Con retraso, dejo aquí mi último artículo para la sección de Internet de la Revista Deusto. Como veréis, ya tiene algunos datos caducos (es lo que tiene escribir con antelación para el formato papel ).
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 112 (otoño 2011)
El mundo de las redes sociales era, hasta ahora, ese hilo que Google no terminaba de enhebrar. Y no será porque no lo haya intentado con malogradas apuestas como Buzz o Wave. De hecho, también ha sido muy proclive a aplicar el lema de “si no puedes con tu enemigo, únete a él” (cambiando el “únete” por “cómpralo”). Así se hizo con una de las primeras redes sociales que se conocen (Dodgeball, 2000), convirtiéndola en la actual Google Latitude. Y esos fueron también los casos de Orkut, una de las webs más populares en Brasil, o de Jaiku, una plataforma de microblogging engullida por el éxito de Twitter.
Pero como no hay dos sin tres, el gigante de Internet quema un nuevo cartucho para intentar plantar cara a enemigos que le roban minutos de los usuarios, como son Facebook, Twitter o incluso LinkedIN, con su nueva red social: Google+. Se atreve a lanzar este proyecto cuando algunos gurús de Internet vaticinan ya la caída de las redes sociales en general y de grandes como Facebook en particular, que justo a las puertas de su salida a bolsa, cuando ha llegado a la cuota de 750 millones de usuarios, pierde por vez primera usuarios en Estados Unidos.
Google cree haber dado con la gallina social de los huevos de oro. Precisamente ahí radica su éxito: tenerlos todos en la misma cesta. O dicho de otra manera, la clave está en la interrelación. Todas las plataformas de Google son vasos comunicantes. Si estamos en el buscador y vemos un resultado de interés, podemos pulsar su botón +1, pasando esta información automáticamente a nuestra red social. Si subimos fotos a la web antiguamente conocida como Picasa (ahora Google Fotos), también se suman a nuestro perfil. Y así veremos como sucede lo mismo con los más de treinta servicios del gigante, que tienen un denominador común: una barra superior de administración que nos acompaña durante toda la navegación y donde se nos muestran las notificaciones de G+.
Cuatro son los pilares de esta nueva red social: círculos, intereses, quedadas y móvil.
G+ cambia el enfoque de otras redes sociales en la gestión de privacidad. Si en Facebook defines relaciones simétricas (una conexión entre dos usuarios sólo se establece si ambas partes aceptan), con G+ podremos definir relaciones asimétricas metiendo a nuestros contactos en círculos. Esos círculos los definimos nosotros para segmentar luego nuestra comunicación de manera que primero digas a quién quieres contar determinada cosa y luego ya pongas el qué (al revés que sucede en Facebook). Arrastraremos los contactos a sus círculos correspondientes, pudiendo crear tantos como queramos (Google nos muestra ya por defecto los círculos Amigos, Familia, Conocidos y Siguiente) y pudiendo meter a una persona en varios a la vez.
Con los intereses, podremos usar todo el potencial del motor de búsqueda de los de Mountain View para estar al día de los asuntos que más nos interesen. Introduciendo uno o varios términos, G+ nos mostrará a modo de agregador de feeds los contenidos de blogs, medios de comunicación digitales, páginas web, etc. que estén hablando de ello en ese momento.
Las quedadas giran en torno a un elemento que ya ofrecía Google: Gtalk. Nos permitirá, por tanto, hacer videochats de grupo con nuestros contactos, pudiendo hablar con hasta 10 personas a la vez.
Y, por supuesto, no se olvidan del emergente mundo móvil, ofreciendo una aplicación específica para Android que nos facilita estar conectados a nuestra red social desde casi cualquier dispositivo y en cualquier momento.
Como muchas otras de sus plataformas, esta red social ha arrancado con acceso restringido supeditado a invitaciones, para conseguir que la sensación de exclusividad desate el deseo viral de pertenencia. Esto puede adulterar la percepción de éxito inicial, porque limita a que los primeros habitantes de la red sean los conocidos como “early adopters“, aquellos que se apuntan a todas las tendencias desde el inicio. Pero el éxito les llegará realmente cuando consigan vencer las resistencias del público generalista. Cuando estén en G+ mi vecina del sexto, mi primo del pueblo, etc. Y como suele comentar mi compañero de sección, Pablo Garaizar, les tocará luchar contra el efecto del “bar vacío”: ese espacio al que entras buscando a tus amigos y, al no encontrarlos, abandonas.
En el lanzamiento publicaron en su blog “Queremos incluir Google en la vida de las personas, en sus relaciones y sus intereses“. Y tanto que quieren. De hecho, cuanto más sepan de nuestras vidas, de nuestras relaciones y de nuestros intereses, mejor gestionarán su materia prima: nosotros y la publicidad.
Muchas serán las reacciones ante G+: “¿Una red social más? ¡Otra, no! Por favor…” gritarán algunos. “Gracias a los dioses, alguien nos rescatará de Facebook” exclamarán otros. Pero lo que está claro es que aún tendremos que esperar para ver si G+ es capaz de vaciar algún bar de manera definitiva (Facebook, Twitter, …) o pasará por ser un garito de moda de un par de semanas.
Hoy, día de Todos los Santos, tenemos un nuevo difunto por el que velar en años venideros: Google Reader.
Y es que ayer se hacía real uno de mis miedos: ver cómo Google se cargaba una de mis herramientas favoritas y de la que más réditos informacionales sacaba.
Desde hace un tiempo se venía escuchando por los mentideros de Internet que las redes sociales tipo Twitter estaban sustituyendo a los agregadores de contenidos de cara a informarnos. Pero yo seguía en mis trece por una de las funcionalidades más útiles de Google Reader: formarte tu comunidad de presciptores de información que compartían los enlaces que les habían hecho cambiar su habitual lectura vertical por una más sosegada. Muchos pensaréis ahora: ¡pero eso es lo que se hace en Twitter o en Facebook! Cierto, pero en esas redes sociales horizontales, entre pepita de oro y pepita de oro de información, también se colaban otros metales nobles (platos que engullimos, sitios que visitamos, series de televisión que vemos, … en definitiva, cosas más personales). Y que nadie se me cabree, pero con determinados usuarios, sólo me interesa compartir información más académica o más cercana a mi mundo laboral, sin necesidad de saber lo rico que estaba el pastel que le tocó en suerte comer ese día. Todo eso me lo ofrecía Google Reader.
Pues bien, ayer Google anunciaba un nuevo rediseño de la herramienta. Hasta ahí, nada malo. Un cambio de imagen no tiene por qué ser malo. Cuesta habituarte a las modificaciones de las cosas, pero normalmente las funcionalidades se mantienen intactas o incluso se mejoran. Pero bajo esa noticia, había un huevo de pascua escondido. Google se cargaba el botón “Compartir” (momento en el que mandabas a tu red de Reader un contenido que tú considerabas de interés) para poner el manido botón de +1, lo que hace que ahora esa información pase a tu perfil de Google+ en vez de a la comunidad exclusiva de Reader.
En esta era de infoxicación donde estamos desbordados día sí y día también por la carga de información, herramientas como Google Reader eran clave para acceder a la información de valor. ¿Y qué parte de la herramienta ofrecía precisamente eso? Su comunidad. Tener una serie de prescriptores que hacían las veces de filtradores y que compartían las cosas más reseñables. Google Reader tenía un fin muy claro: compartir cosas de interés para digerir sin mezclas personales. Pero como en Mountain View están viendo como languidece un nuevo intento de red social como es Google+, han decidido quemar todos los cartuchos. Uno de esos cartuchos es Google Reader, y me temo que muchos buscaremos una alternativa.
Para salir, eso sí, nos han dejado la puerta abierta con la herramienta de exportación de suscripciones.
Como estoy estos días documentando un curso que impartí en verano en la biblioteca sobre las redes sociales que más utilizan nuestros alumnos, dejo por aquí la pata de Tuenti que aún no había incorporado a la wiki donde tengo recogida el resto de información. Cualquier comentario para mejorar la monografía será más que bienvenido .
Tuenti
La red social por excelencia en España de los jóvenes de 20 ó menos años es Tuenti. De hecho, las estadísticas que ofrece la propia plataforma nos indican que el 37% de sus usuarios tienen entre 18 y 24 años y ese número de usuarios supera al porcentaje de población española que está en esa edad. ¿La razón? Muchos usuarios registrados infringen la normativa de tener 14 ó más años, falseando su edad y colocándose más de 18. El porcentaje entre hombres y mujeres está bastante equilibrado, demostrando ser una red generalista.
Estadísticas de usuarios/as Tuenti por edad y sexo
El nombre de la plataforma, a pesar que pudiera darnos a entender que viene del anglicismo “twenty” (haciendo de nuevo referencia a la edad de sus usuarios), viene de la frase “tu entidad”.
Esta red nació en 2006, de la mano de un estudiante estadounidense de intercambio que se encontraba en España, Zaryn Dentzel. Arrancó el proyecto con un grupo reducido de alumnos universitarios. Ahora Tuenti cuenta ya con más de 250 personas en su plantilla repartidas entre sus oficinas de Madrid y Barcelona. El número de usuarios también ha crecido exponencialmente: desde los 1000 inscritos en su primer amago de red social (Who is Who) hasta los más de 11 millones en la actualidad.
En Agosto de 2010 Telefónica se hace con el 85% Tuenti por 70 millones de euros. Esta entrada en el capital social de la empresa se ha dejado notar, apareciendo proyectos como el de la operadora móvil virtual de Tuenti (Tu) con ofertas muy ventajosas para el público joven (servicios gratuitos de red como es el chat de Tuenti para sus usuarios, siendo un reclamo muy fuerte para los jóvenes).
La clave del éxito de Tuenti, en sus inicios, fue que el acceso estaba (y sigue estándolo) restringido. No se permite la creación de cuentas y para entrar es necesario que alguien nos invite. Esto confiere a la plataforma un halo de exclusividad y a los jóvenes una sensación de “corralito” donde no están ni sus padres ni sus profesores.
La edad mínima de registro en Tuenti, como comentábamos anteriormente, es 14 años (la que marca la legislación española, a diferencia de la que se aplica a las redes sociales norteamericanas). Los menores de esta edad necesitan una autorización expresa de sus tutores. Además, dado que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) les pone exigencias extra respecto a otras redes sociales que no tienen su residencia en España, deben cumplir otra serie de tareas:
Tienen un condicionamiento legal más sencillo con lenguaje “comprensible” por el usuario medio de la plataforma.
Cuando un usuario se crea su nueva cuenta, por defecto, la privacidad es la más restrictiva. Deberá ser el usuario el que, de manera activa, abra su perfil.
Tienen un equipo de personas validando manualmente la edad de los usuarios. Cuando topan con uno que sospechan tiene menos de los 14 años permitidos, le solicitan que les envíe el D.N.I. escaneado. Si no lo hace en 96 horas, le eliminan la cuenta e investigan a sus contactos (que probablemente también sean menores de la edad mínima permitida).
Tuenti además es una caja negra para buscadores. Sólo es accesible para los robots la página de inicio, Tuenti Sitios y las Tuenti Páginas. Ni siquiera trasciende un resumen de nuestros perfiles (como sucede con redes sociales como Facebook).
No permite el registro de organizaciones (para ellas tiene reservado el apartado de Tuenti Páginas), sólo personas físicas. Si encuentran un perfil que no pertenece a una persona física, lo borran (perdiéndose todo el trabajo desarrollado de establecer contactos, redes, publicar información, etc. ).
Las partes principales y de mayor éxito de Tuenti son:
Tuenti Sitios: cada una de las “zonas de marcha” tiene su espacio aquí (trabajando el elemento local desde la globalidad que ofrece Internet). Son los propios usuarios los que enriquecen estas fichas con información del sitio (comentarios, imágenes, etc. ), hacen check-in con sus móviles cuando pasan por allí, etc… Como responsables de un sitio, podemos reclamar su “propiedad”, para gestionar los datos de primera mano: actualizar el nombre y la dirección del sitio, modificar la categoría y la información de contacto, añadir nuevos tipos de información como el horario de apertura y formas de pago, ver las estadísticas de quién visita tu sitio y mucho más. Tras rellenar un formulario, Tuenti se pondrá en contacto con nosotros para verificar nuestro cargo profesional. Como vemos, el elemento central de esta sección es la geolocalización. Intentando emular al proyecto Foursquare, los usuarios indican dónde están, siendo en ocasiones incongruentes con su mundo off-line. Es curioso los casos de personas que dejan una luz encendida en su casa durante las vacaciones para evitar a los “cacos” y que luego van chequeando en diferentes redes sociales por dónde se mueven (y para mostrar este absurdo, surgen plataformas como Please, Rob Me).
Tuenti Juegos: el modelo de negocio de Tuenti es claro: la publicidad. Y para lograr altos ingresos necesita que el usuario esté más tiempo en la red social para darle impactos publicitarios cada poco tiempo. Por esto Tuenti Juegos es una colección de juegos sencillos pero adictivos donde, además de jugar, podrás compartir en tu muro los resultados, invitar a los amigos… Dentro de esos juegos se pueden “comprar” artículos virtuales con los denominados Tuenti Créditos. Esta moneda virtual se obtiene cambiando nuestro dinero real a través de una cuenta de Paypal, con una tarjeta de crédito o incluso haciendo una recarga con el móvil.
Tuenti Páginas: es la copia de las páginas de Facebook, donde cualquier organización o institución puede tener su espacio (dado que las condiciones de uso de Tuenti prohíben que se puedan crear perfiles). Allí tendrán un muro donde publicar noticias e informaciones relevantes para los usuarios que se suscriban a la misma. Es de las pocas secciones de Tuenti que pueden tener url propia y ser pública, es decir, que sea consultada sin necesidad de estar logueado en Tuenti. Cabe destacar en este apartado la diferencia entre las páginas de empresa (premium, digamos, aunque no se paga por ese servicio), que llevan incluso una atención dedicada por parte de la plataforma a las marcas, y las páginas “al uso”, de libre creación y destinadas a grupos, actividades y páginas de famosos y/o celebridades.
Y por supuesto, la herramienta más exitosa: el chat (todo un nuevo idioma), que ha sustituido al messenger entre los jóvenes.
El modelo de negocio de Tuenti es la publicidad. Tener una cuenta es gratis, pero los usuarios les pagamos con otra moneda: nuestro tiempo. Todo el que invertimos navegando por sus múltiples espacios se convierte en un intervalo en el que nos pueden “impactar” con anuncios. Los productos publicitarios que ofrecen a las empresas para anunciarse son:
Eventos patrocinados que aparecen en la página de inicio de los usuarios.
Mensajes en la página de bienvenida. Cuando entramos a Tuenti, mientras se carga nuestro perfil, se muestra un anuncio a pantalla completa. Una vez cargada la página, queda como recuerdo un enlace en nuestra página principal.
Vídeos que aparecen mientras nos movemos por Tuenti en la parte inferior derecha.
Todos estos productos permiten a las empresas contratantes la segmentación sociodemográfica (sexo, edad, provincia) de los usuarios a los que se muestran sus anuncios.
Soy la primera que dice una y otra vez a los escépticos digitales que este mundo de bits y bytes hay que entenderlo como un espacio más en el que nos movemos, igual que lo hacemos en el trabajo, en el parque, en casa, en los bares… Un espacio con sus limitaciones inherentes al medio, con sus normas escritas y no escritas y con sus comunidades. Quizás sea porque me siento más como una residente digital (que no concibe ya el medio analógico sin las ramificaciones digitales), que como una visitante esporádica (David White).
Sin embargo, me preocupa cómo toleramos cosas en este espacio digital que serían impensables en nuestro mundo offline. Ese es el caso de las condiciones y medidas draconianas de los grandes imperios digitales. Que Facebook decide borrar un perfil por poner en el muro de Carrefour el teléfono alternativo de un 902 de dicha empresa, pues oye, qué se le va a hacer… lo ponía en su letra pequeña. Que también te lo elimina porque subes una foto amamantando a tu bebé y eso lo considera cercano a la pornografía, pues estupendo (todos diremos que la culpa la tiene la mentalidad puritana norteamericana…). Que te lo quita porque haces publicidad de su rival directo, de nuevo miremos a la letra pequeña.
Luego nos tiramos de los pelos porque Facebook no nos da la herramienta para borrar nuestros perfiles… pues parece que es bastante sencillo .
Así que me pregunto: ¿realmente el mundo digital es una transposición del analógico? Porque, en ese caso, miedo me da… ¿Si en un bar echan a un amigo por contar algo que no le gusta al dueño, te quedas? ¿Si en un bar echan a una amiga que se pone a amamantar a su bebé, sigues allí? ¿Si en un bar te largan a ti y a toda tu cuadrilla por hablar del garito de al lado, vuelves? (uso el símil del bar porque es muy cercano a nuestra cultura ).
Mañana salgo para Berlín, con ganas de descubrir una ciudad que se ha levantado como el Ave Fénix después de sufrir guerras mundiales, muros, Stasi, espías, dictaduras, represión, … Los alemanes tienen siempre muy presente su pasado para intentar que no se vuelva a repetir. Ojo, que no intento comparar a las redes sociales digitales con catástrofes de esta índole, pero no me gustaría que el espacio digital estuviera limitado a unas pocas grandes compañías que decidieran por nosotros qué está bien y qué no. Distopías de ese calibre se muestran en libros como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451, … y cada día que pasa ya no nos sorprenden tanto.
Sigo en mi mundo de contradicciones y debates internos, porque a pesar de esto, yo también participo de estas redes sociales. Pero lo que está claro es que el espacio digital es el que más me reconcome últimamente. Seguiré dándole vueltas al tema en alto, si no os importa.
Lo de los saraos es un no parar. Si por cada uno que se organizara, me dieran una cuenta premium de spotify, podría invitar a todo el barrio a escuchar música gratis . Chistes frikis y malos a parte, os cuento los que caerán este mes de mi cuenta:
Viernes, 12 de noviembre a las 11 de la mañana en la Cámara de Comercio (Alameda Rekalde, 50): mesa redonda “La innovación al servicio de los ciudadanos y las empresas” dentro de las jornadas Innovate Bilbao que organiza Telefónica. Aquí me pondré la gorra de la Universidad de Deusto para hablar del papel de la innovación dentro del sector educativo. Nos pasaremos después por el Elevator Pitch que se organiza en Ideateca.
Sábado, 20 de noviembre de 11:00 a 14:00 en la Escuela de Música “Andrés Isasi” de Las Arenas: “II Encuentro de Bloggers de Getxo… y alrededores” donde un grupo amplio de mujeres contaremos qué tratamos normalmente en nuestros blogs y cómo estos han cambiado en mayor o menor medida nuestras vidas.
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 108 (otoño 2010)
¿Dónde quedaron los años en los que nos escondíamos por mero placer o juego? Eso nos preguntamos algunas viendo lo que ahora se estila: mostrar en todo momento cuál es nuestra ubicación y qué hacemos. Una necesidad imperante de reafirmarnos haciendo públicas nuestras experiencias y diciendo aquello de “yo he estado aquí, yo he vivido esto”.
Así que no es de extrañar el éxito que están teniendo redes sociales como Foursquare en Estados Unidos. Éxito que se replica poco a poco por otras latitudes más cercanas. Esta plataforma junta dos de las tendencias en boga de la web: el poder de la ubicuidad que confieren los terminales móviles y el cultivo de la extimidad mediante la geolocalización, marcando nuestra situación física vía GPS. El invento busca que los usuarios dejen constancia de los sitios por los que transitan, añadiendo información de valor sobre estos para que sus contactos puedan informarse con posterioridad si se pasan por allí. Pongamos un ejemplo práctico: visitamos un bar nuevo en el que hacen unos batidos increíbles. Mientras disfrutamos de la bebida, sacamos nuestro teléfono móvil con GPS, nos conectamos a Foursquare y hacemos un “check-in” del sitio. De esta forma, nuestros amigos sabrán que hemos estado allí y que además hay unos batidos estupendos. Ahora bien, no siempre funciona como un instrumento de recomendación, sino más bien como una forma de simplemente comunicar dónde nos encontramos.
La idea no es nueva. De hecho, una de las primeras redes sociales virtuales que nacieron allá por el 2000, Dodgeball, ya buscaba eso. En el proyecto estaba implicado uno de los creadores de Foursquare: Dennis Crowley. Incluso el magnate de la Red, Google, vio su éxito y la compró en el 2005, convirtiéndola posteriormente en su servicio Latitude. Pero Foursquare ha encontrado la gallina de los huevos de oro: agregarle a todo esto el componente del juego. Cada vez que se marca un sitio, se ganan puntos e incluso medallas, pudiendo llegar a ser los “alcaldes virtuales” de un espacio si hemos pasado muchas veces por allí. Así pues, nuestro instinto competitivo se une al del exhibicionismo para encumbrar a la plataforma.
Como puntos fuertes destacan la variedad de aplicaciones existentes para interactuar desde nuestros terminales móviles, sea cual sea la marca y modelo (incluyendo la posibilidad de añadir información con un simple SMS) y que se integra con nuestras cuentas en Twitter y Facebook, mandando a éstas actualizaciones cada vez que introducimos un punto en Foursquare. De hecho, estas dos redes sociales también le han visto las ventajas a la geolocalización y la incluyen como servicio. Twitter ya localiza los mensajes de sus usuarios y Facebook lo tiene programado en sus próximos desarrollos. Sin embargo, su talón de Aquiles reside en la necesidad del uso de un terminal de última generación con su cara conexión de datos para interactuar con la plataforma. Algo que no está aún muy extendido aquí.
¿Y dónde está el modelo de negocio de esta red social? Aquí es muy claro: en los establecimientos y locales comerciales. Foursquare les ofrece estadísticas como el ratio de hombres y mujeres que les visitan, a qué horas, información en tiempo real sobre las personas que están allí, … Y también les da la posibilidad de lanzar campañas personalizadas. Empresas como Starbucks ofertan descuentos a los usuarios de Foursquare que se pasen asiduamente por sus cafeterías.
Sin embargo, también hay quien se mofa de esta nueva moda. Y si no que se lo digan a los creadores de la web Please Rob Me (Por favor, róbame), que muestra un listado de todas las casas que están vacías porque sus dueños así lo explicitan a través de las redes sociales.
A medio camino entre lo absurdo y lo útil, veremos si los usuarios terminamos adueñándonos de la herramienta para que sea más lo segundo. Porque el problema no está en la tecnología, sino en el uso que nosotros le damos.
Estamos a punto de llegar al apunte décimo de esta sección, pero antes toca el noveno, que no por ello va a ser menos importante:
Arrancamos la lectura breve con un vídeo no breve. Vamos: toda una contradicción . Joseba me ha descubierto una interesante exposición de David Weinberger (co-autor del conocido Manifiesto Cluetrain) a través del recién estrenadito blog de la biblioteca de Deusto. Habla sobre uno de sus libros (que ya he añadido a mi lista de deseos): Everything is Miscellaneous y de cómo las clasificaciones tradicionales como CDU están limitadas en el mundo digital porque trabajaban sobre la premisa del mundo físico. Es decir, un libro en la biblioteca sólo estaba contemplado que fuera a un único espacio o división porque sus átomos no se podía separar en diferentes etiquetas. Y cómo con estas clasificaciones tendemos a llevar todo a la “carpeta” del misceláneo.
La lectura en Internet suele convertirse en algo más superficial de lo que nos gustaría. Parte de culpa reside en las muchas distracciones que rodean a los contenidos. Readability se presenta como la solución a esto: elimina lo que flota alrededor del texto y lo pone en el tipo de letra y con el tamaño que nosotros decidamos.
El camino de la lectura electrónica se bifurca en dos ramas: las plataformas que trabajan en la nube, siendo necesaria la conexión para acceder a los contenidos, y las que te permiten la descarga del e-book o la compra del libro físico. A la guarda del esperado Google Editions (que dicen los mentideros de la Red que está ya muy cerca) tenemos a los archiconocidos tacañones propietarios: Amazon con su Kindle como lector, la Ibookstore de Apple (la alimentación para el Ipad), la Sony Reader Store, con el mismo esquema que las dos anteriores pero del proveedor tecnológico Sony y, por último, Safari basada en contenido de carácter tecnológico, fruto de la unión de O’Reilly Media y Pearson Technology Group.
Web 2.0, software libre y bibliotecas académicas: se acaba de publicar un paper que habla del uso de las herramientas 2.0 y el software libre en tres bibliotecas de la Universidades de Puerto Rico.
Y el vídeo de regalo en esta ocasión es un anuncio del futuro de la revista Sports Illustrated en un Tablet. Por fin una publicación ha entendido que ser digital no es trasladarse a la red o a la cacharrería tal y cómo se era en papel. Si no que existe una nueva manera de leer y mostrar los contenidos aprovechándose al máximo de la multimedia:
Este mes adelanto la publicación de mi artículo en la revista de Deusto porque la temática del mismo fue la que traté ayer en una charla sobre redes sociales junto a Teketen en el Hikaateneo (gracias por la invitación, Dani). Así que dejo texto y presentación .
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 107 (verano 2010)
El título de este artículo puede tener un tinte apocalíptico, pero cuando los grandes monopolios avanzan, se estrechan los subterfugios para escapar de ellos. Y es que, con los números en la mano, Facebook no deja de sorprender con sus ya más de 400 millones de usuarios registrados en todo el mundo, superando incluso en visitas al todopoderoso buscador Google. Es raro encontrar a internautas que no tengan cuenta en esta red social, y como veremos a continuación, a pesar de que no la tengan, cada vez será más difícil que no topen con ella. Si fuera un país, estaríamos hablando del tercero más poblado tras China y la India. Muchos ciberciudadanos de una única plataforma que no es precisamente una democracia. Facebook es a Internet lo que los centros comerciales a la compra. Persiguen la masificación, concentrar todos los servicios que un usuario pueda necesitar en un único espacio para que no salga de allí. Y más si su modelo de negocio gira entorno a la publicidad dirigida, una vez analizado nuestro perfil de consumo, que necesita que pasemos tiempo allí para ser bombardeados con miles de pequeños impactos. Y también teniendo en cuenta que este país es muy costoso de mantener: más de 25 millones de dólares anuales sólo en servidores.
Así que, tras la conferencia anual Facebook F8, celebrada el pasado 21 de abril en San Francisco, a pocos les sorprendieron los cambios que se avecinan. Este tercer capítulo del plan de dominación del mundo que está escribiendo Facebook cuenta con varias líneas claras y con un único objetivo: que pasemos por ellos para hacer cualquier cosa, considerando que es el único espacio de Internet y que no hay nada fuera que merezca nuestra atención. Analicemos esas líneas con más detenimiento:
Facebook Connect quiere convertirse en la apuesta más clara para la identificación global en Internet. Esto implica que podamos usar nuestro nombre de usuario y contraseña de Facebook para iniciar sesión en otros sitios web ajenos a la plataforma, olvidando el engorroso proceso de darnos de alta en cada nuevo espacio en el que participemos. Para ello va a estandarizar las interacciones entre Facebook y terceros a través de un nuevo protocolo denominado Open Graph.
El texto “Me gusta” ha sustituido al de “Soy Fan” en las páginas. Además, ahora este botón se externalizará posibilitando a cualquiera ponerlo en su blog o página web. De esta forma, cuando pinchemos sobre el “me gusta” de un contenido cualquiera, aparecerá en nuestro perfil personal.
Geolocalización: tras él éxito de webs como Foursquare, donde se ha puesto de moda decir en cada momento dónde estamos físicamente, Facebook no quiere quedarse rezagado y también contempla esta nueva forma de exhibicionismo de ubicación.
Facebook Toolbar: al más puro estilo de las barras de navegación que han sacado los grandes como Google, Facebook también saca su propio invento que se podrá integrar tanto en los navegadores como en otras páginas web, reiterando el envite de que esté en todos los sitios y facilitando aún más el análisis de nuestro comportamiento cuando navegamos.
Pero el anuncio más importante a la par que inquietante ha sido el de Facebook Credit, la moneda propia de la red social. Este dinero virtual permitirá a los cibernautas comprar bienes y servicios, canjeando su moneda local por ésta más “universal” a través de Paypal o su tarjeta de crédito, contando con su propia tasa de cambio. Otras plataformas han intentado dar este paso en anteriores ocasiones: cuando tan en boga estuvo el metaverso Second Life, también contaba con su Linden Dólar ($L), pero nunca salió de allí. Sin embargo, las pretensiones de Facebook no se limitarán a que esos servicios u objetos que se comercialicen sean exclusivamente suyos, sino a convertirse en un estándar en el pago en Internet.
Temblemos pues de nuevo con otro intento concentrador. Y es que este tipo de movimientos se replican tanto en la calle como en la Red: los pequeños comercios o las pequeñas plataformas se ven ahogadas por los grandes, acabando con la variedad de opciones. Por la diversidad, movámonos de nuevo a los barrios pequeños.
Si estabais esperando un post sobre el mundo del comercio, lo siento, os he engañado vilmente con el título (pido perdón también a las arañitas de google ). Pero es que cada día lo tengo más claro: en la Red se replican los mismos patrones que en la vida off-line (y desde que están con nosotros las redes sociales virtuales, más con más).
Uno de esos patrones es el intento de concentración de servicios en manos de unos pocos para acabar con la diversificación. Y es que plataformas como Facebook o Google-Land son a Internet lo que los centros comerciales a la compra. Un lugar que intenta aglutinar todo lo que un ciberciudadano pueda necesitar (o pueda creer necesitar), sobre todo de cara al ocio, acabando así con los pequeños barrios blogosféricos y las plataformas más locales.
Muchos dirán: “Es que tecnológicamente son los mejores. Si lo hacen bien, qué podemos hacer”. En la mayoría de los casos es obvio que el pequeño comercio no podrá competir con las grandes superficies. Pero que queréis que os diga… Yo nunca he sido muy amiga de las masas. Los sitios con mucha gente me agobian. Por el contrario, sigo viviendo en el mismo barrio de mi infancia. Un barrio donde nos conocemos todos, desde los vecinos a los dependientes de panaderías, hipermercados, bares, … Para lo bueno y para lo malo. Un barrio con carácter propio. En esos comercios se da un trato personal. No podemos decir lo mismo de las grandes superficies (eres un número dentro del coleccionismo de contactos).
Con esto no digo que reniegue de los centros comerciales. Pero si el día de mañana no existiera el pequeño comercio, para mí supondría una gran pérdida. Y las grandes plataformas de Internet es lo que buscan: acumular minutos y más minutos de nuestra vida on-line. “No salgas de aquí. Fuera no hay nada que te pueda interesar“. Esperemos que las tiendas más antiguas de la Red no tengan que bajar la persiana por la tiranía de las grandes superficies.
Este post va dedicado a Gorka, con el que tuve una charla de menos de cinco minutos sobre esto pero me sobró para clarificar ideas.
Hace unas semanas me tuve que preparar un mini-curso para los del departamento sobre WordPress, así que ya que el trabajo está hecho, lo mejor es compartirlo por si a más personas les puede ser de ayuda:
Es un CMS (Sistema de Gestión de Contenidos) especialmente pensado en la publicación de bitácoras pero que puede ser usado para la creación de webs de edición fácil y rápida. Tiene una serie de funcionalidades que vienen en su núcleo (gestión de feeds, búsquedas, etiquetas, categorías, …) y luego se le pueden añadir otras muchas a través de plugins (por ejemplo, un detector de spam).
Con WordPress tenemos dos opciones: crearnos un blog en su plataforma comercial (wordpress.com) o en nuestro propio servidor gracias a su software bajo licencia GPL (wordpress.org). En ambos casos el gasto es cero pero con excepciones. En el primero, determinadas funcionalidades son de pago (por ejemplo, la posibilidad de editar el css de nuestra plantilla) y en el segundo, el coste estará en el servidor en el que decidamos montar nuestro blog.
En 2003, el proyecto b2\cafelog, que contaba con unos 2000 blogs, se dividió en dos ramas: b2evolution y WordPress. De la mano de Matt Mullenweg y Mike Little, la plataforma ganó muchos usuarios coincidiendo con el cambio de licencia de Movable Type.
Es de código abierto, está escrito en php y usa MySQL como gestor de base de datos. Uno de sus puntos más fuertes es la enorme comunidad de desarrolladores que tiene a sus espaldas. Al ser software libre, cualquiera puede escribir un plugin para agregar una funcionalidad determinada: desde la más rara (que nos aparezcan frases del musical Hello, Dolly! en nuestro panel de administración) a la más avanzada. Por esta razón tenemos un gran repositorio de plugins y plantillas para personalizar tanto como queramos nuestro site.
Como curiosidad queda que cada nueva versión recibe el nombre de una leyenda del jazz: Miles Davis, Art Blakey, Charles Mingus, Billy Strayhorn,…
1.1. Pros y contras de WordPress.com y WordPress.org
Pros de WordPress.org: es software libre, lo que nos aporta una transparencia de su funcionamiento. Además cuenta con una gran comunidad de desarrolladores que mantienen el sistema vivo y en continua evolución. El contenido es completamente tuyo dado que eres tú el que almacena los archivos y la base de datos del blog. Se tiene un control total sobre el diseño. Permite importar contenidos de otras plataformas como Blogger, LiveJournal, Movable Type,… Se puede ampliar fácilmente la funcionalidad de este gestor de contenidos mediante extensiones.
Contras de WordPress.org: somos los responsables de la instalación y del mantenimiento del software y WordPress se caracteriza por las continuas actualizaciones para mejorar versiones anteriores y arreglar los fallos que éstas pudieran tener. Se necesita disponer de alojamiento y de dominio. Las copias de seguridad corren de nuestra cuenta.
Pros de WordPress.com la plataforma evoluciona al mismo ritmo que su hermana libre (WordPress.org), lo que hace que sea un sistema que se adapta a las novedades que aparecen en la cambiante Red. Nos ahorramos los gastos de un servidor y un dominio propio, así como el trabajo que supone actualizar la versión del software.
Contras de WordPress.com: si deseamos instalar plugins o hacer modificaciones sobre el diseño de nuestra bitácora, deberemos tirar de cartera. Lo mismo que para ampliar los 3 GB de espacio para el almacenamiento de imágenes y ficheros subidos.
WordPress tiene una parte visible para todo el mundo (a no ser que lo hagamos privado mediante un plugin) y una parte desde la que se administra los contenidos. Normalmente, el acceso a esa parte de administración está en la dirección http://urldelblog/wp-admin/
1.2. Tipos de usuarios
Por defecto, en WP, está desactivada la opción de que cualquiera pueda registrarse. Esa opción se habilita desde el panel de control, en Opciones Generales. Allí, conjuntamente se añade el rol por defecto que tomarían esos nuevos usuarios.
En WordPress existen cinco perfiles con diferentes privilegios (si queremos crear otros roles con permisos distintos, tendremos que instalar un plugin que nos provea de esa funcionalidad):
Suscriptor: es un mero lector que puede configurar su avatar, su dirección de correo, su página web, …
Colaborador: puede crear entradas pero no las puede publicar.
Autor: puede crear entradas y publicarlas.
Editor: puede crear, eliminar, modificar y publicar entradas (tanto suyas como de otros). Lo mismo con las páginas, las categorías y los enlaces del blogroll.
Administrador: a lo que hace el editor, se le suma la administración de usuarios, gestión de plantillas y plugins, así como opciones generales del blog.
Extraemos el .zip descargado y copiamos la carpeta en /var/www/blog (o el directorio desde donde se sirvan las páginas por el apache). La estructura de WordPress es la siguiente:
wp-config.php: fichero de configuración. Aquí está almacenado el usuario y el nombre de la base de datos, así como otros datos de seguridad. Es importante que este fichero no tenga lectura más que por el owner del mismo. Este archivo no se machaca con las actualizaciones de WP.
wp-admin y wp-includes: carpetas que guardan los ficheros php que hacen que funcione el blog. Ambas carpetas se machacan con las actualizaciones.
wp-content: esta carpeta guarda los datos y configuraciones propias del blog. No se toca nada en la actualizaciones de WP. La estructura interna es la siguiente:
uploads: todas las imágenes, vídeos y archivos que se suban a la librería de wordpress. Normalmente se organiza por años y luego por meses. Ejemplo: uploads/2009/12 (pero se puede configurar desde Opciones –> Misceláneas).
plugins: todos los plugins que tenemos disponibles para el blog (aunque no estén activos).
themes: todas las plantillas que tenemos disponibles para “vestir” al blog.
languages: aquí van los ficheros .mo de los idiomas en los que queremos tener WP (tanto la parte visible como la de administración). Para indicar luego que el blog esté en un idioma u otro, habrá que añadir una línea en wp-config.php como la que sigue: define (‘WPLANG’, ‘es_ES’); donde es_ES es el nombre del fichero .mo (tienen que coincidir en nombre).
Ponemos los permisos adecuados para la carpeta blog (como owner y group al usuario de apache):
chown -R www-data:www-data blog
Creamos una BD para wordpress ¡¡IMPORTANTE!! El nombre de la base de datos no puede tener guiones altos
mysqladmin -u root -p create nombrebd
Creamos un usuario con permisos para esa BD:
$ grant all on bd.* to user@localhost IDENTIFIED BY ‘pass’;
$ flush privileges;
Lanzamos desde el navegador la instalación ¡¡IMPORTANTE!! Cambiar el prefijo de las tablas SQL por defecto (wp_) durante la instalación por razones de seguridad
Si no vamos a importar ningún blog de otro sistema, borramos también: wp-admin/import/
3. Configuración
Tras la instalación es recomendable configurar las siguientes opciones:
Por razones de seguridad, cambiamos el nombre por defecto del usuario administrador (admin). Para ello, creamos un usuario con el rol de administrador, iniciamos sesión con esa nueva cuenta y borramos la de admin, asignando a ese nuevo usuario todo lo creado por admin.
Cambiar los permalinks: en personalizada ponemos /%postname%/ o la forma que más nos guste. A poder ser, que sean url’s “bonitas”.
En Opciones –> Discusión dejar sólo marcada la opción “El autor del comentario debe rellenar el nombre y el e-mail” para que no estén todos los mensajes moderados por defecto.
4. Plugins
Como hemos comentado anteriormente, WP tiene un núcleo con funcionalidades básicas que pueden ser complementadas por plugins. A continuación vamos a describir algunos de los más interesantes, aunque podremos descargarnos muchos más desde el repositorio de WP, alimentado por todos los usuarios que van haciendo pequeños desarrollos.
Akismet: la mejor lucha contra el spam creada por el propio equipo de WP.
Contact Form 7: para crear formularios personalizados en múltiples idiomas, con múltiples campos y diferentes validaciones. Por ejemplo, el de contacto.
xlanguage: si queremos tener nuestro site en varios idiomas.
All in One SEO Pack: para optimizar al máximo nuestro site frente a los buscadores. El complemento ideal es Google XML Sitemaps, que genera de forma automática nuestro sitemap cada vez que se publica algo nuevo.
Si queremos que nuestros artículos puedan ser mandados de forma fácil a redes sociales como Facebook, twitter, menéame, etc… Sociable es nuestro plugin.
Subscribe To Comments: para permitir a nuestros lectores recibir notificaciones vía correo cuando alguien deje comentarios en determinadas entradas.
Members Only – Permite que el blog sólo sea accesible por usuarios registrados (tanto a posts como a la parte de administración).
wpDirAuth: si queremos que los usuarios del site se validen contra un LDAP.
Yet Another Related Posts: para obtener artículos relacionados con uno ya escrito en base a datos coincidentes como etiquetas, categorías o aparición de palabras en común.
En WordPress es sumamente sencillo cambiar la apariencia de nuestra página. Tenemos miles de plantillas para elegir, pero también podremos crear la nuestra. Además, desde el apartado de administración se podrá configurar la apariencia de una forma muy visual mediante widgets (en el apartado Apariencia –> Widgets). Aquí aparecen las barras laterales definidas y múltiples funcionalidades que se pueden colocar: comentarios recientes, posts recientes, buscador, una caja donde introducir nuestro propio código html, …
La estructura básica de un theme es la siguiente:
header.php: aquí se define la cabecera de la página.
footer.php: aquí se define el pie de página.
sidebar.php: aquí se definen las diferentes barras laterales. Para que aparezcan en la sección de widgets para que puedan ser “alimentadas” desde el apartada de administración, hay que registrarlas en el fichero functions.php de la siguiente forma:
if ( function_exists(‘register_sidebars’) )
{
register_sidebar(array(
‘name’ => ‘Barra Lateral Derecha’,
‘before_widget’ => ‘código html que queremos que se cargue al inicio de la barra’,
‘after_widget’ => ‘código html que queremos que se cargue al final de la barra’,
‘before_title’ => ‘código html que queremos que se cargue al inicio del título de la barra’,
‘after_title’ => ‘código html que queremos que se cargue al final del título de la barra’,
));
register_sidebar(array(
‘name’ => ‘Barra Lateral Izquierda’,
‘before_widget’ => ‘código html que queremos que se cargue al inicio de la barra’,
‘after_widget’ => ‘código html que queremos que se cargue al final de la barra’,
‘before_title’ => ‘código html que queremos que se cargue al inicio del título de la barra’,
‘after_title’ => ‘código html que queremos que se cargue al final del título de la barra’,
));
}
index.php: este es el fichero que carga de inicio del site. Desde aquí se invoca la carga de cabecera (get_header();), barras laterales (get_sidebar();) y footer (get_footer();).
single.php: este es el fichero que se interpreta cuando se carga un post concreto.
archive.php: igual que single.php pero para las páginas de categorías y etiquetas.
functions.php: aquí se recogerán funciones propias del theme. Por ejemplo, si queremos registrar varias barras laterales para que aparezcan en la sección de widgets, indicar a WP dónde están los ficheros de idiomas, quitar filtros, …
Templates: podemos crear plantillas con comportamientos propios a los que luego asignar a cada página. Desde el editor de páginas estáticas hay una opción para aplicar plantillas. Para que un fichero php sea interpretado por WP como una template, hay que incluir al inicio del mismo el siguiente código:
/*
Template Name: Nombre-plantilla
*/
style.css: fichero con los estilos.
404.php: si creamos este fichero, cada vez que algo no se encuentre en el blog, se cargará esta página.
Tanto en WordPress.com como en la versión instalada en nuestro servidor, la opción de exportar se encuentra en la sección de “Herramientas” de la columna lateral de configuración. Hay que pinchar en el botón “Descargar el archivo de exportación”, lo que nos genera un archivo XML con todos los posts, comentarios, campos personalizados, categorías y etiquetas. Este fichero se puede utilizar para ser importado en otro sitio creado con WordPress. También se puede importar desde otras plataformas, como Blogger, Posterous, LiveJournal y Movable Type, entre otros.