El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos (Pitágoras)
9 Sep
Londres es la ciudad de los mercados. Hay uno para cada día de la semana.
El sábado tenemos Portobello Market en el mismísimo corazón de Nothing Hill, un barrio precioso de obligado paseo. A lo largo y ancho de Portobello Road, con sus casitas victorianas de colores, encontraremos miles de puestos y tiendas que venden antigüedades, arte, comida, ropa, … Una recomedación: ir prontito, porque luego se llena de gente.
El domingo nos podríamos acercar a Spitalfields Market y a Brick Lane Market en la zona del East End. Spitafields es un mercado más “formal” con mucho material hecho a mano, pero Brick Lane es un lugar por el que es imprescindible pasar si vas a Londres. La calle que da nombre al mercado es de lo más underground que te puedas encontrar. Probablemente te sientas fuera de lugar por lo “normal” que eres. Moda vintage y de segunda mano se junta con este ambiente caótico, multicultural (se ha convertido en el barrio bengalí) y que rezuma arte por todos sus poros: street art a tutiplén con vistosos graffitis, múltiples Space Invaders, galerías y espacios de trabajo, bares muy peculiares para tomarte algo (con tomateras como adorno, por ejemplo), …
La Old Truman Brewery es una antigua fábrica de cerveza que actualmente da cobijo a diseñadores de moda, artistas, fotógrafos, galerías de arte y bares. Justo delante tiene una plaza donde os encontraréis sitios tan curiosos como el restaurante vegano Rootmaster.
Para el lunes hemos dejado otro plato fuerte: Camden Town. Ya no es tan underground como fuera antaño (ahora es más turistero) pero sigue teniendo mucho encanto, con múltiples tiendas con sus fachadas decoradas con aviones, gatos, botas, … Se divide en cinco zonas: Stables (antiguos establos reformados), Camden Lock, Camden Canal, Camden Market e Inverness Street. Artesanía, electrónica, ropa, pintura y gente de todo tipo. Aunque suene raro, hay que visitar los baños de Stables. Están decorados por graffitis impresionantes. Y también Cyberdog: una tienda futurista cyberpunk, con música electrónica a todo trapo, luces de neón y una enorme pista de baile a la que saltan los dependientes de vez en cuando.

¿Y qué tal si el martes nos vamos a Covent Garden? Éste, más que un mercado, es un distrito completo. Medio cubierto, medio al aire libre (con la Piazza), podemos comprar alimentos, bisutería, ropa o ver un buen espectáculo improvisado en la calle. También podremos echar un vistazo al Royal Opera House.
Si sois unos amantes del buen comer y de los alimentos de primer nivel, Borough Market es vuestro lugar en Southwark. Gente de muchas partes del mundo se acerca a Londres sólo para comprar aquí café.
Ya sólo queda un capítulo para que os deje de dar la brasa
.
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8 Sep
Enmarcado por las calles Regent Street al oeste, Oxford Street al norte, Charing Cross al este y Shaftesbury Anevue al sur, es dentro de este espacio donde encontraremos el barrio del Soho. Un lugar con muchísima vida y ambiente. No podéis dejar de tomaros una pinta en Carnaby Street y probar los tipos de comida que confluyen. Y como en toda ciudad grande que se precie, por supuesto no podía faltar un Chinatown, con Gerrard St como arteria principal, aunque bastante más pequeño que el de otras urbes.
En la parte este, junto al Támesis, tenemos también unos cuantos rincones con encanto. La Torre de Londres, un castillo donde están los famosos cuervos y los aún más conocidos Beefeaters. Dice la leyenda que el día que los cuervos emprendan viaje, se caerá la Torre y con ella la monarquía. Así que los tienen a cuerpo de rey
. Junto a la Torre está el único vestigio que queda del poblado romano que fue en su día Londinium: un pedazo de muralla junto a la estatua de Trajano. Y ese núcleo primigenio es lo que ahora se conoce como La City. También la llaman la milla cuadrada por su tamaño y porque es el centro financiero de Londres. Si os pasáis por ahí en domingo, parecerá un poblado fantasma. Sin embargo, entre semana se respira dinero. Tiene su propia policía y alcalde. Aquí hay impresionante edificios de oficinas como el Gherkin, de Norman Foster, más conocido como el pepino por su forma, Lloyds, … pero también obras arquitectónicas más viejitas como la altísima columna The Monument, con 61 metros. Justo la distancia a la que se originó el gran incendio que calcinó la ciudad en 1666 (con tanto seis, algo malo tenía que pasar…). La verdad es que Londres ha sido azotada por numerosísimos incendios, así que la mayoría de edificios han tenido que ser reconstruidos en multitud de ocasiones. Esta columna tiene un mirador en su parte superior, pero para llegar a él habrá que acoquinar 3 libras y subir 311 escalones.
Cerca está uno de los puentes más míticos: Tower Bridge. Se abre por la mitad (aunque ya es raro que suceda) y se puede recorrer por la parte superior. No hay que confundirlo con el London Bridge, que es justo el que está enfrente. Este último no es gran cosa arquitectónica pero tiene un mayor valor histórico puesto que fue el primero que se construyó para cruzar el Támesis. Entre la Torre de Londres y el puente, os recomiendo que sigáis caminando para llegar a St Katharine Docks, un muelle lleno de yates y con un hotelito muy cuco
. A la otra orilla del Támesis está el nuevo ayuntamiento de cristal diseñado también por Norman Foster con forma de concha en su interior. Si seguimos nuestro camino nos encontraremos con el Shakespeare Globe y la Tate Modern. El primero es una recreación del teatro original de William Shakespeare donde se siguen haciendo representaciones. La segunda es el Museo Nacional Británico de Arte Moderno, alojado en una antigua central de energía. Por fuera no es nada del otro mundo. De hecho, tira a feucha. Pero por dentro es otro cantar. Además de ser gratis (excepto las exposiciones itinerantes), está estupendamente estructurada y alberga obras de grandes artistas (Dalí, Warhol, Rothko, …). No os podéis perder las vistas desde la cafetería en su séptima planta. Nos encantó. Si os sobre tiempo y dinero, podéis coger un barco para recorrer el Támesis y llegar hasta su hermana mayor: la Tate Britain.

Justo frente a la Tate tenemos uno de los puentes más nuevos (del año 2000): el Millenium Bridge. ¿A que no adivináis quién fue su arquitecto? Exacto: Norman Foster. Pero éste vino con polémica porque a los tres días de su inauguración se tuvo que cerrar dado que se movía y mareaba a los viandantes :-S. Las vibraciones se corrigieron y por ahora no ha habido más sustos
. Conecta directamente con la enorme Catedral de St Paul (que todos recordamos de los títulos de crédito del Show de Benny Hill
).
Hablando de museos, no podíamos olvidarnos del British Museum, uno de los mayores y más famosos museos de antigüedades de todo el mundo. Es también gratuito y cuando entras en él sientes una enorme vergüenza por el espíritu expoliador que han tenido los ingleses a lo largo de los años. Y es que medio Antiguo Egipto y parte del Partenón están allí. La principal atracción es la piedra Rosetta aunque nos impresionó bastante poco, dado que está siempre rodeada de cabezas que tratan de verla y sacarle una foto. Lo que más me gustó fue la parte de las momias y el nuevo Gran Atrio que ha construido Norman Foster (el estudio de este tío tiene mucho trabajo…) con acero y cristal.
Apenas hemos bajado al sur del Támesis, pero allí también hay un montón de cosas para ver. Por ejemplo, justo debajo de Hyde Park tenemos varios edificios juntos: el Museo de Ciencia Natural, muy orientado a los niños con muchos botoncitos que tocar (es gratis); el Royal Albert Hall, uno de los teatros más conocidos del mundo (y muy cerca, en Hyde Park, el Albert Memorial); el Museo de Historia Natural con un edificio que te quita el hipo y algunas cosas curiosas como el tronco de una secuoya contextualizado en años, el esqueleto de un dinosaurio o una gigantesca ballena (también es gratis); y por supuesto, los archiconocidos almacenes Harrods, que ya no son de Al Fayed porque los vendió este mismo año (hay que pasar por los baños
).
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6 Sep
Cogiendo el metro y bajándonos en la parada de Westmister ya tenemos un conjunto de edificios característicos en apenas pocos metros. A un lado del Támesis está el emblemático Big Ben con el Palacio de Westminster que alberga el Parlamento (la Cámara de los Lores y los Comunes), la Abadía de Westminster y la Catedral. La torre con el reloj más famoso del planeta realmente debe su nombre a la enorme campana que se encuentra en su interior (¡de más de 13 toneladas!). Su tamaño y envergadura deja a cualquiera boquiabierto.
Al otro lado del río ya nos saluda la inmensa noria más conocida como el London Eye junto al County Hall (que alberga el Aquarium y el Dali Universe). Este tremendo ojo londinense fue construido con motivo del cambio de milenio en el año 2000 y su estancia estaba programada para cinco años. Sin embargo, debido a su éxito se ha convertido en una atracción permanente. Sus enormes cápsulas tardan unos 30 minutos en dar una vuelta completa. Va tan despacito que no para nunca para que la gente suba. Lo pueden hacer en movimiento. Eso sí, igual de despacito van las colas para comprar los tickets por un lado y para montarse por otro.
Si avanzamos dirección a Trafalgar Square, pasaremos junto a Downing Street: en esta famosa calle, en el número 10 para ser más precisos, vive el Primer Ministro (en el 11 está su vecino, el Ministro de Hacienda). Pero no os decepcionéis si os topáis con unas bonitas y enormes rejas que impiden vuestro paso. Desde 1989 no se puede acceder para evitar así posibles ataques terroristas. Como mucho podréis sacar fotos a los bobbies que las custodian.
Al lado tenemos también la Horse Guards Parade, lugar donde pacientemente la guardia montada de la Reina aguanta impasible, subidos a sus caballos, sin mover ni una pestaña mientras los turistas se sacan fotos y les hacen muecas (y con el olor a excremento bajo sus pies). Eso sí, ojito con los jamelgos, que no tienen la misma flema inglesa y pueden pegarte un buen bocado o una coz. Ver el cambio de esta guardia (a las 11:00 diariamente) es más recomendable que el de Buckingham porque suele congregar a menos gente.
Justo cuando llegamos a Trafalgar, tenemos a mano izquierda el Admiralty Arch incitándonos a que dejemos para más tarde la plaza y lo crucemos para llegar hasta el Palacio de Buckingham por la majestuosa avenida The Mall. Tenéis que encontrar la nariz al arco
.
Antes de alcanzar la residencia de la reina, tenemos St. James’s Park, Green Park (haremos un análisis a fondo de todas las zonas verdes que dan oxígeno a la ciudad), Marlborough House, Clarence House (morada de la reina Madre hasta su muerte y actual de Carlos y Camila), … Cuando veamos el dorado Queen Victoria Memorial, habremos llegado hasta los aposentos de la reina. Si ondea la bandera de Inglaterra, es que no está en casa. Si está la enseña real, igual sale a saludarnos y todo
. Ver aquí el famoso cambio de guardia es misión imposible. Tendrás que ir varias horas antes para coger sitio en sus verjas.
Tras este paseito ya podemos volver a Trafalgar Square para disfrutar del capitán Nelson, sus fuentes, la National Gallery y la iglesia de St Martin’s-in-the-Fields. Tampoco nos podemos perder el cuarto pedestal o fourth plinth en la esquina nororiental de la plaza. En esta peana iban a colocar la enésima estatua ecuestre pero se quedaron sin dinero y decidieron poner en su lugar una obra de arte contemporáneo que estuviese durante 18 meses, para ser luego sustituida. En mi viaje tocó el Nelson’s Ship in a Bottle de Yonki Shonibare pero están ya buscando al próximo inquilino mediante votación popular.
Ya que estamos por aquí es inevitable que entremos a la National Gallery por varias razones: no suele tener muchas colas, es gratis (ya sabemos como nos llama eso
) y tiene obras interesantes para ver como mi segunda versión de Los Girasoles de Van Gogh (la primera la vi en Múnich, así que ahora sólo me quedan las otras tres que pululan por el mundo).
No muy lejos de aquí tenemos la estación de Charing Cross que se considera el centro de Londres y es su kilómetro cero; innumerables teatros en el West End, siendo uno de los más conocidos el Her Majesty’s Theatre (me pregunto que pasará con el nombre de este lugar el día que Inglaterra esté reinada por un hombre
); Leicester Square con los conocidos cines Odeon (lugar donde se hacen los grandes estrenos y por donde pasean las estrellas) y la caseta de Tkts (espacio igual al que hay en NY donde venden entradas para el teatro a mitad de precio). Y por supuesto la plaza más retratada: Picadilly Circus. Con su estatua de Eros y sus carteles luminosos, es un lugar de quedada por excelencia. Eso sí, si habéis visto Times Square, os entrará la risa con los paneles publicitarios de Picadilly
. En esta intersección nace una de las calles más caras de la ciudad: Regent Street. No os perdáis Hamleys, una de las tiendas de juguetes más grandes del mundo (menudos precios que tienen los ositos aquí…).
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5 Sep
Como ya va siendo costumbre por este rincón, toca una serie de posts contando la experiencia de mi viaje a Londres, para que quede como cuaderno de bitácora y por si a más gente le puede ser de utilidad. Estará dividido en varias entregas contando costumbres, curiosidades y lugares de obligada visita.
Londres, London, Londinium. Muchas ciudades en una, que lo tiene todo y bien mezclado: edificios históricos con diseños innovadores; antiquísimas guardias reales con lo más underground; nuevas tendencias con ambientes un tanto rancios (a veces enmascarados bajo la palabra vintage); muchas culturas y razas (y cada vez menos ingleses); cabinas de teléfono rojas; autobuses también rojos de dos plantas; sol, lluvia, viento, calor, frío, … pero todo en un único día.
De hecho, hay un objeto que no puede faltar en tu bolso: el paraguas. Por mucho que cuando amanezca, brille el sol y los pajarillos canten, no te puedes fiar. No hay más que ver cómo todas las borrascas que entran por Galicia tienen un eje de giro: Inglaterra. Es ilustrativo que en la BBC dan su “weather” mostrando cómo los bancos de lluvias se mueven a lo largo del día y no poniendo solecitos y nubes como aquí.
Por tanto, notaréis que existen dos Londres: el de la luz y el de la lluvia. En cuanto un rayo de sol aparece, la gente asoma sus cuernos por parques y calles, tomando los edificios otro color (no os podéis perder el dorado del Parlamento cuando está atardeciendo).
Los ingleses son especiales: tienen moneda diferente (libra), sistemas métricos diferentes (galones, millas, grados Fahrenheit, …), enchufes diferentes (con tres clavijas) y hasta conducen al revés (menos mal que en todos los pasos de cebra está pintado en el suelo para donde tenemos que mirar los despistados turistas…). Que sepáis que esto de conducir en la otra dirección no es un mero capricho. Más bien se trata de una costumbre heredada de cuando los carruajes de caballos llenaban las calles. Para que los conductores no diesen a los peatones con sus látigos, se movían por la izquierda.
Mis sensaciones más personales y subjetivas: es una ciudad cara (ya no sólo por el cambio de la libra), con mucho caos (Oxford Street me agobió mucho más que en su día Times Square en NY), con gente nativa no excesivamente amable pero llena de foráneos trabajando (que compensan lo secos que son los ingleses) y con un tiempo endiablado (si viviera aquí, terminaría con depresión por tanta lluvia y tan poco sol… y mira que vivo en Bilbao
). Eso sí, se nota que es la cuna de las nuevas tendencias, de las expresiones culturales, de grandes bandas y cantantes que surgen en los pubs, de artistas callejeros como Banksy (es impresionante ver cómo el merchandising de sus obras se ha adueñado de la ciudad y, sin embargo, los funcionarios no dejan ni un graffiti vivo) y un lugar por el que puedes pasear con una maceta en la cabeza y nadie se te quedará mirando. Eso sí, encontrarás cámaras de vídeo grabando por todas las esquinas.
En cuatro palabras yo diría que Londres es im-prescindible e im-presionante.
A pesar de que Inglaterra sea una isla, tenemos multitud de opciones para llegar hasta Londres: por aire, tierra o mar. Con sus nada más y nada menos que cinco aeropuertos, podremos llegar en avión con mucha facilidad. Si lo tuyo es el Low Cost, probablemente desembarques como nosotras en Stansted, un aeropuerto que está bastante lejos de la ciudad (a hora y media en autobús). Por mar tienes los ferrys y por tierra el Eurotúnel.
Una vez dentro de la ciudad también tenemos bastantes opciones: el archiconocido Metro, los aún más archiconocidos autobuses rojos de dos plantas, los trenes DLR y, por supuesto, tus pies (que al final son los más fiables). Lo mejor es cogerse un bono de transporte de varios días (hay travelcards de 1, 3 ó 7 días) o una tarjeta oyster que se puede recargar y te sirve para metro, autobús y tren.
El metro o Tube, como ellos lo conocen, es viejito aunque eficiente, pero hay días en los que se puede convertir en tu peor pesadilla: mucha gente, cortes de servicio sin previo aviso, calor, … Su famoso plano fue diseñado por Harry Beck hace casi 80 años. Ojo, porque no muestra la posición geográfica de las estaciones.
Los afamados autobuses son ideales para disfrutar de la ciudad en modo turista porque su segundo piso acristalado ofrece unas vistas envidiables. Eso sí, como tengas prisa, olvídate de usarlos porque el tráfico en Londres es horrible (a pesar de la cuota que cobran a los vehículos que quieren transitar por el centro).
El DLR (Docklands Light Railway) es el sistema de tren ligero. A no ser que queráis salir de Londres o acercaros a partes que no cubra el metro, seguramente no lo probéis.
En próximas entregas llegarán los sitios imprescindibles por los que pasar
.
26 Jul
Últimamente no es que escriba entradas a diestro y siniestro… A pesar de lo que pudiera parecer, julio está siendo un mes cargadito de trabajo y el calor tampoco me incita a la actividad bloguera en demasía, teniendo en cuenta la potencia de horno-microondas que ha adquirido mi portátil. Así que a falta de posts, os dejo con un par de entrevistas que han salido publicadas este fin de semana en dos periódicos.
La primera en El Correo, acompañada de Toti Martínez de Lezea y con Lucía Martínez Odriozola como maestra de ceremonias. Un cara a cara para enfrentar libros físicos contra libros digitales: De papel y pantalla. Aunque, como ya le dije a Lucía cuando me propuso el “careo”, yo no concibo que un soporte vaya a reemplazar al otro. Cada uno tendrá su espacio y seguramente sus reglas. De hecho, siempre que se habla de los e-readers, se piensa en ellos como útiles para la lectura convencional que hasta ahora se estaba llevando a cabo con el papel. Pero espero que los caminos se despejen en la hipertextualidad y pronto nos sorprendan con nuevas formas de disfrutar de los contenidos.
Se están reproduciendo los mismos fallos que con la música. El músico puede dar un concierto pero, ¿el autor? ¡Como no dé una conferencia!
Y por otro lado dos artículos en Noticias de Gipuzkoa de la mano de Harri Hernández analizando la participación de los nativos digitales y las mujeres en la Red. Están otros sospechosos habituales como Igor San Román, José Antonio del Moral, Miren Berasategi y Naiara Pérez de Villareal.
Antes se decía que los niños nacían con un pan bajo el brazo, ahora vienen con un ordenador y conexión a Internet.
5 Abr
Aquí va el último post de esta saga con lugares de obligada visita en la ciudad de los rascacielos. Como veréis, la mayoría corresponden al distrito de Manhattan pero es que, o estáis tres meses en la ciudad, o es imposible disfrutar de los cinco “boroughs” de una forma pausada.
La madre de todos los parques. A pesar de que Nueva York es reconocida por su asfalto y ladrillo, en mitad de Manhattan tiene un pulmón verde de 3.4 km² (4 Km. x 800 m. en forma rectangular). Es tal su tamaño, que alberga en su interior un castillo (Belvedere Castle), un lago enorme, una fuente de película (Bethesda Fountain), un zoo, canchas de béisbol, las carreteras lo cruzan y tiene 93 Km. de caminos. Y si impresionante es ver esa isla en medio del gris reinante, aún lo es más cuando se observa desde el cielo por la noche: es como un agujero negro entre tanta “estrella de neón”. Mi recomendación es visitarlo en fin de semana, para ver a los neoyorquinos disfrutando de su tiempo libre allí. Además, alquilar unas bicicletas para dar rienda suelta al instinto “Verano azul” que todos llevamos dentro.
Dentro de Central Park no se os puede pasar Strawberry Fields, monumento erigido en honor de John Lenon (justo frente al Edificio Dakota, donde vivía y donde fue asesinado). Un lugar de peregrinación para los amantes de la música donde siempre encontrarás a alguien entonando el Imagine.
Por cierto, en este parque descubriréis que en la Gran Manzana las adorables ardillitas son las palomas de aquí: hay multitud de ellas y apenas tienen ya miedo a los humanos.
El centro de las luces donde se cruzan la Séptima Avenida y Broadway. Pasaréis por allí mil veces y nunca dejará de agobiaros
. Miles de carteles publicitarios digitales, a cada cual más ostentoso; miles de luces y por supuesto, miles de tiendas (Planet Hollywood, un Toys ‘R’ Us con una noria dentro, Quicksilver, Billabong, Element, Footlocker, …).
El conocido anuncio de Coca-Cola que preside esta plaza es uno de los sponsors que menos paga porque su contrato es de renta antigua: ¡un millonejo de dólares al año! Aquí también se reúnen los neoyorquinos cada 31 de diciembre para despedir al año. Ahora cuenta con una amplia zona peatonal para que ningún turista despistado sea arroyado por un taxi amarillo. Asimismo hay una escalinata roja a modo de gradas donde poder descansar. Tras esa escalinata se encuentra Tkts, un lugar donde se pueden comprar entradas para los espectáculos de Broadway a un precio asequible (hay hasta 43 teatros). Funciona a modo de bolsa: según se va acercando la hora del espectáculo (normalmente suelen empezar a las 8 de la tarde), baja el precio. Por supuesto, asistir a una obra de teatro en Broadway también es obligado. Nosotros disfrutamos de Mary Poppins y puedo decir que nos quedamos con la boca abierta cuando la actriz se puso a volar por el teatro (estos americanos no escatiman en efectos especiales ni siquiera en el teatro
).
De entre sus más de 4.500 rascacielos podemos destacar los siguientes buques insignia:
Empire State Building: el faro de la ciudad. Tras los atentados del 11-S y la caída de las Torres Gemelas, ha vuelto a ser el edificio más alto (102 pisos). Lo cual acojona un poco si tenemos en cuenta que se construyó en ¡menos de un año! sobre el hotel Waldorf-Astoria. Recordado por la película de King Kong, está abierto al público y se ha convertido en un mirador espectacular del resto de la ciudad. Mi recomendación es que vayáis de día a éste y de noche al Rockefeller Center, donde hay más espacio para pasear y disfrutar de las vistas. Por las noches su cima se ilumina de diferentes colores, dependiendo de la ocasión.Como contábamos en el anterior post, hay un ferry gratuito que te lleva a Staten Island, pero ver de lejos a la estatua, no es suficiente. Necesitas poner los pies en su isla y en la de Ellis. Un regalo de Francia de 46 metros de altura. La trajeron desmontada desde allí en nada más y nada menos que 350 piezas. De nuevo se puede subir a su diadema, pero reservando con mucha antelación ya que, por motivos de seguridad, sólo pueden entrar 200 personas por día. El ferry (éste de pago) que te lleva a la estatua también te acerca a la isla de Ellis, primer lugar que pisaban los inmigrantes que llegaban a Nueva York, donde eran inspeccionados tanto legal como médicamente.
Une Manhattan con Brooklyn mediante única y exclusivamente hierro. Permite el tránsito de vehículos y personas. El camino peatonal para personas, corredores y ciclistas está en la parte superior central. Mi recomendación es que lo recorráis de día y de noche: podéis hacer la ida de día hacia el distrito de Brooklyn y volver en metro. Otro día el viaje inverso: ir en metro y volver andando hasta Manhattan. Una vez en Brooklyn hay que bajar a un mirador que hay junto al puente, en la orilla, donde las vistas son preciosas (la mítica foto del skyline).
La mayoría están en la milla de los museos (lateral este de Central Park), una zona donde antiguamente vivían los multimillonarios y los museos fueron comprando poco a poco sus recintos.
Los barrios de Nueva York tienen carácter propio:
La reconstrucción está siendo peliaguda porque hay litigios entre las diferentes partes implicadas: familiares, autoridades, políticos, … Se supone que el año que viene tiene que estar construida una gigantesca aguja de más de 500 metros de altura, pero como no hayan pegado un acelerón final, me temo que no llegarán. Aún se respira la catástrofe al visitar la St Paul’s Chapel, una antigua capilla que se salvó de los ataques y sirvió de “campamento base” para policías y bomberos durante los días posteriores al 11-S.
De todas las que hay por la ciudad (Times Square, Washington Square, Unisphere, …), la que más me gustó fue Union Square, un lugar con una vida increible: gente jugando al ajedrez, bandas tocando, abrazos gratis, venta de cosas peculiares (como por ejemplo gatitos), … En la parte sur de esta plaza hay una curiosa instalación de arte (por decir algo…) llamada Metronome que pretende ser una reflexión sobre el hombre y el tiempo (y justo lo ponen en la ciudad de la calma…). En la parte derecha se representan las fases de la luna y en la izquierda una serie de números que parecen aleatorios, pero que en realidad muestran las horas transcurridas desde medianoche y las que faltan hasta la siguiente.
Si lo vuestro son las compras, la Quinta Avenida hará vuestras delicias. Las tiendas más caras están allí: desde Tiffany’s hasta la Apple Store. Y cerca está también el conocido y deseado hotel Plaza, la juguetería Fao (la del piano que se toca con los pies de la película Big), el edificio de Cazafantasmas, …
Otros lugares imprescindibles pero que si me pongo aquí a describir, no termino (y bastante Biblia me ha quedado ya este post): el edificio Woolworth, el ayuntamiento (City Hall) justo al la plaza de los afectados por el SIDA, el edificio de la ONU, Madison Square Garden, Wall Street, el estadio de los Yankees, la catedral de San Patrick, Coney Island, US Parcel Post Buliding, la Reserva Federal, Gran Central Terminal, …
Como indica el conocido merchandising: I LOVE NY.
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31 Mar
El metro… ese extraño medio de locomoción que vertebra la ciudad de norte a sur (de Uptown a Downtown) las 24 horas del día durante todo el año. No voy a andarme por las ramas: es siniestro, sucio y está bastante deteriorado. La mayoría de sus estaciones dan miedo, pero es rápido y sirve para lo que sirve: cruzar una enorme ciudad de lado a lado. Muchas de sus estaciones son asadores públicos. Es bajar a las entrañas de la tierra y pensar que estás cerca del infierno. Pero esa idea se te quita de la cabeza en cuanto entras en uno de los vagones: la edad de hielo ha llegado. Con el metro hay que tener cuidado, puesto que existen dos tipos de servicios: express y local. Los express no se detienen en todas las paradas, así que habrá que andarse con ojo a la hora de cogerlos. Existen bonos de 7 días, que por unos $20 te permiten hacer todos los viajes que quieras (los bonos son baratos, los billetes de un solo viaje no tanto).
Si en algún momento se te había pasado por la cabeza alquilar un coche para moverte por la ciudad, a no ser que tengas muy poco aprecio por tu vida, será mejor que declines la idea. Y es que la conducción es caótica, con miles de taxis amarillos que van como van… y el resto de vehículos que son como tanques (los galones de gasolina en EEUU son muy baratos, por lo que no les importa tener coches gigantescos que tragan combustible).
Otros vehículos que transitan y llaman la atención: numerosas limusinas (que no son excesivamente caras de alquilar) de todos los colores: blancas, negras, … y hasta vimos una rosa; bicicletas, aunque la mayoría estaban por Central Park (es obligado alquilarse unas y revivir verano azul por este inmenso parque); coches de policía y camiones de bomberos. Nos sorprendió el trabajo que tienen estos últimos, ya que no hacíamos más que verles pasar con la sirena en marcha (desconozco si iban a apagar fuegos o a bajar gatitos de los árboles…).
Nueva York es una ciudad todo-terreno que permite ser recorrida por tierra, mar y aire. En el caso del mar (o mejor dicho, de los ríos), tendremos ferrys gratuitos para movernos hasta Staten Island. La razón de que no cuesten ni un duro es que antiguamente era una línea privada propiedad de una familia de multimillonarios de Staten Island. Un día la cedieron a la ciudad de Nueva York con una condición: que el precio fuera inferior a 25 centavos. Pero el gasto originado por la gestión de tickets de la compañía era mayor que los beneficios, así que se volvió gratuito. Parten cada media hora desde Battery Park y su recorrido ida y vuelta pueda llegar a la hora y media. Es una mezcla curiosa: neoyorkinos viajando a su lugar de trabajo habitual (sentaditos y calmados) junto a turistas exaltados por ver a la Estatua de la Libertad. El truco es ponerse al inicio en la proa para disfrutar de las mejores vistas y luego situaros en el lado derecho (cuando vais dirección Staten Island) y en el izquierdo a la vuelta a Manhattan para que podáis disfrutar de las mejores vistas. Aún así una recomendación: se os quedará corto cuando veáis la Estatua tan cerca pero a la vez tan lejos teniendo en cuenta que esta ciudad sólo se visita una vez
. Necesitaréis ir luego a su isla.
Y en el caso del aire, existen varias compañías que ofertan viajes en helicóptero. Es una experiencia única (y eso que “acojona” un poco la suavidad con la que despegan). Nosotros lo hicimos a través de la compañía Liberty Helicopters. No vuelan sobre la ciudad, sino que la “bordean” desde sus ríos. Se pueden obtener instantáneas como ésta:
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26 Mar
Si había dos pasiones en julio entre los neoyorkinos eso era Obama y Michael Jackson (no sé cómo estará ahora la cosa
). El presidente de los Estados Unidos está presente en casi todos los rincones de la ciudad: desde su figura de cera en el Madame Tussaud hasta los Obama Condoms que venden en Times Square.
El rey del pop tampoco se queda atrás: una venta ambulante muy común son láminas de la ciudad. Estos puestos se reparten por toda la metrópoli y casi siempre son de edificios típicos, a excepción de las de Michael y John Lennon. Durante la misa de Gospel en la que estuvimos el domingo también fue nombrado en varias ocasiones en el sermón.
Si en Múnich me sorprendió la cantidad de apothekes (farmacias) que había por la ciudad, aquí me quedé boquiabierta con el emporio Duane Reade: una cadena de parafarmacias (bueno, más que parafarmacias eso parecía el supermercado del medicamento con otras muchas cosas de droguería, papelería, alimentación, …). Si os preguntabais como yo quién sería esa o ese Duane Reade (para cazarlo, porque tiene que atesorar una riqueza de órdago…), deciros que el nombre no corresponde a ninguna persona sino que hace mención a la localización del primer establecimiento: entre las calles Duane y Reade.
También nos dio tiempo a catar un poco la televisión norteamericana en el hotel. Lo suficiente para descubrir que los estadounidenses lo hacen todo mejor que aquí: si se ponen a hacer telebasura, nos dan mil vueltas. Y es que una de las mañanas, mientras esperábamos el turno de ducha, pudimos “disfrutar” de una especie de Diario de Patricia en el que se presentaban chicas de unos 15 años que querían quedarse embarazadas a toda costa. Inquietante… (por decirlo de alguna manera). Otra costumbre que no me terminó de convencer es que los cortes publicitarios son más cortos pero más frecuentes: un capítulo de “Salvados por la Campana” (sí, veíamos esta serie por las mañanas
), tenía cuatro interrupciones. Y otro dato curioso: a pesar del no-fichaje de Ricky Rubio en la NBA, ya aparecía en spots publicitarios.
Ahora bien, si lo que realmente te gusta es la música y no la televisión, Nueva York es tu ciudad. Se organizan numerosos conciertos de alto nivel de forma gratuita. Por ejemplo, el Today Show de la NBC prepara conciertos de Abril a Septiembre los viernes de entrada libre (el primero que llega, entra) con artistas como Keane, Coldplay, Alicia Keys, … Eso sí, es necesario madrugar una pizca
. También es muy corriente poder disfrutar de un recital improvisado en el metro, en algún parque o plaza. Hasta se hacen festivales en la isla de la Estatua de la Libertad. Por no hablar de los locales de Jazz y el espectáculo musical que se prepara en las misas de Gospel.
En el ámbito tecnológico es claro que nos llevan una buena ventaja. El acceso a Internet allí es el día a día del neoyorkino medio: desde cualquier Starbucks con wifi gratis hasta una piedra aislada en medio de Central Park con dispositivos GPRS (antes tenían wifi pero ante la falta de financiación, quitaron los puntos de acceso). No me extraña que se hayan puesto en pie de guerra en los bares con los portátiles, dado que es muy chocante entrar en una cafetería y ver todas las mesas ocupadas únicamente por una persona (eso sí, chateando con sus amigos a través de Facebook
). La Gran Manzana hace honor a su nombre porque el dueño y señor es Apple. Desde su impresionante Apple Store hasta todos los portátiles, ipods y iphones que inundan la ciudad. Y el uso de las redes sociales está mucho más asimilado que aquí. Así se puede comprobar en este cartel de restaurante, donde además del menú nos indican cuál es su cuenta de Twitter y Facebook:
Por supuesto, encontramos abrazos gratis en Union Square (me encantó esta plaza… pero ya llegará el post de los lugares a visitar):
Y la publicidad del todopoderoso Google ha llegado hasta las farolas:
Por concluir esta sección de curiosidades, comentar por aquí que yo tengo más que pensado mi trabajo en la Gran Manzana: por las mañanas a pasear perros y por las tardes a basurear en los barrios ricos para vender lo recogido luego en las plazas neoyorkinas. No me digáis que no es un buen plan
.
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24 Mar
Tenía pendiente el post resumen de mis vacaciones en Nueva York, como ya anteriormente hiciera con Múnich. Ha pasado ya más de medio año de aquello, pero dos personas me han preguntado de cara a la Semana Santa, así que aquí va la experiencia (por si a más gente le puede ser de utilidad). Lo dividiré en varias entregas contando costumbres, curiosidades y lugares de obligada visita. Si tú eres una de esas personas que se va a NYC, desde aquí te dedico toda mi envidia
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La ciudad de los rascacielos, la Gran Manzana, la capital del mundo, la película eterna, … Muchos son los nombres que se le pueden dar a Nueva York, un lugar donde todo es grande (sus edificios, sus ríos, sus parques, sus habitantes, …) a excepción de sus perros (no verás ningún pastor alemán por allí). Mezcla de culturas, razas, religiones, idiomas, olores, sabores, … la palabra diversidad es la que mejor la define. Por cierto, a todo aquel que no se atreva a emprender el viaje porque no controle el inglés, que se despreocupe: la inmensa mayoría sabe castellano. Desde los agentes de la aduana hasta cualquiera de los camareros que te atiendan. De hecho, mucha de la publicidad del metro estaba en inglés y castellano.
Para ponernos en antecedentes, decir que la ciudad de Nueva York está en el extremo este de Estados Unidos, a unos 8 horas de ida en avión y unas 7 de vuelta (esto viajando desde Alemania). La diferencia horaria entre la ida y la vuelta se debe a la pelea que mantiene el avión con la rotación del planeta (que se empeña en seguir girando en la ida a la contra y en la vuelta a favor). Tiene tres aeropuertos: el JFK, La Guardia y Newark. Bueno, para ser más exactos, Newark pertenece a New Jersey (ciudad que limita al oeste con NY).
La ciudad está dividida en cinco distritos: Manhattan, Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island. A su vez, Manhattan (donde está lo más característico) se divide en barrios: Downtown, Midtown, Greenwich Village, Chelsea, Chinatown, Upper East Side, Little Italy, Harlem, … De los cinco distritos, el único que está unido a tierra firme es el Bronx. Es decir, el resto son islas rodeadas por los ríos Hudson y East.
La ciudad se divide en cuadrículas gracias al orden de las calles que la arañan de este a oeste y las avenidas que lo hacen de norte a sur, como si fuera una malla. La única avenida que transcurre de forma diagonal es Broadway, la más larga de todas y que cruza por medio de Times Square. Las calles, en su mayoría, no tienen nombre sino números (del 1 a la 212 en el caso de Manhattan). El número 1 empieza en el sur y conforme subimos, aumenta ese número hasta llegar al Bronx (en el norte). En el caso de las avenidas, la más importante y que divide la isla de Manhattan en este y oeste es la 5ª avenida (lugar mítico donde encontraremos las mayores tiendas de lujo). Esta ordenación (que es de mucha ayuda para la orientación de los extranjeros), hace que para localizar un lugar sea necesario indicar siempre el cruce de calle y avenida. Así, el Empire State está en la 5ª Avenida con la 34th Street.
Con la climatología tuvimos mucha suerte, dado que muchos nos habían advertido que en Julio hace mucho calor (y sobre todo, mucha humedad), con constantes tormentas. Nosotros, a excepción de un día, tuvimos una temperatura muy agradable. Eso sí, soportar las temperaturas de los establecimientos es ya otra historia. Llegamos a pensar que los estadounidenses no saben para qué sirve ese aparatito llamado termostato. Aunque haga un sol de justicia, no se puede uno olvidar de meter una chaquetita en la mochila si no quiere terminar con principios de congelación comiendo o en los vagones del metro.
Cuando pises tierra, deberás retrasar tu reloj seis horas (un amigo ideó un truco para ser conscientes en todo momento de qué hora era en casa: los minutos son constantes pero para saber la hora sólo es necesario girar la mano). Deberás también empezar a pensar la temperatura en grados Fahrenheit, las distancias en millas, los pesos en libras, las cantidades en galones, … Otra cosa que cambia es la corriente eléctrica. Aquí es de 110 v (por lo que necesitaremos un adaptador para nuestros artilugios, no sólo por la diferencia de las clavijas). Los móviles también tendrán que ser tribanda para funcionar en la frecuencia americana.
En la próxima entrega, costumbres y curiosidades.
7 Feb
Invitada por la Asociación Española Contra el Cáncer y Ausonia, el viernes tuve la suerte de conocer de cerca parte de la inmensa actividad que lleva a cabo esta Asociación. Estuvimos en la Residencia oncológica de Madrid, donde se pueden quedar los enfermos de cáncer y sus familiares de forma gratuita cuando tienen que acudir a consulta o tratamiento y no viven en Madrid. Un lugar donde encontrar una cama, una oreja que te escuche y algo muy curioso: una cocina donde cada familia puede prepararse su propia comida (me ha gustado muchísimo este detalle).
También pudimos escuchar a Javier A. Menéndez, investigador del ICO (Institut Català d’Oncologia), que además de abrirnos los ojos con el triste panorama que se presenta en España tras la reducción de fondos dedicados a la investigación (un 15% menos para la investigación supone unos 10 años de parón en investigación y una más que probable huida de cerebros), nos ha explicado de una forma “comprensible por humanos”
en qué líneas están trabajando con la exposición CÁNCER, ENVEJECIMIENTO Y BIO-ENERGÍA . En búsqueda del “interruptor metabólico”. Si os soy sincera, salí con un medio ataque de agonía al descubrir que soy una urna con papeletas para tener un cáncer, porque no cuido mi alimentación, hago deporte menos de lo que me gustaría (a ver si vuelvo a mi ritmo de dos días por semana) y vivo de una forma muy sedentaria… Pero como Javier nos dijo, nunca es tarde para cambiar y los resultados se notan al instante.
De la visita me llevo muchos apuntes pero uno es muy claro: somos carne de cañón de los días mundiales. El día mundial contra el cáncer nos preocupamos de esa enfermedad y el resto, a seguir por el mal camino. Por desgracia, para los que están enfermos, todos son días mundiales contra el cáncer. Días de lucha. Y necesitan de mucha ayuda. Así que me parece importantísimo conocer cosas que hace la aecc y que no siempre se saben:
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