Publicado por Lorena Fernández el 21-05-2013
Cuando me toca hablar de cómo gestionar la identidad digital de una institución, planteo siempre cuatro preguntas (importante además el orden en el que van):
- ¿Qué? Para descubrir los objetivos que tenemos en el ámbito digital y qué queremos lograr.
- ¿Dónde? Con los objetivos claros, ahora ya podemos decidir a qué bares nos tenemos que mover para ejecutarlos. Si nos vamos sin saber si lo que queremos es buscar novio o charlar tranquilamente con los amigos, seguro que nos equivocamos de lugar. Incluso a veces es mejor quedarse en casa
.
- ¿Cómo? Qué herramientas nos ayudarán para interactuar y con qué netiqueta nos tenemos que desenvolver.
- ¿Vamos bien? Si no medimos lo que hacemos, ¿cómo sabremos si se están cumpliendo los objetivos?. Y aún más importante, si no medimos, no detectaremos tendencias hasta que ya hayan pasado. Las redes hablan y nos cuentan mucho más que los tuits que nos lanzan o los comentarios que nos dejan en Facebook. Ver cómo se propaga la información nos permite saber mucho de la audiencia a la que nos dirigimos. Si no medimos, jamas podremos ver eso.
Este post se va a centrar precisamente en esta última pregunta: las métricas sociales. Además, lo haré basándome en las social media metrics creadas por Avinash Kaushik allá por 2011 y que siguen tan vigentes. Se alejan de la métrica fácil, es decir, del número de followers, fans, etc… Estos números son como el chocolate del loro, que deslumbra fácilmente a los que no conocen el terreno pero que dicen poco de la efectividad de nuestra estrategia (por no hablar de lo fácilmente falseables que son… hay todo un mercado negro de compra/venta de seguidores ahí fuera).
Los cuatro factores que evalúan estas métricas sociales son: conversación, amplificación, aplauso y valor económico.
Conversación
Se trata del número de comentarios o respuestas de la audiencia por publicación. En todas las redes podremos analizar este ratio: Facebook, Twitter, YouTube, Flickr, LinkedIN, Pinterest, …
Amplificación
Aquí se mide el ratio de viralización de nuestros contenidos. Por tanto, en Twitter será el número de retuits por publicación, en Facebook el número de “comparticiones” por post, en YouTube también el número de veces que ha sido compartido un vídeo, …
Aplauso
Aquí estamos analizando lo que gusta. Por tanto, en Twitter será el número de favoritos por tuit, en Facebook el número de “Me gusta” por publicación, en Google+ el número de +1, en YouTube el número de likes por vídeo, …
Valor económico
Avinash Kaushik propone este cuarto factor que yo no voy a detallar, porque se aleja del ámbito de la comunicación para acercarse más al del marketing.
¿Pero cómo hacemos para medir todo esto? A manija puede ser una locura si tenemos mucha interacción. Facebook nos da éste dato en sus estadísticas permitiéndonos acotar por fechas (Facebook Insights). YouTube y Flickr también tienen sus propias estadísticas. Pinterest las acaba de incorporar recientemente. Twitter nos lo pone un poco más difícil, así que tendremos que tirar de aplicativos de terceros. Uno de los mejores es, en mi opinión, SocialBro. Esta herramienta desarrollada por unos andaluces está plantándole cara ya al mismísimo (y carísimo) Radian 6 de SalesForce. Se trata de una extensión para Chrome que analiza nuestra cuenta de Twitter dándonos datos como la mejor hora para tuitear a nuestros seguidores (incluso sesgando a estos por listas que tengamos creadas), el idioma que usan, los usuarios inactivos desde hace mucho, los que no nos siguen, las palabras que más usan, … y ahora acaban de incorporar estas métricas sociales que hemos detallado anteriormente. Cuesta encontrar el enlace para crear la cuenta gratuita, pero aquí está.
Otra herramienta interesante que se basa en las métricas sociales de Avinash Kaushik y que te ofrece un panel con todas las redes a la vez es True Social Metrics. Podrás enganchar la cuenta de Twitter, la página de Facebook, la de Google+, YouTube, un blog, Pinterest, LinkedIN, SlideShare, …
En otro post trataré las agencias de calificación social. Es decir, Klout, PeerIndex, Kred y otras hierbas
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Imagen de anieto2k (CC by-sa)
Publicado por Lorena Fernández el 23-04-2013

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 118 (primavera 2013).
Algunas, que ya vamos coleccionando años y canas, aún recordamos los días en los que había que bajar a la calle en busca de una cabina telefónica para llamar. Cabinas que van desapareciendo gradualmente a excepción de ciudades como Londres, donde son un elemento turístico/decorativo más. Pero entonces llegó el móvil (por aquellas fechas, llamarlo móvil era toda una ironía, porque tenía las dimensiones de un ladrillo) y con él, la mensajería instantánea.
El SMS (Short Message System) cumplió, en 2012, 20 años. El 3 de diciembre de 1992, un ingeniero de Vodafone en Reino Unido mandó el primer mensaje con un escueto “Feliz Navidad”. Probablemente no se imaginaría que, años más tarde, las centralitas se colapsarían por su uso en fechas como Nochevieja, Año Nuevo y el Día de los Enamorados. Aunque mantiene cifras escandalosas (en 2011 se mandaron más de 6 billones en el mundo), muchos servicios han llegado para darle la puntilla y acabar con su hegemonía.
Si hace unos meses, el caballo ganador era WhatsApp, los últimos movimientos de la compañía han dejado muchas incógnitas. Y es que, tras ejercer la estrategia de la “droga 2.0”, (primero ofrecen un servicio gratuito, atrapando a una gran masa de usuarios, para luego empezar a cobrar por ese servicio), muchos son los que están empezando a buscar servicios alternativos. Eso sí, su maniobra está siendo impecable: no están solicitando a todos sus usuarios que paguen el irrisorio precio anual (0,76 €) sino solo a algunos. De esta manera, esas personas se ven obligadas a hacerlo, dado que el resto de sus contactos siguen usando este servicio, y cuando, a su vez, les toque a esos contactos renovar, tendrán la misma razón. También se rumorea que Facebook, que últimamente está con la chequera en la mano (hace unos meses se hizo con Instagram), podría adquirir el servicio tras no conseguir que triunfe su Facebook Messenger para smartphones. Y, por supuesto, Google también está olfateando el terreno por si puede adquirir otro producto más.
Uno de los rivales de WhatsApp que se ha hecho un hueco en un tiempo récord ha sido Line. Esta aplicación japonesa ha conseguido más de 100 millones de usuarios en 19 meses (a Twitter le llevó lograr ese público 49 meses y a Facebook, 54). Line no solo es multiplataforma (Android, iOS, BlackBerry y Windows Phone) sino que además cuenta con versión para ordenador. Junto a la mensajería, incorpora también llamadas VoIP, una característica que se echa en falta en WhatsApp, y unos emoticonos muy particulares, denominados emojis. Es tal su apuesta por el mercado español, que incluso ha realizado varios anuncios publicitarios para la televisión con dos actores muy conocidos.
Una de las características que comparten tanto WhatsApp como Line es su falta de seguridad y privacidad. Y para cubrir este hueco, tenemos SpotBros, una aplicación desarrollada por unos antiguos alumnos de la Universidad de Deusto, que hace que solo podamos recibir mensajes de personas conocidas. Incorpora un newsfeed al estilo del de Facebook con todas las actualizaciones de nuestros contactos. Y cuenta también con el “shout” (grito), un canal para hacer preguntas a otros usuarios que se encuentren ubicados en los alrededores y que detecta mediante la geolocalización. Otra novedad es la posibilidad futura de que las personas puedan chatear también con las empresas que les interesen. Sus creadores aseguran que, desde que WhatsApp es de pago, registran 20.000 usuarios nuevos al día.
Las operadoras de telefonía también han dado sus pasos. Tras comprobar como los ingresos por los SMS han caído en picado, y viendo las orejas al “lobo WhatsApp”, decidieron unirse en 2012 (Movistar, Orange y Vodafone) y lanzar Joyn. Sin embargo, no obtuvieron mucho éxito. Lo mismo le pasó a Telefónica, que movió ficha en solitario, creando TU me, una aplicación propia y gratuita que permite a los usuarios intercambiar mensajes de texto y de voz, realizar llamadas y compartir fotos o información sobre su localización. Todo ello de forma gratuita. Sin embargo, el experimento le salió rana, así que ha optado por la apuesta de una de sus compras más cacareadas: Tuenti. Así, el último rediseño de esta red social convierte el chat en el protagonista del portal al permitir una conversación online simultánea de hasta 30 participantes.
Vemos, que sin un heredero claro aún para el SMS, las operadoras dicen adiós con lágrimas en los ojos a un servicio que les ha sido altamente rentable, dado que cobran en torno a 15 céntimos de euro por mensaje, cuando su coste no llega ni a 0,1 céntimos. Ahora su caballo ganador ya no está ni en esos SMS ni en la voz. Las tarifas de datos serán sus nuevas tablas de salvación.
Imagen de Gonzalo Déniz (CC by)
Publicado por Lorena Fernández el 15-04-2013
Con el dibujo que nos pintó hace unos meses Genís Roca en Deusto, cada día tengo más claro que Internet es cosa de unos pocos concentrando mucho.
Dentro de esos pocos, tres son los que cuentan con un papel protagonista en el mundo móvil (de smartphones y tablets) al haber dado el paso a tiempo de construir su propio sistema operativo: Google con Android, Apple con iOS y Microsoft con Windows Phone (aunque éste último tiene mucho por demostrar aún).
Por tanto, hasta el momento, mientras todos estos actores tenían discoteca móvil propia, Facebook andaba de prestado. Tenía que vender sus bebidas (o drogas
) a través de una app que no terminaba de enganchar y que, por encima de todo, no mostraba adecuadamente la publicidad (modelo de negocio de la empresa).
Así que aquí es donde me quito el sombrero con su jugada, adelantando a sus rivales por la derecha: en vez de tratar de montar otra discoteca para, posiblemente sucumbir, se ha metida en las discotecas de los demás montando su barra. Es decir, otros ponen el techo, pero es Facebook el que vende las bebidas. De esta forma, o bien se hace con el control del establecimiento o bien obliga a los dueños a vetarle la entrada (como ha sucedido con Apple), haciéndole arriesgarse a perder clientela.
Eso es Facebook Home: un entorno gráfico completo que permite albergar las aplicaciones del teléfono, además de cambiar la forma de uso y la estética del escritorio e introducir Facebook por vena, pero todo dentro de nuestro sistema operativo móvil. Por tanto, no es ni una aplicación ni un sistema operativo, sino un intermediario entre ambos.
¿Y quién sale perdiendo con todo esto? Como siempre, lo clientes y su privacidad. Dejamos entrar al caballo de Troya como si fuera una celebración más tras la conquista. Pero cuando nos echemos a dormir tras los fastos, el caballo se abrirá y los griegos facebookeros conquistarán otro rincón más de la poca intimidad que nos resta.
Publicado por Lorena Fernández el 18-03-2013

Tras los lloriqueos por el cierre de Google Reader, toca ponerse a la búsqueda de un sustituto digno. Y ya se sabe que, a río revuelto, ganancia de pescadores
.
Lo primero de todo, nos descargaremos las suscripciones que teníamos en Google Reader (en formato OPML) siguiendo estas instrucciones. Esto nos servirá como backup y para importarlas en otros sistemas.
Ahora toca atarse las zapatillas para pasear por muchas plataformas. Veremos de todo tipo: las que solo tienen versión web, las que solo tienen versión para dispositivos móviles, las que tienen de todo. Incluso tendremos soluciones open source y fuera de la manida nube. Empecemos el paseo…
A esta plataforma no se le puede echar en cara que no se haya puesto las pilas con el cierre de Google para pescar a los peces que salen (de hecho, han publicado recientemente que más de 500.000 usuarios se han registrado desde el anuncio… para que luego Google diga que no tenía masa crítica
). Sin duda, será una de las más beneficiadas aunque, para las que ya estamos mayores, nos pilla un poco a contra-pie. Lo primero de todo, porque no te creas una cuenta, sino que conectas la que tienes de Google (trayéndote con esto las suscripciones de Google Reader). Lo segundo, porque no tiene una versión web al uso, sino que funciona mediante extensiones de navegadores (tienen para Firefox y Chrome), así que los usuarios de Internet Explorer se quedan fuera. La razón de todo esto es que Feedly funciona sincronizándose con Google Reader. Por tanto, si conectamos nuestra cuenta nos mostrará, además de las suscripciones con sus respectivas carpetas, los elementos que tenemos sin leer, los favoritos (que en Feedly son elementos marcados para leer luego) y los compartidos (en Feedly son los elementos que te gustan). Y si los leemos, también se actualizará en Google Reader. En Feedly nos dicen que están trabajando en un sistema para que, cuando Google apague su plataforma el 1 de julio, todo siga funcionando. Yo, como ya no me fio de nada ni de nadie, haría backup del fichero de suscripciones, por si las moscas
.
Una de sus bazas es que cuenta con app para dispositivos móviles (iOs, Android y Kindle).
Yo me he configurado el arranque con el inicio en formato índice y estoy ahora acostumbrándome a las nuevas características. Se pueden compartir fácilmente posts en redes sociales aunque nos pide que conectemos Feedly con nuestras cuentas. También nos permite etiquetar los artículos.
¿Os acordáis cuando Google Reader “capó” todas sus funcionalidades sociales para compartir elementos con la idea de potenciar Google+? En ese momento nació The Old Reader. De hecho, se presentan ya en su web como el viejo Google Reader, pero mejor. Por tanto, un elemento diferencial de The Old Reader respecto al resto, es la posibilidad de agregar contactos y ver lo que esos contactos comparten con nosotros. Éste es mi perfil público en The Old Reader con los elementos que compartiré, a partir de ahora. Además, ese perfil público cuenta con RSS, por lo que podemos automatizar la publicación en redes sociales
.
La única pega que tiene es que solo cuenta con versión web además de una extensión para Chrome y Safari. Dicen que están trabajando en una app para dispositivos móviles.
Para crearnos una cuenta, deberemos usar o la de Facebook o la de Google. Podemos luego importar nuestro fichero OPML para traernos las suscripciones. Eso sí, estos días andan con tal avalancha de migraciones, que entraremos en una lista de espera hasta que procesen la carga.
Otros sistemas en la nube
Otras plataformas que he identificado pero que no he investigado más a fondo porque no cubren mis necesidades son:
- NewsBlur: interesante porque es multiplataforma (tiene versión web y app móvil) pero es fremium, es decir, es gratis hasta 64 fuentes. A partir de ese volumen, cuesta un dólar al mes. Ahora mismo, las cuentas gratuitas están suspendidas ante la avalancha de peticiones.
- Flipboard es muy atractivo visualmente, convirtiendo nuestras suscripciones en una revista, pero solo funciona en dispositivos móviles (iOs, Android, Kindle y Nook).
Lectores de escritorio
Si después del cierre de Google Reader, cada vez desconfías más de la nube, quizás toque buscar un lector de escritorio que esté en local en tu ordenador. Para los linuxeros, Liferea es el estándar. En windows está FeedDemon o RSSOwl (multiplataforma). También podemos usar aplicaciones que no se limitan a la lectura de feeds, como es el caso de Opera (navegador) o Thunderbird (cliente de correo).
Incluso si tienes un servidor, puedes instalarte tu propia plataforma de lectura de RSS de software libre gracias a Tiny Tiny RSS o Selfoss.
Se ha creado un documento colaborativo para apuntar más alternativas y hacer un análisis a fondo de cada una de ellas. La ironía está en que el documento está en Google Docs
. Yo os dejo una tabla comparativa de las principales:

Tras todo este análisis, creo que yo me quedo con The Old Reader (dado que no soy usuaria activa de dispositivos móviles
). Me ha ganado de nuevo la parte social, como a Javier Leiva.
Imagen de stylianosm (CC by)
Publicado por Lorena Fernández el 14-03-2013
Muchos y muchas de las que os pasáis por aquí o me conocéis analógicamente, sabéis que no me gustan los “guruses-mata-tecnologías”. Sin embargo, la mala noticia de hoy me hace incurrir en esta práctica y este titular provocador.
Se venía mascullando por los mentideros de Internet. Muchas nos resistíamos a creerlo. Pero hoy ha llegado la confirmación: Google Reader cierra la persiana el 1 de julio. La razón que esgrime el gigante es que el uso de esta herramienta ha bajado y ellos focalizan sus esfuerzos en cosas que les dan réditos (primer aviso de que no son una ONG, por si alguno aún lo creía
).
Os preguntaréis entonces por qué el titular de esta entrada no es “Google Reader ha muerto”. Sencillo: esta es la puntilla para los feeds. Comentábamos ya hace un tiempo cómo las principales redes sociales jugaban al escondite con el RSS, escondiéndolo para que la información no escapara de sus plataformas a otras. Pero hoy, Google, ese defensor de una Internet de estándares e interoperable, nos dice que tira la toalla con el lector más popular.
Es cierto que las costumbres de lectura digital están mutando a gran velocidad. Ya no solo por nuestra baja tasa de concentración y lectura vertical, sino también por cómo llega esa información a nuestras manos. Si antes confeccionábamos nuestro propio menú informacional, hoy son nuestros contactos de redes sociales los que lo hacen por nosotros. Son ellos los que nos acercan la información cuando la comparten.
Esto me preocupa porque veo peligrar los barrios blogosféricos, donde pasamos de ser amigos que transitan las casas digitales de manera frecuente a visitantes ocasionales que se dejan caer de vez en cuando.
Me preocupa también porque confirma la teoría de los concentradores en Internet que nos planteó el lunes Genís Roca. Esos concentradores o suites de servicios (Google, Facebook, Microsoft, Apple, …) solo quieren nuestro tiempo y nuestros comportamientos. Por tanto, no ven deseable que tecnologías como el RSS nos permitan salir de ahí.
Pero como soy muy borrica, estos días iniciaré la búsqueda de un sustituto para mi Google Reader. Dejaré por aquí los resultados del análisis, por si sois tan cabezones/as como yo.
Un adiós sentido a esta herramienta a la que echaré de menos. Sobre todo a los más de 100 elementos sin leer que siempre me esperaban pacientes. Pocas veces he usado el botón de emergencia de “Marcar todos como leídos”
.
Publicado por Lorena Fernández el 7-02-2013
Una tarde de lluvia, granizo y viento solo incita a irte a tu casa derechita para sepultarte bajo diez mantas. Pero si te enteras de que Hernán Casciari y Enric González están en Bilbao para dar una conferencia, no hay ciclogénesis que te frene. Además, la temática era sumamente sugerente: la suma de Letras y Fútbol (a priori, difícilmente asociables), un ciclo organizado por la Fundación Athletic Club y la Biblioteca Foral.
Llegas, te sientas y empiezas a disfrutar de sus relatos, porque estos dos monstruos de la comunicación (en el buen sentido
), no solo tienen gracejo sino que también saben muy bien cómo transmitir su pasión en torno al fútbol. Hasta ahora todo bonito, los pájaros trinan, las granizadas de fuera no se escuchan y una sonrisa se instala en tu cara. Todo hasta que uno de tus ídolos (Hernán Casciari) se casca una reflexión que no le hace ni sonrojarse:
En España, la victoria de la selección ha supuesto la irrupción del chismorreo en el fútbol porque ha supuesto también la entrada de la mujer a este mundo. Esa mujer que escucha a la Esteban, ahora habla de lo triste que está Cristiano Ronaldo o el beso de Sara Carbonero.
Me froto los ojos (a pesar de que desde el fondo no estaba viendo un carajo) y miro a mi alrededor por si soy la única en un mundo paralelo que he escuchado eso y se ha escandalizado. Llega el turno de preguntas y no veo ninguna alusión a esta profunda reflexión, que a pesar de pasarla por mi filtro humorístico para intentar tolerarla, no consigo que me haga ni pizca de gracia. Si nadie le pregunta sobre el tema, ¿será que he soñado esa parte o que la he malinterpretado? Así que superando el ataque de corazón que me da al intervenir con preguntas en conferencias, levanto la mano. Y es que, tal y como he comentado allí, en mis 30 años de existencia, estimo que desde que tengo uso de razón he sido aficionada al fútbol y más en concreto al Athletic. Algo que pudiera parecer fácil, viviendo donde vivo, pero que no lo es tanto cuando tu padre es madridista. Pero, además de ser aficionada al fútbol, soy mujer y comentarios como éste me repatean. Me repatean porque gracias a estos imaginarios, no veo un futuro cercano en el que la afluencia de hombres y mujeres a un estadio de fútbol pueda ser equilibrada. Me repatean porque me imagino a esas niñas incomprendidas que quieren jugar de pequeñas al fútbol y se les mira como a bichos raros (a mí misma me pasó en su día). Me repatean porque justo dos grandes mujeres de la directiva del Athletic, que sé de buena tinta, se desviven por este club, estaban en esa conferencia. Me repatean porque el 90% de los comentarios sobre la tristeza de Cristiano Ronaldo se los he escuchado a hombres.
Tras mi intervención, la respuesta de Hernán ha sido aún más desafortunada (él mismo ha reconocido que le ha salido algo todavía más machista), pero entre el público ha habido risas porque es indudable que el tío es gracioso hablando. Pero, vuelvo a lo mismo: a mí esto ya no me hace gracia.
Así que, como últimamente solo los cabreos me empujan a escupir cosas en este blog, me he ido de la conferencia hecha un basilisco y sin pasar en modo groupie (como tenía pensado) a saludar a estos dos cracks. Y reitero que siguen siendo para mí cracks y los respeto. Me hubiera gustado que ese mismo respeto hubiera sido recíproco en la charla.
La próxima vez que encienda el televisor y se esté emitiendo un partido de fútbol, correré a por el mando para poner a la Esteban y los “chismorreos”, como buena mujer que soy. Si no rompemos estos imaginarios, apaga y vámonos.
Imagen de gatogrunge (CC by-nc-nd)
Publicado por Lorena Fernández el 27-01-2013

Muchas personas me dicen que cada vez paso menos tiempo en mi hogar digital (traducido: “¡casi no escribes en el blog!“). Pero es que al hecho de que cada vez me gusta más bajarme a mi txoko musical, hay que sumarle que últimamente me ha dado por salir a otras casas a estar un rato:
Así que si me quieren ver el pelo (digital), pasen por allí a darse una vuelta conmigo. Espero no convertirme en la vecina pesada que se planta en casas ajenas durante mucho tiempo
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Publicado por Lorena Fernández el 16-01-2013

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 117 (invierno 2013).
El 2012 ha sido el año Alan Turing al conmemorarse el centenario del nacimiento del matemático, filósofo y criptógrafo. Uno de esos ilustres que quizás no sea muy conocido por las personas alejadas del mundo de la informática, pero al que todos le debemos mucho. Dentro de sus aportaciones encontramos la máquina de Turing, conceptualizando la computación moderna; el logro de descifrar el código de la máquina Enigma que los nazis usaron durante la Segunda Guerra Mundial para mandar mensajes secretos; o el test de Turing, relevante en el mundo de la Inteligencia Artificial. Y será en este test el que me centre, por su impacto más directo en la web.
El test de Turing es una prueba propuesta para demostrar la inteligencia de un sistema artificial. Se sitúa a un juez en una habitación aislado y en otra, a una máquina y un ser humano. Ese juez lanza preguntas y debe descubrir si quien le responde es una máquina o una persona. Si no es capaz de distinguir a ambos, entonces a la máquina se le considera que cuenta con inteligencia. De hecho, Turing aseveraba que “existirá Inteligencia Artificial cuando no seamos capaces de distinguir entre un ser humano y un programa de computadora en una conversación a ciegas”. Desde 1990 se celebra anualmente una competición para programas informáticos que intentan pasar el test de Turing: el Premio Loebner. Aún ningún programa ha sido capaz de obtener la medalla de oro que se otorgará al primero capaz de emular a un humano en inteligencia utilizando, además de texto, voz y cualquier otro elemento de comunicación visual. Una vez que se consiga el “oro olímpico” de los chatbots, esta competición dejará de celebrarse. A algunos esta prueba nos recuerda al test Voight-Kampff que hacía Harrison Ford en la película Blade Runner para detectar replicantes (aunque aquí lo que se ponía a prueba era la capacidad empática de una máquina).
¿Y si os digo que casi todos los usuarios de Internet hemos sido valorados por ese test en alguna ocasión? ¿Cómo? Mediante los CAPTCHA. De hecho, las siglas corresponden a Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart (Prueba de Turing pública y automática para diferenciar máquinas y humanos). ¿Aún no sabéis a qué me refiero? Seguro que os suenan esas letras y números distorsionados que se nos presentan en algunos formularios web. Aunque en ocasiones es difícil que completemos esas pruebas incluso las personas, la idea es determinar cuándo el usuario es o no humano, para evitar que robots rellenen esos formularios con la intención de mandar spam, crear cuentas de manera masiva o bien dar con la contraseña de una web mediante ataques de fuerza bruta. Aquí, al test de Turing se le denomina inverso porque el juez es una máquina en lugar de un humano.
Incluso algunos CAPTCHA sirven para digitalizar libros antiguos gracias a proyectos como reCAPTCHA. Cuando se digitaliza un documento, se hacen fotografías del mismo que luego hay que convertir en texto. Mediante este CAPTCHA, a un usuario se le presentan dos palabras: una que es parte de esas imágenes y otra conocida para el sistema. Si la palabra conocida por el sistema es introducida correctamente por un humano, el sistema asume que hay probabilidades elevadas de que el usuario también haya introducido la palabra de la imagen correctamente. Por tanto, matamos dos pájaros de un tiro: validamos que el usuario es un humano y, de manera paralela, digitalizamos libros con este trabajo.
A pesar del legado que nos dejó Alan Turing, su carrera terminó súbitamente sin el reconocimiento merecido cuando fue procesado por su homosexualidad en 1952. No se defendió de los cargos y se le aplicó la castración química, sufriendo importantes consecuencias físicas. Dos años después del juicio, Turing falleció tras la ingesta de una manzana con cianuro. El mundo de la computación jamás le devolverá todo lo que él nos prestó.
Imagen de Solo (CC by-nc-sa)
Publicado por Lorena Fernández el 18-12-2012
Estos últimos meses hemos andado ocupados en un nuevo proyecto (que no todo va a ser gestionar crisis digitales
) del que aún no había hablado por aquí: #DeustoSareLab.
Para explicaros de qué se trata, lo mejor será empezar contándoos cuál es nuestro mantra externo: “Juntas a gente y pasan cosas“. Toda una declaración de intenciones que relata de qué va esto y cómo nos organizamos. Un grupo de personas de diferentes ámbitos y con diferentes miradas (de la Universidad de Deusto y de fuera) trabajando de manera redárquica (es decir, no hay jefes ni indios aunque sí gente con látigo para que las buenas intenciones no se queden en eso, intenciones) en torno a una temática común, la identidad digital, y formando equipos líquidos según nos interesen unos proyectos u otros.
Como bien decía antes, hay una temática común que se trabaja desde los siguientes ejes:
- El derecho al olvido y la recolección de datos por parte de las plataformas web. #bigdata
- Cultura del remix y nuevos modelos de propiedad intelectual. #remix
- Nuevos sistemas participativos. #participación
- Psicología de las nuevas tecnologías. #psicología
- El papel de la identidad digital como generadora de nuevos nuevos puestos de trabajo y en la búsqueda de empleo. #empleodigital
- Tecnología e infraestructura que soporta nuestra identidad digital. #tecnología
- Nuevos canales y formas de aprendizaje informal (P2P). #aprendizajeinformal
- Gamificación (ámbito educativo, ámbito empresarial, ámbito del ocio). #gamificación
- Seguridad en el ámbito digital. #seguridad
- Internet de las Cosas: dispositivos generando información en la Red. #IoT
Cada componente del equipo se apunta a los ejes que más le gusta. Dentro de esos ámbitos se lanzan proyectos, y de nuevo, los componentes se suman o no a esos proyectos.
Por ahora, dos han sido los que hemos puestos en marcha (aunque tenemos varios en cartera):
Pero igual de importante que el mantra externo es el mantra interno “Locuras para mantener la cordura” porque la intención de todo esto es que las empresas gargantúas no nos engullan
.
Os animo a participar en el proyecto y, sobre todo, a veniros el jueves a la conferencia de Jorge Campanillas sobre Creative Commons.
Publicado por Lorena Fernández el 16-12-2012

Personas de buen hacer que os soléis pasear por este rincón: podéis empezar a preocuparos por la que escribe porque una película de Bruce Willis me ha hecho reflexionar y me ha animado a escribir esto. Cuando suceda con una cinta de Nicolas Cage, os doy permiso para que me internéis.
La culpa de este post la tiene la película Looper. Para poneros en antecedentes, si no la habéis visto, la trama principal narra la historia de un futuro (2072) en el que están prohibidos los asesinatos y es muy difícil esconder los cadáveres. Para sortear esto, las mafias usan máquinas del tiempo para mandar a las víctimas 30 años atrás, donde los loopers se encargan de asesinarlas y deshacerse de sus cadáveres. Pero esos loopers tienen que cumplir una norma: en un momento dado deberán asesinar a su yo del futuro a cambio de una suma de oro importante. No desvelaré más para no caer en spoilers.
De primeras, la idea te choca. Pero pensándolo más, estoy casi convencida de que sería capaz de encontrar a más de 2 ó de 3 personas que se convertirían en looper hoy en día. Y es que vivimos en la época en la que más se está poniendo de relevancia aquello de “más vale pájaro en mano”, sin pensar más allá de nuestros días. Se nos está pegando la mirada política: aquella que no ve más allá de cuatro años (y bajando). Cuando tenemos un problema, buscamos la solución rápida que nos saque del agujero en ese momento, pero ya no incluimos en el pensamiento las consecuencias que pueda tener esa solución en un futuro (ya no lejano, sino próximo). Y cuando se entra en el bucle de las soluciones fáciles, cada vez duran menos. Se nos acaba el crédito (y ya no estoy ni pensando en futuras generaciones…).
¿Estará esto relacionado con las prisas con las que vivimos? De la aceleración pasamos a la no reflexión. De la no reflexión, a ser cortos de miras.
Y tú, ¿serías looper?
Imagen de -Merce- (CC by-nc-nd)