Pensamiento crítico en la era digital

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No suele ser muy recomendable empezar un artículo por las conclusiones, pero no me resisto a haceros un spoiler de éste: señores y señoras, en el binomio de pensamiento crítico y era digital, pintan bastos.

Y no lo digo porque 2016 haya sido el año de la posverdad, ese concepto desconocido que ahora se repite más que el ajo. Me baso en estudios y prácticas que están llevando a cabo personas como Jon Mikel Zabala, al que hoy hemos podido entrevistar en “De las Ondas a la Red” de Radio Bilbao. Es más que recomendable que te leas este artículo suyo “¿Pensamiento crítico o pensamiento en estado crítico?” donde detalla las actividades que lleva a cabo en el aula para trabajar esta competencia genérica. En una de las asignaturas de 1º que imparten en Deusto Business School, piden a sus estudiantes que seleccionen los tres recursos digitales que emplean con mayor asiduidad y que los ordenen de mejor a peor calidad, indicando la razón de este orden. En primera posición, ganando por goleada, o mejor dicho por reproducciones, se sitúa YouTube. Que estamos en la era de los youtubers, era algo que nos constaba. Pero que además esos recursos sean percibidos como prestigiosos porque pueden medir el número de visitas, likes y comentarios, nos arroja a la cara que estamos más bien en la era de la influencia. Si eres un/a mindundi digital, podrás estar haciendo los análisis más sesudos, que no serás nunca considerado/a una fuente relevante (y no llegarán a ti a través de un RT o una búsqueda de Google en primera página de resultados).

La segunda posición de esta actividad va para la Wikipedia. Habrá gente que se esté echando ahora las manos a la cabeza, pero yo no. Al contrario, me alegro porque se trata de un medio colaborativo, en el que más o menos (no digo que la maquinaria sea perfecta) funciona la inteligencia colectiva. Pero aquí llega mi segunda sorpresa: lo que para mí es una ventaja, para los estudiantes todo lo contrario. Es decir, que le restan puntos porque cualquier persona puede escribir en ella (en vez de pensar que también miles de ojos pueden revisar sus contenidos).

Y en la tercera posición entran las plataformas de preguntas y respuestas (rezo para que no sea Yahoo Questions…) y medios más especializados como Investopedia o Khan Academy.

Pero ojo, que esto no pasa solo en Deusto. Un estudio de la Universidad de Stanford arroja cosas como que cuatro de cada diez estudiantes creyeron, basándose en un titular, que una foto de margaritas deformadas constituía una fuerte evidencia de las condiciones tóxicas existentes cerca de la planta nuclear de Fukushima, a pesar de que no aparecía autoría ni dónde se había tomado esa imagen.

Aunque los resultados den escalofríos, yo confío más en esas hornadas que pasarán por las diestras manos de Jon Mikel y otro profesorado que trabaje esa competencia, que en aquellas personas que están ya trabajando y el mundo digital ha impactado en su quehacer diario sin una formación previa de pensamiento crítico + tecnología. De hecho, antes aún me tranquilizaba pensar que los que no éramos nativos digitales, nos hacíamos más preguntas. Pero cada día descubro con mayor frecuencia que ya no es así. Que hemos normalizado tanto la tecnología, que no nos surgen cuestiones. Por ejemplo, suele se habitual que consulte a la gente si sabe por qué Google le devuelve unos resultados u otros dependiendo de lo buscado y dependiendo del usuario que lo hace. Pocas personas lo saben, pero lo que es peor, aún menos personas se lo preguntan. Y el hecho de que no lo hagan nos lleva a pensar que tampoco son conscientes del importante papel que juega el buscador en nuestras vidas. Ya es más que sabido que no pasamos de la primera hoja de resultados, así que el gigante tecnológico decide a qué información llegamos y cuál no. Pronto pasaremos del “porque lo digo yo… y punto” que en más de una (y de diez ocasiones) nos han soltado nuestros progenitores al “porque lo dice Google… y punto”.

Otro tanto pasa con la burbuja ideológica de redes sociales como Facebook, que solo nos muestra lo que creen que nos puede interesar. De hecho, en 2016 se les puso la lupa encima porque se sugería que había sido caldo de cultivo para las noticias falsas, teniendo impacto incluso en los resultados de las elecciones norteamericanas. El mismísimo Mark Zuckerberg se ha puesto como propósito de año nuevo acabar con las noticias falsas. Ha anunciado en su perfil personal que Facebook marcará con una señal las publicaciones que no sean verdaderas.

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Así que, como os decía al arranque, pintan bastos. Pero si no queremos llegar a ese mundo mezcla de 1984 y Un Mundo Feliz, os recomiendo solo una cosa: no dejéis de haceros preguntas. Por lo menos, cuando nos cuestionamos las cosas, tenemos una posibilidad de dar con la respuesta.



Reseteando los contadores

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224175619_8c513a2735_zTodas las Navidades, llegadas estas fechas, hay un fenómeno que no deja de maravillarme: ese contador invisible que tenemos las personas asociado al año natural. Es decir, el balance que hacemos de lo ocurrido durante 365 días (o 366 si toca bisiesto) y cómo cambiando del 31 de diciembre al 1 de enero (… o al 2 si la resaca es larga), parece que las cosas se resetean y ponemos el taxímetro a cero.

La semana pasada leía a muchas personas que querían dar por acabado 2016 porque había sido negro en muchos aspectos y esperaban con ansia el 2017 para ver si llegaba florido y hermoso. Pero oye, fue estrenarlo y seguir con la misma cantinela de fondo: atentados, asesinatos de mujeres, personas refugiadas…

Y a nivel personal hay una palabra clave en todo esto: propósitos. Esos que se repiten como el día de la marmota. Es curioso como el 11 de mayo no nos ponemos con ellos. Tampoco el 23 septiembre. Solo pasa el 1 de enero. Nos comemos las uvas con la esperanza de que esa superstición nos regale un año redondo. Como si unas campanadas fueran dueñas de nuestro destino. Algo externo. Porque claro, de nosotros y nosotras no depende esa felicidad. Por supuesto que hay cosas que no podemos controlar pero recordad: “Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias.” (Viktor Frankl). Así que ya no vale echar balones fuera. En nuestra mano está hacer que este 2017 esté plagado de flores. Hagamos balance diariamente, porque si esperamos al 31 de diciembre, igual se nos olvida regarlas el resto del tiempo:

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Imagen de flattop341 (CC by)



Me he enamorado de un robot

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 131 (2016).

En 2013, la película Her, dirigida por Spike Jonze y protagonizada por Joaquin Phoenix, nos contaba la historia de un hombre que se enamora de su sistema operativo, con el que mantiene largas conversaciones y que es el que mejor le conoce. Esta cinta fue catalogada en dos géneros: romántica y ciencia ficción. Quizás tras leer este artículo, decidas quitarla de ciencia ficción. Y es que los principales actores de internet han coincidido en que 2016 será el año de la inteligencia artificial y los bots en las redes sociales.

Empecemos el recorrido con Facebook, que como no podía ser de otra manera, está trabajando ya en esta línea y con muchos frentes abiertos. Un ejemplo de ello es su software DeepText, que según la propia compañía, es capaz de analizar y entender con precisión casi humana el contenido textual de miles de mensajes por segundo, en más de 20 idiomas diferentes. Pero, ¿qué significa eso de entender con precisión casi humana? Pues que ese motor de inteligencia artificial puede coger nuestras publicaciones y determinar la temática de las mismas (si hablamos de música, deporte, política, etc.), las personas o entidades protagonistas, identificar coloquialismos, palabras ambiguas, etc… y todo esto, como indicaba anteriormente, en más de 20 idiomas. De hecho, nos ofrecen ya la traducción automática de las publicaciones que vemos en nuestro muro. Y no se quedan solo en el análisis de texto, porque a su ya conocido software de reconocimiento de caras (que dicen que es más preciso y tiene una base de datos más grande que la propia NSA), le están sumando el aprendizaje textual. De esta manera, si publicas una foto de un bebé recién nacido junto al texto “25 de abril”, son capaces de identificar y marcar esto como un hito familiar, que almacenarán en su base de conocimiento. También están trabajando en el reconocimiento de voz y de personas dentro de vídeos. Por supuesto, con todo esto nutren a su algoritmo de publicaciones, para que luego solo nos muestre las de aquellos contactos que Facebook cree que nos pueden interesar más. Pero además, usarán esa información en su nuevo gran reto: los chatbots para Messenger, su aplicación de mensajería instantánea. Esos chatbots serán capaces de responder de manera automatizada a los usuarios en nombre de una organización, con mensajes estructurados e información aprendida de conversaciones previas. Por ejemplo, conocerán nuestros datos, si antes hemos usado el servicio y nos darán respuestas a medida. Como veis, por el momento, la orientación de estos bots será el comercio electrónico que ofrecerá un soporte personalizado las 24 horas del día, los 365 días del año, con un ahorro de coste importante al no necesitar de la intervención de personas.

Pero Facebook no es el primero en entrar en el mundo de la inteligencia artificial. Por supuesto, tenemos en mente al famoso Siri de Apple, al que le podemos preguntar desde qué tiempo hará mañana hasta ordenar que nos despierte a una hora determinada. Microsoft también ha entrado en el juego con su propio asistente de voz, Cortana (disponible no solo para smartphones con Windows, sino también para Android e iOS). Y Amazon ha hecho lo mismo con Alexa, un “esclavo” que, a diferencia de sus homólogos, tiene forma física. Se trata de un pequeño cilindro que podemos colocar en cualquier rincón de nuestro hogar y lanzarle órdenes a sus siete micrófonos integrados. Por ejemplo, le podremos pedir que reproduzca nuestra canción favorita (dato, que por supuesto, conocerá), que regule las luces de nuestro salón o que encienda el lavavajillas. Lo que nunca sabremos es cuándo deja de escuchar la pequeña criatura.

Los bots también campan a sus anchas por Telegram, la aplicación de mensajería instantánea que sigue tratando de hacerse un hueco junto a WhatsApp. Por ejemplo, durante las elecciones del pasado 26 de junio, nació Polibot, que seleccionaba noticias, gráficos, encuestas e información relacionada con los partidos políticos, pero siempre de manera personalizada. Para ello, el bot nos preguntaba al inicio datos personales como nuestro sexo, edad y ubicación.

No sé si estamos cerca o lejos del panorama que se relataba en Her, pero lo que está claro es que cada vez será más normal interaccionar con máquinas en nuestro día a día. Máquinas que sabrán tanto de nosotros que quizás sean capaces de conquistarnos. Y tú, ¿te has enamorado ya de un robot?


Aprovechando que el artículo está muy alineado con la conferencia que di este verano en el congreso #SMCANT, organizado por la Dirección General de Juventud y Cooperación al Desarrollo / Consejería de Educación, Cultura y Deporte / Gobierno de Cantabria, os dejo también la presentación de distopías tecnológicas:

Imagen de Jenn and Tony Bot (CC by-nc).



Cartas desde Filipinas: Sendong

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TamboHoy arrancaremos este post con un ejercicio de imaginación. Cerrad vuestros ojos (aunque sea solo a medias, para poder continuar leyendo) y pensad que estáis en vuestra casa, durmiendo. De repente, escucháis un gran estruendo y muchos gritos. Tratáis de encender la luz, pero descubrís que no hay electricidad. Si sois afortunados, vuestro hogar quizás tenga dos plantas y sea lo suficientemente robusto como para no haber sido arrastrado aún por el agua. Al bajar al primer piso, os dais cuenta de que está totalmente inundado. No os queda otra escapatoria que volver a subir las escaleras y esperar en medio de esa oscuridad. Poco a poco, veis que el agua está llegando a la segunda planta, así que tratáis de mover una de las láminas del techo para encaramaros al tejado. Allí arriba veis la magnitud de la desgracia. Casas, vehículos, animales y personas pasan a vuestro lado, arrastradas por la fuerza del agua. En los tejados de hogares colindantes, veis la misma situación, con grupos de hasta 30 personas. Algunas familias gritan desesperadas porque alguno de sus miembros no aparece. Permanecéis ahí hasta las 6 de la mañana, momento en el que empieza a bajar el agua. ¿Qué sentís ahora mismo? Supongo que lo mismo que yo cuando empecé con las entrevistas a personas de Tambo, una zona con pocos recursos de la ciudad Cagayan de Oro (Mindanao).

El 16 de diciembre de 2011, en torno a las 7 de la tarde, empezó a llover con gran fuerza. Fue solo cuestión de horas que se inundara todo. De hecho, sobre las 11 de la noche la crecida del agua ya alcanzaba los 6 metros de altura, barriendo la mayoría de las viviendas de zonas como Tambo, Cala-cala o Tibasak, de una única planta y donde residían familias con pocos recursos. Cientos de personas perdieron su vida ese día. La casa de muchos supervivientes quedó destrozada. Los más “afortunados” mantuvieron su hogar, aunque muy dañado. Algunos se pudieron refugiar en los tejados de sus casas. Otros estuvieron flotando durante horas en la oscuridad de la noche, lidiando con el frío. Incluso una de las personas entrevistadas estuvo subida a un cocotero durante 9 largas horas. Cuando amaneció, la oscuridad dio paso a un día soleado. Pero ese sol solo mostraba lo dantesco de la escena: cuerpos que yacían (fallecieron en torno a 2.000 personas), casas arrastradas y movidas de sitio, animales muertos y gente buscando a sus familiares desaparecidos. Muchas personas y organizaciones se pusieron manos a la obra para ayudar a los supervivientes: darles alimento, llevarles ropa, asistencia psicológica… Estuvieron viviendo así durante seis meses, momento en el que fueron recolocados en diferentes zonas. Una de ellas, Indahag, una región en la montaña, a unos 7 Km. al sureste de Cagayan, con mayor altitud para tratar de evitar futuras inundaciones.

Niña Maria Arts HubHabía leído y escuchado mucho sobre el concepto de resiliencia, pero creo que hasta estos días, no lo había visto tan claro y ejemplificado como con las personas supervivientes del Sendong. Escuchando muchos de sus relatos, me venía a la cabeza esta frase del psiquiatra austriaco Viktor Frankl, tras sufrir en sus propias carnes el horror del holocausto nazi:

“Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias.”

Os recomiendo su libro “El hombre en busca de sentido”.

La resiliencia es la capacidad para soportar y sobreponerse a situaciones adversas y extremas. Es clave para lidiar con los embates de la vida. Se articula en dos fases: primero, resistiendo durante la catástrofe y sacando a la luz aptitudes y actitudes desconocidas de nuestra propia persona. Después se manifiesta en la habilidad para recuperarnos tras sufrir el impacto, llegando incluso a fortalecernos. Y así he notado a la mayoría de supervivientes: fortalecidos y agradecidos por la nueva oportunidad que les ha brindado la vida. Está claro que es algo que les ha marcado para siempre. Por ejemplo, me contaban que en 2013, cuando veían en las noticias los efectos del tifón Yolanda, aún se estremecían y que muchos niños y niñas, al volver al colegio, cuando se ponía a llover, se echaban a llorar. Pero no dejan de ser un auténtico ejemplo de resiliencia y generosidad por parte de la comunidad. El apoyo que se brindaron y se brindan unos a otros es encomiable.

Aquí se acaba la segunda carta desde Filipinas. La meto en un botella y la lanzo al mar de Internet. Si la recibes, estaré encantada de leerte en los comentarios.

Aquí podéis ver más fotos que voy publicando cada día.



Cartas desde Filipinas: Bahala na

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Existe una expresión tagala que usan frecuentemente los filipinos: bahala na, que en castellano vendría a decir “que pase lo que tenga que pasar”. Más que una expresión es casi una filosofía de vida. Una forma de afrontar los problemas y lo que nos viene. No se trata de resignarse, sino de aprender técnicas para sobreponerse a lo inesperado y estar agradecidos por el regalo de cada día. Repitiendo este mantra arranco mi andadura por este país, de la mano de la ONGD FISC.

Ha pasado ya una semana desde que puse un pie por vez primera en Filipinas. Días necesarios para tomar contacto y adecuar cabeza y cuerpo al cambio (altas temperaturas con humedad, jetlag, más de 22 horas de viaje…). Si no conocéis Filipinas, os diré que es algo así como un puzzle compuesto por más de 7.000 islas (7.107 para ser exactos), aunque se podría dividir en tres grandes trozos: la isla del norte, Luzón, donde está la capital Manila; un grupo de islas centrales y quizás la zona más turística, denominado las Bisayas; y la isla del sur, Mindanao. Esta última isla es mi destino, más en concreto la ciudad de Cagayán de Oro.

_Una_vela_Cada_color_tiene_su_finalidad__quiapo__manila__filipinas__philippinesSi tuviera que describir Filipinas y su gente, quizás diría que es el país más latino de todos los de Asia que he visitado: gente alegre, amable y optimista, calles animadas plagadas de puestos para comer, tráfico caórdico (esto creo que es una constante en muchos otros lugares) y mucha vida nocturna. Varias etnias, religiones y culturas conviven a lo largo de sus islas, así que la amalgama idiomática es también interesante: dos idiomas nacionales, filipino (también conocido como tagalo) e inglés; ocho regionales (bicolano, cebuano, hiligainón, ilocano, pampango, pangasinense, tagalog y samareño) y cientos de dialectos. Aunque antiguamente fuera una colonia española, apenas quedan personas que sepan actualmente hablar castellano. Son muchas las palabras en español que puedes encontrar en tagalo pero se pronuncian y escriben diferente. Por ejemplo, kumusta ka para decir ¿cómo estás? o tinidor para tenedor. Ahora bien, si pensáis que entenderéis algo de tagalo, siento decepcionaros. Apenas soy capaz de seguir una conversación y la única palabra que manejo bien es salamat para decir gracias. El inglés es manejado por la mayoría de la población (siempre que hayan ido al colegio).

Repasando por encima la Historia de Filipinas, vemos que han pasado por muchas manos y han recibido muchas y diferentes influencias. Primero recibieron oleadas sucesivas de pueblos austronesios que trajeron consigo tradiciones y costumbres de Malasia, Indonesia y el mundo islámico. En 1565 llegaría Miguel López de Legazpi, convirtiendo Filipinas en colonia española (de hecho, la denominación del país deriva del nombre del rey Felipe II). A finales del siglo XIX estalló la Revolución filipina, apoyada por Estados Unidos, logrando la independencia en 1898, momento en el que España vende la colonia precisamente a Estados Unidos por 20 millones de dólares (perdió también Cuba durante esta guerra hispano-estadounidense). Se desata entonces la Guerra filipino-estadounidense, terminando el archipiélago bajo el control total estadounidense. Años más tarde, estalla la Segunda Guerra Mundial y Japón invade el país. Las tropas aliadas derrotan a los japoneses y un año después, en 1946, Filipinas alcanza su independencia del gobierno estadounidense. Como veis, el pueblo filipino ha tenido que sobreponerse a muchos enfrentamientos.

Flood_warning_system__manila__intramuros__filipinas__philippinesPero no solo en lo político. También son carne de cañón de la Naturaleza porque se encuentran en el Cinturón de fuego del Pacífico, así que cuentan con múltiples volcanes, sufren frecuentes terremotos y en la época del monzón, los tifones les hacen visitas inesperadas. Precisamente uno de esos tifones es el protagonista de mi visita a Cagayan de Oro. Y es que en esta ciudad, especialmente en el barangay (barrio) Macasanding, no olvidarán jamás la noche del 16 de diciembre de 2011, momento en el que el tifón Sendong (conocido como Washi internacionalmente), en apenas unas horas inundó todo y barrió casas y vidas. En Tambo, una de las zonas de Macasanding, estaba situado el colegio Niña Maria Learning Center, que también sufrió los más 6 metros de agua y lodo. Un año después, en 2012, justo cuando habían terminado de arreglar los desperfectos del anterior, llegó el tifón Pablo. Así que en 2013 lo cambiaron de ubicación. Lo mismo sucedió con muchas familias de esa zona, que se quedaron sin hogar y fueron recolocadas en Indahag, una región en la montaña, a unos 7 Km. al sureste de Cagayán, con mayor altitud para tratar de evitar futuras inundaciones. Pero en Indahag tienen un problema: no tienen colegios cerca. Muchas familias tienen pocos ingresos y necesitan ayuda. Se produce un elevado abandono escolar debido a esa lejanía, dado que el transporte es muy caro para bajar todos los días hasta Cagayan.

Y en éstas estoy ahora: conociendo la zona, entrevistando a sus gentes y documentando sus testimonios. En próximos posts, os iré contando más. Aquí se acaba la primera carta desde Filipinas. La meto en un botella y la lanzo al mar de Internet. Si la recibes, estaré encantada de leerte en los comentarios.

Aquí podéis ver más fotos que voy publicando cada día.



Pablo Garaizar (Txipi): “Hacker es un piropo que te tienen que regalar”

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Las personas que me conocen saben que tengo unas cuantas manías (en petit comité solemos incluso llamarlas taras): soy una talibana de la ortografía hasta extremos enfermizos, no sé nadar (y no tengo ganas de aprender) y cada vez que escucho la palabra hacker para referirse a algo negativo, me sale sarpullido.

Es por eso que, tras leer la enésima noticia con este término mal empleado, me he decidido a restituir su significado, obviamente dentro de mis posibilidades. Y una de esas posibilidades es mi sección semanal sobre internet y nuevas tecnologías en Radio Bilbao (Cadena SER), junto a Azul Tejerina.

Así que pensando en la mejor ayuda para esto, hoy me he traído al estudio a Pablo Garaizar, más conocido como Txipi por estos lares digitales.

Cuando se trata de buscar definiciones, lo primero que suelo hacer es tirar de la RAE. Error. El concepto está admitido desde 2014 pero su única acepción es “pirata informático”. Fin. Ya está. No os creáis que me he olvidado de algo… Dejando de lado la palabra pirata, que ya tendría un post para ella solita, no es de extrañar que en su día se echaran las manos a la cabeza personas como Richard Stallman (uno de los padres del software libre) o Chema Alonso (especialista en seguridad informática), que incluso llegó a lanzar una petición en Change.org que recopiló 5.335 firmas. Hasta hoy, que seguimos igual.

El IETF (Internet Engineering Task Force) tiene una definición breve, pero creo que bastante más certera: “Un hacker es una persona que se deleita por tener una comprensión profunda del funcionamiento interno de un sistema”. Si además tuviera que añadir otros conceptos de mi cosecha, serían pasión, curiosidad, espíritu juguetón, búsqueda de los límites a la tecnología (y otras cosas) con el fin de mejorarla o hacer un uso que no estaba previsto. Y fijaos que he puesto entre paréntesis lo de “y otras cosas” porque, a pesar de que la cultura hacker nació en el mundo tecnológico, se puede aplicar a muchos otros ámbitos de la vida. ¡Ojalá hubiera más hackers sociales!

hack MITBuscando los orígenes, la cultura hacker nació en torno a los años 60-70 y está ligada a los laboratorios y clubes del MIT. De hecho, una de las cosas que más me sorprendió el día que visité sus instalaciones es el orgullo con el que muestran sus hacks. Uno de los más curiosos surgió a raíz de la rigidez por parte de la policía interna del MIT con el uso de las bicicletas en el campus. Durante una temporada, si un estudiante dejaba una bicicleta mal aparcada, le era confiscada. Así que como respuesta a esto, un día, apareció un coche de la policía sobre el Great Dome (Gran Cúpula), el edificio más emblemático. Bueno, eso pensó en un inicio la policía, que no terminaba de explicarse cómo uno de sus vehículos había sido izado hasta allí. De hecho, al hacer inventario, no faltaba ninguno. Tras mirar la matrícula (que era el número Pi), descubrieron la broma: se trataba de una reproducción exacta que habían hecho los hackers, con todo lujo de detalles como, por ejemplo, un policía dentro, con sus respectivos donuts. Un acto reivindicativo que ha quedado para los anales de la Historia. Os recomiendo que echéis un ojo a los hacks de MIT en esta web.

Pero ojo, que esta cultura hacker tiene su propia ética. De hecho, os recomiendo la lectura de “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” [PDF], un libro escrito por Pekka Himanen, con prólogo de Linus Torvalds y epílogo de Manuel Castells. Según Himanen, un hacker no es un delincuente, vándalo o pirata informático con altos conocimientos técnicos (a los que prefiere llamar crackers), sino que hacker es toda aquella persona que trabaja con gran pasión y entusiasmo por lo que hace.

Por último, os dejo con el decálogo de la cultura hacker, que elaboró el equipo del Dev.F.:

  1. Dar antes que esperar recibir. Compartir es uno de los pilares.
  2. No pedir permiso. Aquí me traigo una frase de la mítica Grace Murray Hopper: “Prefiero pedir perdón que pedir permiso”.
  3. Más hacer y menos hablar.
  4. No existen excusas, o cómo responsabilizarnos de nuestras acciones, sin echar balones fuera.
  5. Resuelve problemas (y no crees nuevos).
  6. Sigue a tu curiosidad.
  7. Fracasar es crecer. Una auténtica apología del fallondizaje.
  8. Conoce tus herramientas y comunidades. No reinventes la rueda. O como diría Eric S. Raymond: “Ningún problema debería resolverse dos veces”.
  9. Siempre hay algo que aprender.
  10. Involúcrate.
  11. Diviértete en el proceso. Lo más importante no es la meta, sino el viaje para llegar a ella.
  12. Os dejo con la entrevista a Txipi, de la que si me tengo que quedar con una frase, es la que he usado como titular: “Hacker es un piropo que te tienen que regalar”. Pues yo te lo regalo, Txipi. Para mí, un auténtico hacker de los pies a la cabeza.



Verdaderas mentiras

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 129 (2016).

Buscando en internet una cita con la que arrancar este artículo, me he topado de bruces con la frase ideal por dos razones. La primera, porque me sirve muy bien para ilustrar lo que quiero contar: “Una mentira puede dar la vuelta al mundo antes de que la verdad tenga tiempo a ponerse las botas”. Y la segunda, porque cuando tenía la autoría de Terry Pratchett identificada, me he puesto a indagar más… y la cosa se ha complicado. En algunos sitios leo que es de Mark Twain, así que me siento incapaz de discernir quién la escribió realmente.

Si esto pasa buscando de manera concienzuda información, ¿qué sucederá con la que consumimos más a la ligera en la red? Rumores, bulos, fakes, hoax… la mentira se esconde detrás de múltiples nombres. E internet le ha conferido un nuevo apellido: viralidad. El alcance de una leyenda urbana antes era más o menos limitado. Sin embargo, a día de hoy, por mucho que hayamos escuchado siempre eso de que las mentiras tienen las patas muy cortas, en las redes sociales han encontrado la forma de correr a gran velocidad. Y es que el carácter de inmediatez que tienen estas plataformas ha generado una especie de ansiedad por querer ser los primeros en contar algo. Eso anula cualquier intento de que el espíritu crítico entre en escena y ponga en cuarentena lo que leemos.

Pero lo que aún es más curioso es que los bulos suelen ser más interesantes que sus respectivas rectificaciones. Una investigación de la Universidad de Columbia analizaba el nivel de interacción en rumores versus el nivel de interacción de las publicaciones que rectificaban esos rumores. Sorprendentemente (o quizás no tanto), los fakes obtenían mayor número de retuits, likes y comentarios. Uno de los que se analizó en ese estudio roza casi lo absurdo pues sostenía que la Tierra estaría seis días en completa oscuridad durante diciembre de 2014. Si bien muchos medios catalogados como fiables desmintieron la noticia, contando con una más de 135.000 interacciones sociales, los artículos con el fake lograron más de un millón.

¿Pero dónde empieza un engaño?

En ocasiones se trata de una “chiquillada” por parte de alguien que no es capaz de atisbar el impacto de sus palabras y acciones en digital. En otras, la maldad va con una intencionalidad clara. Incluso hay casos de publicaciones que parten como chistes pero terminan siendo tomadas en serio. Y no pueden faltar los experimentos. Ese fue el caso de Santiago Swallow. ¿Que quién era Santiago? Su página de Wikipedia le presentaba como un “orador motivacional, educador y autor dedicado a entender la cultura moderna en la era de redes sociales”. Su cuenta en Twitter tenía más de 90.000 seguidores. Pero todo era producto de un proyecto llevado a cabo por el tecnólogo Kevin Ashton, conocido en la actualidad por acuñar el concepto de “internet de las cosas”. Su intención con esta farsa era demostrar lo fácil y barato que puede ser crear un influencer en internet. Generó un nombre y unas fotos falsas, creó su cuenta de Twitter y su página en Wikipedia y compró por tan solo 50 dólares un gran número de seguidores. Para poner la guinda al pastel, desarrolló un algoritmo que generaba tuits automáticamente combinando frases de charlas TED. Resultado: un personaje ficticio convertido en gurú digital.

Pero este tipo de información campa a sus anchas por todas las redes sociales, no solo por Twitter. De hecho, en Facebook están muy preocupados por ello. Hace unos años publicaron un paper en el que se analizaba la reacción de los usuarios que publicaban noticias falsas, cuando uno de sus amigos así se lo indicaba con un comentario. Lo que descubrieron a través de esta investigación fue que las personas son más propensas a eliminar estas publicaciones después de haber recibido el comentario. Pero también que a los usuarios no nos gusta que nos digan que hemos caído en un engaño, así que esa notificación provocaba que bajara la interacción posterior en la plataforma. Cosa que, obviamente, no le interesa a Facebook. Es por esto que han decidido incorporar una nueva herramienta que permite a los usuarios marcar una publicación como “noticia falsa”, disminuyendo entonces las posibilidades de que aparezca en el timeline de sus contactos pero también evitando que el sujeto que ha compartido el rumor se dé cuenta.

Si bien hay muchas personas y organizaciones difundiendo informaciones no veraces, también hay otras trabajando por lo contrario. Ese es el caso de plataformas como emergent.info, hoaxes.org o snopes.com, que funcionan a modo de detectives del rumor. Hasta el mismísimo Tim Berners-Lee, padre de la web, creó en su día una fundación -la World Wide Web Foundation- para examinar, entre otras cosas, la fiabilidad de los contenidos.

Se dice y se repite que estamos en la época de la información. Pero en ocasiones me planteo si no será lo contrario porque nos cuesta más contrastarla que creérnosla. Me quedo con lo que nos dice Zygmunt Bauman en su libro Vida de Consumo: “Hay demasiada información dando vueltas. Es crucial la capacidad de cada persona de protegerse de ese 99.99% de datos que uno no desea. La frontera que separa los mensajes relevantes del ruido de fondo es absolutamente borrosa.”. En nuestras manos está dar con ese 0.01%.



III Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga, ya en marcha

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Premio Ada Byron

Ya lo dice la canción: “Es una lata el trabajar. Todos los días te tienes que levantar… 🎵“. Pero siempre hay proyectos y personas que te recuerdan que se pueden hacer cosas ilusionantes y disfrutar de esa lata de vez en cuando. Uno de esos proyectos es el Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga, que alcanza ya su tercera edición.

Parece que fue ayer cuando nos juntamos Cristina, Esti, María, Andoni y la que escribe para acabar con el cuento de “Érase una vez una mujer tecnóloga invisible”. Y parece que fue también ayer cuando nació nuestra musa. Nada más y nada menos que 200 años. Qué decir que no esté ya escrito de Ada Lovelace. Lo que aún no están escritas son las entradas en Wikipedia y otros muchos soportes sobre todas esas mujeres que están trabajando tanto y tan bien en tecnología. Si conoces a alguna, o eres tú la que estás ahora mismo leyendo esto, no lo dudes: preséntate/preséntala. Nuestras niñas necesitan espejos en los que poder mirarse.

Del 10 de diciembre al 2 de febrero buscamos a nuestra nueva Ada Byron. Que no pasen 200 años para volver a copar las portadas de los periódicos.



La mujer que trepó hasta el segundo piso

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Al fondo el Masherbrum. Mikel Alonso. KarakorumSiempre me han gustado las alturas. Desde bien pequeña, me encaramaba como una cabritilla a cualquier cosa que elevara mi vista y con la que pudiera disfrutar del viento en la cara. Supongo que la idea de subir a cimas me sugería superar retos, romper techos de cristal (aún sin saber todavía en qué consistirían esos techos) y no conformarme con la talla que me había tocado en suerte.

He crecido y me siguen encantando. De hecho, ahora más que nunca. Vivo en un séptimo piso desde el que no me canso de mirar al horizonte. Muchas veces lo hago pensando en mis problemas y descubriendo lo insignificantes que se ven desde arriba. Igual de insignificantes que cuando me imagino observando las montañas de Karakorum y a todas esas niñas que intentarán también trepar como cabritillas, pero sin el mismo éxito o como mínimo, sin las mismas facilidades que yo.

Y es que si lo piensas, la igualdad es un tema de altura. Escalar para ponerte al mismo nivel que el resto de personas que tienes a tu alrededor. Ni más arriba, ni más abajo. El nivel de la dignidad que te permite mirar por encima de muros, con el cielo despejado. En ocasiones, para superar esos muros necesitas la ayuda de un cajón, que dependiendo de tu altura y la base de la que partas, tendrá que ser más grande o más pequeño. Y el cajón que necesitan las niñas de Pakistán para elevar su vista, es muy grande. Estamos hablando de un país marcado por la herencia de un sistema de castas que aún persiste, aunque se esconda tras otros nombres. Una sociedad, por tanto, donde las marcas y etiquetas grupales son determinantes y se convierten en una jaula, muy pequeña y con apenas oxígeno si da la casualidad de que has nacido mujer. Las desventajas históricas y sociales que arrastran estas niñas, constriñen su mirada. Porque desde la política y la religión no tienen espacios para poder respirar, pero el elemento que más oxígeno les consume es la propia sociedad que las rodea y educa. Esa que dicta cómo tienen ser y desde dónde tienen que ser. Tanto es así, que su imaginación no es capaz de concebir otras realidades y llega un momento en el que ellas mismas ejercen de sus propias censoras.

Siguiendo con la conversación de alturas, me ha dado por recordar una historia que leí no hace mucho a la investigadora, experta en género, Dorothy Holland. Durante un proyecto que estaba llevando a cabo en Nepal, país no muy alejado de Pakistán, se encontraba en una zona rural haciendo entrevistas a personas de diferentes grupos sociales. En esa zona, las personas de castas bajas o fuera de casta no tenían permitido el acceso a las viviendas de las castas altas, ya que se consideraba que la comida podía ser contaminada con su solo contacto. Normalmente las cocinas se encontraban en el primer piso, así que el acceso al resto se hacía ya imposible. En una de las entrevistas, citaron a una mujer fuera de casta en el segundo piso de la casa en la que se encontraba Dorothy. Cuando bajó a saludar a la mujer, para acompañarla a cruzar la cocina, subir las escaleras y alcanzar ese segundo nivel, descubrió que no estaba. Gyanumaya (que así se llamaba nuestra protagonista) había tomado una ruta diferente: escalar por el exterior de la residencia y alcanzar así su meta. No se le había prohibido el acceso por el primero, pero aún así había buscado la manera de no cruzar la cocina. Es decir, ella misma se había impuesto la prohibición.

Lo que me lleva a reflexionar sobre dos conceptos que parecen iguales pero tienen un matiz importante: resignación versus aceptación. Cuando aceptamos una situación, asumimos la realidad que nos ha tocado en suerte, pero con la capacidad de tratar de hacer algo al respecto. La resignación, sin embargo, nos lleva a pensar que esa situación no se puede cambiar. Gyanumaya había aceptado su condición de doble discriminación: por ser fuera de casta y por ser mujer. Pero eso no le había mandado a su casa sin hacer la entrevista. No se resignó e ideó una manera creativa de llegar al segundo piso.

Por eso creo que la clave de transformar niñas resignadas en niñas que aceptan un futuro incierto pero modificable, es una única herramienta: la educación. Solo la educación les dará la capacidad de imaginar maneras creativas de escapar a su suerte. Solo la educación les permitirá pensar que otro mundo es posible. Solo la educación las hará poderosas. La educación es ese cajón que las eleva y les permite mirar por encima de los muros. Gracias a Baltistán Fundazioa por ayudar a tantas y tantas niñas a trepar hasta el segundo piso.

Este texto está dentro del periódico Karakorum que acompaña a la exposición de fotografías del artista Mikel Alonso. Un proyecto, o mejor dicho, un regalo, que nos propusieron a las Doce Miradas desde Baltistán Fundazioa. No dejes de pasarte por la exposición que estará en la Sala Rekalde (Alameda Rekalde 30, Bilbao) desde hoy, jueves 3 de diciembre, hasta el 10 de enero de 2016. Impresiona mucho (y te da un subidón de la pera) ver tu artículo en papel: IMG_20151203_154903



#Datactic3, voto consciente e informado el #20D

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#Datactic3 Bilbao
Este miércoles, 2 de diciembre, andaremos enredadas en la 3ª edición del Datactic: una jornada presencial de activismo on-line. #Datactic3 es la unión de activistas amantes de las redes sociales, los datos y la influencia digital, en el que todas las aproximaciones y opiniones son bienvenidas. Un encuentro sin logotipos.

El objetivo de esta edición es promover el voto informado en las elecciones generales del #20D. Darle importancia al hecho de acudir a las urnas y que la ciudadanía sepa qué partidos se acercan más a sus creencias, opiniones y motivaciones.

Es un evento gratuito que se llevará a cabo de manera presencial en tres ciudades: Barcelona, Bilbao y Madrid. En el caso de Bilbao la jornada será en Bilborock (Calle Muelle de la Merced, 1), de 09:30 a 15h.

¿Qué haremos?

Nos organizaremos en 4 ejes temáticos:

  • Agenda setting: cómo pasar de las redes sociales a los medios. Aquí estaré yo :-).
  • Participación: qué implica el voto y sus distintas dimensiones.
  • Voto consciente: información de las propuestas, discursos, programas de los partidos.
  • Interpelaciones: a quién dirigirnos en las redes, qué decir, cómo hacerlo.

No te conformes con sumarte a un TT y ven a construir uno a #DaTactic3. ¡Apúntate!

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