Definición de la RAE:
Dícese de la esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.
Y yo completaría el significado agregando que es inversamente proporcional a la edad del que la tiene. O quizás más que la ilusión, la facilidad para ilusionarnos.
Y todo esto a santo de qué ha venido a mi cabeza. Pues la causa de esta reflexión ha sido la carita iluminada de un niño de unos tres años que he visto hoy. ¿Y cuál ha sido la causa? Simplemente el poder pulsar el botón que abre las puertas del tranvía. Un gesto tan sencillo que se ha vuelta cotidiano para mí y que hago sin pensar. Sin embargo, para un niño es un segundo maravilloso.
Nota mental: vivir las cosas como si fuesen la primera vez que las hacemos y disfrutar de los pequeños detalles de la vida hasta el último respiro.


Definitivamente me estoy volviendo malvada. Y os preguntaréis, ¿por qué dice eso? Pues leed la siguiente historia y juzgad vosotros mismos.
Venía hoy de trabajar en el tranvía. Como es normal en un lunes, el cansancio y el sueño me tenían ya con la reserva puesta y lo último que deseaba en ese momento era escuchar un ruido estridente. Pues para mi suerte, en el asiento de al lado estaba un niño pequeño con su padre. El niño no hacía más que gritar y moverse continuamente.
¿Y cuál creéis que fue la reacción del padre? ¿Llamarle la atención? ¿Darle un sopapo llegado un punto extremo? ¡Pues no! Se limitaba a mirarle como las vacas al tren y de vez en cuando le decía en un sosegado tono: “No grites tanto…”. Como podréis imaginar yo iba ya con los nervios crispados, a punto de explotar y cargarme al niño.
Pero mis plegarias fueron oídas (no sé si por Dios o por el conductor del tranvía) y éste frenó de golpe, lo que hizo que el niño, al estar levantado, se golpease contra el asiento de enfrente.
En otro momento me hubiese llevado un susto, sin embargo, una sensación de satisfacción recorrió todo mi cuerpo. El llanto del niño ya no me molestaba. Al contrario, me entraron unas ganas terribles de levantarme y gritarle: “jódete” mientras le hacía un corte de mangas.
Ahora es cuando podéis decirme si soy un poquito hija de pu** o por el contrario vosotros también estáis cansados de todos esos padres que pasan literalmente de sus hijos convirtiéndoles en pequeños monstruitos.
Todavía recuerdo mi infancia, cuando pensaba que mis padres eran muy severos conmigo. Sin embargo, gracias a eso, recibí una educación de la que estoy orgullosa. Porque ellos nunca pensaron que en el colegio se encargarían de educarme. Lo hicieron ellos personalmente.
Próximamente echaré el mal de ojo a aquellas personas que se plantan en medio de las escaleras mecánicas y no te dejan pasar cuando llevas prisa