India BizIra. Nuestros primeros pasos

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IMG_20150723_151647Dice un proverbio indio que “la más larga caminata empieza con un paso”. Y aunque habíamos comenzado a andar en la formación previa de Alboan hace unos meses, éste es el primero que damos sobre el terreno. El miércoles, de madrugada, y tras casi un día completo de vuelo, un grupo de profesoras y profesores llegamos a Ahmedabad, en la zona de Gujerat. Este será nuestro hogar hasta el domingo, momento en el que partiremos a un nuevo destino, esta vez por parejas. Hemos desplegado nuestro campamento en St Xavier’s College, donde, como está siendo la tónica general, nos han acogido con gran cariño y atención.

Cuando estás de visitante en un país ajeno al tuyo, tu mirada se transforma para tratar de captar hasta el más mínimo detalle. Tanto es así que solemos acabar exhaustas y con más cansancio mental que físico. A esto hay que sumarle el efecto que tiene India sobre tus sentidos, que sufren una sobrecarga intentando procesar la explosión de colores, olores, sabores, sonidos y texturas. Es como si hasta el momento, solo hubiéramos estado percibiendo el mundo en baja intensidad.

Suena muy manido eso de que India es un país de contrastes, pero así están siendo nuestros inicios. Contrastes a los que en seguida te acostumbras, como son las altas temperaturas y humedad, la comida, el jetlag, todo tipo de animales campando a sus anchas por las calles (monos, vacas, elefantes, camellos…), el tráfico caótico que milograsamente se salda con menos incidentes de los esperados… Sin embargo, hay otros contrastes que cuesta más digerir, como son la pobreza, el sistema de castas, el papel de la mujer… Pero por ahora, toca observar, quitándonos de encima nuestros prejuicios y tratando de no hacer valoraciones fáciles ni rápidas desde nuestro eurocentrismo.

Y así se ha desarrollado esta primera semana: en modo observación. Conociendo proyectos sociales como el Gomtipur Social Work Centre for Women, donde mujeres se empoderan a través del trabajo textil artesanal y el hospital anexo. Recorriendo las aulas y las miradas de niños y niñas en St. Joseph’s School, Gandhinagar St. Xavier’s High School o St Xavier’s College. Perfilando mejor la figura de Gandhi a través de su museo y el Ashram donde vivió en comunidad e inició su marcha de la sal.

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El plato final de estos días ha sido quizás el de más difícil digestión: conocer de cerca el trabajo que llevan a cabo en SXSSS (St. Xavier’s Social Service Society), a través de una visita a varios slums. Ahí ves esa otra India que no es tan “shining” y que esconde a las personas que están fuera del sistema de castas: los dalits, también conocidos como intoncables porque no se pueden tocar o te contaminan, incluso con su sombra (eso sí… el contacto sí está permitido si es para violar a las mujeres) y la comunidad adivasi (grupos indígenas). Personas viviendo en situaciones extremas, pero que te reciben con una gran sonrisa en la boca y como si fueras una heroína. Y es que, cuando el mundo te da la espalda, que alguien te visite es percibido como un regalo.

Esto es un esbozo que no es capaz de dibujar como se merece el cóctel de sentimientos y emociones que hemos experimentado estos primeros días. Así que si queréis seguir la crónica diaria, no os perdáis el blog de mi compañero Mikel. Además, para que no leáis solo mi versión de los hechos, éstas son las impresiones del resto del grupo resumidas en una frase:

Lukene: “India. Recibes más de lo que das. Vivir desde los sentidos”.
Adriana: “India. El país del millón de sonrisas”.
Inés: “Ver esta realidad me deja al momento sin respiración. Con mucha confusión, con muchos conflictos internos… Después me voy dando cuenta de que no es entender con la cabeza sino sentir. Dejarme traspasar por todo lo veo, huelo, escucho, toco, me toca y me permito gustar. Sus sonrisas, sus ojos pidiendo ser mirados, sus manos queriendo tocarme y ser tocadas”.
Montse: “Respirar y sentir”.
Miren: “Today’s changing world”.
Mikel: “Aunque te encuentres piedras en el camino, ¡sonríe porque caminas!”.
Javi: “Descubrimiento y revitalización de la mente”.
Melan: “Llegar no era tan fácil como parecía”.



Internet Archive. La cápsula del tiempo

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Biblioteca

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 127 (verano 2015).

Las páginas web, al igual que las personas, nacen, crecen, se reproducen y mueren. En esa fase de crecer y reproducirse, pasan por muchos cambios de piel y contenido. ¡Y menos mal! Porque los diseños y tecnologías han evolucionado mucho desde esas primeras que se crearon durante los años 90, sin apenas imágenes, dando paso luego a un conglomerado de gifs animados parpadeantes que no sé cómo no dejaron más personas con problemas visuales. Y aunque no muchas webs tienen una larga vida, podemos ver cómo eran en sus años mozos las que se mantienen a día de hoy (o incluso algunas que han desaparecido). Todo gracias a Internet Archive y uno de sus proyectos: Wayback Machine, que almacena más de 200 millones de páginas en algo así como 2 petabytes de información comprimida. Por ejemplo, podemos hacer ese viaje en el tiempo con el buscador Google hasta plantarnos allá por 1998, cuando apenas tenía un añito de vida y conservaba la palabra beta bajo su logotipo.

Pero esa es una de las muchas funcionalidades que ofrece Internet Archive (archive.org), una organización sin ánimo de lucro cuyo cometido es la preservación de historiales web y recursos multimedia. Es decir, es como una biblioteca, pero en vez de guardar físicamente documentos, registra información en el mundo digital para dar acceso permanente a fotografías, películas, música, libros, programas, juegos… Y no solo pelea por el derecho a recordar, sino que lo hace también por el derecho al conocimiento universal, dado que sus repositorios se surten de material que está bajo dominio público o bien con licencias abiertas.

Además del mencionado Wayback Machine, Internet Archive tiene otras acciones en marcha. Una de ellas consiste en escanear obras para ponerlas a disposición del mundo, permitiendo el acceso y la descarga ilimitada. Ya cuentan con más de 600 millones de páginas digitalizadas gracias a acuerdos con la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, el Instituto Smithsonian, la Biblioteca Pública de Nueva York, la Universidad de Harvard o el MIT.

De todos esos libros en dominio público escaneados, se alimenta otro de sus proyectos: Bookmobile, unas pequeñas bibliotecas sobre ruedas. O en vez de pequeñas, más bien debería decir sin límites, dado que son unas furgonetas que se conectan a internet por satélite, transitando zonas en las que es difícil el acceso al conocimiento, e imprimiendo bajo demanda esos libros que se descargan. Bookmobile ha recorrido ya países como Estados Unidos, Egipto o Uganda.

Asimismo, colabora con la NASA para facilitar el acceso a todo el material multimedia que genera la agencia espacial estadounidense (vídeos, fotos y audios), intentando despertar el interés por las ciencias en nuestras niñas y niños.

Conocido también es su portal OpenLibrary.org, que quiere convertirse en un catálogo mundial donde cualquiera pueda introducir la referencia de un libro, creando así una base de datos colaborativa y de acceso público. El objetivo, tal y como lo exponen sus desarrolladores, es tener una página web por cada libro que se haya publicado jamás. A día de hoy, hay dados de alta cerca de 30 millones de registros.

Y no solo de libros se surte esta iniciativa. También cuenta con una sección denominada Software Archive para preservar y dar acceso a todo tipo de software raro y difícil de encontrar (y por supuesto, que sea legal descargar).

¿Y por qué son importantes organizaciones como ésta? Pues porque aunque vivamos la época con más información de la Historia, muchas personas advierten que nos podemos dirigir a la denominada “digital dark age“, con enlaces que no lleven a ninguna parte, documentos que ningún software pueda interpretar, discos duros con conectores que ningún ordenador soporte, etc. Puede que nuestros padres tengan pocas fotos de su infancia, todas ya de un extraño color amarillento, pero que muestran con nostalgia en toda reunión familiar. Pero es que quizás nuestros nietos no tengan tanta suerte con sus imágenes digitales. Hasta la propia NASA ha sufrido esto en sus carnes: las cintas magnéticas del programa Viking Mars landing (1976) estaban en un formato desconocido y todos los programadores originales habían ya fallecido o dejado la organización cuando un investigador trató de recuperar esa información recientemente. De hecho, uno de los padres de Internet, Vint Cerf, lleva mucho tiempo advirtiendo que cuando el hardware y el software actual se queden obsoletos, las futuras generaciones podrían perderse parte del registro del siglo XXI. De ahí la importancia de proyectos como Internet Archive, que son como cápsulas del tiempo que ahora enterramos en los cimientos de lo digital para abrirlas dentro de muchos años.



Ya no tienes prioridad

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changedHace un tiempo una escena cotidiana me llamó la atención. De hecho, me llamó la atención porque me llamó la atención. Explico ahora mi recursividad: iba en el tranvía de vuelta a mi casa y, como tantas otras veces, un pasajero que tenía al lado iba hablando por su móvil. Pero al llegar a su parada, y antes de que se abrieran las puertas, dijo a su interlocutor de manera brusca: “oye, te llamo en un rato“, para colgar acto seguido, casi sin esperar a la respuesta. ¿Por qué hizo eso? Porque fuera había una persona a la que saludó efusivamente. ¿Y qué es lo que me sorprendió? Que diera prioridad a lo presencial. ¿Y qué es lo siguiente que me sorprendió? Que esa escena me llamara la atención cuando hace unos años hubiera sido lo normal. Y digo hace unos años, porque a mi alrededor veo cada vez menos frecuentemente esa práctica.

Lo ilustro de nuevo con una vivencia personal (así que perdonadme la falta de objetividad de este post). Durante un tiempo estuve mandándome mensajes de WhatsApp con una amiga a la que hacía mucho tiempo que no veía y tenía ganas de volver a abrazar. Tras varios intentos de cruzar agendas, conseguimos poner día para una comida. ¿Y qué ocurrió ese día? Que se pasó toda la comida mirando a su móvil y respondiendo WhatsApps. No me atrevía a preguntarle sobre qué, pero me imaginé que podía ser otra persona con la que estaba intentando cerrar fecha para un encuentro, como sucedió en su día conmigo. Pero ahora yo no tenía ya la prioridad.

Sigo con más ejemplos que veo a mi alrededor: gente en reuniones consultando sus móviles sin ya reparo ni, para mi gusto, respeto a la persona o personas que están exponiendo una cuestión. Aún recuerdo cuando se miraba de manera furtiva, pero es que ahora parece que está socialmente aceptado hacerlo sin tener que esconderse.

Por no hablar de las pocas veces que, ante una llamada, el “tengo que cogerlo” es real. Seguro que podría esperar… Pero es que ya no tenemos la prioridad.

Esto me lleva a mi reflexión final (o más bien a una pregunta abierta que dejo para recabar vuestras opiniones y contrastarlas con la mía): ¿lo analógico ha perdido prioridad frente a lo digital?

Imagen de drinks machine (CC by-nc-nd)



Deep Web. La red invisible

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 126 (primavera 2015).

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es la función de los dominios de internet? Sencillo: que los seres humanos no tengamos que recordar los números que manejan las máquinas (direcciones IP) y así podamos meter nombres “amigables” en nuestros navegadores para acceder a una web. Pero hasta esto está perdiendo su razón de ser, porque muchos son ya los internautas que lo hacen a través de un buscador. Es decir, que para entrar en una plataforma, primero buscan su nombre en Google o similares y luego pinchan en los resultados. Sin embargo… ¿podríamos encontrar todos los contenidos de internet así? La respuesta es un no rotundo porque la red de redes es como un iceberg. Es decir, que solo está indexada su punta visible, dejando una gran cantidad de contenidos ocultos bajo el mar hipertextual. De hecho, se estima que esa Deep Web con poca o nula visibilidad supone el 96% de la totalidad de la Red.

Para entender mejor las partes de este iceberg, podríamos clasificar internet en cinco niveles:

  • Nivel 1 o Surface Web. Aquellas páginas que usamos con frecuencia y que podemos encontrar a través de buscadores. Para navegar por la superficie no necesitamos herramientas ni conocimientos especiales.
  • Nivel 2 o Bergie Web. Páginas que aunque no estando ocultas, requieren de usuario y contraseña para ver sus contenidos. Por tanto, las arañitas de los buscadores no indexan su información. Aquí encontramos foros como 4Chan y páginas aisladas, es decir, aquellas a las que nadie enlaza.
  • Nivel 3 o Deep Web. Según vamos buceando más y más en internet, empezamos a vislumbrar lo más oscuro de la Humanidad: pedofilia, drogas, armas, venta de órganos, trata de personas, creación de virus y otros mercados negros. Por tanto, son las aguas que más gustan a los grupos que están en los límites de la ley, como es el caso del colectivo Anonymous. También ha recibido foco mediático la plataforma Silk Road, donde un usuario podía comprar y vender prácticamente cualquier objeto, desde drogas hasta armas, pasando por documentación falsa. Su creador ha sido recientemente condenado a más de 30 años de prisión. La moneda oficial de este reino profundo, como no podía ser de otra manera, es el bitcoin. De hecho, es aquí donde se hace parte de su blanqueo.

    Pero en este nivel no solo nos vamos a encontrar delincuencia. También podemos descubrir que estas redes son usadas habitualmente por la ciberdisidencia para eludir la censura de muchos países con gobiernos dictatoriales. Ese es el caso de TOR (The Onion Router), un proyecto cuyo propósito es intercambiar mensajes de manera anónima. Aunque según las revelaciones de Edward Snowden, la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) habría conseguido “romperlo” hace tiempo, descubriendo así las identidades de los usuarios que buscan ese anonimato. Y es que las fuerzas de seguridad no están de brazos cruzados por estos lares. Es sabido que el FBI tiene muchos honeypots. Es decir, tarros de miel -webs falsas- para que los golosos criminales metan la zarpa y caigan en la trampa. Otros casos similares a TOR son I2P (Invisible Internet Project) y Freenet, una red de distribución de información descentralizada y resistente a la censura.
  • Nivel 4 o Charter Web. Si en el nivel anterior la moral estaba más que distraída, el contenido aquí es aún más grotesco y viene cargado de una buena cantidad de “conspiranoias”. Los secretos de Estado se mueven como la pólvora, encontrándonos hasta una copia de WikiLeaks.
  • Nivel 5 o Marianas Web. En la fosa marina más profunda las leyendas urbanas campan a sus anchas: que si todo el contenido está cifrado, que si sólo puedes entrar por invitación, que si pertenece a algún Gobierno y muchos otros mitos.

Y tú, ¿navegas por aguas cristalinas o te gusta bucear por zonas más profundas?

Imagen de National Ocean Service Image Gallery (CC by)



Predecibles

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 125 (invierno 2015).

A veces cierro los ojos y me imagino internet como un gran Gargantúa insaciable que traga sin descanso información. Cuanto más consume, más quiere. Cuanto más le alimentamos, mejor nos conoce. Tanto, que estamos a punto de ver cómo la tecnología será capaz de adelantarse a nuestros propios pasos. Y es que por mucho que pensemos que somos únicos y originales y que tomamos nuestras decisiones de manera consciente, somos bastante más predecibles de lo que creemos.

Historias distópicas como Minority Report nos hablan de policías del PreCrimen que detienen a las personas antes de que cometan un delito. Pero si pensabais que esto era fruto de la gran imaginación de Philip K. Dick allá por 1956, deciros que en EE.UU. ya se está trabajando en ello. Un sistema denominado Predpol está instalado en más de media docena de ciudades norteamericanas. Su función es analizar ingentes bases de datos de crímenes pasados para así, vaticinar los del futuro. No se trata, como en el relato, de encontrar a los culpables, pero sí de identificar patrones de comportamiento. Algunos usan el símil de la sismología en esta historia y avanzan que a las personas, al igual que a los terremotos, nos afecta la localización y la oportunidad. Es decir, que si unos ladrones consiguen asaltar una vivienda con éxito y de una manera sencilla, es altamente probable que reincidan.

Dejando de lado los actos delictivos, podemos ver otro ejemplo que ilustra la confianza que tienen las empresas a la hora de anticiparse a nuestros actos. Tal es así que Amazon registró en 2013 una patente que detalla un proceso que enviará a los puntos de logística cercanos a nuestro domicilio una compra antes de que la hagamos. Y no es de extrañar, dado que esta compañía lleva muchos años almacenando todos nuestros movimientos dentro de la plataforma: qué compramos, qué nos suscita interés, cuál es nuestra navegación. Así que no será difícil para ellos imaginar que, si hemos comprado la saga completa de Juego de Tronos, cuando George R. R. Martin se decida a publicar el sexto libro, caeremos sobre esa obra de inmediato.

Facebook también juega con su bola de cristal, en este caso en el ámbito afectivo. O al menos así lo relata un paper presentado por Lars Backstrom, investigador de la propia compañía y Jon Kleinberg, de la Universidad Cornell. A través de esta publicación detallan cómo, dependiendo del contenido, la frecuencia de la publicación de los usuarios y los contactos en común, una pareja puede terminar enamorándose. El que tengan muchos amigos en común, aparezcan en muchas imágenes juntos y comiencen a revisar mutuamente el perfil de la otra persona, son signos claros para el gigante de las redes sociales de que el amor surgirá entre ambos. Curioso, por otra parte, los datos que muestran que, tras la notificación oficial al mundo de su relación (es decir, cuando publican el típico estado de “en una relación”), la frecuencia de su publicación en Facebook baja considerablemente. Las rupturas también son objeto de estudio. Nos avisan de que algo marcha mal cuando ambas personas dejan de aparecer juntas en las fotografías y dejan de comentar las actualizaciones del otro.

Twitter tampoco escapa a este tipo de investigaciones. Según un trabajo de Eric Hovitz, co-director del laboratorio de Microsoft Research, es posible identificar a las madres en riesgo de tener una depresión posparto, observando sus tuits. A través del análisis de pronombres y preposiciones, si se hace un uso excesivo de la palabra “yo” ligada a aspectos negativos, se detecta un poderoso indicador de alta ansiedad.

Parece que estamos cada día más cerca de ver cómo la tecnología pasa con éxito el test de Turing (ese en el que se pone a una persona a conversar a través de un chat y debe adivinar si al otro lado está otra persona o una máquina). Pero no porque esté adquiriendo consciencia humana, sino porque su capacidad de computación es mayor y dispone de más datos y comportamientos almacenados que le permite predecir el derrotero de esa conversación.

Edward Snowden ya nos avisó de que las Agencias de Seguridad Nacional están muy interesadas en almacenar todos nuestros pasos. Las redes sociales también nos lo demuestran diariamente. Pero dejemos de temer por nuestra información personal. Lo que realmente les importa es nuestro comportamiento. Así que no descartemos que con el crecimiento exponencial del Big Data, la capacidad de sorpresa en nuestras vidas se vea mermada. El Gargantúa nos conoce mejor que nosotros mismos.

Imagen de Tim O’Brien (CC by-nc-sa)



En redes sociales, todos somos adolescentes

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Dejo en este rinconcito un artículo que me solicitaron desde emenTIC, el nuevo centro vasco de Internet Segura y Educación Creado e impulsado por Suspergintza Elkartea.

Las redes sociales digitales nos acompañan desde hace no mucho. Y fijaos que he puesto el apellido digital porque las otras, las analógicas, llevamos cultivándolas desde que el ser humano tiene capacidad de socializar. La primera red social de la que se tiene constancia en internet es SixDegrees.com, que nació en 1997. ¿Y por qué es importante esta fecha? Porque marca una de las diferencias más importantes entre los nativos digitales y los inmigrantes. Cuando los primeros nacieron, esa red ya estaba ahí, así como la tecnología que hoy nos acompaña. ¿Y qué sucede con las cosas que nos rodean cuando venimos al mundo? Que dejamos de preguntarnos por qué están y por qué son así. Una muestra de ello es que todo los años suelo preguntar a mis estudiantes si saben por qué Google les devuelve los resultados de una búsqueda en un orden concreto. Lo que me desconcierta no es que no sepan la razón sino que nunca se hayan hecho esa pregunta, dado que para mí es algo realmente importante (Google decide a qué información accedemos). A los inmigrantes, sin embargo, nos suelen sorprender las nuevas tecnologías. Solemos leernos las instrucciones, mirarlas con mayor recelo y pasarlas a través de las gafas de nuestra experiencia vital.

Móvil rotoPero a pesar de esta diferencia, estoy descubriendo últimamente que todos somos un poco adolescentes en redes sociales. Por ejemplo, si preguntas quién se ha leído los términos de uso de esas plataformas, ni jóvenes ni adultos responderán afirmativamente. Cada vez es más habitual ver “adultos” haciendo un uso abusivo de las tecnologías o reprender a sus hijos e hijas para que dejen el móvil mientras ellos responden a un WhatsApp. Es por esto que no me sorprenden artículos como éste en el que se habla de que los menores de edad velan más por su privacidad que los adultos. Y es que están en una edad en la que la presión de grupo es tremenda, para lo bueno y para lo malo. La parte positiva es que cuidan más de lo que pensamos sus perfiles y las opciones de privacidad para determinar quién puede ver o no sus publicaciones. La parte no tan positiva es que esa presión de grupo les empuja a prácticas como el sexting o a publicar determinados contenidos que les pueden afectar en un futuro, cuando se pongan a buscar empleo.

Tenemos que romper con ideas preconcebidas como que la intimidad ha muerto entre las personas jóvenes. Si bien es cierto que hoy en día la extimidad campa a sus anchas, me temo que es algo que afecta por igual a mayores y no tan mayores. De hecho, cómo explicar si no el éxito de plataformas clasificadas como temporary social media. Ese es el caso de Snapchat, una app móvil que permite a los usuarios enviar imágenes, vídeos cortos o mensajes y hacerlos visibles durante un periodo corto de tiempo, momento en el que desaparecen.

Pero como decía anteriormente, la presión de grupo también les empuja a otras cosas. En el caso del sexting, son plenamente conscientes de las consecuencias perjudiciales que puede tener para ellos. Una investigación ha revelado que no lo hacen por una cuestión sexual, sino que más bien por ganar popularidad o por la presión de sus amigos y amigas.

Luego tenemos también el caso de los huérfanos digitales, gran término acuñado por Genís Roca, que hace referencia a todas esas personas jóvenes que están en internet sin sus padres y madres. En este caso, los adultos ven la tecnología como un agujero negro. Algo que desconocen y de la que solo tienen una percepción negativa recibida a través de los medios de comunicación (dado que normalmente son noticia las cosas malas y no las buenas). Así que ante lo desconocido, toca aplicar miedo. Y ese miedo suele ir acompañado con prohibiciones en vez de con educación. Por tanto, la asignatura pendiente la tenemos los adultos. Nos toca formarnos en estos espacios, conocer mejor la tecnología pero aún más los comportamientos. Y ante todo, aplicar nuestra experiencia para hacer un buen acompañamiento de nuestros jóvenes en esos nuevos caminos. Todos tenemos aún mucho que aprender y ajustar para movernos con comodidad por este nuevo mundo digital.

Imagen de Nukamari (CC by-nc-nd)



Los nuevos Sísifos de la era digital

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Sisyphus_by_von_StuckTodos los días la misma cantinela: ponerse delante del ordenador (o dispositivo conectado que esté más cerca de tus dedos) para enfrentarse a una bandeja de entrada gorda y renovada. Decenas de mensajes se agolpan esperando ser leídos. Pero eso no es lo más frustrante. Hacerlo con la convicción de que mañana se repetirá la misma historia, por mucho que hoy dejes tu bandeja a cero, sí que lo es.

Algunas estadísticas hablan de que se mandan en el mundo 2.334.265 correos electrónicos por segundo (contando los de spam). Si queréis ver qué otras cosas se hacen en un segundo en internet, os recomiendo la página ‘Every second on the Internet‘. Como bien reza el final de esta página “Hace 20 años, solo había 130 sitios webs en toda la red, Google ni siquiera estaba entre ellos y el usuario tenía que pagar para tener una cuenta de correo electrónico a través de un ISP“. Por cierto, ¿os acordáis ahora de los guruses que decían que las redes sociales matarían el email? Yo me acuerdo de ellos todos los días…

Es la leyenda de Sísifo de los tiempos modernos. Nuestro castigo, en vez de llevar una piedra hasta la cima de una montaña será la empujar nuestros mensajes a sus respectivas etiquetas o a la papelera. Hay días en los que la piedra pesa mucho. Otros en los que directamente dejamos de empujarla hacia arriba, así que al día siguiente es el doble de grande.

Y la piedra de Sísifo puede crecer aún más, porque mirando al futuro, el cielo no parece estar más despejado. Algunos quieren que nunca estemos offline. La última portada del Time da en el clavo con su titular, sobre todo con la parte del “like it or not“. Porque como ya hemos dicho otras veces, la tecnología no es neutra y va cambiando nuestros comportamientos. Así que nos guste o no, si nuestro entorno funciona con estos ritmos y cargas, será difícil escapar de la corriente. Si a día de hoy, los usuarios ya contamos con una media de seis dispositivos digitales, (según el estudio Somos Digitales. Digital Consumer Survey), ¿a cuántos tocaremos en unos años?

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Os dejo, me vuelvo a empujar la piedra hasta la cima de la colina. Mañana volverá a estar abajo.



Tu cara me suena

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Banksy

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 124 (otoño 2014).

En cuántas películas y series de televisión habremos visto aplicaciones informáticas que, a modo de escáner, analizaban imágenes de una cámara para reconocer las caras de personas utilizando una inmensa base de datos. ¿Realidad o ficción? Pues lamentablemente para nuestra intimidad, cada vez menos ficción. Y no estamos hablando de herramientas del FBI (que también), sino más bien de redes sociales, que van acumulando una cantidad ingente de fotografías con rostros en ese nuevo concepto de moda en internet que es el Big Data.

¿Qué herramientas de reconocimiento facial hay en el mercado? Empecemos por lo esperado: las agencias de seguridad. A través de la documentación filtrada por Edward Snowden descubrimos que la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense) recolecta de manera masiva imágenes de internet para hacer pruebas con su software de reconocimiento de rostros, llamado Tundra Freeze. El FBI también acaba de estrenar un sistema denominado Next Generation Identification (NGI) con millones de imágenes en una base de datos de los 50 estados norteamericanos. Pero es curioso saber que NGI no es muy bueno que digamos: a una fotografía dada, devuelve una lista de 50 posibilidades, con un 85% de posibilidades de que la persona correcta esté en esa lista.

Como no podía ser de otra manera cuando hablamos de caras, Facebook tenía que estar en la picota con su sistema DeepFace. Si le damos dos imágenes, nos dirá con un 97% de precisión si son la misma persona. ¿Por qué es más potente el sistema de Facebook que el del FBI? Sencillo: porque cuenta con más fotografías (250 billones de imágenes frente a 50 millones) y de mejor calidad. Mientras que muchas de las que tiene el FBI están tomadas por cámaras de videovigilancia, siendo la resolución y el ángulo malo, Facebook cuenta con las que nosotros subimos, de una gran calidad y haciéndole parte del trabajo con el etiquetado de personas.

Por supuesto, Google no se queda fuera del juego. Con su producto estrella, las Google Glass, está trabajando en programas de reconocimiento facial, aunque lo hace con cautela por las presiones que está recibiendo del Senado de Estados Unidos. De hecho, ya han trascendido noticias de que la policía de Nueva York las está probando para disponer rápidamente de información sobre sospechosos.

Tenemos también otras apps como es el caso de NameTag, una herramienta que permite que saquemos una foto con el móvil y ésta sea contrastada con millones de imágenes de personas extraídas de las redes sociales. Si hay alguna coincidencia, no solo nos devolverá su nombre, sino también otras imágenes y sus perfiles en diferentes redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram. Incluso podremos saber si esa persona está buscando pareja en servicios de citas online tipo Match.com. Está disponible para Android, iOS y quieren también integrarla en Google Glass.

Otros sistemas combinan el reconocimiento facial y la geolocalización. Es el caso del proyecto Facedeals. La idea es que no sea necesario ya que hagamos checkin en los lugares de manera activa a través de redes tipo Foursquare, sino que directamente, esos espacios cuenten con una cámara que, al entrar, compruebe si estamos en la base de datos de usuarios que han dado su aprobación a Facedeals en Facebook. De esta manera, podrá consultar los ‘Me gusta’ que tenemos en esta red social para enviarnos al móvil una promoción exclusiva en base a nuestros gustos.

El reconocimiento facial también se está trabajando como elemento biométrico de acceso a sistemas. Es decir, que nuestra cara podría ser nuestra próxima contraseña. Por supuesto, hay que evolucionar aún mucho estas herramientas para que no haya peligro de suplantación con máscaras. Por ejemplo, se están investigando medidas que supongan el movimiento de nuestra cara, como es el caso de un guiño.

Lejos van a quedar esos días en los que, las personas que somos terriblemente malas recordando nombres y caras, tengamos problemas. O incluso aquellas que sufren de prosopagnosia (enfermedad caracterizada por una incapacidad de reconocer los rostros) podrán tener más herramientas para relacionarse socialmente. Ahora bien, las historias distópicas de un Gran Hermano se confirman con cada paso que da la tecnología y las personas que usamos esa tecnología. Algún día quizás tengamos que explicar a nuestros nietos y nietas el concepto de la intimidad, porque no les resulte familiar.

Imagen de Bruce Krasting (CC by).



Bitcoin: la cibermoneda contraataca

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 123 (verano 2014). En esta ocasión, tengo la suerte de escribirlo a cuatro manos con Manfred Nolte.

Se crean mediante un complejo proceso de ‘minería informática’. ¿Qué es un ‘Bitcoin’? ¿Una herramienta para que los delincuentes intermedien drogas y pornografía en la impunidad o representa la liberación del monopolio de los mercados financieros?

BitcoinsEn España hay ya censados 40 comercios que aceptan la moneda virtual, si bien se trata de firmas poco conocidas, pero en Estados Unidos o en Asia su popularidad es creciente. Hasta la Universidad de Nicosia acepta el pago de las tasas académicas en ‘Bitcoins’ y el sitio de carteras online más popular en este mundo –Blockchain.info- recibe entre 3 y 4 millones de visitas al día, pasando el número de carteras allí abiertas este año de 70 mil a 700 mil. Muchas plataformas tecnológicas permiten los pagos con bitcoins (no sabemos si como acción cosmética para lograr titulares en prensa o con una prospección de futuro), como es el caso de wordpress.com. Incluso Wikileaks vio en esta moneda su tabla de salvación cuando sufrió en 2011 un bloqueo por parte de los procesadores de pago electrónico Visa, MasterCard y PayPal. Pero no todo es de bits y de bytes en este mundo. Londres ya cuenta con un cajero donde podemos cambiar nuestras libras por bitcoins y a la inversa con un 8% de comisión. Tal es la fiebre del oro digital allí que hasta podemos pagar con ellos en algunos pubs.
Bitcoin es un producto digital descentralizado que se autoproclama ‘moneda’, creado en 2009 por una persona o grupo de personas bajo el seudónimo de “Satoshi Nakamoto”. El término Bitcoin también se aplica a la red P2P que lo sustenta y el software de código abierto para gestionarlo. El cuádruple argumentario de sus promotores consiste en que ‘Bitcoin’ no depende de ninguna autoridad monetaria ya que está conformada como una red privada independiente P2P (usuario a usuario), es muy segura debido a sus mecanismos de encriptación, disfruta de la opacidad que le otorga la ausencia total de trazabilidad de las operaciones y es muy barata al no serle de aplicación las habituales comisiones bancarias. Es, según ellos, la moneda del futuro. El número máximo de ‘Bitcoins’ se ha fijado por su diseñador en 21 millones, límite que se habrá alcanzado previsiblemente en 2033. Se obtiene por un complejo mecanismo algorítmico cuyos enojosos tecnicismos evitaremos aquí al lector. En los próximos 10 años la oferta se va a doblar y, a partir de ahí, se estabiliza. A diferencia de las monedas convencionales, la oferta monetaria de ‘Bitcoins’ –similar a la oferta de oro- es una cantidad fija.

La actividad de compraventa digital directa de ‘Bitcoins’ se realiza a través de brókers o corredores digitales. El ciberespacio va tejiendo un dinámico entramado de plataformas virtuales entre las que pueden destacar BTC China, MtGox, BTCe, Bitstamp, OKCoin o LocalBitcoins, entre otras muchas, que además aportan liquidez a este incipiente mercado. Pero algo está moviéndose a velocidad vertiginosa en la percepción mundial de esta cibermoneda, para que se hayan producido algunos hitos sorprendentes. El más llamativo, quizá, el de la meteórica ascensión de su precio, que ha pasado de 5 dólares en junio del 2012 al récord histórico de 1.242 dólares a mediados de noviembre pasado. El precio actual, al 72% del máximo de hace apenas cinco semanas nos advierte de otra de sus características relevantes: su extraordinaria volatilidad. Tal es esta volatilidad que la primera transacción offline de la que se tiene constancia se produjo para comprar dos pizzas por el módico precio de 10.000 bitcoins. Decimos módico, porque en su momento (año 2010), era un precio adecuado pero ahora estaríamos hablando de un cambio de 5,5 millones de dólares.
Con apenas 12 millones de ‘Bitcoins’ en circulación y aunque el volumen de intercambio diario -algo más de 16.000 unidades, equivalente a 15 millones de dólares, en unas 65.000 transacciones- sea modesto, este objeto monetario no identificado está cosechando un cada vez mayor número de adeptos y la frialdad de muchos escépticos va subiendo de temperatura. Tanto que el fenómeno ‘Bitcoin’ ha pasado en menos de un año de considerarse una floritura ingeniosa de la creatividad digital a erigirse en serio objeto de atención y escrutinio por parte de los correspondientes reguladores y supervisores nacionales. Los resultados han sido desiguales pero la fiebre ‘Bitcoin’ aumenta con altibajos.

Claro que nada escapa al diamantino designio del ciclo. Desde los máximos de 1.200 dólares a principios de diciembre de 2013, las cosas han cambiado mucho. La cotización del bitcoin ha sufrido un monumental colapso y vuelve a estar por debajo de 100 dólares, por lo que los inversores que compraron en enero han perdido el 91% de su inversión en menos de un mes.

El Banco Popular de China ha emitido una notificación advirtiendo a los ciudadanos acerca de los riesgos de Bitcoin instando a las Instituciones financieras a mantenerse al margen de la criptomoneda. No obstante lo cual, el público es libre de negociar y de usar ‘Bitcoins’, no como dinero de curso legal sino como “un bien virtual”. El Departamento de Justicia americano dictaminó que el ‘Bitcoin’ podía ser un “medio legal de cambio”, recociendo que “en si mismo no es ilegal”. El propio Ben Bernanke, presidente de la FED, ha manifestado no tener ninguna intención de regular la moneda. “Aunque la Reserva Federal hace seguimiento habitual de las monedas virtuales y de otras innovaciones en los sistemas de pagos, no tiene necesariamente autoridad para supervisar directamente o regular estas innovaciones o las entidades que las ofrecen al mercado”. Por su parte la Presidenta de la SEC –máximo órgano supervisor de los mercados de valores- ha expresado que “con independencia de que una moneda virtual subyacente sea ella misma un título, los intereses generados por entidades propietarias de monedas virtuales o que provean rendimientos basados en activos tales como las monedas virtuales, serían títulos valores y quedarían sujetas a nuestra regulación”. Una mera aseveración condicional.

Un poco antes, el Ministro de Finanzas de Bélgica, Koen Geens, respondió a una pregunta sobre Bitcoin en el Parlamento belga, asegurando que no consideraba que el Banco Nacional de Bélgica tuviera algo que objetar en principio a la criptomoneda. Además –dijo-, “por el momento, el uso de Bitcoin está limitado a un puñado de comerciantes”. En agosto de 2013, el Ministerio Federal de Finanzas alemán, en una réplica parlamentaria reconoce oficialmente el ‘Bitcoin’. Martin Chaudhuri, portavoz del Ministerio ha señalado al respecto que “el Ministerio alemán de finanzas no clasifica a los ‘Bitcoins’ como e-dinero o como una moneda funcional, y tampoco pueden considerarse moneda extranjera. Sin embargo pueden subsumirse dentro del concepto de ‘unidad de cuenta’ como un instrumento financiero”. Semanas antes, el regulador financiero alemán ‘BaFIN’ modificó el código bancario alemán incluyendo los ‘Bitcoins’ como unidades de cuenta y clasificándolos en consecuencia como instrumentos financieros. A su vez, un representante de la oficina de impuestos británica respondía de la siguiente manera a una consulta realizada: “En base a la normativa vigente de prevención de blanqueo de capitales no se requiere registro del ‘Bitcoin’ en esta oficina. Sin embargo, se considera a ‘Bitcoin’ como una forma de moneda emergente”.
Recientemente, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) ha manifestado su opinión sobre el ‘Bitcoin’. Según la EBA, mientras que las monedas virtuales siguen llenando titulares en los medios y están disfrutando de creciente popularidad, los consumidores deben ser conscientes de los riesgos asociados con ellos. En particular, los consumidores deben saber que las plataformas de cambio no están reguladas y no son Bancos registrados que tienen su moneda virtual en concepto de depósito. Actualmente , no existen protecciones normativas específicas de la UE que protejan a los consumidores de las pérdidas financieras en caso de que una plataforma digital se retire del negocio. La EBA agregó que los “monederos digitales” en los que los consumidores almacenan sus ‘Bitcoins’, no son impermeables a los piratas informáticos. Además, al utilizar la moneda virtual para las transacciones comerciales, los consumidores no están protegidos por ningún derecho de devolución previsto en la legislación comunitaria. La EBA también ha recordado que dado que las transacciones en la moneda virtual proporcionan un alto grado de anonimato, pueden ser utilizados para actividades delictivas , incluyendo el blanqueo de capitales . Este uso incorrecto podría inducir a las autoridades competentes a cerrar las plataformas de cambio a corto plazo con la incidencia que ello tendría sobre los consumidores. Advierte asimismo que los consumidores también deben seguir siendo conscientes de que el comercio en monedas virtuales puede tener implicaciones fiscales , y deben asegurarse de que cumplen con ellas.

En España hay escasos mimbres para tejer un criterio acerca de la naturaleza de la cibermoneda. Un operador mallorquín ha obtenido respuesta a una consulta vinculante (RV2228-13 de 8 de julio 2013) por parte de la Delegación Insular de Hacienda, en la cual se describe el marco jurídico al que deben atenerse quienes operen en una moneda virtual. Las monedas electrónicas tipificadas están exentas del pago de IVA e ITP. “Ahora bien, para ello sería necesario que la moneda electrónica objeto de adquisición y transmisión por el consultante cumpla los criterios definitorios establecidos en la Ley 21/2011, de dinero electrónico, cuestión que no es posible evaluar por parte de este Centro Directivo, dado que no se aporta información suficiente sobre las características de dicho medio de pago o moneda electrónica a efectos de realizar tal valoración.” Con los datos con los que contamos no parece que legalmente, el ‘Bitcoin’ pueda ser considerado “moneda” sino un bien o mercancía digital objeto de compraventa y sujeto a las obligaciones impositivas que rigen para cualquier otro bien de estas características.

Aun cuando la trayectoria ascendente de la criptomoneda digital es innegable, y algunas opiniones autorizadas, como la recogida en un reciente informe del ‘Bank of America’, le auguran un futuro inmediato exitoso, cuatro grandes obstáculos se alzan aun entre este alevín de moneda y su mayoría de edad. El primero, el indiscutible sesgo especulativo que prevalece sobre su utilización como moneda de cambio. El segunda deriva de no ser una moneda. Una moneda es a la vez unidad de cuenta, depósito de valor, medio de pago y medio de cancelación de deudas. Pero solo una moneda ‘de curso legal’ cumple la cuarta característica. ‘De curso legal’ significa que el deudor está ‘obligado’ a aceptar dicha moneda como redención de deudas, aspecto que no concurre en ‘Bitcoin’. El tercero surge al concluir el punto anterior. En el mismo instante en que ‘Bitcoin’ gozase del atributo de moneda de curso legal quedaría sometida al ámbito regulatorio de las autoridades monetarias lo que implicaría drásticos cambios en su construcción y ventajas actuales. En cuarto lugar el descrédito reputacional asociado a su opacidad. Presuntamente, una gran parte de las transacciones en las webs opacas, muchas de ellas ilegales, se hacen en ‘Bitcoins’. Aunque operar en ‘Bitcoins’ no sea un delito, no es un plato de gusto saber que uno navega en la plataforma preferida por los delincuentes. Además, a la larga, el potencial agujero negro aflorará, se someterá al imperio de la ley y las consecuencias pueden volverse muy en contra del proyecto incipiente.

Hay una quinta razón que puede ser circunstancial o estructural: su vulnerabilidad a los crackers, que deja sin protección a la clientela depositaria. Días atrás, la compañía de intercambio de bitcoins Mt.Gox, uno de los mayores mercados mundiales de la divisa virtual, se declaró en quiebra en un tribunal de Tokio consecuencia de la desaparición en sus redes de 850.000 bitcoins. La compañía ha acumulado una deuda de 2.600 millones de yenes (18,6 millones de euros), que difícilmente podrá repagar.

Un nuevo episodio en el culebrón de los bitcoins ha sido protagonizado días después por el banco de monedas virtuales Flexcoin, al denunciar el robo de todos los bitcoins que tenía en su hot wallet, una cantidad equivalente a los 450.000 euros. Puede que no sea el último.

A la vista de lo cual no parece muy recomendable navegar por unas aguas que además de turbias amenazan gravemente a la integridad patrimonial del inversor.

Imagen de Isokivi (CC by-sa)



Induciendo a la autocensura digital

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censuraImaginad que existiera un país con millones de habitantes, tantos que pudiera ser el segundo más poblado del mundo. Imaginad ahora que no conocierais ese país y que la única información que os llegara de él fuera a través de los medios de comunicación. Sigamos con el ejercicio de imaginación: pensad ahora que toda esa información se limitara a mostrar casos de insultos y amenazas vertidas entre sus ciudadanos o en su defecto, bromas de dudoso gusto. ¿Qué imagen tendríais de él? Dejemos de imaginar y pongámosle nombre: las redes sociales. Muchas personas que no “viven” allí o que transitan de vez en cuando, es la percepción que se/les han creado: un lugar poblado por las injurias, las calumnias, las amenazas y la frivolidad. Es decir, la excepción se muestra como la norma.

No sabemos si esta presión mediática o el miedo que genera lo desconocido (y que además no se puede controlar), empuja a los políticos a pensar en una regulación adicional en la red para perseguir conductas delictivas. Estas mismas conductas que se producen en bares, parques y calles y que no abren telediarios. Estas mismas conductas tipificadas ya como delito en el mundo analógico, en el que los límites de la libertad de expresión estén perfectamente trazados.

Sin embargo, las que se hacen en Twitter, Facebook y otros bares digitales, consumen últimamente muchos minutos y mucho papel de esos medios. Las declaraciones del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, sobre poner coto a la apología del delito en las redes sociales, no ayudan. Tampoco lo hace que la Fiscalía General del Estado anuncie mano dura contra cierto tipo de comentarios que susciten el odio en las redes. Porque este tipo de globos sonda genera temor entre los internautas a publicar su opinión libremente tras el bombardeo mediático que están recibiendo con noticias no muy precisas sobre detenciones, multas, … Y ahí está el problema: la inducción a la autocensura digital de personas y colectivos. Muchos movimientos sociales que tan bien han aprovechado las redes sociales, puede que ahora se amedrenten en estos espacios, al no quedar clara cuál es la línea que, traspasada, se convierte en delito. Porque se está jugando a enfangar el terreno de juego, cuando hasta ahora estaba muy claro, dado que hay una amplia jurisprudencia en el mundo analógico.

Tenemos también otro efecto colateral. Esta imagen que se genera desde los medios de comunicación puede provocar que la ciudadanía desconectada no quiera acercarse a las redes sociales, que tan ricas son en muchos otros aspectos. Esto podría acrecentar aún más la brecha digital, que desde hace unos años ya no es blanco o negro (estás conectado o no lo estás), sino que recoge más bien una escala de grises representada en las destrezas para una correcta ciudadanía digital.

Muchas personas nos preguntamos si este tipo de maniobras no responderán a una estrategia más amplia para desviar la atención de otras preguntas. O si al comprobar las posibilidades de organización que ofrecen estas redes sociales para provocar primaveras árabes, no estarán intentando desprestigiarlas con ese halo de frivolidad para que, precisamente, no las usemos en cosas importantes. Dudo que sepamos algún día si existe esa mano negra. Mientras tanto, debemos tomar conciencia como ciudadanos de que lo que sucede en internet tiene las mismas consecuencias que en el mundo analógico.

Imagen de Sami Ben Gharbia (CC by)

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