Flor sin olor, le falta lo mejor

sweat
Foto: Bichito

Sigo hoy con mis disertaciones sobre el transporte público. Y no es que no me guste. Al contrario, me parece estupendo su uso para evitar tantos malos humos en las ciudades. Pero ahora que llega el calor y con él los sudores, hay días en que el ambiente se vuelve insoportable.

Siempre te puedes encontrar todo tipo de aromas y normalmente la mezcla es explosiva. Lo peor de todo es que normalmente no somos conscientes del hedor que nosotros mismos desprendemos. Esto tiene una explicación científica: cuando descubrimos un olor es por la presencia de moléculas de una determinada sustancia que son captadas a través de los “sensores” de nuestros órganos olfativos. Estos son muy sensibles. Sin embargo, cuando el olor lo generamos nosotros mismos nuestros receptores se saturan, se acostumbran al olor y ya no lo sentimos. Lo mismo sucede, por ejemplo, en una casa. Cuando entras a la tuya no notas un olor especial pero cuando vas a la de otra persona, al entrar, notas una fragancia característica y rara.

Así que ya no vale la típica excusa de: “Si yo no huelo mal…” o “Esto son feromonas masculinas para atraer a las hembras” (puedo prometer que esto último lo he oído). Antes de salir de casa, preguntádselo a un ser querido (de esos con los que piensas que la confianza da asco). Será el mejor termómetro anti-olores.

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