Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 110 (primavera 2011)
Pudiera parecer una contradicción hablar hoy en día de los personajes anónimos en Internet. Más cuando la extimidad se ha hecho dueña y señora de la Red de Redes y de la sociedad en general. Una sociedad donde se nos empuja a ser triunfadores con nombre y apellidos. A quemar cuanto antes nuestros 15 minutos de fama. Hasta los movimientos que mejor debieran representar la descentralización de focos, tienen una cabeza visible, como es el caso de Julian Assange y WikiLeaks.
Sin embargo, existen personas que aún se mueven bajo el anonimato en Internet. Es el caso de un grupo de ciberactivistas que se ha hecho popular no sólo en la Red, sino fuera de ella: Anonymous. Bajo este nombre encontramos a miles de usuarios que, en ocasiones entran a formar parte de este movimiento y en otras no, para organizarse por una causa concreta. Tal y como los definió el periodista Chris Landers: “son como una bandada de aves que viajan en la misma dirección. En un momento dado, más aves podrían unirse, irse o cambiar completamente de rumbo”. Por tanto, una característica distintiva de este grupo es la coordinación puntual surgida a partir de la descentralización a lo largo y ancho del planeta. No tienen una sede central ni un organigrama. No tienen líderes ni responden a una ideología política. Simplemente se “reúnen” en foros, redes sociales, canales de IRC y demás rincones virtuales como 4Chan, Futaba Channel, Whyweprotest, … Allí deciden cuál será la próxima acción a desarrollar y los métodos seleccionados. Su ideario responde a dos grandes causas: acabar con la corrupción en los Gobiernos y/u otras estructuras de poder y la defensa incondicional de la libertad en Internet.
Aunque llevan mucho tiempo actuando, sus movimientos han logrado un considerable eco mediático a raíz del caso WikiLeaks y su “Operación Payback”, donde se auto-proclamaron vengadores de la plataforma y comenzaron notorios ataques de denegación de servicio a todas aquellas empresas que dieron la espalda a la organización, como fue el caso de Paypal, MasterCard, Amazon, … Pusieron a disposición de todo aquel que quisiera el software denominado LOIC (Low Orbit Ion Cannon), que permite ceder el control de los ordenadores al grupo, haciendo peticiones masivas a esas páginas de forma coordinada y logrando así mantenerlas sin servicio durante horas. Otros objetivos han sido las webs de las gestoras de derechos de autor como la SGAE, gobiernos totalitarios como el de Túnez, la Iglesia de la Cienciología, la ley Sinde, … Y no sólo tienen presencia en la Red. También actúan en movilizaciones a pie de calle, repartiendo folletos o haciendo pintadas.
Funcionan bajo el lema “El conocimiento es libre. Somos Anónimos. Somos Legión. No perdonamos. No olvidamos. ¡Esperadnos!” y con la ya archiconocida máscara del protagonista de la película “V de Vendetta” como símbolo. Es curioso como tras el estreno de esa cinta, muchos de los que festejaban el 5 de noviembre, día la pólvora, la muerte del traidor Guy Fawkes (personaje que inspira al protagonista), pasaron a celebrar tal día como el del asesinato de un héroe…
Esta misma disyuntiva se nos presenta con Anonymous: ¿hablamos de héroes o villanos? ¿inteligencia colectiva o borreguismo? ¿organización o (des)organización? Y es que aunque no haya líderes ni portavoces, siempre nos quedará la duda de quién planta la semilla inicial que termina en un consenso espontáneo (o no tanto…). Se habla del poder de la inteligencia colectiva, del grupo (aunque en este caso sea totalmente volátil), de que lo importante es lo que se dice y no tanto quién lo dice. Sin embargo, muchos usuarios pecan más de borreguismo que de otra cosa. Se suman a causas sin informarse de las mismas y a acciones delictivas, como son los ataques de denegación de servicio, prestando sus ordenadores para ello y sin que alguien les cuente que hacerlo desde su dirección IP es como dejarse olvidado del DNI en la escena del crimen. Por tanto, si van a ser anónimos (un derecho, que esperemos jamás se nos arrebate de Internet), háganlo con conocimiento de causa.
Ya sé que sobre este tema está casi todo dicho… Pero es lo que tiene escribir un artículo con antelación para que sea maquetado y preparado. El papel no aguanta la velocidad de Internet . Aún así, aquí lo dejo:
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 109 (invierno 2010)
Que el periodismo no pasa por sus mejores días de credibilidad e independencia es ya algo más que evidente. Los poderes políticos y económicos han logrado que la información venga filtrada y empaquetada por los grandes grupos de comunicación, que atienden a los deseos de sus dueños. Atrás quedó el periodismo de investigación que ejercía de celoso velador de la verdad y vigía incansable. Atrás quedaron los reportajes que sacaban los colores incluso a los presidentes de los Estados Unidos, logrando su dimisión. Sin gargantas profundas que avisen de que no todo lo que leemos, escuchamos o vemos es lo que parece, en Internet se afianza un reducto de filtraciones: WikiLeaks.
En 2006 se creó esta organización no gubernamental sin ánimo de lucro con la intención de publicar de forma anónima, salvando así los peligros que entraña ejercer la libertad de prensa en determinados países, toda esa información que suele circular en carpetas etiquetadas como “top-secret”. Diversos “ciberdisidentes” de regímenes dictatoriales abrieron la veda, pero no todos se escudan en el anonimato. Existe una cabeza visible del proyecto: Julian Assange, periodista, activista y editor en jefe del sitio web (ahora también prófugo de la justicia). Al igual que el resto de sus compañeros, trabaja aquí como voluntario (la plataforma se sustenta exclusivamente con donaciones) y es persona non grata en los Estados Unidos. No es de extrañar tras la tremenda repercusión que ha obtenido la publicación, primero, del mayor repositorio de archivos militares clasificados: nada más y nada menos que 391.832 informes norteamericanos referentes a la guerra de Iraq y Afganistán donde se contaba con pelos y señales el día a día de los soldados, trascendiendo así escalofriantes casos de torturas y abuso del poder. Y posteriormente por el ya conocido como Cablegate donde han visto la luz 250 mil teletipos enviados desde las embajadas estadounidenses a la Secretaría de Estado de EEUU (cables diplomáticos) y que ha puesto patas arriba la diplomacia mundial.
Aunque pudiera parecer que esta plataforma trabaja de espaldas a los medios tradicionales de comunicación, nada más lejos de la realidad: les surte de información buscando el máximo impacto posible y algunos les protegen de las numerosas demandas que suelen recibir, llegándoles incluso a prestar de manera gratuita su gabinete de abogados. De hecho, sus cómplices en las últimas revelaciones han sido periódicos de reconocido prestigio internacional: el New York Times, The Guardian, Le Monde, …
Cualquiera puede colaborar con la causa remitiendo textos, imágenes, audios o vídeos a través del formulario de su web. El anonimato se consigue con una conexión cifrada que permite eludir posibles interceptaciones por el camino. Asimismo, en WikiLeaks nunca se almacenan datos que pudieran identificar al emisor (como por ejemplo, la dirección IP desde la que se realizó el envío). También hacen un tratamiento posterior de los documentos recibidos, porque determinadas tecnologías como, por ejemplo, las impresoras, dejan una huella (imperceptible para el ojo humano) que podría delatar desde qué impresora se imprimió un documento y cuándo. Además, por supuesto, se hace una importante labor contrastando la información para que no se publiquen bulos o datos adulterados.
Muchas otras plataformas llevan ya tiempo trabajando por la libertad de prensa: Reporteros Sin Fronteras, Index on Censorship,… Sin embargo, WikiLeaks ha logrado gran notoriedad en poco tiempo. Ante este vacío de supervisión, Internet pudiera ser una herramienta más para controlar los abusos informativos y mantener la salud social. Eso sí, sin perder de vista la responsabilidad y las consecuencias que tiene a veces esa información (al publicar algunas historias, se puede generar más perjuicio que beneficio).
Como dijo Thomas Jefferson: “Una Nación no puede ser ignorante y libre al mismo tiempo”. Como dijo un twittero: “Yo viví cuando Facebook mató la privacidad y WikiLeaks la confidencialidad”.
El pasado miércoles estuve dando la enésima charla sobre identidad digital (si ya has visto alguna presentación mía, no aporto mucha novedad ) dentro de los Wednesday Meetings que organiza la Universidad de Deusto.
Aprovechándome del excelente resumen que ha hecho Cristina Fernández para el blog del Colegio Vasco de Economistas, yo me limito a contaros una de los apartados de la charla: llevar al absurdo nuestra participación en la Web. Y es que en ocasiones parece que si no trasponemos al mundo off-line las actitudes que tomamos en Internet, no se nos saltan los colores.
Seleccionando las mejores y más míticas frases de madre, iniciemos el análisis :
No hables con extraños. Te subes a un medio de transporte público y ves como se produce el “efecto aceite“: según van entrando las personas, se sientan lo más separas posible de las que ya están dentro. Sin embargo, en Internet nos lanzamos a hablar con cualquiera. Curioso, ¿no?
No abras la puerta a nadie (ni dejes las llaves de tu casa ). Qué poco apego tenemos a veces por las llaves digitales de nuestra identidad: las contraseñas. Siempre que en una charla pregunto cuántos de los asistentes tienen la misma contraseña para todos los servicios, más de la mitad levantan la mano (y estoy convencida que otro porcentaje alto no lo hace por vergüenza). Imaginaros ahora que yo soy una persona maligna que monta una red social sólo con el ánimo de recabar la dirección de correo y contraseña de los participantes… ¿Usarías la misma llave tanto para la taquilla del gimnasio como para tu casa? Curioso, ¿no?
Sé educado. Exceptuando recintos deportivos, es raro encontrarse con personas que insultan a todo aquel con el que se cruzan. Pues ahora pasaros por las noticias de cualquier medio digital. Los trolls allí se retroalimentan unos a otros. Curioso, ¿no?
Contesta cuando te pregunten. Si te hago una pregunta, aunque no conozcas la respuesta, lo normal es que me respondas, ¿no? ¿Y por qué tanta gente da la callada por respuesta en los blogs, el correo electrónico, las redes sociales, …? Curioso, ¿no?
No robes. Cuando estás en el supermercado, ¿se te pasa por la cabeza coger algo si no tiene precio? ¿Y por qué en Internet cuando tenemos que buscar una imagen nos lanzamos a Google Images para usarla luego sin saber quién es el dueño? Curioso, ¿no?
Pues cada día que pasa es menos curiosa la inmadurez que demostramos en algunas participaciones, signo inequívoco de que la Red aún no es un terreno en el que nos movamos con plena naturalidad y donde nos queda mucho por explorar y experimentar. Experimentemos entonces, pero poniendo un poco de cabeza de vez en cuando .
Y para finalizar este post, me viene que ni pintado el vídeo de Douglas Rushkoff presentando su libro Program or Be Programmed:
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 108 (otoño 2010)
¿Dónde quedaron los años en los que nos escondíamos por mero placer o juego? Eso nos preguntamos algunas viendo lo que ahora se estila: mostrar en todo momento cuál es nuestra ubicación y qué hacemos. Una necesidad imperante de reafirmarnos haciendo públicas nuestras experiencias y diciendo aquello de “yo he estado aquí, yo he vivido esto”.
Así que no es de extrañar el éxito que están teniendo redes sociales como Foursquare en Estados Unidos. Éxito que se replica poco a poco por otras latitudes más cercanas. Esta plataforma junta dos de las tendencias en boga de la web: el poder de la ubicuidad que confieren los terminales móviles y el cultivo de la extimidad mediante la geolocalización, marcando nuestra situación física vía GPS. El invento busca que los usuarios dejen constancia de los sitios por los que transitan, añadiendo información de valor sobre estos para que sus contactos puedan informarse con posterioridad si se pasan por allí. Pongamos un ejemplo práctico: visitamos un bar nuevo en el que hacen unos batidos increíbles. Mientras disfrutamos de la bebida, sacamos nuestro teléfono móvil con GPS, nos conectamos a Foursquare y hacemos un “check-in” del sitio. De esta forma, nuestros amigos sabrán que hemos estado allí y que además hay unos batidos estupendos. Ahora bien, no siempre funciona como un instrumento de recomendación, sino más bien como una forma de simplemente comunicar dónde nos encontramos.
La idea no es nueva. De hecho, una de las primeras redes sociales virtuales que nacieron allá por el 2000, Dodgeball, ya buscaba eso. En el proyecto estaba implicado uno de los creadores de Foursquare: Dennis Crowley. Incluso el magnate de la Red, Google, vio su éxito y la compró en el 2005, convirtiéndola posteriormente en su servicio Latitude. Pero Foursquare ha encontrado la gallina de los huevos de oro: agregarle a todo esto el componente del juego. Cada vez que se marca un sitio, se ganan puntos e incluso medallas, pudiendo llegar a ser los “alcaldes virtuales” de un espacio si hemos pasado muchas veces por allí. Así pues, nuestro instinto competitivo se une al del exhibicionismo para encumbrar a la plataforma.
Como puntos fuertes destacan la variedad de aplicaciones existentes para interactuar desde nuestros terminales móviles, sea cual sea la marca y modelo (incluyendo la posibilidad de añadir información con un simple SMS) y que se integra con nuestras cuentas en Twitter y Facebook, mandando a éstas actualizaciones cada vez que introducimos un punto en Foursquare. De hecho, estas dos redes sociales también le han visto las ventajas a la geolocalización y la incluyen como servicio. Twitter ya localiza los mensajes de sus usuarios y Facebook lo tiene programado en sus próximos desarrollos. Sin embargo, su talón de Aquiles reside en la necesidad del uso de un terminal de última generación con su cara conexión de datos para interactuar con la plataforma. Algo que no está aún muy extendido aquí.
¿Y dónde está el modelo de negocio de esta red social? Aquí es muy claro: en los establecimientos y locales comerciales. Foursquare les ofrece estadísticas como el ratio de hombres y mujeres que les visitan, a qué horas, información en tiempo real sobre las personas que están allí, … Y también les da la posibilidad de lanzar campañas personalizadas. Empresas como Starbucks ofertan descuentos a los usuarios de Foursquare que se pasen asiduamente por sus cafeterías.
Sin embargo, también hay quien se mofa de esta nueva moda. Y si no que se lo digan a los creadores de la web Please Rob Me (Por favor, róbame), que muestra un listado de todas las casas que están vacías porque sus dueños así lo explicitan a través de las redes sociales.
A medio camino entre lo absurdo y lo útil, veremos si los usuarios terminamos adueñándonos de la herramienta para que sea más lo segundo. Porque el problema no está en la tecnología, sino en el uso que nosotros le damos.
Últimamente no es que escriba entradas a diestro y siniestro… A pesar de lo que pudiera parecer, julio está siendo un mes cargadito de trabajo y el calor tampoco me incita a la actividad bloguera en demasía, teniendo en cuenta la potencia de horno-microondas que ha adquirido mi portátil. Así que a falta de posts, os dejo con un par de entrevistas que han salido publicadas este fin de semana en dos periódicos.
La primera en El Correo, acompañada de Toti Martínez de Lezea y con Lucía Martínez Odriozola como maestra de ceremonias. Un cara a cara para enfrentar libros físicos contra libros digitales: De papel y pantalla. Aunque, como ya le dije a Lucía cuando me propuso el “careo”, yo no concibo que un soporte vaya a reemplazar al otro. Cada uno tendrá su espacio y seguramente sus reglas. De hecho, siempre que se habla de los e-readers, se piensa en ellos como útiles para la lectura convencional que hasta ahora se estaba llevando a cabo con el papel. Pero espero que los caminos se despejen en la hipertextualidad y pronto nos sorprendan con nuevas formas de disfrutar de los contenidos.
Se están reproduciendo los mismos fallos que con la música. El músico puede dar un concierto pero, ¿el autor? ¡Como no dé una conferencia!
Y por otro lado dos artículos en Noticias de Gipuzkoa de la mano de Harri Hernández analizando la participación de los nativos digitales y las mujeres en la Red. Están otros sospechosos habituales como Igor San Román, José Antonio del Moral, Miren Berasategi y Naiara Pérez de Villareal.
Antes se decía que los niños nacían con un pan bajo el brazo, ahora vienen con un ordenador y conexión a Internet.
Tenía en mi lista de deseos el libro de Jeremy Rifkin “La era del acceso” y un angelito de la guarda me lo prestó recientemente. Lo he empezado con grandes expectativas y, como era de esperar, no me está defraudando. De hecho, nada más pasar las primeras hojas me ha dejado con la boca abierta.
Publicado en el año 2000, Rifkin ya hablaba de algo que cada día es más evidente en Internet: estamos pasando de la era de la propiedad a la era del acceso en cuanto a prácticas culturales se refiere. Pasando de la necesidad de poseer a la necesidad de disfrutar. De la necesidad de acumular pertenencias digitales a la necesidad de acumular experiencias (y luego dar buena cuenta de ellas en las redes sociales). De la cantidad ingente de canciones descargadas (muchas de las cuales ni siquiera escucharíamos) ocupando nuestro disco duro a la nube digital con el catálogo más grande jamás visto (que ahora es spotify pero mañana quién sabe…). De los libros en las estanterías y luego en formato pdf a la futura nube Googleliana donde lo que se pague sea la conexión y no la descarga. Así que dependemos más que nunca de dos cosas: el cable o wifi que nos permite llegar hasta los contenidos/experiencias y las compañías multinacionales (que son pocas pero poderosas) que estarán tras esas nubes. Lo más curioso de éstas últimas es que como las empresas culturales no se muevan, serán las tecnológicas las que se lleven el gato al agua.
Los espacios físicos también se verán afectados por esta tendencia: ¿que será de las librerías si lo que se prime en un futuro sea la conexión al contenido y no su posesión? ¿Y qué será de las bibliotecas que acumulan libros? ¿Se convertirán en la puerta de acceso?
¿Y dónde quedamos los coleccionistas? No sé si somos una raza a extinguir, pero sin duda, seremos el colectivo al que apunten las empresas. Un nicho jugoso al que atacar.
Muchas preguntas y muchos cambios. Cada vez más rápidos y virulentos. No terminamos de analizar algo para ver que está en plena mutación. Hay días en que gritaría sin parar aquello de “que pare este tren, que yo me bajo“. ¿Cuándo empezaremos a comprar y vender tiempo? Que no os extrañe ver una subasta en Ebay. Todo se andará…
La marcha capitalista, que comenzó con la mercantilización del espacio y de los materiales, terminará con la mercantilización del tiempo y la duración de la vida humana. J. Rifkin.
Este mes adelanto la publicación de mi artículo en la revista de Deusto porque la temática del mismo fue la que traté ayer en una charla sobre redes sociales junto a Teketen en el Hikaateneo (gracias por la invitación, Dani). Así que dejo texto y presentación .
Artículo publicado en la Revista Deusto Nº 107 (verano 2010)
El título de este artículo puede tener un tinte apocalíptico, pero cuando los grandes monopolios avanzan, se estrechan los subterfugios para escapar de ellos. Y es que, con los números en la mano, Facebook no deja de sorprender con sus ya más de 400 millones de usuarios registrados en todo el mundo, superando incluso en visitas al todopoderoso buscador Google. Es raro encontrar a internautas que no tengan cuenta en esta red social, y como veremos a continuación, a pesar de que no la tengan, cada vez será más difícil que no topen con ella. Si fuera un país, estaríamos hablando del tercero más poblado tras China y la India. Muchos ciberciudadanos de una única plataforma que no es precisamente una democracia. Facebook es a Internet lo que los centros comerciales a la compra. Persiguen la masificación, concentrar todos los servicios que un usuario pueda necesitar en un único espacio para que no salga de allí. Y más si su modelo de negocio gira entorno a la publicidad dirigida, una vez analizado nuestro perfil de consumo, que necesita que pasemos tiempo allí para ser bombardeados con miles de pequeños impactos. Y también teniendo en cuenta que este país es muy costoso de mantener: más de 25 millones de dólares anuales sólo en servidores.
Así que, tras la conferencia anual Facebook F8, celebrada el pasado 21 de abril en San Francisco, a pocos les sorprendieron los cambios que se avecinan. Este tercer capítulo del plan de dominación del mundo que está escribiendo Facebook cuenta con varias líneas claras y con un único objetivo: que pasemos por ellos para hacer cualquier cosa, considerando que es el único espacio de Internet y que no hay nada fuera que merezca nuestra atención. Analicemos esas líneas con más detenimiento:
Facebook Connect quiere convertirse en la apuesta más clara para la identificación global en Internet. Esto implica que podamos usar nuestro nombre de usuario y contraseña de Facebook para iniciar sesión en otros sitios web ajenos a la plataforma, olvidando el engorroso proceso de darnos de alta en cada nuevo espacio en el que participemos. Para ello va a estandarizar las interacciones entre Facebook y terceros a través de un nuevo protocolo denominado Open Graph.
El texto “Me gusta” ha sustituido al de “Soy Fan” en las páginas. Además, ahora este botón se externalizará posibilitando a cualquiera ponerlo en su blog o página web. De esta forma, cuando pinchemos sobre el “me gusta” de un contenido cualquiera, aparecerá en nuestro perfil personal.
Geolocalización: tras él éxito de webs como Foursquare, donde se ha puesto de moda decir en cada momento dónde estamos físicamente, Facebook no quiere quedarse rezagado y también contempla esta nueva forma de exhibicionismo de ubicación.
Facebook Toolbar: al más puro estilo de las barras de navegación que han sacado los grandes como Google, Facebook también saca su propio invento que se podrá integrar tanto en los navegadores como en otras páginas web, reiterando el envite de que esté en todos los sitios y facilitando aún más el análisis de nuestro comportamiento cuando navegamos.
Pero el anuncio más importante a la par que inquietante ha sido el de Facebook Credit, la moneda propia de la red social. Este dinero virtual permitirá a los cibernautas comprar bienes y servicios, canjeando su moneda local por ésta más “universal” a través de Paypal o su tarjeta de crédito, contando con su propia tasa de cambio. Otras plataformas han intentado dar este paso en anteriores ocasiones: cuando tan en boga estuvo el metaverso Second Life, también contaba con su Linden Dólar ($L), pero nunca salió de allí. Sin embargo, las pretensiones de Facebook no se limitarán a que esos servicios u objetos que se comercialicen sean exclusivamente suyos, sino a convertirse en un estándar en el pago en Internet.
Temblemos pues de nuevo con otro intento concentrador. Y es que este tipo de movimientos se replican tanto en la calle como en la Red: los pequeños comercios o las pequeñas plataformas se ven ahogadas por los grandes, acabando con la variedad de opciones. Por la diversidad, movámonos de nuevo a los barrios pequeños.
Aquí van los audios de los programas correspondientes al mes de mayo de la sección De las Ondas a la Red en Hoy por Hoy Bilbao.
10-05-2010: Los jóvenes y las TICs
Analizamos la relación de los más jóvenes (conocidos por estos lares como nativos digitales) con las nuevas tecnologías, intentado derribar algún que otro mito.
17-05-2010: Día de Internet
Conmemorando el día de Internet damos un repaso a la corta vida de la criatura. Desde sus inicios, pasando por lo que es hoy y echando un vistazo a lo que se aproxima de cara a futuro.
24-05-2010: Barnetegis tecnológicos
En esta ocasión hablamos de los Barnetegis Tecnológicos de SPRI con Aitziber Hernández, responsable de la oficina técnica. El Barnetegi Tecnológico es un retiro de 24 horas, en un entorno aislado y cómodo, especialmente diseñado para que los asistentes puedan reflexionar sobre el futuro de sus organizaciones, comprender el valor y todas las posibilidades de la tecnología que ya está presente hoy en día en la sociedad, en la empresa y en los planteamientos de negocio, y entender la Sociedad de la Información en la que viven para tomar mejores decisiones para el futuro de su organización.
31-05-2010: Google TV + Google Translate
El todopoderoso de Internet no deja de presentarnos novedades. Por un lado, anunció que incluía el euskera en su sistema de traducciones online “Google Translate” (aunque de una manera muy precaria ). Por otro, el último bombazo que soltó la multinacional en un su congreso de novedades: Google TV, que fusiona Internet y televisión.
Las vacas sagradas del mundo editorial han movido su ficha digital. El resultado es Libranda, que ha sido hoy presentada pero hasta julio no arrancará motores. A la cabeza del experimento se ponen los líderes del papel: Planeta, Random House Mondadori, Santillana, SM, Alfaguara y un largo etcétera.
Lo primero de todo convendría aclarar de qué se trata. Si pensabais que sería una plataforma web desde la que se venderían contenidos en formato electrónico, ya vais mal encaminados. Según sus propios protagonistas la definen:
LIBRANDA es una plataforma que ofrece servicios auxiliares para la comercialización de contenidos digitales y para la promoción de los mismos.
Es decir, son un intermediario o, en este caso, distribuidor digital. Ellos ponen los ebooks y su almacenamiento, pero luego se venderán en librerías on-line. La razón de esto es, según ha comentado hoy en el programa de radio El Ojo Crítico Arantza Larrauri, directora general de Libranda, que quieren seguir manteniendo la cadena de valor existente en el mundo del papel. Aquí podemos ver el esquema de funcionamiento (pinchad sobre la imagen):
Es de agradecer que el formato que se ha seleccionado haya sido el estándar ePUB. Eso sí, con DRM de Adobe mediante.
Pero ahora viene cuando la matan: cuando se pregunta por el precio que tendrán esos contenidos, Arantza contesta que dependerá de la editorial (hasta ahí todo normal) pero que será sobre un 30% más barato que su hermano de papel. Pero se refiere al último hermano de papel que haya salido a la venta. Es decir, si el libro está en tapa dura, será un 30% más barato que su precio. Cuando salga en formato bolsillo, será un 30% más barato que ese precio. Por tanto, seguimos viendo que el papel marca el ritmo del digital a pesar de que el contenido sea el mismo. Seguimos viendo que el traje importa más que lo que va dentro
Ahora toca esperar a los movimientos de los “intrusos” del papel (es decir, Google y compañía ).
Os dejo con mi capítulo (la introducción aquí y el documento completo en slideshare):
Las redes sociales no son un nuevo invento nacido al amparo de Internet. Desde el comienzo de los tiempos, las personas han sido tendentes a organizarse o, como bien planteaba Aristóteles en su libro de La política, a asociarse, formando familias, que a su vez constituían pueblos y, por último, modelaban el Estado. Se planteaba ya entonces que el ser humano es sociable por naturaleza y se dota de la palabra para establecer estas relaciones.
En la actualidad, Internet se ha convertido en la nueva polis virtual, cruzando de forma transversal todas nuestras actividades. Las nuevas tecnologías se presentan en nuestra sociedad de forma voluntaria o involuntaria, afectando tanto a las personas que están en contacto con ellas como a las que no lo están. «No hay interruptor que pueda aislarnos del efecto Internet» (Lessing, 2003:17).
La digitalización de esas redes sociales ha roto con dos limitaciones impuestas por la propia naturaleza del ser humano: el tiempo y el espacio. Ya en 1929, el escritor Frigyes Karinthy planteó en su obra Chains la teoría de los seis grados de separación. Más tarde, en la década de los 50 fue propuesta como teoría matemática por Ithiel de Sola Pool (MIT) y Manfred Kochen (IBM). Ésta expone que una persona puede estar conectada con cualquier otra del planeta a través de una cadena de conocidos de no más de seis enlaces. Ahora, este número se reduce gracias a lo fácil que resulta establecer contacto con personas alejadas físicamente y de una manera asíncrona.
El impacto de Internet se ha dejado notar en la actividad profesional, en la forma de comunicarse, educarse y por supuesto, en la de divertirse. Nuestro tiempo de ocio está cambiando. Vivimos en una época acelerada y necesitamos que sea el ocio el que venga a donde estamos y no salir nosotros a su encuentro. La inmediatez rige nuestras vidas. Es por esto que Internet va ganando terreno, dado que los tiempos se reducen y las respuestas son más inmediatas. De hecho, el futuro está viniendo ya de la mano de los dispositivos móviles, desde los que acceder a la información de manera rápida y desde cualquier lugar. A la telefonía le costó 75 años conseguir 50 millones de usuarios. A Internet sólo le ha llevado cinco.
Y a pesar de lo que pudiera parecer, las redes sociales pueden llegar a ser un instrumento insuperable para recuperar el espacio público. Mover a las personas de sus pantallas a las calles. O aún mejor, poder estar en la calle acompañados por la tecnología. La disparidad surge en que para interactuar en la polis física no es necesario ningún requisito para posibilitar esa relación, mientras que en la polis virtual hay una clara dependencia de dos elementos: la conexión y el conocimiento.