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Google+ ¿Un plus en las redes sociales?

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Con retraso, dejo aquí mi último artículo para la sección de Internet de la Revista Deusto. Como veréis, ya tiene algunos datos caducos (es lo que tiene escribir con antelación para el formato papel ;-) ).

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 112 (otoño 2011)

El mundo de las redes sociales era, hasta ahora, ese hilo que Google no terminaba de enhebrar. Y no será porque no lo haya intentado con malogradas apuestas como Buzz o Wave. De hecho, también ha sido muy proclive a aplicar el lema de “si no puedes con tu enemigo, únete a él” (cambiando el “únete” por “cómpralo”). Así se hizo con una de las primeras redes sociales que se conocen (Dodgeball, 2000), convirtiéndola en la actual Google Latitude. Y esos fueron también los casos de Orkut, una de las webs más populares en Brasil, o de Jaiku, una plataforma de microblogging engullida por el éxito de Twitter.

Pero como no hay dos sin tres, el gigante de Internet quema un nuevo cartucho para intentar plantar cara a enemigos que le roban minutos de los usuarios, como son Facebook, Twitter o incluso LinkedIN, con su nueva red social: Google+. Se atreve a lanzar este proyecto cuando algunos gurús de Internet vaticinan ya la caída de las redes sociales en general y de grandes como Facebook en particular, que justo a las puertas de su salida a bolsa, cuando ha llegado a la cuota de 750 millones de usuarios, pierde por vez primera usuarios en Estados Unidos.

Google cree haber dado con la gallina social de los huevos de oro. Precisamente ahí radica su éxito: tenerlos todos en la misma cesta. O dicho de otra manera, la clave está en la interrelación. Todas las plataformas de Google son vasos comunicantes. Si estamos en el buscador y vemos un resultado de interés, podemos pulsar su botón +1, pasando esta información automáticamente a nuestra red social. Si subimos fotos a la web antiguamente conocida como Picasa (ahora Google Fotos), también se suman a nuestro perfil. Y así veremos como sucede lo mismo con los más de treinta servicios del gigante, que tienen un denominador común: una barra superior de administración que nos acompaña durante toda la navegación y donde se nos muestran las notificaciones de G+.

Cuatro son los pilares de esta nueva red social: círculos, intereses, quedadas y móvil.

G+ cambia el enfoque de otras redes sociales en la gestión de privacidad. Si en Facebook defines relaciones simétricas (una conexión entre dos usuarios sólo se establece si ambas partes aceptan), con G+ podremos definir relaciones asimétricas metiendo a nuestros contactos en círculos. Esos círculos los definimos nosotros para segmentar luego nuestra comunicación de manera que primero digas a quién quieres contar determinada cosa y luego ya pongas el qué (al revés que sucede en Facebook). Arrastraremos los contactos a sus círculos correspondientes, pudiendo crear tantos como queramos (Google nos muestra ya por defecto los círculos Amigos, Familia, Conocidos y Siguiente) y pudiendo meter a una persona en varios a la vez.

Con los intereses, podremos usar todo el potencial del motor de búsqueda de los de Mountain View para estar al día de los asuntos que más nos interesen. Introduciendo uno o varios términos, G+ nos mostrará a modo de agregador de feeds los contenidos de blogs, medios de comunicación digitales, páginas web, etc. que estén hablando de ello en ese momento.

Las quedadas giran en torno a un elemento que ya ofrecía Google: Gtalk. Nos permitirá, por tanto, hacer videochats de grupo con nuestros contactos, pudiendo hablar con hasta 10 personas a la vez.

Y, por supuesto, no se olvidan del emergente mundo móvil, ofreciendo una aplicación específica para Android que nos facilita estar conectados a nuestra red social desde casi cualquier dispositivo y en cualquier momento.

Como muchas otras de sus plataformas, esta red social ha arrancado con acceso restringido supeditado a invitaciones, para conseguir que la sensación de exclusividad desate el deseo viral de pertenencia. Esto puede adulterar la percepción de éxito inicial, porque limita a que los primeros habitantes de la red sean los conocidos como “early adopters“, aquellos que se apuntan a todas las tendencias desde el inicio. Pero el éxito les llegará realmente cuando consigan vencer las resistencias del público generalista. Cuando estén en G+ mi vecina del sexto, mi primo del pueblo, etc. Y como suele comentar mi compañero de sección, Pablo Garaizar, les tocará luchar contra el efecto del “bar vacío”: ese espacio al que entras buscando a tus amigos y, al no encontrarlos, abandonas.

En el lanzamiento publicaron en su blog “Queremos incluir Google en la vida de las personas, en sus relaciones y sus intereses“. Y tanto que quieren. De hecho, cuanto más sepan de nuestras vidas, de nuestras relaciones y de nuestros intereses, mejor gestionarán su materia prima: nosotros y la publicidad.

Muchas serán las reacciones ante G+: “¿Una red social más? ¡Otra, no! Por favor…” gritarán algunos. “Gracias a los dioses, alguien nos rescatará de Facebook” exclamarán otros. Pero lo que está claro es que aún tendremos que esperar para ver si G+ es capaz de vaciar algún bar de manera definitiva (Facebook, Twitter, …) o pasará por ser un garito de moda de un par de semanas.

Imagen de Missha (CC by-nc-sa)


Google Reader, descanse en paz

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Hoy, día de Todos los Santos, tenemos un nuevo difunto por el que velar en años venideros: Google Reader.

Y es que ayer se hacía real uno de mis miedos: ver cómo Google se cargaba una de mis herramientas favoritas y de la que más réditos informacionales sacaba.

Desde hace un tiempo se venía escuchando por los mentideros de Internet que las redes sociales tipo Twitter estaban sustituyendo a los agregadores de contenidos de cara a informarnos. Pero yo seguía en mis trece por una de las funcionalidades más útiles de Google Reader: formarte tu comunidad de presciptores de información que compartían los enlaces que les habían hecho cambiar su habitual lectura vertical por una más sosegada. Muchos pensaréis ahora: ¡pero eso es lo que se hace en Twitter o en Facebook! Cierto, pero en esas redes sociales horizontales, entre pepita de oro y pepita de oro de información, también se colaban otros metales nobles (platos que engullimos, sitios que visitamos, series de televisión que vemos, … en definitiva, cosas más personales). Y que nadie se me cabree, pero con determinados usuarios, sólo me interesa compartir información más académica o más cercana a mi mundo laboral, sin necesidad de saber lo rico que estaba el pastel que le tocó en suerte comer ese día. Todo eso me lo ofrecía Google Reader.

Pues bien, ayer Google anunciaba un nuevo rediseño de la herramienta. Hasta ahí, nada malo. Un cambio de imagen no tiene por qué ser malo. Cuesta habituarte a las modificaciones de las cosas, pero normalmente las funcionalidades se mantienen intactas o incluso se mejoran. Pero bajo esa noticia, había un huevo de pascua escondido. Google se cargaba el botón “Compartir” (momento en el que mandabas a tu red de Reader un contenido que tú considerabas de interés) para poner el manido botón de +1, lo que hace que ahora esa información pase a tu perfil de Google+ en vez de a la comunidad exclusiva de Reader.

En esta era de infoxicación donde estamos desbordados día sí y día también por la carga de información, herramientas como Google Reader eran clave para acceder a la información de valor. ¿Y qué parte de la herramienta ofrecía precisamente eso? Su comunidad. Tener una serie de prescriptores que hacían las veces de filtradores y que compartían las cosas más reseñables. Google Reader tenía un fin muy claro: compartir cosas de interés para digerir sin mezclas personales. Pero como en Mountain View están viendo como languidece un nuevo intento de red social como es Google+, han decidido quemar todos los cartuchos. Uno de esos cartuchos es Google Reader, y me temo que muchos buscaremos una alternativa.

Para salir, eso sí, nos han dejado la puerta abierta con la herramienta de exportación de suscripciones.

R.I.P. Google Reader :-(


Mundo patentado

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Abuelita, ¿en qué momento pasamos a vivir en un mundo patentado en el que, por respirar, tenemos que pagar al que registró algo tan común?

No lo recuerdo muy bien, pequeña. Sólo sé que desde ese momento, el progreso tecnológico se frenó en seco y sólo viene de la mano de las grandes multinacionales. Ellas deciden el ritmo de la investigación y lo manipulan a su antojo. A todos aquellos locos que intentaron mejorar nuestro bienestar mediante pequeños (o grandes) avances, se les encarceló por violación de patentes. Los abogados se han convertido en los nuevos Einsteins de la época. Ellos deciden la balanza y nadie se atreve ya a innovar :-( .

Recupero a la abuela cibercebolleta que sigue enfrascada en su futuro distópico con un tema que está en boca de todos estos días, pero que lleva mucho tiempo cociéndose a fuego lento. Aún recuerdo cómo desde el e-ghost se hicieron ya movilizaciones allá por 2005 contra las patentes de software.

Y la cosa no ha ido a mejor, sino todo lo contrario. Las grandes multinacionales tecnológicas compran y compran patentes (tanto de hardware como de software). Hasta ahora no se meaban los pies unas a otras, porque necesitaban cromos que intercambiar. Pero la guerra fría ha empezado y los que más tenemos que perder somos los pequeños. ¿Sabías que el doble click está patentado? Pues sí, por Microsoft. ¿Y el apagado del ordenador? Más de lo mismo… ¿Y qué me dices de una aplicación móvil para reservar hoteles (así en general)? Patentado por Apple.

Podría hacer un listado aún más extenso de patentes ridículas porque Microsoft sólo tiene la friolera de 18.054 patentes registradas, Apple 4.082, Google 754 (bastantes más ahora que ha comprado Motorola), …

La guerra ha empezado: Microsoft quiere que Samsung pague sus cuotas de patentes por Android, Apple bloquea la comercialización de tablets a Samsung en Europa, Oracle sigue peleando contra Google, Apple gana su litigio a HTC, Google compra Motorola (y con ella, sus patentes), …

Cómo bien comentaba el dibujante Puño en esta charla (que os recomiendo encarecidamente que veáis):

No te creas tan original. Aunque sólo sea por probabilidad, en miles de años de existencia humana, a alguien se le ha tenido que ocurrir.

De hecho, el mundo de la investigación tiene también su propio lema de Isaac Newton: Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes. Si cobraran por sentarse en esos hombros, sólo unos pocos podrían subirse y la mayoría nos quedaríamos cortos de miras ;-) . Y si gigantes de la talla de Einstein, Newton o Da Vinci hubieran puesto candado a sus creaciones, empresas como Microsoft, Apple o Google ahora no existirían.

Puede que ahora mismo esté infringiendo una patente usando este emoticono :-( . Si no os respondo a los comentarios, venid a visitarme a Basauri ;-) .


Y éstos, ¿de qué viven? Modelos de negocio en Internet

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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 111 (verano 2011)

La web es jovencita. Apenas veinte años la contemplan. Y sin embargo, ya se ha llevado más de un susto. Allá por 1997 sufrió la cacareada burbuja de las punto com, momento en el que muchas empresas vinculadas a Internet subieron su valor bursátil como la espuma para que, años después, alguien viera al rey desnudo, con el consiguiente descalabro.

Tras una larga etapa de desconfianza, la Red vuelve ahora a tomar altos vuelos y muchos son los que vaticinan un nuevo susto. Empresas como Facebook, Google o Twitter cotizan al alza. Así que, una de las preguntas que más se repite en los mentideros de Internet (y fuera) es: ¿cuál es el modelo de negocio de estas plataformas web? La respuesta es bien sencilla: la publicidad. Pero como quedaría un tanto pobre el artículo si lo dejamos aquí, pondremos la lupa sobre las principales compañías que hoy en día “roban” los minutos de los internautas.

Empecemos por el gigante de Internet, y cada día, de más y más mundos que no sólo son digitales (por ejemplo, el energético). Google diversifica su negocio en muchos frentes con más de treinta servicios diferentes: desde el correo electrónico, pasando por los mapas, los vídeos, los libros, la música, etc. Ahora bien, una de las constantes en todos esos servicios es el de la gratuidad. Bueno, quizás debiéramos matizar la palabra gratis y centrar su contexto en el plano monetario, porque, como muy bien decía Quevedo “es de necios confundir valor y precio”. Y si bien trabajan con un modelo freeconomics, los usuarios les pagamos con otra moneda: nuestro tiempo. Todo el que invertimos navegando por sus múltiples espacios se convierte en un intervalo en el que nos pueden “impactar” con anuncios. Pero eso no es todo: cuantas más plataformas diferentes de su dominio visitemos, más visible y rastreable será nuestra baba de caracol que les ofrece un perfil completo de lo que somos y lo que nos gusta. Toda una delicatessen para los expertos en marketing ávidos por vender. Precisamente su médula espinar es ni más ni menos que Google Adwords, su propio sistema de publicidad online. Así que, por más que nos presenten su empresa (fijaos que he puesto empresa y no fundación u ONG) como un ente casi filantrópico, el hecho de que nos ofrezcan tantos servicios gratis tiene una explicación mucho más cercana al cobre.

Facebook tampoco le va a la zaga y además de la publicidad con la que rellenan cualquier hueco de su página web, “trafican” también con nuestros datos. No hay más que echar un vistazo a sus condiciones de uso (esa letra pequeña con una redacción farragosa que casi ningún usuario se lee cuando se crea su cuenta), donde avisan ya (y el que avisa no es traidor) que podrán vender nuestra información a terceros. Así que su estrategia pivota también sobre el hecho de mantenernos muchos minutos en su parcela, de modo que dejemos más y más información y veamos los anuncios que tienen preparados para nosotros.

Con Twitter, el modelo de negocio se vuelve algo más gris. Cada día crece el número de usuarios que tiene que soportar la plataforma, creciendo también de manera exponencial los recursos tecnológicos que tienen que destinar para que la maldecida ballena de “web caída” no aparezca. Y sin embargo, aún no tienen muy claro cómo van a rentabilizar a toda esa gente. Los socios se comienzan a impacientar mientras Twitter sólo asoma su patita con Trending Topics (los temas más calientes de los que se están hablando en la Red) patrocinados y una idea que aún no han puesto en práctica de twits patrocinados que aparezcan en su buscador o incluso en el “timeline” de los usuarios.

Spotify hizo una apuesta doble con su servicio gratuito: por un lado, captar al máximo número de usuarios en un tiempo muy corto, convirtiéndose casi en un estándar de facto para la escucha de la música; por otro, trabajar el modelo de la publicidad. Éste último le salió rana, dado que con los anuncios que interrumpían a esas cuentas gratuitas no les llegaba para pagar a las discográficas y a las gestoras de derechos de autor, cada vez que se reproducía una canción (y ya, del coste tecnológico que suponía tener todos esos servidores y disponibilidad, ni hablamos…). Ahora está mezclando ese modelo de publicidad con el de servicios premium, cobrando una cuota mensual a sus usuarios. Por tanto, tras ofrecer la “droga” gratis, ahora pasa a pedir una cantidad mínima a sus usuarios más “enganchados”.

Y frente a estas grandes compañías, modelos como el de la Wikipedia, que soportan su gestión de contenidos en la inteligencia colectiva y su subsistencia, en las donaciones de los internautas.

Quitando a esta plataforma, en el resto de ejemplos analizados, hay una materia prima recurrente: los usuarios, su tiempo y sus datos. Sin embargo, hay más modelos en la web: comercio electrónico, software como servicio, subastas, donaciones, … Esperemos que el “Big Brother is watching you” no sea la única alternativa para lograr éxito en la Red.

Imagen de Great Beyond (CC by-nc-sa)


Pequeño comercio vs. grandes superficies

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Si estabais esperando un post sobre el mundo del comercio, lo siento, os he engañado vilmente con el título (pido perdón también a las arañitas de google ;-) ). Pero es que cada día lo tengo más claro: en la Red se replican los mismos patrones que en la vida off-line (y desde que están con nosotros las redes sociales virtuales, más con más).

Uno de esos patrones es el intento de concentración de servicios en manos de unos pocos para acabar con la diversificación. Y es que plataformas como Facebook o Google-Land son a Internet lo que los centros comerciales a la compra. Un lugar que intenta aglutinar todo lo que un ciberciudadano pueda necesitar (o pueda creer necesitar), sobre todo de cara al ocio, acabando así con los pequeños barrios blogosféricos y las plataformas más locales.

Muchos dirán: “Es que tecnológicamente son los mejores. Si lo hacen bien, qué podemos hacer”. En la mayoría de los casos es obvio que el pequeño comercio no podrá competir con las grandes superficies. Pero que queréis que os diga… Yo nunca he sido muy amiga de las masas. Los sitios con mucha gente me agobian. Por el contrario, sigo viviendo en el mismo barrio de mi infancia. Un barrio donde nos conocemos todos, desde los vecinos a los dependientes de panaderías, hipermercados, bares, … Para lo bueno y para lo malo. Un barrio con carácter propio. En esos comercios se da un trato personal. No podemos decir lo mismo de las grandes superficies (eres un número dentro del coleccionismo de contactos).

Con esto no digo que reniegue de los centros comerciales. Pero si el día de mañana no existiera el pequeño comercio, para mí supondría una gran pérdida. Y las grandes plataformas de Internet es lo que buscan: acumular minutos y más minutos de nuestra vida on-line. “No salgas de aquí. Fuera no hay nada que te pueda interesar“. Esperemos que las tiendas más antiguas de la Red no tengan que bajar la persiana por la tiranía de las grandes superficies.

Este post va dedicado a Gorka, con el que tuve una charla de menos de cinco minutos sobre esto pero me sobró para clarificar ideas.

Imagen de miguelandresen (CC by-nc-nd)


De las Ondas a la Red: enero 2010

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Aquí van los audios de los programas correspondientes al mes de enero de la sección De las Ondas a la Red en Hoy por Hoy Bilbao.

04-01-2010: Open Data en el Gobierno Vasco con Alberto Ortíz de Zárate

Empezamos el año aclarando ideas sobre Open Data con Alorza, Director de Atención Ciudadana del Gobierno Vasco. Y es que se ha dado el pistoletazo de salida al proyecto de apertura de datos públicos (aún queda mucho camino por recorrer, pero las intenciones son buenas). Me encanta que intente explicar cosas complejas a un nivel bajo para que, como él dijo, lo entiendan nuestras madres :-) .

11-01-2010: Presentación de la página de Hoy por Hoy Bilbao en Facebook

En esta ocasión hablamos de Facebook y presentamos “en sociedad” la página de Hoy por Hoy Bilbao. En ese programa sólo eramos dos los fans. Ahora ya hay más de 700 y la interacción radio-Internet es plena :-) .

18-01-2010: La música e Internet

Aunque muchas gentes del negocio digan lo contrario, Internet está siendo un revulsivo al consumo musical (ya no entro si de formas legales o ilegales… dependerá del ojo que lo mire, seguro). Así que en este programa hablamos de diferentes páginas web en las que encontrar información sobre nuestros grupos musicales, bandas sonoras, etc… así como sitios donde poder escucharlos.

25-01-2010: Presentación de Irekia y acciones en Internet por Haití

Ese mismo lunes era la presentación y apertura de Irekia, la nueva web de Lehendakaritza que tiene el difícil cometido de abrir un diálogo constante y permanente entre el Ejecutivo y la ciudadanía. En próximos programas analizamos sus puntos fuertes y débiles.

También abordamos en esta ocasión diferentes iniciativas gestadas en Internet para ayudar en la catástrofe de Haití:

  • Los voluntarios del proyecto OpenStreetMap se han lanzado a mapear este país para que los equipos de rescate cuenten con buena información geográfica. Y todo gracias a que la licencia de OSM permite que cualquiera pueda utilizar sus datos.
  • El todopoderoso Google también está echando una mano donando 1 millón de dólares a las organizaciones que proporcionan ayuda humanitaria y habilitando Google Crisis Response, que permite buscar y dar información sobre personas desaparecidas y afectadas por el devastador terremoto de Haití. También ha actualizado las imágenes satelitales de la zona en Google Earth, para ayudar a las organizaciones a evaluar los daños.
  • Y más cerca, la ONG de Portugalete Lanbí cuenta minuto a minuto lo que allí sucede. Llevan ya muchos años trabajando en Haití y ahora todo se ha desmoronado. En la Universidad de Deusto hemos montado un blog para coordinar y buscar ideas de cara a recaudar fondos.

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Curso sobre Web 2.0: Introducción

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Esta semana comienzo un curso sobre web 2.0 que impartiré al personal de la Universidad de Deusto. Iré publicando por aquí, cada día, todos los materiales. Éste es el primer módulo:

1. ¿Qué es la web 2.0?

Para entender mejor qué es eso de la web 2.0, hagamos primero un repaso a la historia de la Web.

Aunque Internet nació a finales de los años 60, su servicio estrella, la World Wide Web (WWW), conocida popularmente como Web no lo hizo hasta 1990, de la mano de dos científicos del CERN: Tim Berners-Lee y Robert Cailliau. La idea básica consistía en páginas interconectadas mediante hiperenlaces que permitían saltar de un sitio a otro de una forma rápida y sencilla. Al principio, pocos eran los que tenían los conocimientos suficientes para crear sus propias páginas web y por tanto, poblaban este nuevo espacio. Además, la relación era unidireccional: el usuario que navegaba por las webs, sólo lo hacía en modo lector, sin posibilidad de apenas interactuar con ellas.

Las buenas intenciones iniciales de esta web abierta y gratuita para todos, pronto se fueron “pervirtiendo”. Como consecuencia de esto, entre 1997 y 2001, se produjo la popular burbuja.com. De repente, la telaraña mundial se comenzó a ver como un espacio ideal para los negocios y la obtención rápida de dinero. No era raro entrar en una página y caer deslumbrado por montones de gifs animados anunciando algo. Esto produjo una rápida subida de la cotización en bolsa de muchas empresas del sector. Pero si fuerte fue la subida, más aún la bajada.

Esta etapa de especulación económica dio paso a otra de recesión y desaliento. Tras el crack, nadie quería invertir un duro en las compañías punto-com. Así que la recuperación está siendo muy lenta y costosa. Sin embargo, no todo lo que se forjó durante esos años fue malo ni estuvo avocado al fracaso. En 1997 nació el buscador de contenidos más famoso y utilizado en el mundo entero: Google. De la mano de dos estudiantes de doctorado en Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford, Larry Page y Sergey Brin, se intentó diseñar una herramienta con la que poner orden a la información y así llegar a todas las esquinas de la Red. Como curiosidad decir que el origen del nombre está en la palabra googol, que en inglés es el calificativo que se da a la cifra “10 elevado a 100″. Un número muy elevado que puede que un futuro sea el número de sitios en Internet.

En la actualidad, la madurez de la web viene impulsada por un nuevo concepto: la Web 2.0. Blogs, wikis, redes sociales,… pero sobre todo, un protagonista central: el usuario. Pero no un usuario como el de antes. El infociudadano de ahora desempeña un nuevo rol de prosumidor (productor + consumidor de información). Se ha pasado de las páginas estáticas, raramente actualizadas, a un modelo en el que cualquiera, sin necesidad de conocimientos informáticos, puede tener su espacio en la Red. Un aluvión de nuevas palabras nos invade: sindicación, permalinks, folcsonomías, … Una revolución tecnológica que ha dado paso a un gran cambio social, modificando la forma en que usamos las herramientas y primando la inteligencia colectiva (nadie sabe todo, todos saben algo). Pero aunque la participación es el eje central de esta web, se sigue cumpliendo la ley de Pareto: sólo unos pocos generan contenidos y muchos ejercen de “lurkers” o “mirones”.

El origen del término (que no de la concepción) es de la editorial O’Reilly Media (con su CEO, Tim O’Reilly, a la cabeza).

Podemos decir también que hemos pasado por tres etapas según el foco se ha ido centrando en diferentes elementos:

  1. Una primera en la que el hardware era lo realmente importante, con grandes ordenadores o mainframes a los que se conectaban los usuarios mediante terminales remotos “tontos” (sin apenas lógica de aplicación en ellos) y con IBM como compañía que marcaba el terreno.
  2. Una segunda protagonizada por el software y con Microsoft como abanderado. Todas las aplicaciones residían ya en nuestros ordenadores personales y apenas había conectividad hacia fuera. Todo lo que se necesitaba estaba instalado.
  3. La última (hasta ahora) donde la apuesta principal es la Red, con Google como dueño y señor. Los datos y aplicaciones están en la “nube” y en nuestros ordenadores sólo es necesaria una conexión a Internet y un navegador.

Para ilustrar mejor esas diferencias entre web 1.0 y web 2.0, esta imagen de blog.aysoon.com nos viene que ni pintada:

Diferencias entre web 1.0 y web 2.0
Diferencias entre web 1.0 y web 2.0

Otro concepto irrumpe de la mano de la web 2.0: el cloud computing. El cloud computing o computación en nube consiste en servicios en la Red que trabajan con los datos de los usuarios, almacenándolos en servidores de proveedores externos. Es decir, cambiamos nuestras aplicaciones de escritorio por las que están en Internet, dejando nuestra información en la nube y jugando con las reglas de otros. La mayoría de plataformas más exitosas funcionan de esta manera: Flickr, YouTube, Twitter, Facebook, … Por tanto, nos debatimos entre dos opciones claras: la primera que nos dice que tenemos que movernos a donde está la gente y no esperar lo contrario (que la gente se mueva a donde nosotros estamos). Pero la segunda es que la gente está en lugares donde no tenemos control: ¿quién decide si un contenido es apropiado? ¿qué hacemos ante una parada del servicio? ¿Y si nos borran nuestra información porque consideran que no cumplimos los términos de uso? Además no podremos pedir cuentas, dado que en la mayoría de los casos se tratan de servicios gratuitos.

2. Sindicación de contenidos: RSS y agregadores

Ahora que tenemos un poco más claro el concepto de web 2.0, vamos a pasar a uno de los pilares que han posibilitado ese cambio y que han dotado de dinamismo a la web: la sindicación. Pero, ¿qué es la sindicación? Para entender mejor el concepto, analicemos el origen de la palabra. Se trata de un anglicismo que proviene de syndication. En Estados Unidos, los dibujantes de tiras cómicas tipo Garfield, Calvin y Hobbes, etc. se apuntaban a un sindicato que se encargaba de redistribuir sus trabajos por diferentes publicaciones. Digamos que los feeds hacen también el mismo trabajo que ese sindicato, se encargan de la redifusión de contenidos. Nuestras páginas web, blogs, wikis, etc… tienen un feed, es decir, un fichero que recoge todos los contenidos que se publican en los mismos. Ese fichero tiene un formato xml que permite indicar cuándo se han introducido esos contenidos. Ahí es donde entran en escena los agregadores, que son aplicaciones (pueden ser web o de escritorio) que saben interpretar esos ficheros y decirnos si se ha introducido algo nuevo desde nuestra última lectura. De esta forma hemos roto con uno de los paradigmas de la web 1.0 que consistía en que teníamos que acudir a las páginas para enterarnos de si se había cambiado algo. Ahora son los contenidos los que viajan hasta nosotros para notificarnos de esos cambios, sin necesidad de visitar una por una todas nuestras páginas favoritas, con el consiguiente ahorro de tiempo. Para entenderlo aún mejor pondremos un ejemplo práctico: ¿Quién no conoce la L.O.E. (Ley Orgánica de Educación)? Bueno, más que nada conocemos su nombre, porque su contenido es imposible de seguir con tanta reforma. ¿No sería de gran ayuda una herramienta que nos fuese diciendo las novedades de esa ley cada vez que es modificada? Pues si existiese un agregador jurídico, haría exactamente eso.

El símbolo que indica que una página cuenta con un feed es el siguiente:

icono del feed
icono del feed

Otras formas de denominar a un feed son RSS o Atom, aunque realmente se tratan de diferentes formatos en los que puede encontrarse un feed.

Como comentábamos anteriormente, tenemos dos tipos de agregadores: los que funcionan vía web o los que lo hacen como aplicaciones de escritorio. Vamos a ver ejemplos de ambos:

  • Web: necesitaremos de una conexión a Internet para acceder y revisar nuestras lecturas, pero eso nos permitirá comprobar nuestra cuenta desde cualquier ordenador. Será necesario crear una cuenta. Ejemplos: Google Reader, Bloglines, …
  • Aplicación: no es necesario crearse una cuenta, pero si cambiamos de ordenador, ya no podremos acceder a nuestras suscripciones. Podemos usar nuestros propios navegadores, por ejemplo, Firefox. O también nuestros clientes de correo, como puede ser thunderbird.

Cuando estamos en una web que nos interesa y de la que queremos estar al día, deberemos buscar la dirección del feed de esa página. Normalmente, como indicábamos anteriormente, estará señalizada con el símbolo naranja. Debemos entonces copiar esa dirección y pegarla en nuestro agregador favorito. Estaremos entonces suscribiéndonos a sus contenidos.

La gente de Common Craft lo explica perfectamente en este vídeo.


Cloud Computing: la crisis está evaporando la nube

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cloud
En Deusto llevamos ya un tiempo dando vueltas a la idea de abrir la universidad a la Red y establecer allí nuevos canales de comunicación y participación, pero no es tan sencillo como lanzarse a una red social sin manguitos ni flotador. Hay que analizar muchos factores. Uno de ellos es el peligro inherente al cloud computing. A pesar de que sea un concepto muy manoseado últimamente, voy a explicarlo por encima:

El cloud computing o computación en nube (está claro que en inglés todo suena más romántico) consiste en servicios en la Red que trabajan con los datos de los usuarios, almacenándolos en servidores de proveedores externos. Es decir, cambiamos nuestras aplicaciones de ordenador por las que están en Internet, dejando nuestra información en la nube. No dejéis de leer esta entrada al respecto.

Casi toda la parafernalia que rodea a la web 2.0 se fundamenta en el cloud computing: gmail, facebook, flickr, twitter, youtube, … Si mañana echaran el cierre, muchos llorarían durante una temporada larga. Y la crisis está trayendo eso: cierres.

Por tanto, nos debatimos entre dos premisas claras: la primera que nos dice que tenemos que movernos a donde está la gente y no esperar lo contrario (que la gente se mueva a donde nosotros estamos). Pero la segunda es que la gente está en lugares donde no tenemos control. Y con la palabra control no quiero decir manipulación, sino más bien me refiero a temas técnicos: ¿quién decide si un contenido es apropiado? ¿qué hacemos ante una parada del servicio? ¿Y si nos borran nuestra información porque consideran que no cumplimos los términos de uso? Nada nos queda. Y menos aún podemos pedir cuentas, puesto que en la mayoría de los casos se tratan de servicios gratuitos.

Un ejemplo claro que estamos rumiando estos días es la gestión de contenido audiovisual. Si analizas el mercado del vídeo, está más que claro quién es la plataforma ganadora en cuanto a usuarios y éxito: YouTube. Sin embargo, ellos marcan las reglas del juego: vídeos de no más de 10 minutos ni 1 GB de tamaño (por no hablar de las restricciones de copyright, etc… ). Estupendo, pues seleccionemos una segunda plataforma: Google Video. Aquí podremos dejar material de más de 10 minutos y con mayor calidad. Pues resulta que han decidido deshabilitar las subidas de nuevo material. Todo dentro de la estrategia de supervivencia a la crisis (igual que el cierre de Jaiku, Google Notebook, …). ¿Y qué haces ante eso, si ni siquiera el todopoderoso Google te asegura nada? No te lo puedes montar por tu cuenta porque estarás solo, pero tampoco confiar todos tus huevos a una misma cesta. Claro que distribuir entre muchas cestas implica un gran esfuerzo de horas/persona.

¿Qué se puede hacer en estos casos?


Internet: ¡Cuánto has crecido!

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internet

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 100 (otoño 2008)

25 años son los que lleva esta revista en marcha. Y no muchos más los que tiene Internet. Así que aprovechando la celebración, vamos a repasar brevemente la filogénesis de la Red de redes desde su primitivo inicio hasta llegar a lo que hoy conocemos y utilizamos.

Internet ha supuesto una revolución en el mundo de las comunicaciones. Sus principales pilares residen en la descentralización de los datos, la ruptura de barreras temporales y espaciales, así como la propagación de una cantidad ingente de información no controlada ni controlable por ninguna entidad (o eso nos gusta pensar a los románticos / ilusos).

Sus orígenes se remontan a finales de los años 60, cuando la ARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados) del Departamento de Defensa de los Estados Unidos puso en marcha la primera red experimental de computadoras interconectadas conocida como ARPANET. Para ser más precisos, cuatro fueron los primeros nodos. Un número sorprendente teniendo en cuenta los miles de millones de usuarios que ahora formamos parte del ciberespacio. Su origen militar fue ampliándose al ámbito académico, y tuvimos que esperar hasta finales de los años 80 para ver el comienzo del uso comercial de las conexiones.

Muchos son los servicios que nos ofrece Internet: el correo electrónico, la transmisión de ficheros, la mensajería instantánea, etc… Aunque sin ninguna duda, el servicio estrella es la World Wide Web (WWW), conocida popularmente como Web. No debemos, por tanto, confundirla con Internet. Lo primero sólo es un pequeño subconjunto de lo segundo. De hecho, este proyecto es aún más joven: fue desarrollado en 1990 en el CERN por los científicos Tim Berners-Lee y Robert Cailliau. La idea básica consistía en páginas interconectadas mediante hiperenlaces que permitían saltar de un sitio a otro de una forma rápida y sencilla.

Las buenas intenciones iniciales de esta web abierta y gratuita para todos, pronto se fueron “pervirtiendo”. Como consecuencia de esto, entre 1997 y 2001, se produjo la popular burbuja.com. De repente, la telaraña mundial se comenzó a ver como un espacio ideal para los negocios y la obtención rápida de dinero. No era raro entrar en una página y caer deslumbrado por montones de gifs animados anunciando algo. Esto produjo una rápida subida de la cotización en bolsa de muchas empresas del sector. Pero si fuerte fue la subida, más aún la bajada.

Esta etapa de especulación económica dio paso a otra de recesión y desaliento. Tras el crack, nadie quería invertir un duro en las compañías punto-com. Así que la recuperación está siendo muy lenta y costosa.

Sin embargo, no todo lo que se forjó durante esos años fue malo ni estuvo avocado al fracaso. En 1997 nació el buscador de contenidos más famoso y utilizado en el mundo entero: Google. De la mano de dos estudiantes de doctorado en Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford, Larry Page y Sergey Brin, se intentó diseñar una herramienta con la que poner orden a la información y así llegar a todas las esquinas de la Red. Como curiosidad decir que el origen del nombre está en la palabra googol, que en inglés es el calificativo que se da a la cifra “10 elevado a 100″. Un número muy elevado que puede que un futuro sea el número de sitios en Internet.

En la actualidad, la madurez de la web viene impulsada por un nuevo concepto: la Web 2.0. Blogs, wikis, redes sociales,… pero sobre todo, un protagonista central: el usuario. Pero no un usuario como el de antes. El infociudadano de ahora desempeña un nuevo rol de prosumidor (productor + consumidor de información). Se ha pasado de las páginas estáticas, raramente actualizadas, a un modelo en el que cualquiera, sin necesidad de conocimientos informáticos, puede tener su espacio en la Red. Un aluvión de nuevas palabras nos invade: sindicación, permalinks, folcsonomías, … Una revolución tecnológica que ha dado paso a un gran cambio social, modificando la forma en que usamos las herramientas y primando la inteligencia colectiva. El origen del término (que no de la concepción) es de la editorial O’Reilly Media.

Poniendo la mirada en el futuro, muchos dicen que nos encontraremos con la Web semántica. Una tecnología que pretende agregar sentido a la información, haciendo a las máquinas un poco menos tontas a base de añadir metadatos semánticos que doten de significado a la información. De esta forma, cuando hagamos búsquedas de información, los resultados obtenidos se ajustarán más gracias a bases de conocimiento. Por ejemplo, cuando usemos palabras polisémicas, la máquina será capaz de resolver automáticamente la ambigüedad léxica en base al contexto.

También se dice que la aparición de nuevos dispositivos para la conexión (móviles, PDA’s, …) será otro punto de inflexión que marque el desarrollo de la tecnología. Incluso se habla de una posible saturación de la Red, dado que los nuevos contenidos que se consumen han pasado del liviano texto plano a los pesados vídeos e imágenes de alta calidad.

internet_hosts

No estoy en condiciones de sacar mi bola de adivina en este aspecto, dado el carácter cambiante que caracteriza a este medio. Lo que si tengo claro es que debemos abogar todos juntos por acabar con la brecha digital y el analfabetismo digital, logrando así que cualquier persona tenga acceso a Internet, sea cual sea su origen, edad o condición física. Si recuperamos las intenciones iniciales de una red abierta, gratuita y sin intervenciones gubernamentales, habremos logrado nuestro objetivo. ¡Larga vida a Internet!

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Google también se viste de Navidad

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Es curioso como Google también celebra la navidad y va colgando día tras día una imagen nueva para su conocido buscador.

Empezaron el día 21 de diciembre y cada día iban añadiendo una nueva imagen a su secuencia navideña hasta que el día 25 culminaron su obra. Aquí podéis ver la secuencia completa.

Otras fechas significativas también han sido marcadas por google con un logo especial. Por ejemplo, el cumpleaños de Leonardo Da Vinci – 15 de abril de 2005:

da_vinciEl día Internacional de la Mujer – 8 de marzo de 2005:

intl_womenEl cumpleaños de Alfred Hitchcock – 13 de agosto de 2003

hitchcockPara ver todos los logos utilizados por google hasta la fecha pasaros por aquí.

Ahora sólo nos queda esperar unos días para ver cuál será el logo del nuevo año 2006.

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