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El sesgo de edad en las redes sociales

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generaciones
Las redes sociales están de moda. Es algo indudable porque hasta los menos diestros en Internet están en ellas. Esto y que los altos cargos y directivos de empresas quieren conquistarlas (aunque no sepan utilizarlas), son claros indicios. “Mi empresa tiene que estar en todas“, es la frase que últimamente más escucho. Una pena no tener a mano este botón para pulsar.

Me maravilla cómo dejan de contabilizar el esfuerzo en horas de sus empleados para estar en redes sociales que es, más que probable, que no le interesen a la actividad de su empresa. Y para identificar esos sitios, lo primero que tenemos que meditar es el sesgo de edad existente en las principales plataformas. Por ejemplo, si te dedicas a vender mecedoras, quizás no sea muy acertado que gastes tiempo en Tuenti.

Veamos las más populares por estos lares:

  • Tuenti: aquí el propio nombre de la red nos indica la edad que más o menos tendrán sus usuarios: unos 20. Yo me atrevería a decir que pasados los 25, el uso empieza a bajar y se mueven a sitios “más serios”. La migración lógica nos dice que suele ser a Facebook. Analizando los accesos a Internet de la Universidad de Deusto, podemos constatar que esta red es la más exitosa entre nuestros alumnos, muy por encima de Facebook. Es por tanto la Universidad la época de cambio, en la que conviven ambos perfiles y tras finalizar esta etapa, Tuenti deja paso a Facebook, asomando ya LinkedIn (por aquello de empezar a buscar trabajo).
  • Facebook: como ya indicábamos anteriormente, los usuarios de esta red empiezan con los twenty muy avanzados. Su tiempo de vida es más largo que el de Tuenti, alargándose hasta casi los 40.
  • LinkedIn: sin duda, es la red más seria de todas. Tiene una premisa que limita la edad de sus usuarios: éstos, normalmente, tienen un trabajo o están a la búsqueda de uno. El networking laboral suele nacer tras unos años de desempeño.
  • Twitter: aunque pudiera parecer un servicio colonizado por la gente más joven, recientes estudios indican lo contrario. Según una encuesta realizada por la Universidad de Pace, a pesar de que el 99% de los estadounidenses de 18 a 24 años tiene un perfil (o más) en una red social, apenas un 22% utiliza Twitter. Sorprende además que el 54% lo usa para seguir a celebridades (supongo que será el tirón de Ashton Kutcher, Demi Moore y demás familia). Desde comScore también nos dicen que las personas que más usan Twitter son las de 45 a 54 años.

Una vez analizado esto, otro error muy común es desembarcar en todas las redes con el mismo mensaje y lenguaje, sin valorar la forma en la que se “habla” allí. Y es que está claro que no se conversa de igual manera en Tuenti que en LinkedIn. Esto se puede ilustrar estupendamente con el típico ejemplo de tus padres intentando usar palabras como “mola, chachi, …“. De hecho, en las anteriores elecciones nacionales, muchos fueron los partidos que se atrevieron a entrar en Tuenti con su mensaje político igualito al de la campaña. Resultado: un cero a la izquierda.

Por cierto, ya que hace un tiempo hablábamos del sentimiento de pertenencia, éste también es un dato importante a valorar, dado que la raza, las etnias o el nivel de educación también hacen ghettos en el cibermundo.


Redes sociales profesionales: porque Internet también sirve para cosas serias…

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Sonrisa

Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 102 (primavera 2009)

Parece que, cuando en los pasillos de la Universidad se introduce la palabra Internet en una conversación, es para asociarla inmediatamente al ocio. Sin embargo, se le pueden dar muchos otros usos cercanos al mundo profesional. En esta etapa en la que nos toca librar batalla con términos como recesión y crisis día sí y día también, hay que poner al mal tiempo buena cara y descubrir que, además de ser períodos de penurias, también pueden serlo de oportunidades para los emprendedores. Saber “venderse” utilizando las nuevas tecnologías puede ser el factor que incline la balanza de un candidato en una entrevista de trabajo o a la hora de hacer negocios. Las herramientas que nos pueden ayudar a ello son muchas y variadas pero con un denominador común: las redes sociales profesionales. Su mecanismo es muy similar a otras más conocidas como Facebook o Tuenti solo que el objetivo aquí es compartir el curriculum vitae con otras personas que pueden recomendar tu desempeño, generar sinergias de colaboración, etc… Es decir, llevar a la Red el networking de toda la vida: “yo conozco a alguien con el que he trabajado y del que te puedo dar muy buenas referencias“, aplicando así el factor confianza a las ventajas que ya ofrece de por sí Internet: sin límites temporales o geográficos.

Atrás quedan los convencionales portales de trabajo como InfoJobs o Monster donde se continúa con el sistema de encuentro entre oferta y demanda de empleo. Ahora toca aprovechar la potencia que brinda la interconexión de personas: duplicar tus contactos al poder ver los de tus conocidos.

LinkedIn

Esta plataforma de origen norteamericano arranca con la frase: las relaciones importan. Y no puede tener más razón. Hoy en día, para obtener un buen empleo o hacer negocios, además de poseer la formación adecuada, es importante conocer a las personas idóneas y contar con referencias de su labor para evitar posteriores sorpresas. El funcionamiento del servicio gira en torno a nuestro perfil, en el que podremos relatar la educación que hemos recibido, los lugares y puestos en los que hemos trabajado, nuestras especialidades, etc… Se pueden agregar contactos y que estos hagan recomendaciones de tu dedicación, formando así una red de confianza. Además, gracias a su API, se han desarrollado módulos para integrar contenidos de otros sitios web como slideshare (lugar donde se cuelgan presentaciones online), wordpress (sistema de publicación de blogs) o box.net (gestión y almacenamiento de ficheros). También se pueden crear grupos de intereses comunes. Una forma idónea para darse a conocer, buscar trabajo u oportunidades de negocio y a su vez descubrir candidatos para una empresa. Además de la cuenta básica gratuita, LinkedIn también ofrece cuentas premium empresarial y empresarial plus que nos permiten acceder a las vistas de perfiles ampliadas fuera de nuestra red.

Xing

Es muy similar en concepto a LinkedIn. Cabe destacar de esta plataforma sus orígenes y cómo ha ido comprando otros portales similares. Se creó en Alemania en el 2003 bajo el nombre de OpenBC (Open Business Club) y años más tarde fagocitó las redes de habla hispana Neurona y eConozco. El nombre juega con su significado en chino: “es posible” y con el acortamiento de la palabra inglesa crossing: “cruzar o intercambiar contactos”. El uso básico es gratuito aunque ofrece utilidades extra a sus usuarios premium (ver quién ha visitado tu perfil, hacer búsquedas avanzadas, etc…). Otras funcionalidades a destacar son que tiene un sistema de publicación de ofertas de empleo dentro de la propia red o que permite gestionar qué partes de nuestro perfil pueden ver cada uno de nuestros contactos.

Ryze

En esta comunidad el énfasis está puesto en los nuevos emprendedores. Se creó en 2001 con la idea de mantener en contacto a un grupo de amigos. Sin embargo, ha ido evolucionando hacia una red de negocios. Como en los anteriores ejemplos, cuenta con versión gratuita y de pago pero a diferencia de estos, no dispone aún de la traducción al español.

Plaxo

Sin duda se trata de la plataforma más social de todas, puesto que a la información de experiencia profesional y educación se suma la posibilidad de sincronizar nuestra actividad en otras redes como Flickr, YouTube, Del.icio.us,… lo que la convierte en el pegamento ideal donde recoger nuestra identidad digital.

Identidad digital que cada día va cobrando mayor importancia. Por eso no hay que descuidarla y ser conscientes de que todo lo que se hace en Internet queda registrado, para bien o para mal. Desde ese vídeo creativo que puede servir para que una empresa se fije en nosotros hasta esa foto en la que estamos de parranda y que hemos subido a Tuenti. Recientemente escuché una anécdota que sirve para ilustrar esto. Hace unos años, en una entrevista de trabajo, tras numerosas y largas pruebas, dejaron a todos los candidatos reunidos en una sala. Allí, tras los nervios, muchos fueron los que desataron sus lenguas arengados por uno de los participantes. Más tarde se supo que ese participante era un “topo” introducido por la propia empresa para recabar información más personal de los aspirantes. Parece una maniobra artera por parte de la compañía, casi denunciable. Sin embargo, si esa misma empresa hubiese hecho hoy la entrevista de trabajo no hubiese necesitado ese infiltrado. Le bastaría con tener un buscador web a mano para investigar la reputación digital de sus aspirantes. Cuidar esa identidad como lo hacemos en nuestra vida real es tan necesario como comprender que la frontera entre ambas ya no existe.

Ahora más que nunca coincido con Groucho Marx en aquello de que “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.

Artículo en formato pdf [129 KB]

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