¿Cuándo fue la última vez que hablaste contigo?

Los blogs están muertos, dicen algunos. Los textos largos también. Lo que ahora se lleva son las redes sociales. Mensajes de menos de 140 caracteres o, aún mejor, impactos visuales como los que te proponen plataformas tipo Pinterest, el último bar de moda en Internet. De hecho, se habla ya de la generación multimedia. Alumnos a los que no podemos ganar con textos largos y elaborados, sino con cosas fáciles y rápidas de consumir (¡que no se te ocurra darles un vídeo de más de 15 minutos tampoco!).

Aún recuerdo cuando asomaban la patita espacios como Twitter o Facebook (ya sabéis que enseguida me sale mi vena de abuela cibercebolleta, pero es que ya hace más de cinco años que arranqué yo con mis cuentas). Lo que más valorábamos en aquellos tiempos era la horizontalidad de esas herramientas. Todo el mundo podía hablar al mismo nivel sin que nadie orquestara la conversación como sucede en un blog. ¿Pero es esa horizontalidad la razón de su éxito y la causa del fallecimiento de las bitácoras? ¿O más bien se trata de que son herramientas idóneas para cultivar la celeridad en la que nos hallamos sumergidos y la superficialidad en los contenidos (que no se entienda superficialidad como frivolidad sino más bien como contenidos que no se han meditado en exceso)?

Viendo hoy esta joya que encontré en el blog del páter donde Susan Cain hace un alegato a los introvertidos, me he puesto a pensar (algo que, por muy feo que suene, hacía tiempo no practicaba con calma y sosiego):

¿Cuándo fue la última vez que hablaste contigo mismo? Que reservaste unas horas para reflexionar sobre algo (sin nadie a tu alrededor, tampoco Internet reclamando tu atención, ni música de fondo, …). Yo me confieso y diré que hacía mucho de ello. Tengo que rellenar cada segundo de mi vida con actividad y muchas veces me pregunto si no lo haré para no pararme a pensar. Eso da pereza… e incluso miedo, no vaya a ser que descubramos el vacío. Mucha acción y poca reflexión. Cuando estoy pensando en algo durante más de un minuto, otras cosas asaltan mi cabeza como las ventanas emergentes de un navegador o las nuevas publicaciones de esas redes sociales. ¿En qué estaba yo pensando…? Se me ha olvidado.

En esta nueva cultura, que además impera en la Red, estamos continuamente hablando a los demás (y nunca a nosotros mismos) a través de esas ventanitas que nos ofrecen las redes sociales. Pero no sé si premeditadamente o no, las ventanitas son pequeñas: ponga aquí su reflexión en menos de 140 caracteres, que los tochos largos e infumables ya nadie se los lee.

¿Pero aún sigues teniendo un blog? ¿Acaso lo tienes dormido porque no te da tiempo a alimentarlo?. ¿O lo que no te da tiempo es a sacar un rato lo suficientemente largo y continuado, sin interrupciones, para meditar sobre lo que sucede a tu alrededor?

Si has llegado hasta el final de esta lectura (y has visto el vídeo completo), aún te puedes salvar. No porque la que escriba lo haga maravillosamente y sea capaz de atrapar tu atención, sino porque tu cerebro aún es capaz de leer pausadamente un texto de más de 140 caracteres y dedicar su tiempo vital a algo que lleve más de cinco minutos. Si además, tras la lectura y el vídeo, te has puesto a reflexionar sobre esto mismo, te animo a que dejes aquí un comentario con esas reflexiones. ¿Cuántos/as lo haréis :-)? Se admiten apuestas.

Imagen de Thokrates (CC by-nc)

Por el día, directora de identidad digital en la Universidad de Deusto. Por la noche, rompiendo techos de cristal en Doce Miradas. Y como dormir está sobrevalorado, colaboro en Radio Bilbao en la sección "De las ondas a la red" del programa Hoy por Hoy Bilbao. Puedes saber más de mí o echar un vistazo a mis publicaciones, cursos y participación en congresos.

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