La racionalización de la educación

Hoy se han cruzado en mi camino dos hechos que han provocado que despierte el monstruo bloguero que últimamente andaba adormecido. Por un lado, la lectura más que recomendable de “La McDonalización de la sociedad” de George Ritzer y por otro, una conversación espontánea sobre el aprendizaje formal vs. el aprendizaje informal.

Empezando por el libro y para centrar el tiro, decir que hace un análisis de la racionalización de la vida cotidiana usando como ejemplo el modelo empresarial y social de las cadenas de comida rápida (y enfocando en los McDonalds). Manejando las teorías de Max Weber, se habla de la cada vez más habitual necesidad humana de procedimentar cada uno de nuestros movimientos para que nada escape a la imaginación. Tanto en el plano laboral como en el resto de facetas de nuestra vida (incluido el ocio) se tiende a racionalizar o burocratizar nuestras actividades con el fin de que sean eficaces, previsibles (no con la connotación de aburridas, sino con la de “sin sobresaltos”), cuantificables y que tengan un control.

Si nos llevamos esto al plano de la educación, vemos que el aprendizaje formal cumple a la perfección todas estas características:

  • Eficaz: los ciclos formativos, especialmente de la educación superior, tienen una dirección bien definida para que lo que allí se aprenda sea lo estricto y necesario de cara a la eficacia en el plano laboral. No cabe pensar en introducir disciplinas que no tengan incidencia directa sobre nuestro futuro trabajo.
  • Previsible: no hay nada más previsible que una guía de estudios. Una hoja de ruta desde el primer curso al último.
  • Y algo que es previsible, lo es también controlable. Hasta ahora (y mucho tendrá que cambiar Bolonia… ), la forma de control más evidente eran los exámenes.
  • Lo que nos lleva a la parte cuantificable y que tiene su respuesta directa por parte del alumnado con su manido “¿y esto entra para el examen?“.

¿Y qué sucede con tanta racionalización? Que nos convierte en robots con orejeras que realizan lo que les han enseñado. Que no se hacen preguntas ni se plantean la razón de las cosas. Matan a la innovación (pervertida palabra, por cierto) con la falta de espacios para la creatividad. ¿Por qué hacer algo diferente si me han enseñado que este procedimiento es el más óptimo? ¿Y encima, quién soy yo para cuestionarlo?.

El aprendizaje informal rompe todas las premisas anteriores: imprevisible, porque no hay una única línea paternalista de contenidos. Cada uno se hace su camino de intereses. Nada cuantificable porque los conocimientos adquiridos no se pueden valorar con una escala del 0 al 10 y porque las empresas no pueden basar su contratación en lo que dice un papel que sabes. Sin ningún control ni cortapisas a excepción del que se ponga el propio individuo. Y la parte de eficiente, dependerá de a quién se lo preguntes ;-).

Escuchaba hoy en la radio una noticia que me ha llamado poderosamente la atención: hablaban de un informe de la Comisión Europea que indicaba que la pasada bonanza inmobiliaria en España había provocado el mayor fracaso escolar jamás conocido. Las causas: trabajar en la construcción era una salida rápida y con beneficios monetarios visibles a corto plazo. Para mí es una reflexión corta de miras. Quizás un análisis más profundo nos hubiera indicado razones de mayor calado. Razones sociales donde se presentan modelos de éxito basados en las posesiones materiales. Sistemas educativos sustentados en la racionalización y que, por tanto, no sabían despertar la curiosidad de nuestros jóvenes.

Con esto no digo que el aprendizaje informal sea la panacea o la solución a todos nuestros problemas. Pero lo que sí tengo claro es que la racionalización de la educación sí que no lo es. A no ser que lo que se quiera tanto en las empresas como en la sociedad sean clones parametrizados que difícilmente despiertan ante lo que les rodea. Bueno, lo dejo aquí, que me voy por los cerros de Úbeda y acabo hablando de futuros distópicos.

Imagen de Don Solo (CC by-nc-sa)

Por el día, directora de identidad digital en la Universidad de Deusto. Por la noche, rompiendo techos de cristal en Doce Miradas. Y como dormir está sobrevalorado, colaboro en Radio Bilbao en la sección "De las ondas a la red" del programa Hoy por Hoy Bilbao. Puedes saber más de mí o echar un vistazo a mis publicaciones, cursos y participación en congresos.

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