma de e-learning (siempre y cuando esté restringido el acceso a nuestros alumnos), pero no en una web abierta a todo el mundo.
  • Disposiciones legales. Artículo 13 de la LPI:
“No son objeto de propiedad intelectual las disposiciones legales o reglamentarias y sus correspondientes proyectos, las resoluciones de los órganos jurisdiccionales y los actos, acuerdos, deliberaciones y dictámenes de los organismos públicos, así como las traducciones oficiales de todos los textos anteriores”.
  • Excepción para bibliotecas, museos, fonotecas, filmotecas, hemerotecas. Artículo 37 de la LPI:
Reproducción, préstamo y consulta de obras mediante terminales especializados en determinados establecimientos“.


¿Y cómo gestionamos los derechos de nuestras obras?

Para tener los derechos de una obra NO es necesario cumplir ningún tipo de requisito formal, ya sea la inscripción en un registro, el depósito legal o poner el símbolo del copyright (en el caso de seleccionar esa licencia sobre nuestra obra). Esos derechos corresponden ya al autor en el mismo momento de su creación (artículo 1 de la LPI), esté en formato físico o en formato digital (que la idea de que en Internet todo es más fácilmente copiable o accesible no nos lleve al equívoco de que aquí no hay derechos de autor).

Sin embargo, en determinadas ocasiones, es recomendable registrar nuestras obras. Para el contenido digital, tenemos fórmulas similares al Registro General de la Propiedad Intelectual para licenciar nuestros trabajos:

  • Safe Creative es una sede donde podremos registrar de forma on-line y gratuita nuestras obras bajo diferentes modelos de derechos de autor. De esta forma, queda constancia de quién es el autor, así como la licencia bajo la que está.
  • Para que una obra esté bajo CC, sólo es necesario incluir la imagen que define el “sabor” seleccionado así como la versión de la licencia (no hay que registrarla en ninguna parte). En la web de Creative Commons te ofrecen desde tres elementos:
    • Commons Deed: Es un resumen fácilmente comprensible del texto legal con los iconos relevantes.
    • Legal Code: El código legal completo en el que se basa la licencia que has escogido.
    • Digital Code: El código digital, que puede leer la máquina y que sirve para que los motores de búsqueda y otras aplicaciones identifiquen tu trabajo y sus condiciones de uso (metadatos que hacen que tu trabajo aparezca además en los buscadores de Creative Commons).

Los derechos de autor se gestionan frecuentemente, por razones prácticas, a través de sociedades de gestión colectiva (música – SGAE, libros – CEDRO, medios audiovisuales – DAMA, obras plásticas – VEGAP), organizaciones privadas de base asociativa y naturaleza no lucrativa.

Falsos mitos

  • Copyleft no es igual a Creative Commons. Hay obras que se pueden licenciar con Creative Commons y que no obligan a que el trabajo derivado se mantenga con el mismo régimen de derechos de autor que el original (requisito imprescindible en el copyleft).
  • Creative Commons es sinónimo de gratuito: ni mucho menos. Se pueden comercializar obras independientemente de que los usuarios luego puedan compartirlas, modificarlas, etc…
  • CC sólo sirve para obras que están en Internet: ¡mentira! Sirve para obras físicas y se licencian de igual manera (introduciendo un texto que indica que está bajo CC).


¿Dónde podemos encontrar contenidos para usar en nuestros materiales?

No sólo debemos preocuparnos de cómo los demás usan nuestros contenidos, sino también de respetar las licencias que establezcan el resto de usuarios. Por tanto, ¿dónde podemos buscar archivos multimedia para usar en nuestras clases, presentaciones, etc… respetando las licencias?

  • Búsqueda en Flickr de imágenes con licencia Creative Commons
  • Búsqueda de imágenes en Google, indicando en las opciones avanzadas el tipo de licencia
  • morgueFile: repositorio con imágenes libres (no es necesario ni citar al autor)
  • WikiCommons: mediateca de archivos multimedia libres
  • Buscador de Creative Commons
  • Jamendo: almacén de música bajo las seis licencias Creative Commons
  • Archive.org: cuenta con audios, vídeos y textos en dominio público o licencias que permiten la redistribución
  • Magnatune: sello discográfico estadounidense que distribuye música libre por internet
Diagrama de la Universidad de Granada, Derechos de autor en plataformas e-learning – Licencia CC by-nc-sa


Referencias

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Google+ ¿Un plus en las redes sociales?

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Con retraso, dejo aquí mi último artículo para la sección de Internet de la Revista Deusto. Como veréis, ya tiene algunos datos caducos (es lo que tiene escribir con antelación para el formato papel ;-) ).

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 112 (otoño 2011)

El mundo de las redes sociales era, hasta ahora, ese hilo que Google no terminaba de enhebrar. Y no será porque no lo haya intentado con malogradas apuestas como Buzz o Wave. De hecho, también ha sido muy proclive a aplicar el lema de “si no puedes con tu enemigo, únete a él” (cambiando el “únete” por “cómpralo”). Así se hizo con una de las primeras redes sociales que se conocen (Dodgeball, 2000), convirtiéndola en la actual Google Latitude. Y esos fueron también los casos de Orkut, una de las webs más populares en Brasil, o de Jaiku, una plataforma de microblogging engullida por el éxito de Twitter.

Pero como no hay dos sin tres, el gigante de Internet quema un nuevo cartucho para intentar plantar cara a enemigos que le roban minutos de los usuarios, como son Facebook, Twitter o incluso LinkedIN, con su nueva red social: Google+. Se atreve a lanzar este proyecto cuando algunos gurús de Internet vaticinan ya la caída de las redes sociales en general y de grandes como Facebook en particular, que justo a las puertas de su salida a bolsa, cuando ha llegado a la cuota de 750 millones de usuarios, pierde por vez primera usuarios en Estados Unidos.

Google cree haber dado con la gallina social de los huevos de oro. Precisamente ahí radica su éxito: tenerlos todos en la misma cesta. O dicho de otra manera, la clave está en la interrelación. Todas las plataformas de Google son vasos comunicantes. Si estamos en el buscador y vemos un resultado de interés, podemos pulsar su botón +1, pasando esta información automáticamente a nuestra red social. Si subimos fotos a la web antiguamente conocida como Picasa (ahora Google Fotos), también se suman a nuestro perfil. Y así veremos como sucede lo mismo con los más de treinta servicios del gigante, que tienen un denominador común: una barra superior de administración que nos acompaña durante toda la navegación y donde se nos muestran las notificaciones de G+.

Cuatro son los pilares de esta nueva red social: círculos, intereses, quedadas y móvil.

G+ cambia el enfoque de otras redes sociales en la gestión de privacidad. Si en Facebook defines relaciones simétricas (una conexión entre dos usuarios sólo se establece si ambas partes aceptan), con G+ podremos definir relaciones asimétricas metiendo a nuestros contactos en círculos. Esos círculos los definimos nosotros para segmentar luego nuestra comunicación de manera que primero digas a quién quieres contar determinada cosa y luego ya pongas el qué (al revés que sucede en Facebook). Arrastraremos los contactos a sus círculos correspondientes, pudiendo crear tantos como queramos (Google nos muestra ya por defecto los círculos Amigos, Familia, Conocidos y Siguiente) y pudiendo meter a una persona en varios a la vez.

Con los intereses, podremos usar todo el potencial del motor de búsqueda de los de Mountain View para estar al día de los asuntos que más nos interesen. Introduciendo uno o varios términos, G+ nos mostrará a modo de agregador de feeds los contenidos de blogs, medios de comunicación digitales, páginas web, etc. que estén hablando de ello en ese momento.

Las quedadas giran en torno a un elemento que ya ofrecía Google: Gtalk. Nos permitirá, por tanto, hacer videochats de grupo con nuestros contactos, pudiendo hablar con hasta 10 personas a la vez.

Y, por supuesto, no se olvidan del emergente mundo móvil, ofreciendo una aplicación específica para Android que nos facilita estar conectados a nuestra red social desde casi cualquier dispositivo y en cualquier momento.

Como muchas otras de sus plataformas, esta red social ha arrancado con acceso restringido supeditado a invitaciones, para conseguir que la sensación de exclusividad desate el deseo viral de pertenencia. Esto puede adulterar la percepción de éxito inicial, porque limita a que los primeros habitantes de la red sean los conocidos como “early adopters“, aquellos que se apuntan a todas las tendencias desde el inicio. Pero el éxito les llegará realmente cuando consigan vencer las resistencias del público generalista. Cuando estén en G+ mi vecina del sexto, mi primo del pueblo, etc. Y como suele comentar mi compañero de sección, Pablo Garaizar, les tocará luchar contra el efecto del “bar vacío”: ese espacio al que entras buscando a tus amigos y, al no encontrarlos, abandonas.

En el lanzamiento publicaron en su blog “Queremos incluir Google en la vida de las personas, en sus relaciones y sus intereses“. Y tanto que quieren. De hecho, cuanto más sepan de nuestras vidas, de nuestras relaciones y de nuestros intereses, mejor gestionarán su materia prima: nosotros y la publicidad.

Muchas serán las reacciones ante G+: “¿Una red social más? ¡Otra, no! Por favor…” gritarán algunos. “Gracias a los dioses, alguien nos rescatará de Facebook” exclamarán otros. Pero lo que está claro es que aún tendremos que esperar para ver si G+ es capaz de vaciar algún bar de manera definitiva (Facebook, Twitter, …) o pasará por ser un garito de moda de un par de semanas.

Imagen de Missha (CC by-nc-sa)

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Google Reader, descanse en paz

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Hoy, día de Todos los Santos, tenemos un nuevo difunto por el que velar en años venideros: Google Reader.

Y es que ayer se hacía real uno de mis miedos: ver cómo Google se cargaba una de mis herramientas favoritas y de la que más réditos informacionales sacaba.

Desde hace un tiempo se venía escuchando por los mentideros de Internet que las redes sociales tipo Twitter estaban sustituyendo a los agregadores de contenidos de cara a informarnos. Pero yo seguía en mis trece por una de las funcionalidades más útiles de Google Reader: formarte tu comunidad de presciptores de información que compartían los enlaces que les habían hecho cambiar su habitual lectura vertical por una más sosegada. Muchos pensaréis ahora: ¡pero eso es lo que se hace en Twitter o en Facebook! Cierto, pero en esas redes sociales horizontales, entre pepita de oro y pepita de oro de información, también se colaban otros metales nobles (platos que engullimos, sitios que visitamos, series de televisión que vemos, … en definitiva, cosas más personales). Y que nadie se me cabree, pero con determinados usuarios, sólo me interesa compartir información más académica o más cercana a mi mundo laboral, sin necesidad de saber lo rico que estaba el pastel que le tocó en suerte comer ese día. Todo eso me lo ofrecía Google Reader.

Pues bien, ayer Google anunciaba un nuevo rediseño de la herramienta. Hasta ahí, nada malo. Un cambio de imagen no tiene por qué ser malo. Cuesta habituarte a las modificaciones de las cosas, pero normalmente las funcionalidades se mantienen intactas o incluso se mejoran. Pero bajo esa noticia, había un huevo de pascua escondido. Google se cargaba el botón “Compartir” (momento en el que mandabas a tu red de Reader un contenido que tú considerabas de interés) para poner el manido botón de +1, lo que hace que ahora esa información pase a tu perfil de Google+ en vez de a la comunidad exclusiva de Reader.

En esta era de infoxicación donde estamos desbordados día sí y día también por la carga de información, herramientas como Google Reader eran clave para acceder a la información de valor. ¿Y qué parte de la herramienta ofrecía precisamente eso? Su comunidad. Tener una serie de prescriptores que hacían las veces de filtradores y que compartían las cosas más reseñables. Google Reader tenía un fin muy claro: compartir cosas de interés para digerir sin mezclas personales. Pero como en Mountain View están viendo como languidece un nuevo intento de red social como es Google+, han decidido quemar todos los cartuchos. Uno de esos cartuchos es Google Reader, y me temo que muchos buscaremos una alternativa.

Para salir, eso sí, nos han dejado la puerta abierta con la herramienta de exportación de suscripciones.

R.I.P. Google Reader :-(

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Her techno h(j)obby: Openlab sobre género y tecnología

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La primera vez que escuché el concepto de “conexiones improbables” fue en los labios de Ricardo Antón. Me pareció extremadamente sugerente, porque la idea de unir a personas, grupos o entidades aparentemente dispares para que co-creen puede hacer que surjan cosas, a priori, inesperadas. De esta forma se define el proyecto homónimo:

Conexiones improbables hace de la hibridación entre diferentes un entorno capaz de promover transformaciones, metamorfosis a menudo poco previsibles en las lógicas del pensamiento lineal y de la innovación direccional e incremental. Una slow innovation, más profunda, más radical, más sustentada en la investigación y experimentación conjuntas, en los valores y en las personas.

Una entidad pone sobre la mesa un problema y artistas y/o investigadores provenientes de las ciencias sociales lo analizan desde su punto de vista.

Dentro de este planteamiento surge la colaboración entre DeustoTech (unidad de I+D de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Deusto) y Remedios Zafra (escritora y profesora de Arte e Innovación en la Universidad de Sevilla): Her techno h(j)obby. En este caso se está trabajando la relación entre las mujeres y la tecnología. ¿Por qué las carreras tecnológicas despiertan menos interés entre las mujeres que entre los hombres? ¿Volvemos a la eterna disputa entre lo genético y lo cultural?

Remedios analiza las vocaciones desde la relación con los imaginarios y modelos culturales, con las expectativas sociales, con los procesos de juego y educación, pero también con la propia constitución de las ingenierías y ámbitos de investigación tecnológica y con la no inocencia de las aficiones y juegos que les preceden.

Para hablar de todo esto y más, se plantea el próximo miércoles 2 de Noviembre un OPENLAB sobre género y tecnología. Allí os espero a los que podáis asistir. Es necesaria la inscripción en la web.

  • CUÁNDO: miércoles 2 de Noviembre, de 18h a 21h.
  • DÓNDE: Universidad de Deusto (Campus Bilbao), Sala de conferencias.

Pronto os contaré más sobre el proyecto porque ha supuesto desnudar mi historia de cómo llegué a estudiar Ingeniería. Pero para eso, habrá que esperar a un próximo estreno ;-) .

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Twitter, ¿garante de la libertad de expresión?

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A principios de Septiembre el Ministerio de Sanidad solicitó a Twitter el cierre de cuentas que promovían la anorexia y la bulimia. La respuesta de la red social fue que no lo iba a hacer. La razón: la defensa de la libertad de expresión.

Entramos entonces en un terreno peliagudo: definir qué es la libertad de expresión y dónde están sus difusos límites. Cuestión que dudo mucho que se clarifique algún día. Ahora bien, me chirría enormemente que plataformas como Twitter se erijan como los garantes de la libertad de expresión cuando luego cierran perfiles a la velocidad de la luz de usuarios bajo la sospecha de ser spammers (cercano es el caso que le sucedió a Mikel Agirregabiria). Está claro que queda mucho menos romántico e idealista decir que si se inician en un terreno pantanoso como ése, deberían contratar a más personal para que no sea un robot el que valide estos casos.

Eso es lo que intento reflejar en la entrevista que me han hecho esta semana en Deia. Os copio mis respuestas originales, para que podáis contrastar con el resumen luego publicado ;-) :

¿Tiene constancia de que haya aumentado la apología de la anorexia y la bulimia en internet?
Como administradora hasta hace bien poco de una plataforma de creación de blogs (Nireblog), doy fe de la presencia elevada de bitácoras con esta temática. Sin embargo, no es que haya muchos usuarios generando contenidos, sino que un número reducido produce mucho material y en muchas plataformas a la vez. Es alarmante encontrar este tipo de información por la Red, pero no debemos pensar que es una consecuencia directa de las nuevas tecnologías. Internet no es más que un fiel reflejo de nuestra sociedad, y lo que se produce en la calle, también se da en la Red. Lo que la diferencia es que es más sencillo “viralizar” la información y llegar a más gente que con el boca-oreja tradicional.

Se estima que el número de páginas web con contenidos que hacen apología de la anorexia y la bulimia ha crecido un 470% desde el año 2006. ¿Qué opina de esta expansión? ¿Es proporcional al crecimiento de todo tipo de contenidos, dado el mayor uso de blogs y redes sociales, o es realmente algo alarmante?
Es igual de alarmante que ver en pasarelas a modelos con unas tallas imposibles o el éxito de libros con dietas milagrosas. Es decir, la multiplicación de estos contenidos es proporcional a la repercusión que está teniendo el culto desmesurado al cuerpo en el resto de espacios. Estamos hablando de un problema cultural y no tecnológico. Igual que el ciberbullying es el reflejo del acoso escolar a través de las nuevas tecnologías, la ciberanorexia y la ciberbulimia son la manifestación digital de estas enfermedades. Y al igual que crecen las páginas web con estos contenidos, también lo hacen las que luchan contra ellas: stop-obsesion.com, masqueunaimagen.com, 1espejo1000ventanas.com,… Incluso en 2008 se lanzó una campaña en la blogosfera para escribir entradas contando los peligros de estas enfermedades y usando palabras clave para posicionar en Google por encima de las pro-anorexia y pro-bulimia.

Además, como tú bien comentas, el número de contenidos en Internet ha crecido exponencialmente, viéndonos inmersos en una infoxicación a todos los niveles.

¿Es internet un arma de doble filo?
Siguiendo tu símil, Internet es como un cuchillo. Dependiendo de quién lo blanda, lo usará para cortar alimentos o para clavárselo en el pecho a otra persona. Las conductas que se dan en un bar, en un parque, en casa, en el colegio y así hasta un largo etcétera, se reproducirán igualmente en Internet, que no deja de ser un espacio más. Sin embargo, lo que actúa como catalizador en la Red es el anonimato. La posibilidad de comunicar este tipo de aberraciones desde un nick. De hecho, la anorexia y la bulimia se camuflan bajo los nombres de “Ana y Mía”.

El Ministerio de Sanidad pidió a Twitter que eliminara los perfiles proanorexia, pero estos se negaron en defensa de la libertad de expresión. ¿Comparte su decisión?
Hay que tener claro qué se entiende como libertad de expresión. Se trata de la libre difusión de ideas siempre y cuando éstas sean respetuosas con los demás. En mi opinión, la apología de la anorexia y la bulimia no se puede considerar un ejercicio de libertad de expresión, dado que atenta contra la salud pública y la protección de la juventud y de la infancia. Por tanto, considero una irresponsabilidad por parte de plataformas como Twitter no actuar ante estos casos. Mi percepción es que se escudan en la defensa de la libertad de expresión cuando realmente se trata de miedo a establecer precedentes de borrado de contenidos que les podría conducir a necesitar un extra de personal que analice las diferentes situaciones para valorarlas.

Ahora bien: esto no convierte a Twitter en una plataforma pro-trastornos alimenticios, ni a Internet en un lugar oscuro donde tus hijos o hijas pueden caer en estas enfermedades. Sigue existiendo un lugar común para la lucha contra esto: la educación y el núcleo social más próximo.

¿Por qué códigos se rigen las redes sociales, qué censuran y qué no?
Aquí entra en juego la escala de valores de la propia red social, que se cubre las espaldas en las condiciones de uso que todos firmamos cuando nos creamos una cuenta y que se rige por los principios de los responsables de esas redes sociales. Así no es de extrañar encontrarnos con casos estrambóticos como el de la censura de una fotografía de una mujer amamantando a su bebé por parte de la conocida red social Facebook al considerarla pornográfica. O incluso el cierre de un perfil personal en esta misma red por hablar de Google+, la competencia. Por lo que vemos, los raseros varían mucho dependiendo de la plataforma. Además, es curioso como los lobbys culturales suelen tener más posibilidades de éxito a la hora de eliminar contenidos que el Ministerio de Sanidad.

¿La autorregulación de las propias redes es la única solución?
No creo que sea esa la vía. Volvemos sobre la educación, que es desde donde se pueden atajar estos problemas tan enraizados en la sociedad actual. La autoregulación es más una cuestión moral que legal y está muy mediada por dónde está radicada la red social en cuestión. Por tanto, lo que pudiera parecer moralmente reprobable en EEUU aquí podría ser visto de una forma distinta (como ya hemos comentado en los casos concretos anteriores).

¿No es posible actuar legalmente contra estos contenidos?
Efectivamente, publicar este tipo de información no está tipificado como delito, por lo que no se puede solicitar su eliminación por vía judicial. Sin embargo, el artículo 8 de la Ley 34/2002 de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico (LSSI) indica que en el caso de que un determinado servicio de la sociedad de la información atente o pueda atentar contra la “protección de la salud pública” o “la protección de la juventud y de la infancia”, se podrá interrumpir la prestación del mismo, pudiéndose así bloquear el acceso a Twitter desde España. Pero igual que no se nos ocurre apagar la emisión de las televisiones porque aparezcan en ellas imágenes que podrían incitar a estas enfermedades, tampoco creo que cortar el acceso a Twitter sea el camino. Mi solución: educar. Aunque ya vemos que en estos tiempos de recortes que vivimos, parece que es la última salida.

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Monografía Tuenti – Curso redes sociales

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Como estoy estos días documentando un curso que impartí en verano en la biblioteca sobre las redes sociales que más utilizan nuestros alumnos, dejo por aquí la pata de Tuenti que aún no había incorporado a la wiki donde tengo recogida el resto de información. Cualquier comentario para mejorar la monografía será más que bienvenido :-) .

Tuenti

La red social por excelencia en España de los jóvenes de 20 ó menos años es Tuenti. De hecho, las estadísticas que ofrece la propia plataforma nos indican que el 37% de sus usuarios tienen entre 18 y 24 años y ese número de usuarios supera al porcentaje de población española que está en esa edad. ¿La razón? Muchos usuarios registrados infringen la normativa de tener 14 ó más años, falseando su edad y colocándose más de 18. El porcentaje entre hombres y mujeres está bastante equilibrado, demostrando ser una red generalista.

Estadísticas de usuarios/as Tuenti por edad y sexo

Estadísticas de usuarios/as Tuenti por edad y sexo


El nombre de la plataforma, a pesar que pudiera darnos a entender que viene del anglicismo “twenty” (haciendo de nuevo referencia a la edad de sus usuarios), viene de la frase “tu entidad”.

Esta red nació en 2006, de la mano de un estudiante estadounidense de intercambio que se encontraba en España, Zaryn Dentzel. Arrancó el proyecto con un grupo reducido de alumnos universitarios. Ahora Tuenti cuenta ya con más de 250 personas en su plantilla repartidas entre sus oficinas de Madrid y Barcelona. El número de usuarios también ha crecido exponencialmente: desde los 1000 inscritos en su primer amago de red social (Who is Who) hasta los más de 11 millones en la actualidad.

En Agosto de 2010 Telefónica se hace con el 85% Tuenti por 70 millones de euros. Esta entrada en el capital social de la empresa se ha dejado notar, apareciendo proyectos como el de la operadora móvil virtual de Tuenti (Tu) con ofertas muy ventajosas para el público joven (servicios gratuitos de red como es el chat de Tuenti para sus usuarios, siendo un reclamo muy fuerte para los jóvenes).

La clave del éxito de Tuenti, en sus inicios, fue que el acceso estaba (y sigue estándolo) restringido. No se permite la creación de cuentas y para entrar es necesario que alguien nos invite. Esto confiere a la plataforma un halo de exclusividad y a los jóvenes una sensación de “corralito” donde no están ni sus padres ni sus profesores.

La edad mínima de registro en Tuenti, como comentábamos anteriormente, es 14 años (la que marca la legislación española, a diferencia de la que se aplica a las redes sociales norteamericanas). Los menores de esta edad necesitan una autorización expresa de sus tutores. Además, dado que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) les pone exigencias extra respecto a otras redes sociales que no tienen su residencia en España, deben cumplir otra serie de tareas:

  • Tienen un condicionamiento legal más sencillo con lenguaje “comprensible” por el usuario medio de la plataforma.
  • Cuando un usuario se crea su nueva cuenta, por defecto, la privacidad es la más restrictiva. Deberá ser el usuario el que, de manera activa, abra su perfil.
  • Tienen un equipo de personas validando manualmente la edad de los usuarios. Cuando topan con uno que sospechan tiene menos de los 14 años permitidos, le solicitan que les envíe el D.N.I. escaneado. Si no lo hace en 96 horas, le eliminan la cuenta e investigan a sus contactos (que probablemente también sean menores de la edad mínima permitida).
  • Tuenti además es una caja negra para buscadores. Sólo es accesible para los robots la página de inicio, Tuenti Sitios y las Tuenti Páginas. Ni siquiera trasciende un resumen de nuestros perfiles (como sucede con redes sociales como Facebook).

No permite el registro de organizaciones (para ellas tiene reservado el apartado de Tuenti Páginas), sólo personas físicas. Si encuentran un perfil que no pertenece a una persona física, lo borran (perdiéndose todo el trabajo desarrollado de establecer contactos, redes, publicar información, etc. ).

Las partes principales y de mayor éxito de Tuenti son:

  • Tuenti Sitios: cada una de las “zonas de marcha” tiene su espacio aquí (trabajando el elemento local desde la globalidad que ofrece Internet). Son los propios usuarios los que enriquecen estas fichas con información del sitio (comentarios, imágenes, etc. ), hacen check-in con sus móviles cuando pasan por allí, etc… Como responsables de un sitio, podemos reclamar su “propiedad”, para gestionar los datos de primera mano: actualizar el nombre y la dirección del sitio, modificar la categoría y la información de contacto, añadir nuevos tipos de información como el horario de apertura y formas de pago, ver las estadísticas de quién visita tu sitio y mucho más. Tras rellenar un formulario, Tuenti se pondrá en contacto con nosotros para verificar nuestro cargo profesional. Como vemos, el elemento central de esta sección es la geolocalización. Intentando emular al proyecto Foursquare, los usuarios indican dónde están, siendo en ocasiones incongruentes con su mundo off-line. Es curioso los casos de personas que dejan una luz encendida en su casa durante las vacaciones para evitar a los “cacos” y que luego van chequeando en diferentes redes sociales por dónde se mueven (y para mostrar este absurdo, surgen plataformas como Please, Rob Me).
  • Tuenti Juegos: el modelo de negocio de Tuenti es claro: la publicidad. Y para lograr altos ingresos necesita que el usuario esté más tiempo en la red social para darle impactos publicitarios cada poco tiempo. Por esto Tuenti Juegos es una colección de juegos sencillos pero adictivos donde, además de jugar, podrás compartir en tu muro los resultados, invitar a los amigos… Dentro de esos juegos se pueden “comprar” artículos virtuales con los denominados Tuenti Créditos. Esta moneda virtual se obtiene cambiando nuestro dinero real a través de una cuenta de Paypal, con una tarjeta de crédito o incluso haciendo una recarga con el móvil.
  • Tuenti Páginas: es la copia de las páginas de Facebook, donde cualquier organización o institución puede tener su espacio (dado que las condiciones de uso de Tuenti prohíben que se puedan crear perfiles). Allí tendrán un muro donde publicar noticias e informaciones relevantes para los usuarios que se suscriban a la misma. Es de las pocas secciones de Tuenti que pueden tener url propia y ser pública, es decir, que sea consultada sin necesidad de estar logueado en Tuenti. Cabe destacar en este apartado la diferencia entre las páginas de empresa (premium, digamos, aunque no se paga por ese servicio), que llevan incluso una atención dedicada por parte de la plataforma a las marcas, y las páginas “al uso”, de libre creación y destinadas a grupos, actividades y páginas de famosos y/o celebridades.
  • Y por supuesto, la herramienta más exitosa: el chat (todo un nuevo idioma), que ha sustituido al messenger entre los jóvenes.

El modelo de negocio de Tuenti es la publicidad. Tener una cuenta es gratis, pero los usuarios les pagamos con otra moneda: nuestro tiempo. Todo el que invertimos navegando por sus múltiples espacios se convierte en un intervalo en el que nos pueden “impactar” con anuncios. Los productos publicitarios que ofrecen a las empresas para anunciarse son:

  • Eventos patrocinados que aparecen en la página de inicio de los usuarios.
  • Mensajes en la página de bienvenida. Cuando entramos a Tuenti, mientras se carga nuestro perfil, se muestra un anuncio a pantalla completa. Una vez cargada la página, queda como recuerdo un enlace en nuestra página principal.
  • Vídeos que aparecen mientras nos movemos por Tuenti en la parte inferior derecha.

Todos estos productos permiten a las empresas contratantes la segmentación sociodemográfica (sexo, edad, provincia) de los usuarios a los que se muestran sus anuncios.

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