El voluntariado desde los sentidos

Hace un tiempo me topé con la siguiente frase en una pared: “La vida acorta la vista, pero alarga la mirada”. Y cuando me preguntan que por qué me hice voluntaria, me viene siempre a la mente. El voluntariado afina todos tus sentidos: empiezas por la vista, que crees que no te puede engañar, pero que poco a poco descubres que se queda corta (cuando no bizca). Entonces le agregas el oído, que se enriquece al escuchar y compartir historias vitales que resignifican tus valores. Luego llega el gusto, con el que saboreas otras realidades que hacen tambalear las certezas y el suelo firme sobre el que pisabas. El olfato tampoco puede faltar, como elemento que en muchas ocasiones te interpela por los buenos olores y por los que no lo son tanto. Y el tacto quizás es el más sensible, porque pone en contacto tus poros con los de otras personas, mezclando asperezas y callos con piel de melocotón.

Pero estos cinco sentidos no valen de nada si no se conectan directamente con el corazón y la mente, transformando vista en mirada. Poniéndote unas gafas que no tenías y que te hacen ver el mundo de otra manera.

Lorena Fernández

Por el día, directora de identidad digital en la Universidad de Deusto. Por la noche, rompiendo techos de cristal en Doce Miradas. Y como dormir está sobrevalorado, colaboro en Radio Bilbao en la sección "De las ondas a la red" del programa Hoy por Hoy Bilbao. Puedes saber más de mí o echar un vistazo a mis publicaciones, cursos y participación en congresos.

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