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Google+ ¿Un plus en las redes sociales?

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Con retraso, dejo aquí mi último artículo para la sección de Internet de la Revista Deusto. Como veréis, ya tiene algunos datos caducos (es lo que tiene escribir con antelación para el formato papel ;-) ).

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 112 (otoño 2011)

El mundo de las redes sociales era, hasta ahora, ese hilo que Google no terminaba de enhebrar. Y no será porque no lo haya intentado con malogradas apuestas como Buzz o Wave. De hecho, también ha sido muy proclive a aplicar el lema de “si no puedes con tu enemigo, únete a él” (cambiando el “únete” por “cómpralo”). Así se hizo con una de las primeras redes sociales que se conocen (Dodgeball, 2000), convirtiéndola en la actual Google Latitude. Y esos fueron también los casos de Orkut, una de las webs más populares en Brasil, o de Jaiku, una plataforma de microblogging engullida por el éxito de Twitter.

Pero como no hay dos sin tres, el gigante de Internet quema un nuevo cartucho para intentar plantar cara a enemigos que le roban minutos de los usuarios, como son Facebook, Twitter o incluso LinkedIN, con su nueva red social: Google+. Se atreve a lanzar este proyecto cuando algunos gurús de Internet vaticinan ya la caída de las redes sociales en general y de grandes como Facebook en particular, que justo a las puertas de su salida a bolsa, cuando ha llegado a la cuota de 750 millones de usuarios, pierde por vez primera usuarios en Estados Unidos.

Google cree haber dado con la gallina social de los huevos de oro. Precisamente ahí radica su éxito: tenerlos todos en la misma cesta. O dicho de otra manera, la clave está en la interrelación. Todas las plataformas de Google son vasos comunicantes. Si estamos en el buscador y vemos un resultado de interés, podemos pulsar su botón +1, pasando esta información automáticamente a nuestra red social. Si subimos fotos a la web antiguamente conocida como Picasa (ahora Google Fotos), también se suman a nuestro perfil. Y así veremos como sucede lo mismo con los más de treinta servicios del gigante, que tienen un denominador común: una barra superior de administración que nos acompaña durante toda la navegación y donde se nos muestran las notificaciones de G+.

Cuatro son los pilares de esta nueva red social: círculos, intereses, quedadas y móvil.

G+ cambia el enfoque de otras redes sociales en la gestión de privacidad. Si en Facebook defines relaciones simétricas (una conexión entre dos usuarios sólo se establece si ambas partes aceptan), con G+ podremos definir relaciones asimétricas metiendo a nuestros contactos en círculos. Esos círculos los definimos nosotros para segmentar luego nuestra comunicación de manera que primero digas a quién quieres contar determinada cosa y luego ya pongas el qué (al revés que sucede en Facebook). Arrastraremos los contactos a sus círculos correspondientes, pudiendo crear tantos como queramos (Google nos muestra ya por defecto los círculos Amigos, Familia, Conocidos y Siguiente) y pudiendo meter a una persona en varios a la vez.

Con los intereses, podremos usar todo el potencial del motor de búsqueda de los de Mountain View para estar al día de los asuntos que más nos interesen. Introduciendo uno o varios términos, G+ nos mostrará a modo de agregador de feeds los contenidos de blogs, medios de comunicación digitales, páginas web, etc. que estén hablando de ello en ese momento.

Las quedadas giran en torno a un elemento que ya ofrecía Google: Gtalk. Nos permitirá, por tanto, hacer videochats de grupo con nuestros contactos, pudiendo hablar con hasta 10 personas a la vez.

Y, por supuesto, no se olvidan del emergente mundo móvil, ofreciendo una aplicación específica para Android que nos facilita estar conectados a nuestra red social desde casi cualquier dispositivo y en cualquier momento.

Como muchas otras de sus plataformas, esta red social ha arrancado con acceso restringido supeditado a invitaciones, para conseguir que la sensación de exclusividad desate el deseo viral de pertenencia. Esto puede adulterar la percepción de éxito inicial, porque limita a que los primeros habitantes de la red sean los conocidos como “early adopters“, aquellos que se apuntan a todas las tendencias desde el inicio. Pero el éxito les llegará realmente cuando consigan vencer las resistencias del público generalista. Cuando estén en G+ mi vecina del sexto, mi primo del pueblo, etc. Y como suele comentar mi compañero de sección, Pablo Garaizar, les tocará luchar contra el efecto del “bar vacío”: ese espacio al que entras buscando a tus amigos y, al no encontrarlos, abandonas.

En el lanzamiento publicaron en su blog “Queremos incluir Google en la vida de las personas, en sus relaciones y sus intereses“. Y tanto que quieren. De hecho, cuanto más sepan de nuestras vidas, de nuestras relaciones y de nuestros intereses, mejor gestionarán su materia prima: nosotros y la publicidad.

Muchas serán las reacciones ante G+: “¿Una red social más? ¡Otra, no! Por favor…” gritarán algunos. “Gracias a los dioses, alguien nos rescatará de Facebook” exclamarán otros. Pero lo que está claro es que aún tendremos que esperar para ver si G+ es capaz de vaciar algún bar de manera definitiva (Facebook, Twitter, …) o pasará por ser un garito de moda de un par de semanas.

Imagen de Missha (CC by-nc-sa)


Monografía Tuenti – Curso redes sociales

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Como estoy estos días documentando un curso que impartí en verano en la biblioteca sobre las redes sociales que más utilizan nuestros alumnos, dejo por aquí la pata de Tuenti que aún no había incorporado a la wiki donde tengo recogida el resto de información. Cualquier comentario para mejorar la monografía será más que bienvenido :-) .

Tuenti

La red social por excelencia en España de los jóvenes de 20 ó menos años es Tuenti. De hecho, las estadísticas que ofrece la propia plataforma nos indican que el 37% de sus usuarios tienen entre 18 y 24 años y ese número de usuarios supera al porcentaje de población española que está en esa edad. ¿La razón? Muchos usuarios registrados infringen la normativa de tener 14 ó más años, falseando su edad y colocándose más de 18. El porcentaje entre hombres y mujeres está bastante equilibrado, demostrando ser una red generalista.

Estadísticas de usuarios/as Tuenti por edad y sexo

Estadísticas de usuarios/as Tuenti por edad y sexo


El nombre de la plataforma, a pesar que pudiera darnos a entender que viene del anglicismo “twenty” (haciendo de nuevo referencia a la edad de sus usuarios), viene de la frase “tu entidad”.

Esta red nació en 2006, de la mano de un estudiante estadounidense de intercambio que se encontraba en España, Zaryn Dentzel. Arrancó el proyecto con un grupo reducido de alumnos universitarios. Ahora Tuenti cuenta ya con más de 250 personas en su plantilla repartidas entre sus oficinas de Madrid y Barcelona. El número de usuarios también ha crecido exponencialmente: desde los 1000 inscritos en su primer amago de red social (Who is Who) hasta los más de 11 millones en la actualidad.

En Agosto de 2010 Telefónica se hace con el 85% Tuenti por 70 millones de euros. Esta entrada en el capital social de la empresa se ha dejado notar, apareciendo proyectos como el de la operadora móvil virtual de Tuenti (Tu) con ofertas muy ventajosas para el público joven (servicios gratuitos de red como es el chat de Tuenti para sus usuarios, siendo un reclamo muy fuerte para los jóvenes).

La clave del éxito de Tuenti, en sus inicios, fue que el acceso estaba (y sigue estándolo) restringido. No se permite la creación de cuentas y para entrar es necesario que alguien nos invite. Esto confiere a la plataforma un halo de exclusividad y a los jóvenes una sensación de “corralito” donde no están ni sus padres ni sus profesores.

La edad mínima de registro en Tuenti, como comentábamos anteriormente, es 14 años (la que marca la legislación española, a diferencia de la que se aplica a las redes sociales norteamericanas). Los menores de esta edad necesitan una autorización expresa de sus tutores. Además, dado que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) les pone exigencias extra respecto a otras redes sociales que no tienen su residencia en España, deben cumplir otra serie de tareas:

  • Tienen un condicionamiento legal más sencillo con lenguaje “comprensible” por el usuario medio de la plataforma.
  • Cuando un usuario se crea su nueva cuenta, por defecto, la privacidad es la más restrictiva. Deberá ser el usuario el que, de manera activa, abra su perfil.
  • Tienen un equipo de personas validando manualmente la edad de los usuarios. Cuando topan con uno que sospechan tiene menos de los 14 años permitidos, le solicitan que les envíe el D.N.I. escaneado. Si no lo hace en 96 horas, le eliminan la cuenta e investigan a sus contactos (que probablemente también sean menores de la edad mínima permitida).
  • Tuenti además es una caja negra para buscadores. Sólo es accesible para los robots la página de inicio, Tuenti Sitios y las Tuenti Páginas. Ni siquiera trasciende un resumen de nuestros perfiles (como sucede con redes sociales como Facebook).

No permite el registro de organizaciones (para ellas tiene reservado el apartado de Tuenti Páginas), sólo personas físicas. Si encuentran un perfil que no pertenece a una persona física, lo borran (perdiéndose todo el trabajo desarrollado de establecer contactos, redes, publicar información, etc. ).

Las partes principales y de mayor éxito de Tuenti son:

  • Tuenti Sitios: cada una de las “zonas de marcha” tiene su espacio aquí (trabajando el elemento local desde la globalidad que ofrece Internet). Son los propios usuarios los que enriquecen estas fichas con información del sitio (comentarios, imágenes, etc. ), hacen check-in con sus móviles cuando pasan por allí, etc… Como responsables de un sitio, podemos reclamar su “propiedad”, para gestionar los datos de primera mano: actualizar el nombre y la dirección del sitio, modificar la categoría y la información de contacto, añadir nuevos tipos de información como el horario de apertura y formas de pago, ver las estadísticas de quién visita tu sitio y mucho más. Tras rellenar un formulario, Tuenti se pondrá en contacto con nosotros para verificar nuestro cargo profesional. Como vemos, el elemento central de esta sección es la geolocalización. Intentando emular al proyecto Foursquare, los usuarios indican dónde están, siendo en ocasiones incongruentes con su mundo off-line. Es curioso los casos de personas que dejan una luz encendida en su casa durante las vacaciones para evitar a los “cacos” y que luego van chequeando en diferentes redes sociales por dónde se mueven (y para mostrar este absurdo, surgen plataformas como Please, Rob Me).
  • Tuenti Juegos: el modelo de negocio de Tuenti es claro: la publicidad. Y para lograr altos ingresos necesita que el usuario esté más tiempo en la red social para darle impactos publicitarios cada poco tiempo. Por esto Tuenti Juegos es una colección de juegos sencillos pero adictivos donde, además de jugar, podrás compartir en tu muro los resultados, invitar a los amigos… Dentro de esos juegos se pueden “comprar” artículos virtuales con los denominados Tuenti Créditos. Esta moneda virtual se obtiene cambiando nuestro dinero real a través de una cuenta de Paypal, con una tarjeta de crédito o incluso haciendo una recarga con el móvil.
  • Tuenti Páginas: es la copia de las páginas de Facebook, donde cualquier organización o institución puede tener su espacio (dado que las condiciones de uso de Tuenti prohíben que se puedan crear perfiles). Allí tendrán un muro donde publicar noticias e informaciones relevantes para los usuarios que se suscriban a la misma. Es de las pocas secciones de Tuenti que pueden tener url propia y ser pública, es decir, que sea consultada sin necesidad de estar logueado en Tuenti. Cabe destacar en este apartado la diferencia entre las páginas de empresa (premium, digamos, aunque no se paga por ese servicio), que llevan incluso una atención dedicada por parte de la plataforma a las marcas, y las páginas “al uso”, de libre creación y destinadas a grupos, actividades y páginas de famosos y/o celebridades.
  • Y por supuesto, la herramienta más exitosa: el chat (todo un nuevo idioma), que ha sustituido al messenger entre los jóvenes.

El modelo de negocio de Tuenti es la publicidad. Tener una cuenta es gratis, pero los usuarios les pagamos con otra moneda: nuestro tiempo. Todo el que invertimos navegando por sus múltiples espacios se convierte en un intervalo en el que nos pueden “impactar” con anuncios. Los productos publicitarios que ofrecen a las empresas para anunciarse son:

  • Eventos patrocinados que aparecen en la página de inicio de los usuarios.
  • Mensajes en la página de bienvenida. Cuando entramos a Tuenti, mientras se carga nuestro perfil, se muestra un anuncio a pantalla completa. Una vez cargada la página, queda como recuerdo un enlace en nuestra página principal.
  • Vídeos que aparecen mientras nos movemos por Tuenti en la parte inferior derecha.

Todos estos productos permiten a las empresas contratantes la segmentación sociodemográfica (sexo, edad, provincia) de los usuarios a los que se muestran sus anuncios.


¿Realmente el mundo digital es una transposición del analógico?

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Soy la primera que dice una y otra vez a los escépticos digitales que este mundo de bits y bytes hay que entenderlo como un espacio más en el que nos movemos, igual que lo hacemos en el trabajo, en el parque, en casa, en los bares… Un espacio con sus limitaciones inherentes al medio, con sus normas escritas y no escritas y con sus comunidades. Quizás sea porque me siento más como una residente digital (que no concibe ya el medio analógico sin las ramificaciones digitales), que como una visitante esporádica (David White).

Sin embargo, me preocupa cómo toleramos cosas en este espacio digital que serían impensables en nuestro mundo offline. Ese es el caso de las condiciones y medidas draconianas de los grandes imperios digitales. Que Facebook decide borrar un perfil por poner en el muro de Carrefour el teléfono alternativo de un 902 de dicha empresa, pues oye, qué se le va a hacer… lo ponía en su letra pequeña. Que también te lo elimina porque subes una foto amamantando a tu bebé y eso lo considera cercano a la pornografía, pues estupendo (todos diremos que la culpa la tiene la mentalidad puritana norteamericana…). Que te lo quita porque haces publicidad de su rival directo, de nuevo miremos a la letra pequeña.

Luego nos tiramos de los pelos porque Facebook no nos da la herramienta para borrar nuestros perfiles… pues parece que es bastante sencillo ;-) .

Así que me pregunto: ¿realmente el mundo digital es una transposición del analógico? Porque, en ese caso, miedo me da… ¿Si en un bar echan a un amigo por contar algo que no le gusta al dueño, te quedas? ¿Si en un bar echan a una amiga que se pone a amamantar a su bebé, sigues allí? ¿Si en un bar te largan a ti y a toda tu cuadrilla por hablar del garito de al lado, vuelves? (uso el símil del bar porque es muy cercano a nuestra cultura ;-) ).

Mañana salgo para Berlín, con ganas de descubrir una ciudad que se ha levantado como el Ave Fénix después de sufrir guerras mundiales, muros, Stasi, espías, dictaduras, represión, … Los alemanes tienen siempre muy presente su pasado para intentar que no se vuelva a repetir. Ojo, que no intento comparar a las redes sociales digitales con catástrofes de esta índole, pero no me gustaría que el espacio digital estuviera limitado a unas pocas grandes compañías que decidieran por nosotros qué está bien y qué no. Distopías de ese calibre se muestran en libros como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451, … y cada día que pasa ya no nos sorprenden tanto.

Sigo en mi mundo de contradicciones y debates internos, porque a pesar de esto, yo también participo de estas redes sociales. Pero lo que está claro es que el espacio digital es el que más me reconcome últimamente. Seguiré dándole vueltas al tema en alto, si no os importa.


¿Revoluciones 2.0? Causa vs. efecto

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Este viernes tengo el inmenso placer de debatir en el Museo de San Telmo de Donosti el papel de las redes sociales en las movilizaciones ciudadanas que están transformando el mundo árabe. Y es que mi compañero de mesa es un auténtico lujo: Sofiène Ben Haj M’Hamed, uno de los blogueros más activos y significativos de Túnez. Por fin podremos conocer desde las entrañas cuál es la incidencia real de las redes sociales en las revoluciones de los países del norte de África.

Por mi parte, yo pondré mi punto de vista desde el cómodo sofá de mi casa, asomada a la pantalla de mi ordenador y a los medios convencionales de comunicación que nos rodean. Veremos si ambas visiones son coincidentes.

¿Y cuál es mi percepción? La dejo por aquí para contrastarla con la vuestra y enriquecerla antes del viernes.

¿Realmente se cuecen las revoluciones internamente en Internet o las redes sociales lo que son es una gran altavoz para comunicar hacia fuera lo que sucede?

Yo soy muy escéptica y me cuesta creer el papel que se nos ofrece desde los medios de comunicación tradicionales y la propia web donde se proclama a Twitter o Facebook como los motores del cambio social (y para más inri, luego transcienden noticias del calibre de “Padre egipcio llama a su hijo Facebook“).

Me cuesta creer ese papel porque la brecha digital es demasiado honda (en Egipto, por ejemplo, el índice de penetración de Internet era de un 20% en 2008; en Libia, hay cerca de 350.000 internautas en una población de más de seis millones). Y estos números sólo hablan de acceso (dentro del acceso hay que valorar las sub-brechas derivadas del conocimiento de plataformas y su uso).

Me cuesta creer ese papel, porque los ciberdisidentes tienen un papel muy difícil ante regímenes dictatoriales que controlan el acceso a Internet (por ejemplo, las autoridades egipcias cortaron la Red al inicio de la revuelta). No hay más que echar un ojo al mapa de cibercensura que han elaborado Reporteros Sin Fronteras.

Es por esto que merece la pena recalcar la diferencia entre causa y efecto. Los cambios sociales y políticos son fruto de unos precedentes en el mundo off-line. La mecha no se prendió en las redes sociales. Otra cosa es que las TIC sirvan de catalizador (desde el poderoso impacto que supuso los SMS a las manidas redes sociales). Pero yo no confundiría “altavoz viral” (efecto) con “germen de una revuelta” (causa). Ese altavoz viral lo que sí puede ejercer es una presión mediática en los países de Occidente para que reaccionen de manera que no pierdan popularidad ante sus conciudadanos (aunque seguimos viendo que nada tiene tanto efecto como oler el petroleo ;-) ). Pero esto tampoco está causado por las redes sociales sino por la nueva forma del mundo en el que vivimos: un mundo globalizado, donde nos llegan noticias de cualquier rincón del planeta. ¿Que Twitter ha reducido a la mínima expresión el tiempo que tardan en llegar esas noticias hasta nuestros ojos? Totalmente de acuerdo.

Otra máxima que se cumple es la famosa frase de McLuhan: “El medio es el mensaje“. Las herramientas moldean la forma en que nos comunicamos. Las redes sociales nos imprimen su velocidad, su inmediatez, su brevedad, su autogestión, … Con el tiempo, las características de esas herramientas cambian lo que vemos y cómo lo vemos.

También se habla de las redes sociales como la panacea horizontal de la comunicación (la larga cola, que diría Chris Anderson) y, sin embargo, nuestra sociedad sigue estando necesitada de héroes con nombre y apellidos (o en este caso, nick) que pueblen nuestras pantallas. Y si no, que se lo digan al egipcio Wael Ghonim, ejecutivo de Google, que de la noche a la mañana se convirtió en un referente de la revolución egipcia. Es lo que se conoce como un “influyente” o más bien, “influenciador” (si existiera la palabra ;-) ). Sin embargo, quizás el problema venga de pensar que todos sus compatriotas son iguales a él. De la misma manera que nosotros aplicamos la regla de tres al resto de la sociedad que nos rodea pensando que pasa el mismo tiempo en redes sociales o tiene el mismo conocimiento de la Red. Endogamia pura y dura que nos nubla la vista y nos pone un cristal que no nos permite ver que pertenecemos a una minoría sesgada. La marabunta social motor de las revueltas estaba compuesta por esas clases medias, cultivadas y occidentalizadas, que tienen acceso a las TIC y saben sacarles chispas, pero sobre todo de las clases populares, que no usan Facebook o Twitter. Esas clases populares fueron las que reventaron tras llegar al límite de su aguante.

Otra cosa que me parece paradójica hasta al extremo es que se hable de derrocar regímenes dictatoriales en plataformas tan sumamente cerradas, donde una fotografía de una madre amamantando a su bebé puede ser censurada. Recientemente leía al padre de la web, Tim Berners-Lee, lo siguiente: “Las Redes Sociales son sólo cotos cerrados que no favorecen el intercambio real de ideas o de intereses, sino simplemente sirven para reforzarlos y conectar personas de ideas similares, llegando incluso a los extremos, sin favorecer el debate“. También solemos asociar a Twitter o Facebook propiedades mágicas como las inherentes a un servicio distribuido, con miles de voces y difícilmente controlable por un regímen. ¡Mentira! De distribuido tienen muy poco estas plataformas. Son servicios muy centralizados y fácilmente controlables por los Estados (por no hablar de lo sencillo que es también infiltrarse, espiar o incluso manipular información y/u opinión).

Las revoluciones siguen cociéndose en las plazas y no apretando botones de “Me gusta”. O como decía Moisés Naím: Ni Facebook, ni Twitter: son los fusiles.

Imagen de Crethi Plethi (CC by-nc-sa)


¿Si no lo haces en la calle, por qué lo haces en la Red?

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El pasado miércoles estuve dando la enésima charla sobre identidad digital (si ya has visto alguna presentación mía, no aporto mucha novedad ;-) ) dentro de los Wednesday Meetings que organiza la Universidad de Deusto.

Más presentaciones de Lorena Fernández.

Aprovechándome del excelente resumen que ha hecho Cristina Fernández para el blog del Colegio Vasco de Economistas, yo me limito a contaros una de los apartados de la charla: llevar al absurdo nuestra participación en la Web. Y es que en ocasiones parece que si no trasponemos al mundo off-line las actitudes que tomamos en Internet, no se nos saltan los colores.

Seleccionando las mejores y más míticas frases de madre, iniciemos el análisis ;-) :

  • No hables con extraños. Te subes a un medio de transporte público y ves como se produce el “efecto aceite“: según van entrando las personas, se sientan lo más separas posible de las que ya están dentro. Sin embargo, en Internet nos lanzamos a hablar con cualquiera. Curioso, ¿no?
  • No abras la puerta a nadie (ni dejes las llaves de tu casa ;-) ). Qué poco apego tenemos a veces por las llaves digitales de nuestra identidad: las contraseñas. Siempre que en una charla pregunto cuántos de los asistentes tienen la misma contraseña para todos los servicios, más de la mitad levantan la mano (y estoy convencida que otro porcentaje alto no lo hace por vergüenza). Imaginaros ahora que yo soy una persona maligna que monta una red social sólo con el ánimo de recabar la dirección de correo y contraseña de los participantes… ¿Usarías la misma llave tanto para la taquilla del gimnasio como para tu casa? Curioso, ¿no?
  • Sé educado. Exceptuando recintos deportivos, es raro encontrarse con personas que insultan a todo aquel con el que se cruzan. Pues ahora pasaros por las noticias de cualquier medio digital. Los trolls allí se retroalimentan unos a otros. Curioso, ¿no?
  • Contesta cuando te pregunten. Si te hago una pregunta, aunque no conozcas la respuesta, lo normal es que me respondas, ¿no? ¿Y por qué tanta gente da la callada por respuesta en los blogs, el correo electrónico, las redes sociales, …? Curioso, ¿no?
  • No robes. Cuando estás en el supermercado, ¿se te pasa por la cabeza coger algo si no tiene precio? ¿Y por qué en Internet cuando tenemos que buscar una imagen nos lanzamos a Google Images para usarla luego sin saber quién es el dueño? Curioso, ¿no?

Pues cada día que pasa es menos curiosa la inmadurez que demostramos en algunas participaciones, signo inequívoco de que la Red aún no es un terreno en el que nos movamos con plena naturalidad y donde nos queda mucho por explorar y experimentar. Experimentemos entonces, pero poniendo un poco de cabeza de vez en cuando ;-) .

Y para finalizar este post, me viene que ni pintado el vídeo de Douglas Rushkoff presentando su libro Program or Be Programmed:


Facebook: El imperio contraataca

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Este mes adelanto la publicación de mi artículo en la revista de Deusto porque la temática del mismo fue la que traté ayer en una charla sobre redes sociales junto a Teketen en el Hikaateneo (gracias por la invitación, Dani). Así que dejo texto y presentación :-) .

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 107 (verano 2010)

El título de este artículo puede tener un tinte apocalíptico, pero cuando los grandes monopolios avanzan, se estrechan los subterfugios para escapar de ellos. Y es que, con los números en la mano, Facebook no deja de sorprender con sus ya más de 400 millones de usuarios registrados en todo el mundo, superando incluso en visitas al todopoderoso buscador Google. Es raro encontrar a internautas que no tengan cuenta en esta red social, y como veremos a continuación, a pesar de que no la tengan, cada vez será más difícil que no topen con ella. Si fuera un país, estaríamos hablando del tercero más poblado tras China y la India. Muchos ciberciudadanos de una única plataforma que no es precisamente una democracia. Facebook es a Internet lo que los centros comerciales a la compra. Persiguen la masificación, concentrar todos los servicios que un usuario pueda necesitar en un único espacio para que no salga de allí. Y más si su modelo de negocio gira entorno a la publicidad dirigida, una vez analizado nuestro perfil de consumo, que necesita que pasemos tiempo allí para ser bombardeados con miles de pequeños impactos. Y también teniendo en cuenta que este país es muy costoso de mantener: más de 25 millones de dólares anuales sólo en servidores.

Así que, tras la conferencia anual Facebook F8, celebrada el pasado 21 de abril en San Francisco, a pocos les sorprendieron los cambios que se avecinan. Este tercer capítulo del plan de dominación del mundo que está escribiendo Facebook cuenta con varias líneas claras y con un único objetivo: que pasemos por ellos para hacer cualquier cosa, considerando que es el único espacio de Internet y que no hay nada fuera que merezca nuestra atención. Analicemos esas líneas con más detenimiento:

  • Facebook Connect quiere convertirse en la apuesta más clara para la identificación global en Internet. Esto implica que podamos usar nuestro nombre de usuario y contraseña de Facebook para iniciar sesión en otros sitios web ajenos a la plataforma, olvidando el engorroso proceso de darnos de alta en cada nuevo espacio en el que participemos. Para ello va a estandarizar las interacciones entre Facebook y terceros a través de un nuevo protocolo denominado Open Graph.
  • El texto “Me gusta” ha sustituido al de “Soy Fan” en las páginas. Además, ahora este botón se externalizará posibilitando a cualquiera ponerlo en su blog o página web. De esta forma, cuando pinchemos sobre el “me gusta” de un contenido cualquiera, aparecerá en nuestro perfil personal.
  • Geolocalización: tras él éxito de webs como Foursquare, donde se ha puesto de moda decir en cada momento dónde estamos físicamente, Facebook no quiere quedarse rezagado y también contempla esta nueva forma de exhibicionismo de ubicación.
  • Facebook Toolbar: al más puro estilo de las barras de navegación que han sacado los grandes como Google, Facebook también saca su propio invento que se podrá integrar tanto en los navegadores como en otras páginas web, reiterando el envite de que esté en todos los sitios y facilitando aún más el análisis de nuestro comportamiento cuando navegamos.
  • Pero el anuncio más importante a la par que inquietante ha sido el de Facebook Credit, la moneda propia de la red social. Este dinero virtual permitirá a los cibernautas comprar bienes y servicios, canjeando su moneda local por ésta más “universal” a través de Paypal o su tarjeta de crédito, contando con su propia tasa de cambio. Otras plataformas han intentado dar este paso en anteriores ocasiones: cuando tan en boga estuvo el metaverso Second Life, también contaba con su Linden Dólar ($L), pero nunca salió de allí. Sin embargo, las pretensiones de Facebook no se limitarán a que esos servicios u objetos que se comercialicen sean exclusivamente suyos, sino a convertirse en un estándar en el pago en Internet.

Temblemos pues de nuevo con otro intento concentrador. Y es que este tipo de movimientos se replican tanto en la calle como en la Red: los pequeños comercios o las pequeñas plataformas se ven ahogadas por los grandes, acabando con la variedad de opciones. Por la diversidad, movámonos de nuevo a los barrios pequeños.

Imagen de Balakov (CC by-nc)


Pequeño comercio vs. grandes superficies

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Si estabais esperando un post sobre el mundo del comercio, lo siento, os he engañado vilmente con el título (pido perdón también a las arañitas de google ;-) ). Pero es que cada día lo tengo más claro: en la Red se replican los mismos patrones que en la vida off-line (y desde que están con nosotros las redes sociales virtuales, más con más).

Uno de esos patrones es el intento de concentración de servicios en manos de unos pocos para acabar con la diversificación. Y es que plataformas como Facebook o Google-Land son a Internet lo que los centros comerciales a la compra. Un lugar que intenta aglutinar todo lo que un ciberciudadano pueda necesitar (o pueda creer necesitar), sobre todo de cara al ocio, acabando así con los pequeños barrios blogosféricos y las plataformas más locales.

Muchos dirán: “Es que tecnológicamente son los mejores. Si lo hacen bien, qué podemos hacer”. En la mayoría de los casos es obvio que el pequeño comercio no podrá competir con las grandes superficies. Pero que queréis que os diga… Yo nunca he sido muy amiga de las masas. Los sitios con mucha gente me agobian. Por el contrario, sigo viviendo en el mismo barrio de mi infancia. Un barrio donde nos conocemos todos, desde los vecinos a los dependientes de panaderías, hipermercados, bares, … Para lo bueno y para lo malo. Un barrio con carácter propio. En esos comercios se da un trato personal. No podemos decir lo mismo de las grandes superficies (eres un número dentro del coleccionismo de contactos).

Con esto no digo que reniegue de los centros comerciales. Pero si el día de mañana no existiera el pequeño comercio, para mí supondría una gran pérdida. Y las grandes plataformas de Internet es lo que buscan: acumular minutos y más minutos de nuestra vida on-line. “No salgas de aquí. Fuera no hay nada que te pueda interesar“. Esperemos que las tiendas más antiguas de la Red no tengan que bajar la persiana por la tiranía de las grandes superficies.

Este post va dedicado a Gorka, con el que tuve una charla de menos de cinco minutos sobre esto pero me sobró para clarificar ideas.

Imagen de miguelandresen (CC by-nc-nd)


La Ventana “Digital” de JoHari

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El sábado estaré en la tercera edición de GetxoBlog hablando de Identidad Digital: sus ventajas e inconvenientes (espero no caer en el alarmismo que últimamente impregna esto…). Será a las 17:00 en la Fonoteca de la Escuela de Música “Andrés Isasi” de Las Arenas (Getxo).

A pesar de que a muchos les ha dado por satanizar a las herramientas en todo este proceso de ombliguismo y aireo de intimidades, me temo que ellas no tienen la culpa ;-) . No es tanto analizar esto como los cambios en comportamientos y la forma en que interaccionamos y nos comunicamos. Por eso me voy más a tierras de la psicología (donde soy una extrajera, así que espero no profanar muchas tumbas…) que a tierras tecnológicas. Y la ventana de JoHari me viene de perlas para ilustrarlo.

Esta teoría fue expuesta por Joseph Luft y Harry Ingham, dos investigadores estadounidenses, allá por 1955. Se trata de un modelo que muestra nuestras interrelaciones desde dos prismas: cómo y cuánto nos exponemos a los demás y cómo y cuánto nos conocemos nosotros mismos.

Vemos que hay cuatro cristales en esta ventana:

  • I – Cristal abierto: lo que yo conozco de mí misma y que además sabe el resto del mundo. Dicho de otra manera, ese nuevo palabro que se está poniendo de moda: la extimidad, aquello que hacemos público y accesible a todos.
  • II – Cristal oculto: lo que yo sé de mí misma pero no comparto con los demás o ese bien cada vez menos preciado que es la intimidad.
  • III – Cristal ciego: todo aquello que los demás ven en nosotros y nosotros no detectamos (la impresión que causamos en los demás).
  • IV – Cristal desconocido: lo que no sabemos nosotros ni los demás (el inconsciente).

En este caso me voy a centrar en las dos primeras áreas, que son las que más están evolucionando. Si bien la zona I (abierta) antes crecía al mismo ritmo que la confianza (es decir, contra más conocías a alguien, más exponías de ti a esa persona), hoy en día esa zona está canibalizando a la II (oculta) sin casi necesidad de un contacto previo. Nos gusta mostrarnos, hablar de nosotros mismos (o como diría un buen amigo, escuchar cómo suena nuestra voz). Pocas cosas quedan en ese segundo cuadrante y casi siempre son cosas que nos avergüenzan o no queremos que se sepan por el “qué dirán”.

Pudiera parecer que tener una gran zona abierta es positivo porque somos más y más transparentes (analizando este término en su vertiente de franqueza y honradez). Sin embargo, desde mi opinión más personal, también veo que esto debilita los lazos de nuestras relaciones. Una persona que de buenas a primeras me cuenta sus intimidades no está reservando nada para cuando yo demuestre que efectivamente soy merecedora de esas intimidades (ya os digo que es una percepción totalmente personal).

Otra cuestión interesante es la fractura relacional que se produce entre personas de diferentes generaciones que tienen ventanas muy distintas: una con una zona abierta excesivamente amplia frente a otra que no funciona de la misma manera, juega con una clara desventaja ante esta asimetría. Pongamos un ejemplo muy típico en esto de las redes sociales: una entrevista de trabajo. Se habla de que en el futuro, los jóvenes que vayan en busca de empleo se tendrán que enfrentar a la temible lupa de Google. Esto ahora puede ser un problema si el empleador tiene una ventana de JoHari compensada (zona I y II similares) y el candidato una ventana descompensada (zona I inusitadamente grande). Pero en un futuro, esto cada vez se dará menos: tanto el empleador como el empleado tendrán una ventana similar.

Está claro que las nuevas tecnologías ayudan a reducir la zona II porque ayudan a comunicar. Pero no son las que encendieron la mecha (aunque sirvan de catalizador). Para todos aquellos que dicen que esta extimidad viene de la mano de las redes sociales virtuales, sólo un dato: el reality show Gran Hermano nació en 1997. Facebook lo hizo en 2004.


De las Ondas a la Red: Las redes sociales y nuestros datos

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El pasado 2 de noviembre tuvimos la suerte de contar en De las Ondas a la Red con Pedro Alberto González, también conocido como paGonzalez ;-) . Un experto en en el mundo de la privacidad y la seguridad que trabaja en la Agencia Vasca de Protección de Datos (AVPD). En el poco tiempo del que dispusimos, se habló del modelo Quid pro quo de las redes sociales: “yo te doy mi servicio gratuito pero tú me das tus datos para que mercantilice con ellos como estime oportuno”.

Un placer poder escuchar a un experto en la materia.

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Hablando de redes sociales en El Correo de Andalucía

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El otro día se puso en contacto conmigo Paco Veiga (con cuenta en Twitter recién estrenada :D ) para hacerme una entrevista en El Correo de Andalucía a raíz del post publicado sobre Facebook: Denuncia a las políticas de protección de datos de Facebook: ¿sabías a lo que jugabas?. Ante las preguntas, intenté alejarme del tinte alarmista que suelen buscar los medios de comunicación tradicionales (aunque sean versiones on-line). Y es que a modo de resumen, para mí, el uso de redes sociales (con sus términos de uso y condiciones) son como practicar sexo: si sabemos qué riesgos existen y cómo se pueden evitar, podremos disfrutar sin ningún problema. Pero la solución no es la abstinencia.

Aquí van las respuestas completas, dado que, para ajustarse al medio (y eludir mi pesadez), tuvieron que hacer tijeretazo, lo que hace que algunas quedaran un tanto huérfanas:

¿Conoce algún caso concreto de abuso por parte de Facebook que pueda servir de ejemplo de lo expuestos que están nuestros datos?

Casos de abuso no, pero es evidente que se utilizan nuestros datos. Desde la configuración personalizada de la publicidad que nos muestran a otros usos que desconocemos. Por ejemplo, un amigo me comentaba que cuando su estado en Facebook era el de soltero, casi todos los anuncios que le aparecían en la barra lateral eran de plataformas de contactos. En cuanto cambió a comprometido, desaparecieron esas notificaciones. Por tanto, debemos ser conscientes que con la actividad que llevamos a cabo dentro de la plataforma, indicamos qué música nos gusta, a dónde nos vamos de vacaciones, qué estudios tenemos, dónde trabajamos, … Es decir, los datos que todo especialista en marketing siempre ha querido tener para analizar y generar patrones de comportamiento. Y es que un dato aislado puede carecer de valor, pero el cruce de muchos de forma distribuida es una mina de oro.

De todas formas, no podemos llamar abusos a hechos que nosotros hemos aceptado en las condiciones de servicio. Líneas como las que siguen están dentro de esos términos que nos muestran al crear nuestras cuentas y que en contadas ocasiones leemos:

” [...] Para el contenido protegido por derechos de propiedad intelectual, como fotografías y vídeos, nos concedes específicamente el siguiente permiso, de acuerdo con la configuración de privacidad y aplicaciones: nos concedes una licencia no exclusiva, transferible, con posibilidad de ser sub­ otorgada, sin royalties, aplicable globalmente, para utilizar cualquier contenido de PI que publiques en Facebook o en conexión con Facebook. Esta licencia finaliza cuando eliminas tu contenido o tu cuenta (excepto en el caso en que tu contenido se ha compartido con terceros y éstos no lo han eliminado)”

Tampoco podemos olvidar que Facebook se rige bajo la legislación estadounidense en materia de protección de datos personales.

Este verano recibí un correo que me animaba a restringir una de las pestañas de opciones de Facebook para evitar que mis fotos acabaran anunciando productos de terceros. ¿Crees que eso era un bulo?

En este caso en concreto, Facebook tuvo que hacer un desmentido de los rumores sobre el uso de las fotos de sus usuarios en los anuncios de terceros. El matiz estaba en que podían usar tu imagen para indicar a tus contactos que usabas alguna aplicación (y que realmente tenías instalada), pero no en anuncios externos. Si no se desea tampoco aparecer como ejemplo, se puede indicar en la configuración de privacidad, seleccionando “Noticias y muro” y luego “Anuncios de Facebook”. Ahí podemos indicar que no deseamos mostrar a nadie nuestras acciones sociales en los anuncios.

¿Puedes dar consejos a neófitos para que usen esta herramienta sin que se corten los dedos?

Las redes sociales son nuevos espacios de comunicación y relación, pero no por ello se convierten en mundos de fantasía en los que nos reinventamos, sino que extienden nuestro día a día a Internet. Lo que haces en el “mundo off-line” es muy probable que lo traslades a este otro mundo “on-line”. Por tanto, el sentido común aquí nos puede ayudar como en muchos otros ámbitos de nuestra vida. Así que sólo es necesario combinar dos cosas: información y falta de miedo. Información para que podamos tomar nuestras propias decisiones y falta de miedo, porque “experimentar” es una de las máximas de Internet. La curiosidad debe sustentar nuestra actividad. Es como practicar sexo: si sabemos qué riesgos existen y cómo se pueden evitar, podremos disfrutar de él sin ningún problema. Pero la solución no es la abstinencia.

Eso sí, mi recomendación personal es que no publiquen en la Red algo que no deseen que sea público. Por mucho que pensemos que en plataformas como Facebook, nosotros decidimos quiénes tienen acceso a nuestro perfil, muchas veces, perdemos ese control.

¿Tiene la impresión de que hay seriedad en la persecución de los abusos por parte de la Agencia de Protección de Datos, etc?

La Agencia Española de Protección de Datos está atada de pies y manos en muchas ocasiones, ya que debe jugar con políticas legislativas nacionales ante la imposibilidad, hasta la fecha, de fijar unos estándares internacionales. Por ejemplo, puede interceder en plataformas españolas como Tuenti, obligándoles a adoptar medidas para verificar la edad de sus usuarios. Sin embargo, no puede hacer nada ante Facebook, MySpace, Twitter, … Son conscientes de que la mayoría de redes sociales “juegan” con avisos legales y políticas de privacidad redactados en un lenguaje de difícil comprensión para el usuario y que, además, cada día es menor la conciencia sobre la importancia de la privacidad.

En mi opinión, el peso no se tendría que poner tanto en acciones “a toro pasado”, sino ser más proactivos. La clave está en una buena formación y en hacer partícipes a los ciudadanos de los pros y contras de esa identidad digital distribuida que cada día nos creamos (y nos crean). Una baba de caracol que es difícil hacer desaparecer (para lo bueno y para lo malo).

No sé si conoces algunos otros malos hábitos, webs capciosas, o cosas similares. Si es así, háblame de ellos.

Casi todas las webs capciosas explotan uno de los fallos de seguridad más comunes y difíciles de resolver: la estupidez humana (para ella no hay parche). Y es que la ingeniería social es una de las técnicas preferidas por los crackers o interesados en recabar información. Para muestra, los muchos casos que se dan de despidos de empleados que, estando de baja, publican en redes sociales que se han ido de vacaciones, u otros usos de este mismo calibre. Aquí la debilidad de la cadena no está en la herramienta, sino en la persona.

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