Los ladrones de pensamientos

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 141 (2019).

El concepto de privacidad ha mutado una barbaridad con el paso de los años. La tecnología la ha ido arrinconado a círculos cada vez más pequeños, pasando de una época en la que lo que sucedía en la calle difícilmente se conocía si no aparecía en medios convencionales o estábamos allí presentes, a otra en la que la privacidad ya solo se protegía al calor de nuestros hogares. Ahí también sufrió un duró revés con la irrupción de los asistentes virtuales tipo Alexa, Google Home o incluso nuestros smartphones. De manera consciente (bueno… no sé si en este caso es el mejor adjetivo) muchas personas han decidido meter en sus casas un pequeño espía tecnológico que no se pierde ni un minuto de sus conversaciones. Así quedó patente el año pasado, cuando un usuario solicitó poder escuchar grabaciones de sus propias actividades registradas por Alexa pero, en su lugar, pudo acceder a 1.700 archivos de sonido de un desconocido. Pero eso no era lo más grave de la noticia: entre esos audios había muchos que correspondían a momentos en los que no se había lanzado una consulta al asistente, confirmando que graban y almacenan mucho más de lo que nos dicen. Nos quedaba, por tanto, solo nuestra mente y sus pensamientos como espacio a preservar. Y digo nos quedaba porque lo que os vengo a contar, promete poner en jaque también esto último.

Recientemente se ha empezado a hablar con fuerza de la neurotecnología, y más en concreto, de las interfaces cerebro-ordenador (BCI). Se trata de conexiones directas entre la materia gris y un dispositivo que mide la actividad cerebral y la traduce en señales que pueden ser luego interpretadas por las máquinas. Detrás de las principales iniciativas, los “sospechosos” habituales insaciables de información. Son como el monstruo de las galletas, pero en este caso con los datos. Me refiero, cómo no, a Facebook. Nos hicieron ya un adelanto en 2017, antes de que los escándalos sobre privacidad les persiguieran, presentando un proyecto rodeado de misterio y denominado Building 8. Hablaban ya entonces de un dispositivo no invasivo (es decir, que no nos tendríamos que implantar nada) en forma de diadema que permitiría a las personas escribir unas 100 palabras por minuto simplemente pensando en ellas. Pues bien, en 2019 han vuelto a la carga desvelando que los experimentos que han llevado a cabo de la mano de la Universidad de California (San Francisco), les han permitido recoger esta actividad cerebral y mostrarla en un monitor de manera simultánea. Obviamente, desde la empresa dicen que será un gran avance para personas con parálisis. Y seguro que así será, pero permitidme que desconfíe un “poquito” de su altruismo. Porque su intención es también ofrecer este dispositivo al público generalista como un wearable para controlar la música o interactuar con entornos de realidad virtual, por ejemplo. Es decir, estupendo gancho para que caigamos una vez más en la tela de araña sin sopesar las derivadas éticas ni el uso extra que puedan hacer de esa información.

Otro de los proyectos que ha resonado con fuerza últimamente es Neuralink, más conocido por ser el último juguete de Elon Musk. En este caso se da un paso más porque hablan de cosernos hilos en el cerebro. Y lo de coser es bastante literal porque han desarrollado una máquina que está ya cosiendo esos microscópicos filamentos en animales. Para que nos hagamos una idea de su tamaño, su diámetro ronda entre los 4 µm y 6 µm (cuando el de un pelo varía entre los 15 µm y 100 µm). Su apuesta es que se conecten y transmitan toda la información a un dispositivo que presumiblemente llevemos sobre la oreja. Pero aún necesitan el permiso gubernamental para empezar a probarlo en seres humanos.

Pero ojo, que hay más iniciativas con finalidades muy diversas: que personas que van en silla de ruedas la puedan controlar con su mente, revelar emociones, volar helicópteros, autenticación de contraseñas mediante ondas cerebrales, detectar ataques de epilepsia, neuro-telepatía…

No sé cuánto tardará en llegar todo esto a nuestro día a día. Lo que sí sé es que una vez abramos la puerta a empresas tecnológicas a lo último que está bajo candado e impenetrable, ¿qué nos quedará? ¿Veremos noticias sobre el robo o ‘crackeo’ de pensamientos? Quizás en ese momento, se ponga de moda llevar gorros de papel de aluminio.

Lorena Fernández

Por el día, directora de identidad digital en la Universidad de Deusto. Por la noche, rompiendo techos de cristal en Doce Miradas. Y como dormir está sobrevalorado, colaboro en Radio Bilbao en la sección "De las ondas a la red" del programa Hoy por Hoy Bilbao. Puedes saber más de mí o echar un vistazo a mis publicaciones, cursos y participación en congresos.

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