Aprender a decir que NO

Tenía pendiente esta entrada desde hace tanto tiempo… (de hecho, me habían pedido la traducción de “7 Simple Ways To Say No” de Celestine Chua). Pero una conversación mantenida esta semana ha servido como catalizador del proceso ;-).

Hablando con una persona a la que no conozco desde hace mucho, me ha sorprendido la radiografía tan exacta que ha sacado de mí. Me ha adjudicado el don de la asertividad pero con una carencia: no saber decir que NO. Es algo que tengo asumido… ¡pero que quiero cambiar! Hay días en los que es desesperante mirar tu correo electrónico. Muchas peticiones de ayuda, que estarías encantada de resolver, pero que requieren su tiempo, un bien que escasea precisamente por el círculo vicioso en el que me veo inmersa. En Aprendices hemos dicho (a veces medio en broma, a veces medio en serio) que tenemos que hacer un taller sobre esto.

Pudiera parecer que decir que sí a todo y a todos es positivo porque estamos contentando a las personas con las que nos relacionamos. Pero igual obtenemos el efecto contrario: frustración por terminar haciendo algo que realmente no queríamos hacer; no llegar a todo lo comprometido, sumando por tanto más frustración y ofreciendo una pésima imagen (y fallando a los que nos importan).

Las razones de esa parálisis a la hora de decir que NO pueden ser varias y las hay de todos los colores:

  • La culpabilidad, ese sentimiento traicionero que te golpea donde más duele: la conciencia. Simplemente quieres ayudar, pero no consideras que igual te estás haciendo a ti un flaco favor… Y esto se acentúa aún más en las mujeres por esa herencia cultural de debernos a los demás.
  • La incertidumbre de que si no aceptamos algo, no se nos presentarán futuras opciones (ya no nos volverán a llamar u ofrecer algo).
  • Querer agradar y el miedo a parecer una borde. Muchas veces he comentado con otros internautas que la red está plagada de un “buenrollismo” que en ocasiones es hasta agobiante. Nos damos jabón hasta límites insospechados… Nadie quiere asumir el rol del “vinagre” de Internet. Y más cuando en un medio escrito, las palabras quedan frías y las susceptibilidades están a flor de piel.
  • Que todo nos parezca atractivo. Entonces tenemos un grave problema de gestión de prioridades y una limitación inherente al ser humano: nuestros días, como los de los demás, tienen 24 horas (ni un minuto más, ni un minuto menos).

Si os sentís identificados con alguno de los puntos anteriormente expuestos, vosotros también sois unos “traperos del NO”. Así que hagamos juntos la terapia. Repetid conmigo:

“Me gustaría poder ayudarte, pero me resulta imposible”.

“No soy la persona más apropiada para esto. Si quieres, te puedo dar el nombre de…”.

“Ahora mismo no cuento con el tiempo suficiente para llevar a cabo eso y a mí me gusta comprometerme al 100%”.

Y sin duda, mi favorita, una frase mítica de Phoebe en la serie Friends:

“Me encantaría, pero no me apetece”.

Tras releer el post completo unas cuantas veces, me he dado cuenta que he usado un montón la palabra NO. ¿Será que ya estoy aprendiendo…? 😉

Imagen de Beatriz AG (CC by-nc-nd)

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Lorena Fernández

Por el día, directora de identidad digital en la Universidad de Deusto. Por la noche, rompiendo techos de cristal en Doce Miradas. Y como dormir está sobrevalorado, colaboro en Radio Bilbao en la sección "De las ondas a la red" del programa Hoy por Hoy Bilbao. Puedes saber más de mí o echar un vistazo a mis publicaciones, cursos y participación en congresos.

20 thoughts on “Aprender a decir que NO

  1. Hola bichin: que niña, vas a tener que hacer algo para recordar los buenos consejos que te dio tu aitite al tiempo que te enseñaba a jugar al mus, pero no te tatues un as de bastos o cosa parecida, mejor el de espadas…jajajajjaa.

    Gracias por el brillo del fijo de tu hacha y un beso muy fuerte,
    andrei

    http://www.youtube.com/watch?v=0_P135_jxiI

  2. Mmm, si resulta que eres de las que no sabes decir que no, yo diría que la asertividad, aún, no es tu fuerte. Échale otro vistazo al concepto de asertividad, pero según el artículo de la wikipedia y lo que cuentas en el post, estarías más cerca de la pasividad que de la asertividad.

  3. Si últimamente te estás haciendo reflexiones de ese tipo ha llegado la hora de que leas el que a mi juicio es el mejor libro sobre negociación y ventas que se haya escrito jamás. Jim Camp: “De entrada diga no”. Enlace:
    http://libros.mysofa.es/libro/de_entrada_diga_no

    En él se desmonta toda la falacia existente en torno a la filosofía win-win, que no es más que un artificio fomentado por los directores de Compras de las grandes empresas para domesticar a sus proveedores. El libro, además, ofrece una perspectiva distinta para enfocar el tema del no. Lo explica con ejemplos basados en la vida real. Es más, ser consciente de las ventajas que implica una negociación basada en el no podría ayudar más que los ejercicios y las frases tipo a corregir esa tendencia a la asertividad patológica que todos tenemos. Esas frases están muy bien, pero la persona con la que estés discutiendo o negociando también tendrá sus frases hechas y su arsenal de técnicas de persuasión a mano.

    Negarse, pese a la acepción del término y a las resistencias psicológicas normales del individuo, es con frecuencia algo positivo. Puedo mencionar un ejemplo de mi propia experiencia. Al fallecer mi padre recibí en herencia un objeto artístico por el cual se interesaban algunos marchantes. A mí no me interesaba el tema, no me hacía falta el dinero en ese momento y además éramos muchos hermanos a repartir, vivíamos dispersos y resultaba complicado ponerse en contacto para tomar una decisión conjunta sobre un asunto que en aquel momento no era prioritario. Asi que con mucha educación -más de la que un mercachifle del arte se merece- dije a los marchantes que no.

    Al cabo de un año seguían insistiendo, y ofrecían el doble. Después ofrecieron el triple. Finalmente vino otro marchante, mejoró la oferta de los anteriores y seguí el juego con él hasta que el individuo se mosqueó de veras y comenzó a ponerme verde por teléfono, más por puro enfado que por mala educación. Entonces decidí que ya era bastante, me puse en contacto con los míos y le vendí el objeto por una cantidad cinco veces mayor de la que ofrecían los primeros.

    No lo he pasado tan bien en mi vida. Luego leí el libro de Jim Camp y me dí cuenta de por qué había funcionado. No solo en esa ocasión, sino en otras en las que un no por respuesta había resultado al final tan beneficioso. Porque yo también era de esos a los que les cuesta negarse. Y lo volví a leer de seguido en homenaje a uno de los pocos autores -por no decir el único- que ha escrito algo de mérito en el campo de la autoayuda.

  4. Lore!!! Me alegro que hayas hecho esta reflexión y que estés dispuesta a llevarla a cabo. Tu salud mental te lo agradecera.

    Pero… ¿puedes empezar a aplicar todo esto a partir de mañana? Es que te acabo de mandar un email pidiéndote ayuda, que supongo que todavía no habrás leido… o es que ya has empezado a pasar de mi…? jajajaja.

    Luego hablamos, un besote

  5. Hola Lorena,

    También te recomiendo el libro “Cuando digo no, me siento culpable”.
    Y además, ya hemos comentado la técnica “infalible” del mensaje asertivo: 1.- Descripción objetiva de la situación; 2.- Expresar cómo te afecta esa situación; 3.- Expresar qué necesitas; 4.- Agradecer. Y nunca emitir ningún juicio negativo sobre tu interlocutor o terceras personas.

    Ampliaremos esta conversación off-line.
    Un beso

  6. Muy buena reflexión, Lore.

    Yo me encuentro en tu mismo equipo! Espero que aprendamos rápido y bien para poder sobrevivir.

    Un beso,

  7. En una formación que tuvimos sobre “Inteligencia emocional” me dijeron que no sabía decir que no. Hasta entonces no me había dado ni cuenta y reflexioné sobre el tema.

    Efectivamente no pasa nada por decir que no, pero hay tantas cosas interesantes y una sola vida da para tan poco…

    La curiosidad me mata, la asertividad me pudre y el día solo tiene veinticuatro horas, de las cuales ocho son para dormir.

  8. @iñaki: eres todo un privilegiado ;-P Voy haciendo ya mis pinitos pero por extrema necesidad: no me llega el tiempo.

    @pablo: la asertividad no sólo se compone de decir que no ;-), pero sí es un punto importante.

    @patxi: me apunto la lectura. ¡Muchas gracias!

    @leire: ¡Ah, claro…! Queréis que sea asertiva, pero no con vosotros. ¡Qué bonito…! ;-P

    @pitufo: algún día quedamos para hacer terapia conjunta.

    @cristina: me quedo también con este libro (el Olentzero se va a poner morado a traer lectura…) y tomo nota de esa ampliación de conversación off-line.

    @iztia: igual tenemos que montar una asociación para hacer terapia de grupo 😉

    @goyo: mucho vinagre, mucho vinagre… y luego eres un pedazo de pan 😛

    @josu: está claro que hay cosas interesantes, pero cuando esas cosas superan las 24 horas de tu día a día, lo que toca es hacer listado de prioridades y empezar por las que más nos llenan y a las otras, darles calabazas. Me temo por tu comentario que sigues sin saber decir que no 😉

  9. Conozco un amigo que tiene ese problema, nunca dice que no a nada y sobre todo en el trabajo lo tienen machacado, todo el mundo se aprovecha de el

    Intentare ayudarlo con las recomendaciones

  10. Quizás todo eso está muy bien como inicio de proceso, pero por enredar se me ocurre una pregunta.
    Lo planteado supone sólo actuar (decir sí o no) en relación a lo planteado por el otro.
    No habría que dar un paso más y ser proactivo en lo que una persona desea hacer y no funcionar sólo a la espera o reaccionando a las propuestas de los otros 🙂

  11. @txetxu: está claro. Pero para poder se propositivo/a hay que dejar de ser un trapero/a del tiempo. Por tanto, el empezar a decir que no viene muy de la mano de definir lo que se quiere hacer. Esto no va de reaccionar ante las propuestas. Algunas irán alineadas con nuestra hoja de ruta vital. Otras no. Y algunas cosas nunca nos las propondrán, por tanto, nos tocará a nosotros ponerlas en el camino.

  12. Buen artículo, Lorena. Para tener una carencia en el decir no, la teoría la sabes muy bien. La frase del “me encantaría pero no me apetece” tiene detrás una teoría también importante, y es que se debe poner excusas para decir no, sino que hay que explicar el motivo exacto del no. Si digo ahora, “me encantaría hacer no-se-qué, pero no puedo porque me he roto una uña”, la próxima vez que te necesiten comprobarán el estado de las uñas y te harán otra vez la petición. Y así hasta que contestemos la frase de Friends.

    No conocía el libro que ha recomendado Patxi, voy a ver si lo consigo. Yo he tenido buenas experiencias con el win-win, pero como el propio Covey dice que hay que romper paradigmas, no habrá que cerrarse tampoco a romper los suyos 🙂 Gracias por la recomendación.

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