Llegarás corriendo al teléfono justo a tiempo para oír como cuelgan
24 Jun
Este mes adelanto la publicación de mi artículo en la revista de Deusto porque la temática del mismo fue la que traté ayer en una charla sobre redes sociales junto a Teketen en el Hikaateneo (gracias por la invitación, Dani). Así que dejo texto y presentación
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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 107 (verano 2010)
El título de este artículo puede tener un tinte apocalíptico, pero cuando los grandes monopolios avanzan, se estrechan los subterfugios para escapar de ellos. Y es que, con los números en la mano, Facebook no deja de sorprender con sus ya más de 400 millones de usuarios registrados en todo el mundo, superando incluso en visitas al todopoderoso buscador Google. Es raro encontrar a internautas que no tengan cuenta en esta red social, y como veremos a continuación, a pesar de que no la tengan, cada vez será más difícil que no topen con ella. Si fuera un país, estaríamos hablando del tercero más poblado tras China y la India. Muchos ciberciudadanos de una única plataforma que no es precisamente una democracia. Facebook es a Internet lo que los centros comerciales a la compra. Persiguen la masificación, concentrar todos los servicios que un usuario pueda necesitar en un único espacio para que no salga de allí. Y más si su modelo de negocio gira entorno a la publicidad dirigida, una vez analizado nuestro perfil de consumo, que necesita que pasemos tiempo allí para ser bombardeados con miles de pequeños impactos. Y también teniendo en cuenta que este país es muy costoso de mantener: más de 25 millones de dólares anuales sólo en servidores.
Así que, tras la conferencia anual Facebook F8, celebrada el pasado 21 de abril en San Francisco, a pocos les sorprendieron los cambios que se avecinan. Este tercer capítulo del plan de dominación del mundo que está escribiendo Facebook cuenta con varias líneas claras y con un único objetivo: que pasemos por ellos para hacer cualquier cosa, considerando que es el único espacio de Internet y que no hay nada fuera que merezca nuestra atención. Analicemos esas líneas con más detenimiento:
Temblemos pues de nuevo con otro intento concentrador. Y es que este tipo de movimientos se replican tanto en la calle como en la Red: los pequeños comercios o las pequeñas plataformas se ven ahogadas por los grandes, acabando con la variedad de opciones. Por la diversidad, movámonos de nuevo a los barrios pequeños.
Imagen de Balakov (CC by-nc)
13 Abr

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 106 (primavera 2010)
El P2P, YouTube, las descargas, … en definitiva, decir Internet en los pasillos de Hollywood es como mentar al diablo. Y es que una de las industrias más castigadas por la Red parece que empieza a ver de nuevo la luz con las técnicas 3D, que dicen moverán de nuevo a las masas a las salas de cine. Aún así, el negocio se resiente a pesar de que ya no se conciban estrategias comerciales sin un importante respaldo en la Web. ¿O más bien son los soportes los que están sufriendo…? El DVD se hunde mientras el Blue-ray nace ya muerto; los cines se vacían y entretanto las formas de consumo evolucionan a una velocidad vertiginosa.
Pero no todo lo que reside en Internet supone un problema para el mundo del celuloide. También existen sitios web con información interesante para los cinéfilos. IMDb (Internet Movie Database) es el máximo exponente en este sentido. Se trata de una base de datos inmensa que recoge información de películas, actores, directores, bandas sonoras, series, etc… relacionando todos los datos entre sí. El acceso es abierto aunque posee una versión de pago que recoge más datos de la industria. El uso más curioso de esta información lo hace una página de la Universidad de Virginia que trata de demostrar la teoría de los seis grados de separación usando como referente a uno de los actores secundarios más trabajadores: Kevin Bacon. El Oráculo de Bacon es una plataforma en la que podremos enlazar a cualquier actor o actriz con Kevin Bacon en menos de seis pasos.
IMDb fue una de las primeras páginas dedicada al cine que nació en los albores de la Web a través de un grupo de Usenet “rec.arts.movies” (1990). En 1998, Jeff Bezos, el fundador de Amazon, adquirió la plataforma vislumbrando las posibilidades que presentaba de cara a vender productos relacionados con el cine. De hecho, esta gran plataforma de venta on-line no se ha centrado exclusivamente en el mundo del libro y ha sacado servicios como Amazon Unbox: venta y alquiler de películas y capítulos de televisión bajo demanda, con un catálogo impresionante y con acuerdos comerciales con fabricantes de televisores que incluyen ya este canal de streaming en el propio dispositivo.
Mucho de cierto tiene el dicho de que si no puedes con tu enemigo, únete a él. Así que, poco a poco, también afloran alternativas en la Red (aunque casi todas en EEUU) que ofrecen nuevos modelos de negocio rentables en este medio. Los videoclubes tienen su presencia on-line gracias a Netflix. Con una tarifa plana no muy cara, se pueden ver películas en streaming directamente en nuestro navegador, sin tener que bajarlas, ahorrándonos tiempo y espacio en disco. Su punto fuerte está en un algoritmo de recomendaciones que hace que las películas más visualizadas curiosamente no estén siendo los éxitos de las salas de cines, sino otros metrajes menos conocidos.
El todopoderoso Google no podía dejar escapar otro terreno más a conquistar y ha entrado en competencia directa con Netflix mediante YouTube, arrancando una experiencia de alquiler de películas, también en EEUU, en colaboración con el Festival de cine de Sundance. Y es que el cine independiente es la semilla germinal del uso de Internet: una forma ideal de quitarse intermediarios y llegar a grandes audiencias a pesar de no copar los circuitos comerciales convencionales.
Que el tío Oscar no se enfade conmigo… pero a pesar de que muchos se empeñen en mostrar a Internet como uno de los principales males del cine, quizás parte de culpa también resida en la cada vez más limitada originalidad de los guiones, los mil y un remakes que inundan nuestras pantallas, la más que discutible calidad de algunas cintas, el precio del cine, … Veremos si Avatares y técnicas 3D devuelven el esplendor perdido de Hollywood o si, por lo contrario, algunos siguen entonando una adaptación de la memorable canción que interpretara en su día Rita Hayworth en Gilda: “Put the blame on… Internet”.
21 Ene

Artículo extendido del publicado en la Revista Deusto Nº 105 (invierno 2010)
El título de este artículo se inspira en el encabezado “Los libros no están muertos. Simplemente se están asomando a las pantallas“, que ocupó la portada de la popular revista estadounidense Newsweek en noviembre de 2007, en la que Jeff Bezos, el director ejecutivo de Amazon, anunció una revolución de la mano de los nuevos dispositivos que decía, inundarían el mercado. Dos años después, aún están intentando introducirse y no son muchos los contenidos disponibles en versión digital. Sin embargo, pasados cinco siglos desde la imprenta de Gutenberg, un nuevo soporte promete cambiar la forma en que leemos.
En el mundo editorial más de uno se repite aquello de que “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Y es que las nuevas tecnologías, y en especial Internet, están modificando los modelos de negocio de muchas industrias: la del cine, la música, … y pronto harán lo mismo con la del libro. A pesar de la innegable erótica del papel, los nuevos dispositivos de lectura, también conocidos como e-readers, se están haciendo un hueco en el día a día del lector. Con su tecnología de tinta digital que no emite luz y que, por tanto, no cansa la vista, poco a poco vamos descubriendo a más personas que han sustituido su soporte tradicional por el electrónico en transportes públicos (segundo lugar donde más se practica la lectura después de nuestros hogares).
En el año 2000, Stephen King decidió usar Internet como medio de distribución exclusivo de su novela “Riding the bullet“, llegando a más de 400.000 lectores. Tras esta iniciativa pionera introdujo una nueva modalidad de distribución en la Red con la publicación por capítulos de otra novela, “The plant” y la venta de cada uno de ellos por un dolar. En el 2002 las editoriales Random House y HarperCollins comenzaron a vender versiones electrónicas de sus títulos en Internet. En España, a la primera obra interactiva, “El misterio del Goya robado” de Jordi Sierra i Fabra, le han seguido otras como Pateando paraísos de Fernando Arrabal o la cuarta entrega de “El Capitán Alatriste” de Arturo Pérez Reverte.. Proyectos aún embrionarios y en fase de consolidación que van abriendo el camino al más que incipiente cambio.
Todo un mar de interrogantes aún inunda a las dos piezas pivotantes de esta nueva lectura digital: los contenidos (e-books) y los aparatos (e-readers). Muchos son los dispositivos que ocupan ya los escaparates comerciales, aunque sea a un precio prohibitivo que oscila entre los 250 y los 400 euros: Papyre, Kindle, Nook, Sony Reader, … Y mientras se libra una lucha encarnizada por convertirse en el mecanismo de lectura de referencia, en el otro extremo (el de los contenidos), aún queda mucho por decidir, como por ejemplo el estándar de intercambio de e-books. Ante el conocido PDF de Adobe, Amazon apuesta por su formato propietario y cerrado que sólo funciona en el dispositivo Kindle: azw. Google, entre otros, intenta conquistar una nueva industria como es la literaria con el estándar abierto ePub, creado por el International Digital Publishing Forum, que se podrá leer en cualquier dispositivo. Sony juega a dos bandas: por un lado trabaja con su formato Sony Broadband eBooks (BBeB | .LRF), pero también es compatible con ePub.
Pero, una vez hecho el desembolso correspondiente al e-reader, ¿dónde podemos encontrar los e-books para alimentarlo? Al más que célebre y comercial portal Amazon.com, se van sumando otras opciones como:
Internet Archive es una organización sin ánimo de lucro que busca preservar la historia de la Web mediante un repositorio universal de información y recursos multimedia. Con más de un petabyte (un millón de gigabytes) de contenidos, Archive.org recoge desde los históricos de muchas de las páginas web, donde podemos ver cómo han ido evolucionando a lo largo del tiempo, hasta imágenes y películas con licencias libres.
Ahora arrancan un ambicioso proyecto dedicado a los libros digitales: BookServer es un sistema abierto de búsqueda, compra o préstamo de libros. Algo así como un catálogo universal y abierto que permitirá a autores y editores controlar las ventas de forma directa y a los usuarios finales, buscarlos de una forma sencilla. Será un mero intermediario, enviando tras la búsqueda al sitio de la editorial o autor. Cualquiera podrá publicar aquí sus obras y hacerlas así accesibles en la búsqueda. El sistema está montado sobre una arquitectura libre y sólo permitirá formatos de libros abiertos que se puedan leer tanto en ordenadores como smartphones, consolas, o cualquier modelo de e-reader.
El gigante de Internet no se conforma con su proyecto de repositorio de libros Google Books, con el que recibió un cachete en Estados Unidos hace tres años tras una denuncia por parte de la Sociedad de Autores, Authors Guild, la Association of American Publishers, y varios escritores y editores, que presentaron una demanda conjunta por la digitalización de fondos de bibliotecas con derechos de explotación. A día de hoy ya ha resuelto el desencuentro, llegando a un acuerdo y preparando el camino para su nuevo proyecto: Google Editions. Para mediados de 2010 prepara el lanzamiento de su propia tienda de libros, en clara competencia con Amazon, con más de 500.000 títulos disponibles. Más que un vendedor, será un digitalizador e intermediario en las ventas (serán las editoriales las que pongan sus libros en la plataforma y las que fijen sus precios), ofertando asimismo su propio medio de pago (Google Checkout). Las ventajas frente al portal Amazon son que sus contenidos serán independientes de un aparato específico (los libros comprados en Amazon sólo se pueden leer en un Kindle o en un iPhone), accesibles con cualquier navegador web y con posibilidad de ser leídos sin conexión a la Red una vez que han sido descargados.
Para concluir, sólo resta aclarar que la irrupción del mundo digital en los libros únicamente supone un cambio de traje, pero el interior continúa siendo el mismo. Si comprendemos esto, nos daremos cuenta que tanto el papel como los e-books no tienen por qué ser elementos excluyentes, sino que podrán coexistir felizmente durante largo tiempo. Y mientras se libran muchas batallas en el mundo literario, los lectores sufriremos la esquizofrenia de tantos modelos de dispositivos, formatos, DRMs, y contenidos por leer.
Imagen de Chrishoward.author (CC by-nc)
23 Sep

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 104 (otoño 2009)
Las calles de Internet andan revolucionadas estos días tras el anuncio del alcalde Google de la construcción de un nuevo edificio que promete ser espectacular: Google Wave. El pasado 28 de mayo, durante la conferencia Google I/O, fue presentado un nuevo proyecto que hará que rompamos todos nuestros esquemas mentales, porque se trata de algo que no existía hasta ahora. Muchas pueden ser las definiciones que se le den: un nuevo espacio en el que los usuarios podrán interactuar y colaborar. Un original concepto de correo electrónico, o mejor dicho, una refundación de la comunicación electrónica. Un pegamento de contenidos (correo, mapas, vídeos, contactos, imágenes,…). Un GMail (cliente de correo web de Google) con esteroides.
Veamos con mayor profundidad en qué consiste el servicio. Si en el correo electrónico la unidad mínima y central entorno a la que gira la actividad es un mensaje, aquí todo lo hace entorno a los waves. Un wave es un flujo de información compartida entre dos o más personas en tiempo real o en diferido. Un lienzo en blanco en el que se pueden editar documentos colaborativamente, arrastrar una carpeta de fotos desde el ordenador al navegador para subirlas a Internet, un mapa sobre el que grabar una ruta personalizada, un formulario o encuesta, e incluso un lugar donde poder jugar una partida de ajedrez. Todas las modificaciones que se hacen quedan registradas para poder volver hacia atrás y reproducir esos cambios como si fuese un vídeo (playback). Es una característica idónea para ver qué se ha hecho en nuestro tiempo de desconexión o para que un usuario que se incorpore más tarde al wave, se ponga al día. La información creada se podrá transformar luego en un archivo PDF, ser publicada en un blog, exportarla a texto plano, embeberla en otro sitio web,… Pasamos, por tanto, de muchos mensajes (el originario y las respuestas) a uno único que se modificará y enriquecerá con el tiempo.
Traerá de serie un corrector ortográfico (Spelly) capaz de analizar y entender el contexto de las conversaciones en más de cuarenta idiomas. Además también contaremos con un traductor en tiempo real (Rosy), con lo que nos podremos comunicar con alguien que esté en la otra punta del mundo y que hable en chino mandarín, por poner un ejemplo.
La distribución de la pantalla será la siguiente: en la parte izquierda tendremos los enlaces comunes de correo: buzón de entrada, papelera, carpeta de spam, lista de tareas pendientes, etc. junto con nuestros contactos (muy similar a como están en GMail). En la zona central, a modo de bandeja, estarán los waves. Y en la parte derecha, el wave sobre el que estemos trabajando actualmente, donde aparecerá el contenido y las personas que tienen acceso a él. Para agregar contactos a un wave será tan sencillo e intuitivo como arrastrarlos. De esta forma, si no están conectados, recibirán el wave cuando lo hagan y, si están en línea, trabajaremos con ellos como si fuese mensajería instantánea (pudiendo ver en tiempo real lo que escriben).
Además, tendrá una API abierta. Esto significa que cualquiera podrá codificar “gadgets” o pequeñas aplicaciones que provean de nuevas funcionalidades a la plataforma. Lo que se traducirá también en que se conecte a muchas otras sedes web punteras (Facebook, Twitter, Tuenti,…). Dicho en otras palabras: interoperabilidad = éxito asegurado. Fue una de las principales razones de crecimiento de Facebook y, sin duda, lo será de Google Wave. Y es que estoy más que convencida que los internautas se lanzarán a implementar mediante Open Social (el futuro estándar de las redes sociales) las ideas más peregrinas. Será difícil que se ponga el sol en el imperio Google.
¿Y qué necesitaremos los usuarios para poder trabajar con Google Wave? Solamente un navegador y una buena conexión a Internet. Eso será todo. De hecho, es la tendencia cada vez más habitual de la web 2.0, marcada por el cloud computing o computación en la nube: las aplicaciones y los documentos en servidores situados a miles de kilómetros de nuestras casas. Los ordenadores personales pasan a ser terminales tontos y la computación está en la nube. Esto abre un debate sobre la conveniencia de dejar todos nuestros datos en lugares que no controlamos y bajo las reglas de terceros. Sin embargo, Google nos ha tranquilizado un poco indicando que Google Wave tendrá una parte de código abierto y que trabajará con un protocolo abierto. Por lo tanto, cada uno se podrá instalar en su servidor su propia ola y comunicarse con el resto del mundo. Una excelente noticia para todas aquellas organizaciones que quieran implantar su plataforma de colaboración-comunicación en tiempo real y además hablar con otras empresas en el mismo idioma.
Sin embargo, para que esta herramienta triunfe en el mercado laboral, primero será necesario cambiar la cultura de trabajo que nos rodea. De nada vale poner una navaja suiza en manos de alguién que sigue usando cuchillos de madera. Y si un trabajador no sabe trabajar colaborativamente con un papel y un lápiz, no aprenderá porque se le ofrezca Google Wave. Aún estamos lejos de ser una colmena de abejas con inteligencia colectiva…
¿Wave será una simple ola o un tsunami que revolucione Internet? ¿Google será ese gigante omnipresente en todas nuestras comunicaciones a través de la Red? ¿Cambiará este servicio nuestra forma de trabajar? ¿Será la aplicación definitiva para la creación de entornos personales y colaborativos? Tendremos que esperar previsiblemente hasta finales de año, momento en el que abra sus puertas, para poder responder a todas estas preguntas, puesto que por el momento sólo lo han podido probar algunos “elegidos”. Hasta entonces, seguiremos salivando ante la sola idea de ver en acción herramientas tan atractivas y nos repetiremos día sí y día también: “Google, don’t be evil”.
5 Jul
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 103 (verano 2009)
La música nos acompaña casi todos los días de nuestra vida: puede ser camino al trabajo o al estudio gracias a los cada vez más pequeños reproductores mp3, mp4, móviles y demás aparatos electrónicos de última generación. O también descansando del estrés de un duro día en nuestro sillón favorito y degustando un buen vinilo. O quizás en un bar mientras tomamos algo con los amigos, o en un concierto,…. Muchos son los momentos musicales y pocos los de silencio. Y como no podía ser menos, en la Red de Redes existen numerosos servicios para descubrir mejor este arte.
Last.fm es la red social más conocida entre las bambalinas musicales. Gracias a un cliente que se instala en el ordenador, cada canción que pase por nuestros reproductores quedará registrada (proceso que se denomina scrobbling), con lo que tendremos estadísticas de todo lo escuchado en nuestro perfil, facilitando así la creación de una base de conocimiento común que relaciona gustos y que nos hace recomendaciones de grupos y artistas en base a las preferencias de otras personas que oyen esa misma música. Como en toda red social que se precie, se pueden agregar amigos con los que contrastar nuestra compatibilidad musical. Asimismo nos avisa de los conciertos que se vayan a celebrar cerca de nuestra ciudad. Tanto la información de los artistas como la de los eventos es editable y por ende, colaborativa, por lo que cualquiera podrá introducirla, posibilitando etiquetar a grupos y artistas. Además, si haces música, puedes promocionarte en esta plataforma subiendo tu información y canciones para que cualquiera las escuche. También permite la creación de grupos de usuarios con gustos en común. En estos grupos hay foros, listas de canciones compartidas, etc…
Pero su sección más exitosa es, sin duda alguna, su radio on-line. Cada estilo musical y artista tiene su propia emisora, con canciones relacionadas. Last.fm tiene en su haber una colección de más de 100.000 canciones completas. El resto se pueden disfrutar mediante preescucha de 30 segundos. Precisamente esta funcionalidad ha estado en boca de todos tras el reciente anuncio de la intención de cobrar tres euros mensuales por concepto de suscripción. La polémica viene porque esta recaudación se iba a realizar en todos los países excepto Estados Unidos, Alemania y Reino Unido. Parece ser que, a pesar de haber sido adquirida en 2007 por la cadena estadounidense de radio y televisión CBS, necesitaba de nuevos ingresos.
Blip.fm es el sueño de todo DJ frustrado. Desde esta plataforma podremos pinchar canciones para que el resto de nuestros contactos las escuchen, acompañándolas de mensajes de no más de 150 caracteres. Si les gusta la recomendación, nos darán un voto. Una funcionalidad interesante es que interactúa con otros servicios. Por ejemplo, podremos configurar nuestra cuenta para que cada vez que publiquemos una recomendación, salga también en nuestro muro de Twitter. O que todo lo que escuchemos puede sincronizarse con Last.fm, para que queden también esas canciones registradas.
Si somos unos apasionados de las rarezas musicales, Internet está lleno de páginas para saciar nuestra curiosidad. Por ejemplo, dentro de la web IMDb (The Internet Movie Database) existe un apartado donde podremos buscar todas las apariciones de una melodía en las bandas sonoras de películas o series.
Una práctica común en el mundo de la música es versionar una y otra vez las canciones de otros. Dicen las bibliotecas musicales que la canción más tributada de la Historia es Yesterday, de los Beatles, con más de tres mil versiones desde 1965. Si queremos conocer todas las que tiene una determinada canción, podremos consultarlas en páginas web como The Covers Project o Second Hand Songs.
Pero sin duda, la revolución musical en Internet ha venido este año de la mano de Spotify, un software que se instala en nuestro ordenador y que nos da acceso a un catálogo impresionante a cambio de esporádicas cuñas publicitarias. Además existen cuentas de pago que eliminan esa publicidad. Por ahora, el acceso sólo es posible a través de invitaciones, aunque, no sé si intencionadamente, corrió como la pólvora un enlace desde el que se permitía la creación de cuentas. Con una interfaz muy simple e intuitiva, se pueden buscar discos, canciones y artistas fácilmente, además de crear listas de reproducción. Estas listas son el único apartado social de la aplicación, puesto que no permite tener contactos o enviar recomendaciones entre usuarios. Al igual que Blip.fm, permite sincronizar lo que escuchamos con Last.fm, siendo por tanto servicios complementarios. El mecanismo interno de funcionamiento se fundamenta en el P2P. Es decir, cuando estamos haciendo streaming de la música, no la escuchamos directamente de un servidor central, sino que vamos descargándola a nuestro ordenador y puede que nosotros sirvamos de servidor a otro usuario que esté accediendo a esa misma melodía.
La música ha ido pasando por diferentes cuerpos. Empezó encorsetada en los elegantes vinilos, para luego pasar a los populares casetes (cuántas veces habremos rebobinado uno con un bolígrafo para volver a escuchar nuestra canción favorita…). Luego llegaron los Compact Disc prometiendo ser el formato definitivo. Sin embargo, los reproductores mp3, las memorias usb y demás artefactos que son capaces de almacenar miles de millones de melodías en su interior, han hecho pasar al CD a mejor vida. De hecho, su abuelo el vinilo vuelve a ganarle terreno. Sólo en 2008 creció su venta un 200% respecto al año anterior. Parece ser que para la escucha fuera de casa, nos quedamos con los formatos electrónicos, pero para las audiciones intimistas, aún preferimos el glamour de antaño. Sin embargo, todos estos cuerpos encorsetan a la música y hacen que las casas de los coleccionistas pierdan espacio disco a disco. Internet aparece como el nuevo libertador, logrando que el ritmo fluya de un soporte a otro, o directamente a nuestros oídos.
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6 Abr
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 102 (primavera 2009)
Parece que, cuando en los pasillos de la Universidad se introduce la palabra Internet en una conversación, es para asociarla inmediatamente al ocio. Sin embargo, se le pueden dar muchos otros usos cercanos al mundo profesional. En esta etapa en la que nos toca librar batalla con términos como recesión y crisis día sí y día también, hay que poner al mal tiempo buena cara y descubrir que, además de ser períodos de penurias, también pueden serlo de oportunidades para los emprendedores. Saber “venderse” utilizando las nuevas tecnologías puede ser el factor que incline la balanza de un candidato en una entrevista de trabajo o a la hora de hacer negocios. Las herramientas que nos pueden ayudar a ello son muchas y variadas pero con un denominador común: las redes sociales profesionales. Su mecanismo es muy similar a otras más conocidas como Facebook o Tuenti solo que el objetivo aquí es compartir el curriculum vitae con otras personas que pueden recomendar tu desempeño, generar sinergias de colaboración, etc… Es decir, llevar a la Red el networking de toda la vida: “yo conozco a alguien con el que he trabajado y del que te puedo dar muy buenas referencias“, aplicando así el factor confianza a las ventajas que ya ofrece de por sí Internet: sin límites temporales o geográficos.
Atrás quedan los convencionales portales de trabajo como InfoJobs o Monster donde se continúa con el sistema de encuentro entre oferta y demanda de empleo. Ahora toca aprovechar la potencia que brinda la interconexión de personas: duplicar tus contactos al poder ver los de tus conocidos.
Esta plataforma de origen norteamericano arranca con la frase: las relaciones importan. Y no puede tener más razón. Hoy en día, para obtener un buen empleo o hacer negocios, además de poseer la formación adecuada, es importante conocer a las personas idóneas y contar con referencias de su labor para evitar posteriores sorpresas. El funcionamiento del servicio gira en torno a nuestro perfil, en el que podremos relatar la educación que hemos recibido, los lugares y puestos en los que hemos trabajado, nuestras especialidades, etc… Se pueden agregar contactos y que estos hagan recomendaciones de tu dedicación, formando así una red de confianza. Además, gracias a su API, se han desarrollado módulos para integrar contenidos de otros sitios web como slideshare (lugar donde se cuelgan presentaciones online), wordpress (sistema de publicación de blogs) o box.net (gestión y almacenamiento de ficheros). También se pueden crear grupos de intereses comunes. Una forma idónea para darse a conocer, buscar trabajo u oportunidades de negocio y a su vez descubrir candidatos para una empresa. Además de la cuenta básica gratuita, LinkedIn también ofrece cuentas premium empresarial y empresarial plus que nos permiten acceder a las vistas de perfiles ampliadas fuera de nuestra red.
Es muy similar en concepto a LinkedIn. Cabe destacar de esta plataforma sus orígenes y cómo ha ido comprando otros portales similares. Se creó en Alemania en el 2003 bajo el nombre de OpenBC (Open Business Club) y años más tarde fagocitó las redes de habla hispana Neurona y eConozco. El nombre juega con su significado en chino: “es posible” y con el acortamiento de la palabra inglesa crossing: “cruzar o intercambiar contactos”. El uso básico es gratuito aunque ofrece utilidades extra a sus usuarios premium (ver quién ha visitado tu perfil, hacer búsquedas avanzadas, etc…). Otras funcionalidades a destacar son que tiene un sistema de publicación de ofertas de empleo dentro de la propia red o que permite gestionar qué partes de nuestro perfil pueden ver cada uno de nuestros contactos.
En esta comunidad el énfasis está puesto en los nuevos emprendedores. Se creó en 2001 con la idea de mantener en contacto a un grupo de amigos. Sin embargo, ha ido evolucionando hacia una red de negocios. Como en los anteriores ejemplos, cuenta con versión gratuita y de pago pero a diferencia de estos, no dispone aún de la traducción al español.
Sin duda se trata de la plataforma más social de todas, puesto que a la información de experiencia profesional y educación se suma la posibilidad de sincronizar nuestra actividad en otras redes como Flickr, YouTube, Del.icio.us,… lo que la convierte en el pegamento ideal donde recoger nuestra identidad digital.
Identidad digital que cada día va cobrando mayor importancia. Por eso no hay que descuidarla y ser conscientes de que todo lo que se hace en Internet queda registrado, para bien o para mal. Desde ese vídeo creativo que puede servir para que una empresa se fije en nosotros hasta esa foto en la que estamos de parranda y que hemos subido a Tuenti. Recientemente escuché una anécdota que sirve para ilustrar esto. Hace unos años, en una entrevista de trabajo, tras numerosas y largas pruebas, dejaron a todos los candidatos reunidos en una sala. Allí, tras los nervios, muchos fueron los que desataron sus lenguas arengados por uno de los participantes. Más tarde se supo que ese participante era un “topo” introducido por la propia empresa para recabar información más personal de los aspirantes. Parece una maniobra artera por parte de la compañía, casi denunciable. Sin embargo, si esa misma empresa hubiese hecho hoy la entrevista de trabajo no hubiese necesitado ese infiltrado. Le bastaría con tener un buscador web a mano para investigar la reputación digital de sus aspirantes. Cuidar esa identidad como lo hacemos en nuestra vida real es tan necesario como comprender que la frontera entre ambas ya no existe.
Ahora más que nunca coincido con Groucho Marx en aquello de que “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.
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29 Ene
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 101 (invierno 2009)
La vida está llena de sorpresas. Y si no, que se lo digan a los ingenieros de telecomunicaciones que idearon en su día un canal para mandarse mensajes de control. Si alguien les hubiese indicado que esos mensajes se popularizarían como un servicio de usuario para el envío de texto corto entre teléfonos móviles (los famosos SMS), no hubiesen dado crédito. Que se use ese canal y no el de voz es la razón de que la longitud máxima de un SMS sea de 160 caracteres. Y quizás también esta limitación, además del precio, sea la causa de su éxito. Porque en estos tiempos de prisas en los que nos movemos, la economía de la palabra y el esfuerzo se prima.
Esta misma tendencia se ha trasladado recientemente a Internet de la mano del microblogging, también conocido como nanoblogging: publicaciones de texto de 140 caracteres como máximo para contar qué estamos haciendo en cada momento. Si a esto se le agrega el componente social que posibilita que seleccionemos nuestra red de amigos (aquellos que queremos que vean nuestros mensajes y de los que deseamos estar al tanto de sus vidas), ya tenemos un chat asíncrono en comunidad que requiere un alto nivel de atención. Es decir, se trata de la suma de blogs, redes sociales y mensajería instantánea, con un importante componente de inmediatez y movilidad.
Aunque en su etapa inicial se catalogó el concepto como algo simplón y trivial, la idea ha ido evolucionando. Y es que, a raíz de su popularización, han surgido muchos usos, algunos de ellos sorprendentes. Por ejemplo, durante los congresos, se ha convertido en un foro de discusión en tiempo real. Mientras que los ponentes están disertando a la masa, esa masa genera su conversación en paralelo, teniendo un papel más activo y logrando que personas que no están en ese evento, también participen.
Otro ejemplo lo encontramos en las pasadas elecciones estadounidenses, donde los candidatos han ido narrando todos sus movimientos a través de Twitter. La Red es ya un canal de comunicación más que ha logrado una alta movilización por parte de los ciberactivistas. En este caso se demostró que los demócratas llevaron a cabo una mejor campaña en Internet. Sólo era necesario comparar los seguidores del canal de Barack Obama (por encima de los 112.000) y sus más de 250 actualizaciones, frente a los cerca de 5.000 followers de John McCain con sólo 25 twitteos.
El microblogging también ofrece muchas posibilidades como canal de emisión corporativa para las empresas. Dell, compañía que desarrolla y vende ordenadores, ha creado una cuenta en Twitter para lanzar ofertas especiales a sus seguidores. Medios de comunicación como El País, CNN o Times usan el nanoblogging para distribuir sus titulares y mantener informados a sus usuarios de noticias de última hora.
Incluso se pueden materializar ideas más peregrinas, como la que nos ofrece el proyecto Botanicalls: un nuevo canal de comunicación entre plantas y humanos. Se trata de un sistema que se conecta al vegetal y hace que éste mande su estado en tiempo real a la plataforma. Puede ser interesante ver a nuestro geranio lanzando mensajes de auxilio al ciberespacio si se queda sin agua.
Y existen casos más extremos derivados de la urgencia, como el ocurrido en marzo de 2008. Mientras un tornado azotaba Oklahoma, sus habitantes fueron narrando la localización exacta del mismo en cada momento. O el de los bomberos de Los Ángeles, que aprovechan la utilidad para informar en tiempo real de las alertas ocurridas en la ciudad.
Es curioso analizar esta nueva práctica voyeurista que nos vuelve a todos mirones, a la par que exhibicionistas, narrando nuestro día a día. O más bien nuestro minuto a minuto. ¿Estamos ante nuevas formas de intercambio de información? ¿Afectarán a nuestro lenguaje? Se dice de los jóvenes, que si se les apaga la luz, ya no saben comunicarse. ¿Será esto real? ¿Acabará el microblogging con los blogs? ¿Es lo breve dos veces bueno? Muchas cuestiones para responder en tan sólo 140 caracteres.
Plataformas de microblogging
Twitter: se trata de la herramienta más conocida y extendida, dado que fue la pionera en estos menesteres allá por julio de 2006 y, por tanto, la que logró la revolución. Aunque no es la más avanzada técnicamente, cuenta con el ingrediente fundamental: los usuarios. La sencillez es su principal característica: sólo permite enviar mensajes, ya sean públicos o privados. Debido a su éxito, ha tenido numerosos problemas de estabilidad del servicio, aunque ya parecen resueltos. Cuenta con un gran número de aplicaciones de terceros que ayudan a twittear lo que hacemos de forma más fácil y desde múltiples lugares (ordenadores, móviles, PDA’s,…).
Jaiku: como no era de extrañar, el todopoderoso Google también tiene su propio servicio, que compró en 2007. Es tecnológicamente superior a Twitter. Sin embargo no termina de arrastrar a los usuarios y crear ese “efecto red”. Aún es necesaria una invitación para poder acceder.
Plurk: es un sistema más gráfico que el resto, puesto que muestra los mensajes en una línea temporal horizontal. Se caracteriza por contar con un sistema de méritos, también denominado karma, que proporciona puntos en base a nuestra actividad.
Pownce: la peculiaridad que presenta este servicio respecto a los anteriormente descritos, es que posibilita compartir archivos y eventos, lo que le convierte en una red P2P personal.
Si os parece una locura tener todas vuestras redes sociales actualizadas, existen también sitios web como ping.fm que permiten escribir en un único lugar y que ese mensaje se disperse después por el mundo.

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5 Oct
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 100 (otoño 2008)
25 años son los que lleva esta revista en marcha. Y no muchos más los que tiene Internet. Así que aprovechando la celebración, vamos a repasar brevemente la filogénesis de la Red de redes desde su primitivo inicio hasta llegar a lo que hoy conocemos y utilizamos.
Internet ha supuesto una revolución en el mundo de las comunicaciones. Sus principales pilares residen en la descentralización de los datos, la ruptura de barreras temporales y espaciales, así como la propagación de una cantidad ingente de información no controlada ni controlable por ninguna entidad (o eso nos gusta pensar a los románticos / ilusos).
Sus orígenes se remontan a finales de los años 60, cuando la ARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados) del Departamento de Defensa de los Estados Unidos puso en marcha la primera red experimental de computadoras interconectadas conocida como ARPANET. Para ser más precisos, cuatro fueron los primeros nodos. Un número sorprendente teniendo en cuenta los miles de millones de usuarios que ahora formamos parte del ciberespacio. Su origen militar fue ampliándose al ámbito académico, y tuvimos que esperar hasta finales de los años 80 para ver el comienzo del uso comercial de las conexiones.
Muchos son los servicios que nos ofrece Internet: el correo electrónico, la transmisión de ficheros, la mensajería instantánea, etc… Aunque sin ninguna duda, el servicio estrella es la World Wide Web (WWW), conocida popularmente como Web. No debemos, por tanto, confundirla con Internet. Lo primero sólo es un pequeño subconjunto de lo segundo. De hecho, este proyecto es aún más joven: fue desarrollado en 1990 en el CERN por los científicos Tim Berners-Lee y Robert Cailliau. La idea básica consistía en páginas interconectadas mediante hiperenlaces que permitían saltar de un sitio a otro de una forma rápida y sencilla.
Las buenas intenciones iniciales de esta web abierta y gratuita para todos, pronto se fueron “pervirtiendo”. Como consecuencia de esto, entre 1997 y 2001, se produjo la popular burbuja.com. De repente, la telaraña mundial se comenzó a ver como un espacio ideal para los negocios y la obtención rápida de dinero. No era raro entrar en una página y caer deslumbrado por montones de gifs animados anunciando algo. Esto produjo una rápida subida de la cotización en bolsa de muchas empresas del sector. Pero si fuerte fue la subida, más aún la bajada.
Esta etapa de especulación económica dio paso a otra de recesión y desaliento. Tras el crack, nadie quería invertir un duro en las compañías punto-com. Así que la recuperación está siendo muy lenta y costosa.
Sin embargo, no todo lo que se forjó durante esos años fue malo ni estuvo avocado al fracaso. En 1997 nació el buscador de contenidos más famoso y utilizado en el mundo entero: Google. De la mano de dos estudiantes de doctorado en Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford, Larry Page y Sergey Brin, se intentó diseñar una herramienta con la que poner orden a la información y así llegar a todas las esquinas de la Red. Como curiosidad decir que el origen del nombre está en la palabra googol, que en inglés es el calificativo que se da a la cifra “10 elevado a 100″. Un número muy elevado que puede que un futuro sea el número de sitios en Internet.
En la actualidad, la madurez de la web viene impulsada por un nuevo concepto: la Web 2.0. Blogs, wikis, redes sociales,… pero sobre todo, un protagonista central: el usuario. Pero no un usuario como el de antes. El infociudadano de ahora desempeña un nuevo rol de prosumidor (productor + consumidor de información). Se ha pasado de las páginas estáticas, raramente actualizadas, a un modelo en el que cualquiera, sin necesidad de conocimientos informáticos, puede tener su espacio en la Red. Un aluvión de nuevas palabras nos invade: sindicación, permalinks, folcsonomías, … Una revolución tecnológica que ha dado paso a un gran cambio social, modificando la forma en que usamos las herramientas y primando la inteligencia colectiva. El origen del término (que no de la concepción) es de la editorial O’Reilly Media.
Poniendo la mirada en el futuro, muchos dicen que nos encontraremos con la Web semántica. Una tecnología que pretende agregar sentido a la información, haciendo a las máquinas un poco menos tontas a base de añadir metadatos semánticos que doten de significado a la información. De esta forma, cuando hagamos búsquedas de información, los resultados obtenidos se ajustarán más gracias a bases de conocimiento. Por ejemplo, cuando usemos palabras polisémicas, la máquina será capaz de resolver automáticamente la ambigüedad léxica en base al contexto.
También se dice que la aparición de nuevos dispositivos para la conexión (móviles, PDA’s, …) será otro punto de inflexión que marque el desarrollo de la tecnología. Incluso se habla de una posible saturación de la Red, dado que los nuevos contenidos que se consumen han pasado del liviano texto plano a los pesados vídeos e imágenes de alta calidad.
No estoy en condiciones de sacar mi bola de adivina en este aspecto, dado el carácter cambiante que caracteriza a este medio. Lo que si tengo claro es que debemos abogar todos juntos por acabar con la brecha digital y el analfabetismo digital, logrando así que cualquier persona tenga acceso a Internet, sea cual sea su origen, edad o condición física. Si recuperamos las intenciones iniciales de una red abierta, gratuita y sin intervenciones gubernamentales, habremos logrado nuestro objetivo. ¡Larga vida a Internet!
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17 Jul
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Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 99 (verano 2008)
Hace unos años, cuando paseaba por las aulas informáticas de la Universidad y veía a alguien navegando por Facebook, sabía a ciencia cierta que se trataba de un alumno de intercambio. Sin embargo, en la actualidad las cosas han cambiado y esta plataforma social ha llegado a nuestro territorio para conquistarlo (con permiso de Tuenti).
Pero como no es del todo recomendable empezar una casa por el tejado, lo mejor será que primeramente expliquemos qué es Facebook. La wikipedia nos dice que se trata de un sitio web formado por muchas redes sociales o, dicho de otra manera, un pegamento donde los usuarios se crean perfiles en los que van agregando material de otros servicios (imágenes de flickr, vídeos de youtube y así hasta un largo etcétera) y que comparten con sus contactos. Desde Facebook se puede jugar, mostrar nuestras películas favoritas, descubrir nueva música, invitar a cervezas (eso sí, virtuales),… Todo ello gracias a que está abierto a desarrolladores, de manera que cualquiera puede hacer mini-aplicaciones que funcionen y se integren en la plataforma. Aquí tenemos la principal razón de su éxito y la que le da mayor valor puesto que ya cuenta con más de 20.000 programas de terceros.
Repasemos ahora un poco su historia y cómo se ha ido fraguando el proyecto. Allá por 2004, un estudiante de la Universidad de Harvard, Mark Zuckerberg, junto a dos amigos decidió empezar a construir una comunidad virtual. Originalmente esta red social fue creada exclusivamente para la comunicación entre estudiantes estadounidenses. De ahí proviene su nombre, ya que es el mismo que recibe el boletín que las universidades entregan a los alumnos que comienzan una nueva carrera para que se conozcan entre ellos (libro de caras). Es por esta razón que hasta 2006 no estaba permitido el registro ni la creación de cuentas a personas que no contasen con una dirección de correo electrónico de una universidad norteamericana.
Sin embargo, tras comprobar el éxito que estaba cosechando, se eliminó la restricción para poder ampliar horizontes publicitarios. Esta decisión levantó una cierta polémica entre los usuarios que ya estaban haciendo uso de la plataforma, dado que se perdía la esencia estudiantil. Pero como diría Quevedo: Poderoso caballero es don dinero.
En la actualidad ya cuenta con más de 60 millones de usuarios activos, cifra que va creciendo casi de forma exponencial. Y muchas son las novias que le pretenden. Entre ellas se encuentra Microsoft, que está deseoso de hacer una compra sonada en el mundo de la web 2.0 para poder plantar batalla a Google.
El área principal de trabajo en Facebook es nuestro perfil, desde el que podremos ir configurando y añadiendo toda la información. También seremos capaces de buscar y agregar amigos, así como de instalar aplicaciones. Esta instalación se hace en el propio portal (no se añade nada a nuestro ordenador). Mediante RSS se puede seguir la actividad de nuestros amigos e incluso cuenta con un chat propio. Por tanto, entretenimiento, comunicación e información se unen bajo un mismo paraguas. Además, si bien el proyecto arrancó inicialmente en el lenguaje de Shakespeare, ahora ya cuenta con versiones en francés, alemán y castellano, por lo que el idioma tampoco es una barrera.
Comunidades como Facebook son las que nos recuerdan que no hay que subestimar el poder de las redes sociales. Para ilustrar esto, pondré un ejemplo bastante llamativo del uso que se le puede dar como canal de difusión. En febrero de 2008, miles de colombianos se echaron a la calle en una movilización contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Ésta movilización se gestó en la plataforma.
Pero no todo son flores en el campo. También encontramos unos cuantos cardos. El primero reside en las condiciones de uso (esa letra pequeña que nadie lee cuando se registra en un nuevo servicio). Y es que cuenta con algunas cláusulas que le otorgan la propiedad sobre los contenidos que se crean en ella. Concretamente éste es el párrafo de la discordia:
Al publicar el Contenido de Usuario en cualquier parte del Sitio, otorgas automáticamente a la Compañía, y manifiestas y garantizas que tienes derecho a otorgar a la Compañía, una licencia irrevocable, perpetua, no exclusiva, transferible, plenamente desembolsada y mundial (con derecho de sublicencia) para usar, copiar, reproducir públicamente, mostrar públicamente, reformatear, traducir, obtener extractos (totales o parciales) y distribuir dicho Contenido de Usuario para cualquier fin, ya sea comercial, publicitario o de otro tipo, en relación con el Sitio o la promoción del mismo, para preparar trabajos derivados de dicho Contenido de Usuario o incorporarlo a otros trabajos, y para otorgar y autorizar sublicencias de lo anterior. Podrás retirar tu Contenido de Usuario del Sitio en cualquier momento.
Suponemos que un gigante de la Red no se va a interesar en reclamar estos derechos… pero quién sabe qué nos deparará el futuro.
Otra cuestión incongruente es que, si bien Facebook se surte de datos de otros servicios abiertos, ellos no ofrecen información de cara al exterior si no se está registrado. Es decir, si no tienes cuenta, no podrás ver el perfil de las personas. Una concepción un tanto desigual de lo que supone la web colaborativa.
Como conclusión, sólo me falta recalcar algo llamativo (al menos para mí). Nos encontramos en una sociedad en la que la intimidad pasa a ser un bien despreciado. Con el éxito de sitios web como Facebook demostramos nuestro placer por el exhibicionismo. Dejamos nuestros gustos, nuestras preferencias de consumo, nuestras fotos y muchos más datos al amparo de unos totales desconocidos. Si nos solicitasen esto mismo en un centro comercial, pondríamos el grito en el cielo. Sin embargo, lo hacemos voluntariamente en una plataforma de la que desconocemos sus intenciones y a la que le cedemos un perfil completo nuestro.
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7 Abr
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 98 (primavera 2008)
Muchas preguntas transcendentales nos asaltan a lo largo de nuestra vida: ¿Adónde vamos? ¿De dónde venimos? Quizás nunca seamos capaces de darles respuesta, pero lo que sí podemos saber con exactitud en la actualidad es en qué punto nos encontramos.
Y es que la irrupción del GPS (Global Positioning System) en nuestro día a día ha modificado también los hábitos en Internet. Numerosas han sido las herramientas que han nacido amparadas por las coordenadas de los satélites. La más conocida quizás sea Google Maps, que tanto con su programa para ordenador (Google Earth) como con su versión on-line, ha logrado que volemos de un continente a otro a golpe de ratón. Gracias a este servicio podremos buscar nuestro pueblo, ver edificios curiosos, trazar rutas, etc… Además de la visión satélite, nos permite callejear como lo hacíamos con las ya desfasadas páginas amarillas, usando la vista en forma de mapa. O si lo que preferimos es buscar como si de un atlas se tratase, disponemos de la vista terreno. Incluso podremos conocer la previsión meteorológica al detalle de un determinado lugar gracias al acuerdo llegado recientemente por Google Maps con The Weather Channel.
Muchas son las anécdotas y curiosidades que acompañan a esta aplicación: desde un error (o broma) que hacía que, para viajar de Bilbao a Nueva York, nos recomendase cruzar el Atlántico a nado, a las imágenes de una mujer desnuda tomando el sol en su azotea que fue inmortalizada por un satélite. Y es que no todas son ventajas. También se presentan importantes inconvenientes. El más acuciante es la privacidad (o más bien la falta de ella). Esto se ha puesto de manifiesto recientemente con la nueva opción de Street View, en la que se ofrece una nueva perspectiva similar a ir caminando físicamente por las calles. Para ello, varios coches de Google se pasean por diferentes ciudades tomando fotografías a través de un dispositivo insertado en el vehículo, que luego se colocan en el punto exacto del mapa en el que fueron tomadas. ¿Qué ocurre si apareces en esas imágenes sin tu consentimiento? También la seguridad preocupa ante tal nivel de detalle. De hecho, algunas áreas han sido oscurecidas por este motivo, como el Capitolio o la Casa Blanca de Estados Unidos.
A pesar de esto, el éxito del invento es incontestable y ha radicado en la preocupación por parte de Google en permitir que otras páginas web puedan hacer uso de sus mapas. De esta forma, podemos encontrar multitud de sitios que internamente funcionan con Google Maps, agregando una capa más de utilidad. Un ejemplo de estas webs son Tagzania, Nirudia, NireTV, la DGT, etc…
Desde Tagzania se nos incita a etiquetar el mundo. En este sitio web podremos añadir tags o etiquetas a localizaciones en el mapa. Se trata de una forma fácil y visual de documentar lugares y clasificarlos, surgiendo así territorios compartidos entre usuarios. Por ejemplo, podré crear un punto en Zaragoza y otro en Sevilla con el tag expo. De esta forma, si alguien busca las ciudades en las que se han celebrado exposiciones internacionales, encontrará un resultado de forma rápida gracias a la colaboración de todos los usuarios.
Nirudia y NireTV nos permiten posicionar fotografías y vídeos respectivamente. Así podremos ver imágenes de una ubicación en concreto o bien buscar vídeos que se hayan grabado en un determinado lugar.
Hasta las instituciones han caído rendidas ante las posibilidades que ofrece: la propia Dirección General de Tráfico nos informa de la meteorología e incidencias en carretera tirando de mapas. Otra aplicación curiosa que ha puesto a nuestra disposición la Diputación Foral de Gipuzkoa es B5M. En ella se trabaja con planos y ortofotos (fotografías aéreas) de toda la región. Una de las funcionalidades más interesante está en la fototeca, que nos brinda la posibilidad de consultar un histórico de fotografías capturadas desde 1954 para poder comprobar cómo ha ido evolucionando una determinada zona.
Al final, el mundo de los sistemas de navegación cuenta con un cuello de botella: pocos son los proveedores que nos ofrecen los datos actualizados de calles, carreteras, montes, ríos, etc… Tele Atlas, una empresa holandesa, es el generador principal. De su trabajo se surten aplicaciones como el conocido TomTom o el propio Google Maps. Por tanto, existe un control absoluto en una parte de la cadena. Para dejar de tener esta dependencia, hace unos años se creó OpenStreetMaps. Se trata de un proyecto colaborativo que persigue que sean los propios usuarios los que generen mapas libres. Sólo es necesario un dispositivo GPS, un pequeño programita para recoger los puntos y ganas de pasear. De esta forma, cualquiera puede mejorar los mapas de su ciudad, y poniéndolos en común, todos podremos hacer uso de ellos.
Como vemos, en este mundo de latitudes y longitudes, tres son los componentes que nos ayudan a situarnos: el hardware, el software y los datos. En la parte hardware podemos encontrar diferentes dispositivos: desde GPS a nuestros propios ordenadores. En la parte software se encuentran los programas que interpretan los datos y nos los muestran de una manera amigable (TomTom, Google Maps, etc…). Y por último, pero no por ello menos importante (al contrario), están los datos. Si todos generásemos los puntos de nuestra calle, tendríamos unos mapas más precisos y a disposición de cualquiera. Por tanto, para no estar en manos de una única empresa, geolocalicemos el mundo… y dentro de poco el Universo
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