New York, New York (III): Transporte

El metro… ese extraño medio de locomoción que vertebra la ciudad de norte a sur (de Uptown a Downtown) las 24 horas del día durante todo el año. No voy a andarme por las ramas: es siniestro, sucio y está bastante deteriorado. La mayoría de sus estaciones dan miedo, pero es rápido y sirve para lo que sirve: cruzar una enorme ciudad de lado a lado. Muchas de sus estaciones son asadores públicos. Es bajar a las entrañas de la tierra y pensar que estás cerca del infierno. Pero esa idea se te quita de la cabeza en cuanto entras en uno de los vagones: la edad de hielo ha llegado. Con el metro hay que tener cuidado, puesto que existen dos tipos de servicios: express y local. Los express no se detienen en todas las paradas, así que habrá que andarse con ojo a la hora de cogerlos. Existen bonos de 7 días, que por unos $20 te permiten hacer todos los viajes que quieras (los bonos son baratos, los billetes de un solo viaje no tanto).

Si en algún momento se te había pasado por la cabeza alquilar un coche para moverte por la ciudad, a no ser que tengas muy poco aprecio por tu vida, será mejor que declines la idea. Y es que la conducción es caótica, con miles de taxis amarillos que van como van… y el resto de vehículos que son como tanques (los galones de gasolina en EEUU son muy baratos, por lo que no les importa tener coches gigantescos que tragan combustible).

Otros vehículos que transitan y llaman la atención: numerosas limusinas (que no son excesivamente caras de alquilar) de todos los colores: blancas, negras, … y hasta vimos una rosa; bicicletas, aunque la mayoría estaban por Central Park (es obligado alquilarse unas y revivir verano azul por este inmenso parque); coches de policía y camiones de bomberos. Nos sorprendió el trabajo que tienen estos últimos, ya que no hacíamos más que verles pasar con la sirena en marcha (desconozco si iban a apagar fuegos o a bajar gatitos de los árboles…).

Nueva York es una ciudad todo-terreno que permite ser recorrida por tierra, mar y aire. En el caso del mar (o mejor dicho, de los ríos), tendremos ferrys gratuitos para movernos hasta Staten Island. La razón de que no cuesten ni un duro es que antiguamente era una línea privada propiedad de una familia de multimillonarios de Staten Island. Un día la cedieron a la ciudad de Nueva York con una condición: que el precio fuera inferior a 25 centavos. Pero el gasto originado por la gestión de tickets de la compañía era mayor que los beneficios, así que se volvió gratuito. Parten cada media hora desde Battery Park y su recorrido ida y vuelta pueda llegar a la hora y media. Es una mezcla curiosa: neoyorkinos viajando a su lugar de trabajo habitual (sentaditos y calmados) junto a turistas exaltados por ver a la Estatua de la Libertad. El truco es ponerse al inicio en la proa para disfrutar de las mejores vistas y luego situaros en el lado derecho (cuando vais dirección Staten Island) y en el izquierdo a la vuelta a Manhattan para que podáis disfrutar de las mejores vistas. Aún así una recomendación: se os quedará corto cuando veáis la Estatua tan cerca pero a la vez tan lejos teniendo en cuenta que esta ciudad sólo se visita una vez ;-). Necesitaréis ir luego a su isla.

Y en el caso del aire, existen varias compañías que ofertan viajes en helicóptero. Es una experiencia única (y eso que “acojona” un poco la suavidad con la que despegan). Nosotros lo hicimos a través de la compañía Liberty Helicopters. No vuelan sobre la ciudad, sino que la “bordean” desde sus ríos. Se pueden obtener instantáneas como ésta:

En capítulos anteriores:

Por el día, directora de identidad digital en la Universidad de Deusto. Por la noche, rompiendo techos de cristal en Doce Miradas. Y como dormir está sobrevalorado, colaboro en Radio Bilbao en la sección "De las ondas a la red" del programa Hoy por Hoy Bilbao. Puedes saber más de mí o echar un vistazo a mis publicaciones, cursos y participación en congresos.

Últimas publicaciones de Lorena Fernández (ver todas)

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...